A la hora del té

A la hora del té
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La obra de Lisa Granada se basa en objetos que hacen parte de la cotidianidad y que se convierten en huella de la presencia humana.

Una simple bolsa de té también es rastro de la huella humana. La artista Lisa Granada se propuso, después de llegar de manera intuitiva a este “objeto”, recoger muchas bolsas de té que habían sido bebidas por cientos de personas. Es de alguna manera una acción metafórica de recoger lo que representa un momento íntimo, pero también social: tomar té puede ser un espacio del día solitario, elegido para ser así; o el pretexto para conversar con alguien más.

Esas bolsas de té se fueron convirtiendo en el soporte de sus dibujos. Granada, desde que hizo su pregrado en Los Andes —acaba de terminar una maestría en Francia y está haciendo una estancia de investigación en Alemania— optó por materiales no convencionales para realizar sus pinturas. Algo que ya había visto en otros artistas y desde entonces supo que quería huirle al papel “convencional” y optó por recurrir a llantas, neumáticos o, como en este caso, bolsas de té, para plasmar en este caso dibujos en los que la abstracción geométrica y el gesto repetitivo predominan.

Sin embargo, poco a poco se fue dando cuenta de que esas mismas bolsas de té ya contenían un dibujo, un dibujo producto de la misma acción aleatoria del azar: los colores de la bebida, los rezagos de la mayor o menor cantidad de agua van creando imágenes. Amigos, familiares, conocidos, que conocían el proyecto, cada vez que se tomaban un té guardaban la pequeña bolsa para dársela a la artista.

A la hora del té
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Y así fue creando una especie de tela gigante, como si fuera una cortina, uniendo todas las bolsas que recogía durante años, creando una gran cartografía de huellas y de viajes pues en Francia también siguió con su rutina de guardarlas, convencida además de una necesidad de trabajar en obras tridimensionales. La obra se mueve con el viento, se altera con el paso cercano de algún espectador, pero, sobre todo, con el tiempo. Esas bolsas que fueron bebidas por personas se van marchitando, como los recuerdos mismos. El color va cambiando y el tiempo se encarga de hacer lo suyo en una clara metáfora de la vida.

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Así también surgió “Recuerdos entrelazados”. El mismo hilo del que penden esas bolsas de té se convirtió en el material de un tejido que sigue creciendo -la obra sigue en proceso- cambiando de tonos, colores, pues el líquido va subiendo por medio de ellos dejando su marca. Estos tejidos de esos hilos aluden a las prácticas ancestrales, a las tradiciones, a lo artesanal de Colombia, en un momento en que Granada se estaba enfrentando a la academia francesa y alemana.

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Su interés de trabajar con el espacio también se ve en “Transmutación”, que concibió mientras realizaba su maestría. En una iglesia dispuso varias tiras de nylon, apenas visibles con el cambio de luz, para que el espectador recorriera el espacio intentando esquivar estos “obstáculos” que alteraban su relación con el mismo. 

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Otra obra que nació de esas “huellas” es “Línea de origen”, a partir de las cenizas que sus compañeros de estudio dejaban en unas escaleras -el área de fumadores entre clase y clase- mezcladas con agua construyó un pigmento para trazar líneas en esos mismos espacios, “estetizando” de alguna manera lo que eran solo esos vestigios de esa presencia humana. Era un gesto de regresar esas huellas al lugar donde se originaron. Al igual que en sus anteriores trabajos, en esta obra expuesta al aire, la luz y, de nuevo, al tiempo, las líneas van desapareciendo. La ceniza con toda su connotación –“polvo eres y en polvo te convertirás”- son vida en la plenitud de esos trazos sobre las escaleras, pero se vuelven muerte cuando se esfuman. 

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En “Reestructuraciones a once letras” partió de una amiga alemana quien había recibido de regalo una edición en alemán de Cien años de soledad, pero que estaba en muy mal estado. Granada, quien se enfrentaba a un nuevo idioma con una estructura totalmente diferente al español, optó por “reescribir” en alemán pasajes del libro de García Márquez, pero bajo la gramática del español.

Desde un sello con varias letras, a la manera de imprimir artesanalmente, hizo ese texto fragmentado que un alemán no podría comprender a pesar de que son palabras escritas en su idioma. Granada juega con su propia experiencia: una confrontación cultural donde las estructuras opuestas confrontan el pensamiento. 

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