A punta de tilapias, excombatientes sostienen un oasis en medio del conflicto en Argelia, Cauca

A punta de tilapias, excombatientes sostienen un oasis en medio del conflicto en Argelia, Cauca

Juan Andrés Torres, encargado de la finca. Mayelín Bolaños, vicepresidenta de la cooperativas Cemas. Moises Rivera, representante legal de la cooperativa Cemas.

Tras el Acuerdo de Paz el conflicto armado se concentró en el Cauca, y dentro del Cauca, en el municipio de Argelia. A más de cuatro horas de Popayán, la capital del departamento, se llega por una carretera destapada que por momentos se estrecha tanto que da vía en un solo sentido.

Noticias de Argelia de los últimos meses recuerdan un conflicto que vivió Colombia cuando la guerrilla impedía la presencia básica del Estado. Sus concejales fueron expulsados luego de que el ELN matara a uno de ellos. Esa misma guerrilla se enfrenta con las disidencias de las Farc. Las disidencias con el Ejército. Y los grupos ilegales presionan a la comunidad para que saque a la Fuerza Pública.

Sin embargo, como dice Natalia Currea, enlace de paz de la Alcaldía de Argelia, “nos dimos cuenta que aún con la coca en los campos, era posible vivir en paz”. Esta es la historia de una alianza de funcionarios y ex combatientes de las Farc, que con un cultivo de tilapias, armaron una isla de resistencia a la guerra en uno de los municipios más peligrosos de Colombia.

El conflicto en Argelia

En enero el ELN secuestró y asesinó a un concejal de Argelia. Fue un mensaje con sangre que obligó a los otros 11 concejales a desplazarse a Popayán. A finales de marzo la disidencia de las Farc, Carlos Patiño, y el frente José María Becerra del ELN se enfrentaron en duros combates en el municipio, en especial, por el control del corregimiento El Plateado, un corredor del narcotráfico clave para bajar de la cordillera occidental al Pacífico.

Y, en abril, cayeron 14 disidentes de la Patiño en El Plateado en medio de un combate con el Ejército, unas 250 personas fueron desplazadas y seis cayeron en un campo minado.

Después de esto, el Ejército reportó una asonada por parte de la comunidad que buscaba que se retiraran del corregimiento. Según un líder de la comunidad, que prefirió no ser citado porque ya tiene amenazas, “ahora la multa está en 3 millones de pesos para la casa que no vaya a ayudar a sacar al Ejército. Pero, por otro lado, el discurso de ellos va calando: dicen ‘vea, ustedes necesitan alguien que los respalde porque los van a fumigar’”, cuenta el líder refiriéndose al decreto del presidente Iván Duque que reglamenta la aspersión

Además, los homicidios en Argelia han aumentado en los últimos años. Según datos de la Fiscalía, en 2018 la tasa de asesinatos era de 86 por cada 100 mil habitantes, un año después se elevó a 176 y el 2020 cerró con 289. Mientras que a nivel nacional esa tasa estaba entre 22 y 24. Con esto, Argelia se posiciona como uno de los municipios con la tasa más alta de asesinatos en el país el año pasado.

La importancia de Argelia para los grupos ilegales pasa porque en ese municipio, y en El Tambo, con el que limita al norte, funciona el principal enclave productivo de coca de la región. Según los datos de 2019 ambos municipios concentraron el 15,5 por ciento de la coca del Pacífico (Chocó, Valle, Cauca y Nariño) y el 6 por ciento de los cultivos del país con cerca de 9 mil hectáreas de coca sembradas. 

Esa situación, sumada al asesinato constante de excombatientes que el senador de Comunes, Carlos Lozada, ha tildado de “genocidio en curso” justificado “por el discurso estigmatizante del gobiernos de Iván Duque”, ha tensionado cada vez más al municipio.

Pues entre sus casi 30 mil habitantes, hay 25 excombatientes que siguen haciéndole fuerza a la paz a pesar de las amenazas directas e indirectas de otros grupos armados.

La apuesta por las tilapias

A cinco minutos en moto del casco urbano, las tilapias se han vuelto un símbolo de paz y reconciliación. La bienvenida a esos lagos de pesca, la da un portón azul con un letrero en letras rojas que dice “Se vende pezcado”

Juan Andrés Torres cambió las armas y el uniforme de las Farc por una atarraya. Con las manos que durante 16 años usó para la guerra, ahora selecciona pescados para los clientes que llegan a la finca Las Palmas. 

Lleva un año largo realizando este trabajo. Alimenta a las tilapias y cachamas, cuida de las más de 30 gallinas ponedoras, corta la maleza que va creciendo y revisa la bocatoma que está unos metros más arriba de la finca para que el agua, que llega a los tres lagos de pesca, surta de aire a los más de 20 mil peces que tienen.

Además, atiende a los clientes, atrapa los peces, selecciona los que gustan, devuelve al lago los que no fueron elegidos, pesa, pela y cobra el kilo de pescado. Aclara que no es experto en piscicultura, nunca lo fue. Pero ha aprendido con el apoyo de los vecinos, a los que les tocó la puerta cuando no sabía qué hacer.

A punta de tilapias, excombatientes sostienen un oasis en medio del conflicto en Argelia, Cauca

En el proyecto todos lo conocen como Luis, el nombre de guerra que usó mientras estuvo en las Farc, como integrante del frente 60 que operaba en Argelia. Hoy es uno de los 46 excombatientes que llegaron al municipio para iniciar el proceso de reincorporación, y uno de los 25 que siguen, según la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN). 

Entre las cuentas de los ex-Farc, hay unos dos o tres que volvieron a las armas y se unieron a la disidencia Carlos Patiño. 

Según Moisés Rivera, representante legal de la cooperativa de excombatientes en Argelia, que es conocida como Cemas, en la organización cuentan con unos 37 ex-Farc. No es una cifra fija, esta varía porque la guerra en algunas zonas del municipio no permite que asistan a las asambleas o a las jornadas de trabajo.

El nombre largo de Cemas es Cooperativa Ecomun Multiactiva Agroforestal Santa Clara y fue constituida legalmente en 2018. Lleva el nombre de Santa Clara porque ese era el corregimiento del municipio en el que los excombatientes que llegaron a Argelia iniciaron su proceso de reincorporación. Ahí también tuvieron una finca, sembraron café, yuca, plátano, maíz y cebolla para el consumo propio y comunitario y dieron los primeros pasos para iniciar con la ganadería.

Pero en 2019, según un comunicado de la cooperativa, fueron declarados objetivo militar y en abril del año pasado tuvieron que desplazarse. La razón para dejar Santa Clara fue que la disidencia Carlos Patiño llegó hasta esa área de reincorporación, dañó ventanas, puertas, robó insumos del proyecto. Además, ofreció plata a algunos habitantes por información de dos excombatientes, los que antes comandaron el frente 60 de las Farc que hacía presencia en el municipio. 

A raíz de ese desplazamiento, Juan Andrés llegó a Las Palmas para hacerse cargo de los lagos de pesca que nacieron en 2018, con la entrega de 5 mil crías de tilapia por parte de la Organización de Naciones Unidas. Según la ARN, el proyecto también fue financiado por los gobiernos de Francia, Noruega y Suecia por 72 millones de pesos. Y la implementación, aparte de contar con la ONU y la cooperativa Cemas, tuvo el apoyo del Sena que los capacitó en aspectos técnicos. 

El proyecto se desarrolla en una parte de Las Palmas, una finca de 11 hectáreas que la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (Ascamta) le prestó a los excombatientes y en la que también trabajan integrantes de la Asociación de Mujeres de Argelia (Amar). 

“Más que un ejercicio económico, es un ejercicio comunitario de reconciliación con enfoque de género” dice Currea, la funcionaria de la Alcaldía de Argelia.

A punta de tilapias, excombatientes sostienen un oasis en medio del conflicto en Argelia, Cauca

Un proyecto de todo el pueblo

La puerta que da la entrada a la zona en la que están los lagos de pesca de la cooperativa Cemas en la finca Las Palmas, siempre está abierta. 

Entran motos, carros y personas a pie. Algunos llegan con sus propias varas de pescar para pasar el rato y pagar por lo que pesquen. También están los que prefieren que sea Juan Andrés el que lance la atarraya y saque pescados como si fuera buffet hasta dar con el pez que desean.

A veces, son unos 10 niños los que llegan acompañados de unas cuatro madres comunitarias. Una visita que ya hace parte de la agenda de Las Palmas.

“Como con la pandemia no nos podíamos reunir en una casa, este se volvió el lugar perfecto”, nos dice una de las madres que lidera la visita. “Es que está cerca al casco urbano y es abierto, casi no tenemos espacios así en la cabecera”. 

“Uno acá nunca se siente solo”, dice Juan Andrés con una sonrisa. “Acá llegan hasta para tomarse una foto con el lago, pero siempre hay gente”.

Entre las risas de los niños y las charlas de las madres que los acompañan, Mayelín Bolaños, vicepresidenta de la cooperativas Cemas, le lanza la buena nueva a la madre comunitaria que lidera la visita.

“Profe, vamos a hacer un parque de pura guadua ahí” dice, mientras señala un pequeño espacio verde al lado de la entrada. 
Con el humor que Bolaños le mete a cada uno de sus comentarios continúa: “Y luego una piscina, cuando tengamos la plata por haber vendido todos esos peces. Y le ponemos un tobogán que venga desde allá”, completa entre risas, mientras señala la punta de la montaña que se alza apenas terminan los lagos.

Bolaños, al igual que los excombatientes que hacen parte del proyecto productivo, espera que pronto la venta de tilapia roja y gris, y algunas cachamas, empiece a generar ganancias. 

El kilo de pescado ronda los 10 mil pesos. En un día normal, las ventas varían. A veces sólo vende un kilo, en otras ocasiones alcanza los cinco. En Semana Santa vendieron más de 20 kilos de pescado diarios durante dos días. Pero los ingresos volvieron a caer. La esperanza ahora es que puedan tener un comercio más constante. Así, el proyecto que ya lleva tres años puede empezar a crecer. 

Tienen planes de adecuar un restaurante, construir un mirador, organizar un lago de pesca deportiva, crear una planta para producir alimento para peces y apostarle a iniciativas de la comunidad. Todo con el fin de diversificar la economía del municipio en el que el 95 por ciento de las personas depende directamente del cultivo de la coca. 

Y tienen todo el espacio para hacerlo. La finca Las Palmas cuenta con la infraestructura de galpones y cochera para que el cerdo, los pollos y las gallinas, sean otra oportunidad económica. Pero sin ganancias y con la guerra pisándole los talones, todo sigue en papel. O bueno, en ideas. 

Por ahora, el dinero de las ventas se reinvierte en los lagos y cuando hay un excedente lo usan para mejorar la finca e irse acercando, con pasos pequeños, a esos proyectos con los que sueñan. La inversión más reciente es la de un pequeño muro de ladrillos para cercar la zona de los lagos y acercarse a la idea de tener un espacio de pesca deportiva.

Juan Andrés sigue al frente del proyecto, y cada que necesita ayuda para algún trabajo extra convoca a los integrantes de la cooperativa para que, quienes puedan, colaboren. Ninguno de ellos ganan un peso por el proyecto, todo el trabajo es voluntario con la idea de que más adelante pueda ser rentable. 

La cuesta arriba de la reincorporación

Moisés Rivera nunca usó un arma ni fue parte de las filas de las Farc, pero fue su colaborador. Estuvo cuatro años en la cárcel por rebelión. Gracias al Acuerdo de paz quedó en libertad. Lo primero que hizo, luego de pasar por el ETCR de La Elvira, Cauca, fue regresar a Argelia, su tierra natal. 

Lleva cuatro años en proceso de reincorporación, ya fue amenazado personalmente por la disidencia Carlos Patiño y tuvo que desplazarse de El Plateado para no poner en riesgo su vida.  

Ocurrió a mediados del año pasado cuando trabajaba transportando personas en su moto, en un intento por rebuscarse lo del diario, y cayó en un retén de la Carlos Patiño. Se encontró cara a cara con uno de sus excompañeros, alias ‘Cabezas’, quien en ese momento era uno de los comandantes de la disidencia. Días después sería capturado.

Rivera cuenta que lo retuvieron una hora y le advirtieron que no podía reunirse de nuevo con los reincorporados. “Yo les dije que tenía que atender reuniones y que teníamos que cumplir con los acuerdos del proceso de paz. Me dijeron ‘Váyase, pero ya le advertimos’”, cuenta Moisés. 

Por eso tuvo que irse de El Plateado a otro corregimiento. Allá se rebusca como puede el diario vivir. La moto no es una opción porque no puede moverse sin poner en riesgo su vida. Ha optado por el campo, pero en un municipio cocalero el trabajo más común es el de raspar coca. A veces va a “echar machete” como le dice a cortar la maleza en un cultivo, un trabajo que implica trabajar más de 8 o 9 horas a cielo abierto por 40 mil pesos al día. 

Mayelín Bolaños, vicepresidenta de Cemas, y quien pasó casi la mitad de su vida en las Farc, también dejó su trabajo como auxiliar de enfermería desde que la violencia se recrudeció. Como ella explica, para sortear las amenazas directas e indirectas que hacen a los reincorporados en Argelia, aparte de denunciar, sólo puede esconderse. 

Ahora vive de lo que le da la finca en la que trabaja con su esposo y de los 800 mil pesos que recibe mensualmente del Gobierno Nacional como parte de los Acuerdos de paz. Sin embargo, irse no es una opción. 

“Si me van a matar que me maten por aquí cerca”, dice Moisés. Por su parte, Mayelín Bolaños, explica que lo poco que tiene lo ha construido en el municipio: “¿Pa dónde nos vamos si tenemos todo acá?”.

Ese apego al municipio se debe a la cercanía del antiguo frente 60 de las Farc con la comunidad de Argelia. Como contamos, esa guerrilla ayudó y lideró procesos organizativos en el municipio, algo que reconocen excombatientes y civiles. Incluso, la comunidad se despidió del frente cuando este salió del territorio e inició el proceso de reincorporación.

Después de cuatro años y con amenazas encima, los excombatientes aseguran que volver a las armas no es una opción. 

El mismo alcalde, Jonathan Patiño, que llegó a la administración con el apoyo de la Asociación Campesina de Trabajadores de Argelia (Ascamta), reconoce que los reincorporados siguen firme en el proceso de paz. 

Pero le preocupa la estigmatización con la que cargan los excombatientes. En especial porque la disidencia Carlos Patiño ha señalado a los reincorporados que en la guerra fueron conocidos, como Wilson (Pocillo) y Carlos (Caliche), y comandaron el frente 60, de beneficiarse del impuesto de la cocaína.

Con todo esto, la cooperativa Cemas emitió un comunicado para informar que ambos excombatientes siguen en proceso de reincorporación y que todos los que integran la organización están firmes con el propósito de la paz.
 
Para contrarrestar estos señalamientos, el alcalde Jonatan Patiño ha optado por darle más espacio y visibilidad a los reincorporados.
“Lo que he hecho es dar un tema de legitimación. Si hay señalamientos, nosotros acogemos a los excombatientes”. Lo hacen, por ejemplo, dándoles participación en reuniones o eventos para que envíen saludos o hagan presencia. “Eso hace que se legitime que ellos estén acá y que hacen parte de la sociedad”, dice el alcalde. 

Esa es la mayor apuesta de la administración de Argelia en temas de reincorporación porque, como cuenta Patiño, los recursos del municipio no permiten una inversión de impacto. Esto porque de los $33 mil millones que tiene de presupuesto anual, sólo $2 mil millones son los que realmente quedan para invertir y las necesidades del municipio aún son grandes. 

La más grande, que se acabe el conflicto. “Pueden decir ‘producto del acuerdo de paz se hizo esta obra’, sí, pero siguen matando gente, seguimos en guerra, seguimos en la zozobra”, dice el Alcalde Patiño.

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