Volver al cuerpo para inspirar y espirar la existencia

Volver al cuerpo para inspirar y espirar la existencia
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En honor al Maestro Thich Nhat Hanh

¿Por qué es importante el desarrollo de la consciencia? ¿Qué impacto tiene en quienes somos y lo que hacemos? ¿Por qué es más fácil afrontar los desafíos cotidianos si tenemos un mayor nivel de consciencia?

En esta aproximación, considero la consciencia como la capacidad de conectar, sentir y actuar de manera ética. Quiero decir, conectar con la trama de la vida para construir sentido, no solo desde una perspectiva cognitiva o de lógica racional, reflexiva y analítica, sino de ser capaces de observar lo que pensamos, de saber que somos más que nuestros pensamientos, desde una actitud compasiva, permitiéndonos sentir. Hablo de ser capaces de observar las emociones que nos habitan, utilizándolas tanto para nuestro servicio como para el de los demás, y que esto derive en un actuar ético: ser capaces de observar el efecto que tiene lo que hacemos. Por eso, es imprescindible “volver al cuerpo para inspirar y espirar la existencia”.

Desde esta perspectiva, es clave observar los pensamientos, no tanto para calificarlos de positivos o negativos, sino para reconocer las luces y sombras que nos habitan, y el impacto que esto tiene en el bienestar personal y colectivo, para saber dónde poner el foco de atención, pues la energía va para donde va el pensamiento. Se trata, entonces, de actuar con entusiasmo, con foco en una acción determinada, inclusive si la intención está dirigida a la quietud, el silencio o la contemplación.

Observar las emociones para descifrar el mensaje que nos traen desde nuestro interior, así como observar la acción a la que nos predisponen, nos ayuda a airear el ambiente emocional interior. Recordar que las emociones no son buenas ni malas nos ayuda a tener conciencia de ellas. Reconocer que pueden ser agradables o desagradables nos facilita entender por qué no es necesario reprimirlas, controlarlas o evadirlas. Por eso, precisamente, la importancia de identificarlas, afirmando, además, que no son educables. Lo que se educa es la respuesta que damos cuando estamos expuestos a ellas. Educación emocional CECE

Así también, las acciones reflejan el movimiento interior que las motiva, ese entretejido de pensamientos y emociones que influye sobre las decisiones que tomamos, aunado a las intenciones que las constituyen, para tener un efecto sobre algo o alguien. De ahí la importancia de que nuestras acciones cuiden el bienestar propio, así como el de las demás personas.

Observar entonces, está en el nivel del darse cuenta, un paso inicial pero muy importante para encaminarnos hacia al Ser que queremos ser, tejiendo con otros el bienestar común. Este bienestar puede construirse desde la compasión, no como una expresión de lástima, sino desde sus tres pilares: somos seres imperfectos y por eso la necesidad de ser amables con nosotros mismos y con los demás; reconocer que tenemos una humanidad compartida y comprender que los desafíos de la vida nos ocurren de manera interdependiente; y recordar que necesitamos la fuerza de la atención plena para cuidar lo que más importa: “volver al cuerpo para inspirar y espirar la existencia”.

La capacidad de observar lo que pensamos, sentimos y hacemos nos lleva a una capa de la consciencia más profunda cuando, observándonos, tomamos la decisión de vivir en modo de posibilidad. Viktor Frankl propone: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”. Este nivel podríamos llamarlo un estado de consciencia de armonía con el conflicto interior o de mayor plenitud.

Desde este viaje de observación, darse cuenta, y estar en armonía con el conflicto interior; con práctica y en conexión con los demás, podemos acceder a estados de atención plena y de silencio interior, incluso en medio de la ruidosa cotidianidad, para alcanzar momentos trascendentes de no-separación de los demás y de todo lo que nos rodea. Esta es una experiencia muy difícil de describir con palabras, pero definitivamente vivirla nos transforma en seres más plenos y capaces de servir mejor a la humanidad que somos.

A esta aventura, queridos lectores, quiero invitarles, con la plena convicción de que es posible crear juntos las condiciones para llegar a ser lo que anhelamos ser, desarrollando todas nuestras potencialidades, que están, claro está, mucho más allá de un hacer compulsivo, y mucho más allá de un tener material que nunca jamás nos llenará el vacío interior.

Se trata, como tantas veces lo dijo el recientemente fallecido maestro zen y activista por la paz vietnamita, Thich Nhat Hanh, de “volver al cuerpo para inspirar y espirar la existencia”, pues todos los seres vivos estamos más conectados de lo que creemos los humanos. Nos lo recordó siempre él, inter-ser, inter-somos. El arte de vivir en plena consciencia

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*Este es un espacio de opinión y debate. Los contenidos reflejan únicamente la opinión personal de sus autores y no compromete el de La Silla Vacía ni a sus patrocinadores.

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