¡Ya cállense, por favor!

¡Ya cállense, por favor!
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Desde hace varias décadas el mundo ha venido urbanizándose aceleradamente, las ciudades han crecido sin control, sin planeación y con la aparición de problemáticas que parecen inherentes a sus diseños y dinámicas, pero que afectan gravemente la salud y el bienestar de sus habitantes. 

Estas problemáticas frecuentemente están vinculadas a temas ambientales, por ejemplo, la calidad del aire, la movilidad, el calentamiento global, el manejo de los residuos sólidos, la fauna y la atención de riesgos y desastres, todas asociadas al cambio climático. Pero hay un problema de este listado del cual no se habla mucho, se investiga poco y popularmente se sabe casi nada: el ruido.

El ruido es un grave problema de salud pública. Según la Organización Mundial de la Salud es la segunda causa ambiental de problemas médicos en las zonas urbanas a nivel global, pero su impacto no solo se entiende en términos de salud y ambiente; también tiene graves consecuencias en materia de convivencia.

Según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, se considera ruido todo sonido contaminante, peligroso, molesto o desagradable; en otras palabras, el ruido termina siendo cualquier sonido que no se quiere escuchar y resulta perturbador. Sus emisiones se pueden clasificar en tres tipos de ruido según su fuente, estas son: ruido ambiental, cuando se produce en el exterior y es generado por actividades de transporte, industria y recreativo; ruido ocupacional o fijo, cuando se genera en un sector específico y afecta a quienes habitan dicho lugar. Por último, está el ruido de inmisión, que es el que se genera al interior de las viviendas.

En materia de salud el ruido incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, produce insomnio, estrés, problemas psicológicos, pérdida parcial o total de la audición, depresión, agresividad, alteraciones en el metabolismo y en los músculos y dificultad en el aprendizaje, la memoria y la motivación.

En materia ambiental afecta a las especies nativas y aquellas especies depredadoras que terminan migrando a otros hábitats. Y, finalmente, en términos de convivencia, el ruido es uno de los principales generadores de conflicto entre las comunidades.

Un ejemplo para caracterizar la problemática podría ser lo que ocurre en Medellín, en la ciudad a través de la línea telefónica de atención 123 los ciudadanos pueden llamar a reportar los hechos que perturban la convivencia. La principal causa de estas perturbaciones en la actualidad es el ruido, ocupando cerca del 50 % del total de las quejas que se reciben.

Durante el 2021, solo el 46 % de las quejas mensuales asociadas a ruido pudieron ser atendidas, el 37 % total de casos reportados, 5.300 casos, no pudieron ser tramitados. Ni la Policía ni los corregidores e inspectores como autoridades competentes en la materia tuvieron la capacidad de respuesta ante tantas denuncias ciudadanas.

Estos altos niveles de impunidad propiciaron que muchas de estas quejas se convirtieran rápidamente en problemas de convivencia como riñas, agresiones e incluso casos de homicidios. Una situación que según las autoridades se agudiza en las noches, los fines de semana y en los periodos vacacionales. Contexto que ha resultado ser muy equitativo pues impacta en casi toda la ciudad sin distinción de estratos socioeconómicos o territorio, pero es en Laureles, Belén y El Poblado las comunas donde más afectación se presenta. 

No obstante, la mayor criticidad de esta problemática no pareciera limitarse a los graves impactos en materia de salud, ambiente y convivencia, sino al alto grado de impunidad que deben padecer los afectados, quienes más allá de poder interponer tutelas y realizar quejas muy poco efectivas ante las autoridades policivas, no tienen más recursos que intentar tomar justicia por mano propia, generando un agravamiento de los hechos, amenazas, agresiones y cero sanciones.

Si bien esta realidad ya resulta compleja, el panorama en el mediano y largo plazo no resulta muy alentador, por parte de los gobiernos se observan respuestas a través de acciones, campañas pedagógicas e incluso en Medellín se formularon los Protocolos Ambientales Urbanísticos (PAU), el Plan Metropolitano de Gestión y Control del Ruido y se está construyendo un Modelo de Gestión Integral del Ruido, pero ninguno de estos instrumentos parece ser suficiente para cambiar la condición de ruidosa ciudad.

La sociedad civil, la academia, el sector salud, las autoridades de policía y los gobiernos están en mora de visibilizar este tema, hacer una pedagogía masiva y efectiva que concientice a las personas frente a lo problemático que es el ruido y sus graves efectos en términos personales y colectivos, poner más en la agenda pública este tema es urgente y prioritario, así como promover más normas y políticas que transformen las ciudades en lugares de mayor tranquilidad y silencio.

¡Ya cállense, por favor!
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