A los Daes se les empaña el vidrio

A los Daes se les empaña el vidrio
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El 20 de agosto de este año Christian Daes, presidente y fundador de la empresa barranquillera Tecnoglass tocó por segunda vez en su vida la campana del mercado de Nasdaq, en Wall Street. Estaba acompañado por su hermano y socio, José Manuel “Yuyo” Daes, a su mano derecha y con una decena de familiares que en medio de aplausos, confetis y risas recibieron un honor que reserva una de las bolsas de valores más importantes del mundo para pocas compañías. 

Un honor justificado en la carrera en ascenso de la acción de Tecnoglass en Nasdaq. La acción de la firma (que se especializa en fabricar vidrios arquitectónicos y con características especiales para obras complejas como edificios muy altos, o aeropuertos) llegó a estar en 2,6 dólares en marzo del año pasado, pero se recuperó espectacularmente. El día que tocó la campana se cotizó en 21,8 dólares y hace exactamente un mes, alcanzó su pico de 33,2 dólares.

Pero un informe reciente de la compañía de inversiones estadounidense Hindenburg Research dejó en duda las cifras que justificaron ese ascenso y con ello puso a tambalear a Tecnoglass y a sus superpoderosos dueños. 

El informe no solo recuerda los cuestionamientos pasados que han tenido los Daes por sus vínculos con el cartel de Cali en los años ochenta. También revela relaciones hasta ahora desconocidas entre los empresarios y familiares de testaferros de la banda narcotraficante de Los Mellizos, y muestra una serie de negocios de compañías estrechamente vinculadas con Tecnoglass y la misma compañía.

Información nueva en Colombia, y que llevó a los inversionistas estadounidenses a castigar la acción de Tecnoglass en Nasdaq: en dos días perdió 15,1 dólares, el 45 por ciento de su valor.

Las denuncias cobran relevancia en Colombia dada la estrecha relación entre los Daes y la contratación pública y su creciente figuración pública como benefactores (hace poco le ofrecieron a la alcaldesa de Bogotá instalar un árbol de navidad gigante en la ciudad).

Los empresarios se han convertido en los últimos 20 años en uno de los principales mega contratistas de Barranquilla y en pilares de un polémico modelo de contratación inaugurado por los Char que permite la eficiente ejecución de grandes obras y a la vez el flujo de grandes sumas de dinero de todo origen. Un modelo que ahora podría estar bajo la lupa tras la investigación de Hindenburg.

Una opacidad que se repite

Como lo documentó esta investigación de La Silla Vacía bajo la hegemonía de los Char, los Daes han sido protagonistas del milagro económico de Barranquilla, que en la última década pasó de ser “la arenosa” por sus calles de arena a un ejemplo de desarrollo urbanístico en el país.

Y lo han hecho con un modelo de contratación que tiene unas condiciones casi únicas en Colombia. Cuatro o cinco megacontratistas, con estrechos vínculos personales, políticos o empresariales con los Char, hacen las megaobras pagándolas de su bolsillo y prestando el dinero a la Alcaldía de Barranquilla, que luego les va reembolsando a medida que las entregan.

Este sistema de que los contratistas presten a la Alcaldía la plata para hacer la obra suele poner una barrera de entrada tan alta que la contratación termina concentrada en manos no solo de contratistas muy grandes sino de aquellos que tienen vínculos tan estrechos con la administración que confían en que les van a pagar. Y, más allá de eso, el esquema crea un riesgo de que plata de cualquier procedencia traída como deuda termine siendo lavada por el mismo Estado.

Bajo ese esquema, varias empresas de los Daes se han convertido en contratistas muy importantes en Barranquilla, en particular en la construcción de infraestructura. Ya desde la alcaldía de Bernardo "el cura" Hoyos, eran claves en el negocio de las fotomultas y también son socios de la empresa que maneja el alumbrado público en Barranquilla.

Y ahora son socios claves del la Triple A, la empresa que maneja el Acueducto de la ciudad. La transacción ha indignado a algunos observadores porque la semana pasada el Gobierno de Iván Duque vendió las acciones que tenía la Sociedad de Activos Especiales a mitad de precio y a dedo. “El negocio de la Triple A de Barranquilla que bendijo Duque: de un “capítulo oscuro” a un “obsequio” en las narices de todos de US$175 millones a William Vélez y a los Daes, hoy tan de moda”, fue como tituló la noticia del negocio el medio económico Primera Página.

La investigación de Hindenburg apunta no solo a Tecnoglass sino que menciona directamente su relación con A Construir, la compañía familiar que controlan, que lleva doce años posicionada como la mayor contratista de la ciudad, y que en el último periodo del exalcalde Alejandro Char ganó contratos por 253.000 millones de pesos.

Las revelaciones de Hindenburg

Hindenburg dice que a pesar de que en documentos publicitarios A Construir reporta negocios hasta de 24 millones de dólares con la fabricante de vidrios, entre 2014 y 2017 esta información no se registra en su totalidad en los balances de Tecnoglass a las autoridades gringas. Estima que hay 20 millones de dólares que gastó Tecnoglass en negocios con A Construir que se omitieron de los balances.

También señala que hay cuatro empresas —GM&P, Componenti, Window Design and Installation y Glass Studio Group—, que Tecnoglass reporta como clientes independientes, pero cuyos dueños son familiares o personas cercanas a los Daes. Y una compra en 2019 del 70 por ciento de las acciones de una empresa que se llama ES Metals, sin advertir que los principales beneficiarios de esa transacción eran los hijos de Yuyo y Christian, quienes eran dueños de la compañía a través de una firma que se llama Computodo.

Este patrón de transacciones de ‘yo con yo’ que muestra el reporte los lleva a concluir que “cualquier negocio legítimo en el que la empresa esté participando está enterrado bajo un montón de entidades opacas, transacciones de partes relacionadas y transacciones de clientes cuestionables”.

“Los saldos altos, persistentes e incobrables de cuentas por cobrar a menudo pueden ser una señal de ingresos falsos, especialmente cuando se combinan con otras señales de alerta”, dice Hindenburg.

Los reportes falsos de ingresos suelen asociarse con delitos como el lavado de activos o evasión de impuestos. aunque hasta el momento no se conocen investigaciones vigentes por este tipo de acciones contra los Daes.

Defender atacando

La empresa de los Daes hasta ahora no ha dado mayores explicaciones sobre las denuncias concretas del informe, salvo un trino en el que acusa de “imprecisiones”.

En el trino, Christian Daes corrige, sin presentar evidencia adicional a su palabra, que las exportaciones a Componenti (una de las empresas mencionadas en el informe) no fueron de 76 millones de dólares como dice el reporte sino de 2.

En el trino además confirma uno de los puntos que denunció Hindenburg, que la empresa Componenti es de su propiedad, pero no se refiere al cuestionamiento de que no reportó la relación que tiene con este y otros clientes.

El informe revela conexiones de los empresarios barranquilleros con personas vinculadas con la organización criminal de Los Mellizos, que según Verdad Abierta le compraron en 2016 la participación a Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, en el negocio de exportación de cocaína desde el Caribe. 

En particular, se refiere a la familia Álvarez Iragorri, cuyos miembros Iván, alias Pinocho, Irma y Miguel fueron señalados por los hermanos Mejía Múnera, jefes de la organización criminal, como sus testaferros. Según los documentos revelados por Hindenburg, los tres han tenido participación accionaria en empresas de los Daes.

Una de ellas, Construseñales, que es la empresa que maneja el negocio de las fotomultas y los semáforos en Barranquilla, tiene como socia, con un 20,83 por ciento de participación, a una empresa representada por Martha Caballero, esposa de Iván Álvarez Iragorri. Otro miembro de la familia, Ricardo Álvarez, también mantiene una participación de 10 por ciento en la compañía.

Ni en el comunicado de Tecnoglass ni en sus cuentas de Twitter se ha referido a las acusaciones sobre estos vínculos. La compañía sólo se defendió diciendo que el informe “contiene declaraciones inexactas, afirmaciones infundadas, ataques de carácter y especulaciones con la intención de engañar a los inversores y reducir el valor de las acciones de la Compañía para su beneficio personal”.

Christian Daes y personas allegadas a él han alegado en Twitter (aquíaquí y aquí) que el informe se trata de un ataque de una empresa que quiere tumbar la acción para beneficiarse.

En parte tiene razón. El negocio de Hindenburg es hacer investigaciones sobre empresas y si encuentran evidencia que ponga en duda la información que dan a los inversionistas o la sostenibilidad de sus negocios, toman posiciones cortas en la compañía, lo que quiere decir que prometen comprar acciones a un precio fijo, y si la acción cae ganan plata al hacer la transacción porque el acuerdo es que te pagan la diferencia.

Pero esto no le quita necesariamente peso a sus hallazgos. De hecho, con una metodología similar, Hindenburg denunció en marzo de este año Pharmacielo, una compañía pionera en el negocio de la marihuana medicinal en Colombia, falseó sus reportes mostrando entre sus activos cultivos y plantas inexistentes. Hoy su acción vale menos de un dólar en la bolsa de Toronto, donde está listada.

El mes pasado, las autoridades federales de los Estados Unidos acusaron al fundador de Nikola, un fabricante de carros norteamericanos, por defraudar a los inversionistas. Un fraude revelado también por Hindenburg. En agosto, la reguladora del mercado financiero gringo también hizo un llamado formal a declarar bajo juramento a la firma de apuestas DraftKing, a la que Hindenburg señaló de haber permitido, presuntamente, apuestas ilegales en su plataforma.

“Nate Anderson ha surgido como la nueva cara de un pequeño club de inversionistas llamados activistas compradores en corto, un estilo de inversión (...) frecuentemente vilipendiado por las compañías por sus tácticas pugilísticas”, escribió el New York Times en un perfil que le hizo en agosto. 

Según nos dijeron dos personas que conocen cómo funciona Hindenburg, las autoridades gringas ya deben tener toda la evidencia de lo que recogieron en su investigación contra Tecnoglass, pero hasta el momento no se han pronunciado ni han solicitado información adicional.

Los efectos de esta investigación pueden demorar, explica Hector Mario Rodríguez, fundador del medio económico Primera Página que le ha hecho seguimiento a los Daes y Tecnoglass.

“El mejor reflejo lo tienes en Pharmacielo, esa empresa está en un ostracismo absoluto por las denuncias de Hindenburg, pero todavía no hay decisiones legales en su contra”, dice.

Hasta el momento hay por lo menos cuatro firmas de abogados especialistas en demandas colectivas que están convocando inversionistas de Tecnoglass en Estados Unidos para abrir un caso en contra de la firma colombiana.

“Los que piensan que nos jodieron, tomen lápiz y papel. Le vamos a dar clases empresariales y de resiliencia” , dijo Christian Daes en uno de sus trinos en respuesta al informe.

En los próximos meses se sabrá qué tanto impacto tiene esta investigación sobre las acciones de Tecnoglass en Estados Unidos. El abogado Abelardo de la Espriella, quien ha trabajado con los Daes, anunció por su twitter que estaba dispuesto a pagar un millón de dólares para evitar que la acción caiga más.

Por lo pronto, en Colombia, los Daes han contado con defensores en varios medios que llevan años elogiando el fenómeno empresarial de esta familia y su publicitada generosidad.  

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