Alejandro Gaviria apuesta a un centro con políticos de partidos tradicionales

Alejandro Gaviria apuesta a un centro con políticos de partidos tradicionales
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Alejandro Gaviria está moviendo su campaña a la Presidencia en una nueva dirección. La semana pasada selló el apoyo del senador liberal Miguel Ángel Pinto, y ayer el de Germán Varón, senador de Cambio Radical que no volverá a aspirar. Son las primeras de nuevas adhesiones de políticos de partidos tradicionales que vendrán en las próximas semanas, y ya están desatando peleas en la coalición Centro Esperanza.

Con ellas Gaviria pone de frente su convicción de que para que el centro político tenga una opción realista de llegar a la Presidencia tiene que estar dispuesto a abrirle la puerta a esos partidos. 

Una movida con la que aterriza su visión distinta dentro de la coalición Centro Esperanza, donde la colaboración con los partidos tradicionales choca de frente con las propuestas políticas de Sergio Fajardo e Ingrid Betancourt  (“no todo vale”) y de Juan Manuel Galán (“una nueva manera de hacer política”). Incluso más allá de esta campaña, la visión de Gaviria choca con una tradición del centrismo en la política que puso la antipolítica como fundamento de su propuesta, y que en el pasado impulsó a la segunda vuelta a Antanas Mockus en 2010. 

Esta jugada ya empieza a generar peleas en la coalición, como se vio en el cruce de reclamos entre Ingrid Betancourt y Gaviria en un debate de candidatos hoy. Betancourt lo cuestionó sobre sus adhesiones: "no podemos decirle al país que somos la coalición que lucha contra la corrupción, trayendo aquí a corruptos", a lo que Gaviria le respondió que "lo suyo es hipocresía y oportunismo.. le invito a mirarse en el espejo de sus propias faltas", haciendo referencia a la composición de la lista de la Alianza Verde.  

Las nuevas adhesiones

Las dos nuevas adhesiones claramente vienen de la política tradicional y le sirven a Gaviria porque ambos senadores son fuertes en regiones y sus organizaciones políticas pueden tener incidencia ayudando con pedagogía para que la gente le de su apoyo en un tarjetón de marzo en el que habrá muchas caras por las cuales votar.

Germán Varón ocupa un puesto en la Comisión Primera del Senado a la que llegó con 66 mil votos, y era una de las personas más cercanas a Germán Vargas Lleras, pues antes de llegar al Senado fue vocero, vicepresidente y codirector de Cambio Radical, siempre de la mano de Lleras. Recientemente los dos políticos se han distanciado, según lo supo La Silla Vacía de una persona directamente involucrada que pidió no ser citada.

Varón dijo que aterrizará en la campaña de Gaviria para “ayudarle con algunos amigos y personas a persuadir a la gente para que acompañe este proyecto”. Entre estos buscará que Julián López, concejal de Bogotá, se sume, así como otros ediles del partido.

Por su parte, Miguel Ángel Pinto también tiene puesto en Comisión Primera, a la que llegó en 2018 saltando desde la Cámara con 85 mil votos. Pinto recoge una maquinaria política en Santander que lo conecta con la familia Tavera, pues está casado con Claudia Lucero López, tía del cuestionado exgobernador de Santander, Didier Tavera.

Pinto dijo de Gaviria que es un “hombre de ideario y actuar liberal” y en la reunión en la que sellaron su alianza la semana pasada también estuvieron tres concejales liberales de Bogotá, como mostraron en un trino.

Estas adhesiones no tienen detrás a sus partidos. Varón dijo ayer que los senadores de Cambio Radical están tomando de manera libre la decisión sobre con quién aliarse a la Presidencia, al menos para las consultas de marzo, y dijo que la mayoría de los militantes de su partido apoyarán a Alejandro Char en la coalición de la derecha.

En el Partido Liberal, cuyo líder César Gaviria retiró el apoyo a Alejandro el año pasado, no ha definido un candidato al cual apoyará, y sus políticos están divididos entre sectores que quieren irse con la derecha, especialmente con Char; mientras que otros se están yendo con Petro, como el senador Luis Fernando Velasco.

En esa fuga de apoyos, la campaña de Gaviria le apunta a recoger algunos de ellos y hacer valer la relación estrecha que este ha tenido con el partido. Lo hace, además, mostrando que detrás de las coincidencias ideológicas vienen las estructuras de los políticos, los ediles, concejales y líderes locales que componen las maquinarias políticas tradicionales.

Alejandro Gaviria le dijo a la Silla que estas adhesiones fueron el producto de conversaciones individuales que con ambos senadores venía sosteniendo hace un tiempo, y no de una estrategia deliberada. Pero sí admitió que en su campaña, desde la llegada de María Isabel Nieto a la gerencia en enero, hay una mayor conciencia de la necesidad que tienen de cultivar con más disciplina esas alianzas para crecer en votos. Nieto viene de ser cónsul en Nueva York y secretaria privada de Santos.

Precisamente por esto, no serán los últimos aliados en llegar. La Silla supo que también se unirá Rafael Pardo, excandidato a la presidencia por el Partido Liberal en 2010 y exministro de Trabajo de Santos. Y que se cocina la adhesión del senador liberal Horacio José Serpa y la llegada de José Antonio Segebre, exgobernador del Atlántico.

También está en conversaciones con los representantes liberales Juan Carlos Losada, Juan Fernando Reyes Kuri y el boyacense Rodrigo Rojas, que previamente habían mostrado simpatía por Gaviria. Finalmente, sigue concretando si la senadora Angélica Lozano, aliada y esposa de la alcaldesa Claudia López, también se unirá. Lozano le dijo a la Silla que al menos hasta las elecciones al Senado estará enfocada en su propia campaña y no hablará sobre la consulta presidencial, aunque dijo que “la apoya con el alma”.

Con todas estas movidas, Gaviria espera darle un nuevo impulso a su candidatura después de meses en los que su figura parecía atrapada en la camisa de fuerza de la Coalición y sin que su nombre subiera en las encuestas: “Si nueva gente se suma, eso tiene el efecto al tiempo de que otros empiezan a percibir que la campaña es viable, que tiene una inercia”, dijo.

Y aunque apenas ahora empieza a destapar sus nuevas adhesiones, que a su campaña iban a entrar políticos tradicionales no es una sorpresa, pues esta era una línea que Gaviria ya había defendido como condición para entrar a la Coalición, a la cual llegó avalado por firmas, lo que le da justamente libertad para promover listas al Congreso de diferentes sectores y recibir apoyos que no sean institucionales.

La defensa de las alianzas

En una entrevista para con La Silla en noviembre del año pasado, antes de que entrara a la Coalición de la Esperanza, Gaviria había dicho que su visión era de un centro liberal y pragmático “que entienda que refugiarse en la pureza moral no es posible, pero que renunciar a cualquier compromiso o a cualquier principio tampoco”.

Ya entonces Gaviria criticaba la idea de Sergio Fajardo — hoy su rival a vencer en la Coalición junto con Galán— de un rechazo general a un partido político. “Decir que hay que rechazar a todo el mundo que participa aquí sería una locura, porque en todos los partidos políticos hay gente buena. Es el tipo de relaciones lo que define el clientelismo y la corrupción. No puede ser el rechazo a todos los políticos, ni hacer listas negras y simplemente cambiarlos”, dijo.

Aunque para Gaviria esto tampoco quiere decir que cualquier político puede entrar a su campaña. Al preguntarle sobre a quiénes más recibiría en las semanas que vienen, dijo: “No cualquier persona entraría. Los que podrán hacerlo será porque recogen un espíritu liberal, tienen coincidencias de valores y una visión semejante del cambio social. Ahí, por ejemplo, no cabría el Centro Democrático”.

Para Carolina Isaza, investigadora en Ciencia Política de la Universidad Externado, esta movida de Gaviria no solamente obedece a una convicción personal, sino que parte de un cálculo pragmático: “Se ve que sólo con un apoyo independiente no tiene posibilidades, entonces si quiere tener mejores opciones le toca relacionarse con los partidos. Si no lo hace no va obtener los votos que necesita ni siquiera en la consulta”, dice.

Este enfoque claramente lo distancia de Sergio Fajardo, quien todavía no se ha pronunciado sobre estas movidas, aunque Johanna Peters, asesora de comunicaciones de la campaña de Fajardo, dijo que estaba sorprendida por esas alianzas “que se inscriben dentro de la política tradicional, y por las cuales ellos tendrán que explicarle a los votantes ese tipo de movidas”, dijo.

Entre ambos hay una diferencia de fondo que Gaviria ha hecho explícita al decir que hay una “tensión entre una ética que dice, «yo simplemente me adhiero a estos principios», y una ética de la responsabilidad, que nos lleva a asumir la responsabilidad de hacer transformaciones. Esa tensión debería resolverse por lo segundo: por participar en la política, teniendo en cuenta que hay que hacer compromisos. Lo cual es difícil a veces en este nuevo puritanismo”. La alusión a Fajardo es clara. Un político que ha basado su discurso político en decir que “son los medios los que justifican el fin”.

Ahora que se activarán más las campañas dentro de la Coalición y que habrá una competencia más abierta entre ellas, es probable que esas diferencias empiecen a reflorar, luego de enfrentamientos del año pasado alrededor del apoyo que tenía Alejandro Gaviria del presidente del partido Liberal, que llevaron a que fuera vetado. Y es que a pesar de que Gaviria y Fajardo comparten muchos temas programáticos comunes, como la educación y el apoyo al proceso de paz, el de las alianzas con políticos tradicionales es uno de los puntos que más los divide.

Una de las personas que ha estado siguiendo su relación desde adentro de la Coalición, y que nos habló para el perfil que publicaremos en los próximos meses sobre Alejandro Gaviria y otros candidatos, dice que, en el fondo, estas diferencias se deben a que son personas con talantes muy distintos: “Gaviria es un liberal total. Cree que no tiene que juzgar cómo se comporta la gente y no descarta de entrada la posibilidad de sentarse a hablar con gente distinta, negociar con ellos o al menos entenderlos. Fajardo, en cambio, es moralista y piensa que hay una forma de vivir la vida que es recta y otra que no”.

Lo cierto es que ambas campañas apuestan ahora a estrategias distintas en un movimiento de centro que tiene, desde la época de Mockus, la promesa de ser el estandarte de la moral pública y la antipolítica. Una promesa que, tras una década de intentos, no ha logrado llegar a la Presidencia y que sufrió un duro golpe con la nulidad de la elección de Mockus al Senado, por haber violado la prohibición de firmar contratos con el estado un año antes de presentarse como candidato.

Se trata, además, de una visión sobre la cual es difícil mantener una coherencia total, como ella misma exige. En el partido alianza Verde, por ejemplo, hay varios casos de políticos que operan con maquinarias, y nada más en estas elecciones están aliados con el petrismo en listas a la Cámara con políticos cuestionados. Y dentro de la misma coalición hay candidatos, como Juan Fernando Cristo, que tienen apoyos clientelistas.

Sin embargo, en el empuje abierto por un pragmatismo de centro Gaviria está solo. Lo que desafía la identidad de la Coalición y abre preguntas, como si Fajardo estará dispuesto, si gana la consulta de centro, a recibir los apoyos tradicionales de Gaviria cuando los ha condenado tantas veces como clientelistas o viceversa. 

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