Así fue el primer diálogo regional del Gobierno de Petro

Así fue el primer diálogo regional del Gobierno de Petro
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“En Roberto Payán rompemos paradigmas. Por eso el 19 de junio el 95,9 por ciento (de los votantes) le dijimos sí a la vida, sí a la paz, sí al cambio” dijo Natalia Cabezas, una joven afro de 24 años e integrante del Comité Municipal del Pacto Histórico. Las más de 400 personas que la escuchaban estallaron en aplausos. El evento era un reconocimiento del presidente electo al municipio de Nariño que votó en mayor proporción por él.

Roberto Payán es un municipio afro ubicado en la costa del Pacífico nariñense en la que más del 80% de su población vive en la pobreza. También ha vivido el recrudecimiento del conflicto armado con la presencia y el enfrentamiento entre disidencias de las Farc que este año ya dejan más de 4 mil personas de la zona rural desplazadas al casco urbano. Pero ayer vivieron lo que han denominado “un acontecimiento histórico”: la llegada de una delegación del gobierno Petro para conocer las necesidades y propuestas del territorio que serán claves para crear el Plan de Desarrollo Nacional. A esa estrategia Petro la llamó “Diálogos Regionales Vinculantes” en su discurso de victoria.

Jorge Rojas, mano derecha de Gustavo Petro, es el encargado de coordinar esos diálogos, definir el municipio en el que se convocarán a las diferentes fuerzas departamentales, escuchar a las comunidades y llevar las propuestas al presidente electo. Ayer, en el municipio, encontró a los habitantes esperanzados en que el gobierno electo solucione problemáticas que vienen de hace décadas.

“Cuando fijó los ojos en Roberto Payán fue como… ufff, nos ganamos la lotería", dice Edward Godoy; un joven afro, psicólogo de 26 años que vive en el municipio y que le hizo campaña a Petro. Esa sensación de tener una oportunidad única de ser escuchados en el evento, creció a la par de la amplia lista de necesidades del municipio y de lo que puede llegar a atenuarlas. Esas propuestas van desde un diálogo con los grupos armados ilegales hasta apoyar a las mujeres con herramientas útiles para hacer minería artesanal.

Con cartas y discursos en mano llegaron algunos asistentes al diálogo regional. A otros sólo los acompañó la esperanza de ver un cambio real en un municipio históricamente abandonado por el Estado. La Silla estuvo tres días en el municipio para conocer las expectativas de los habitantes y el desarrollo del diálogo.

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El diálogo regional

A unas horas de empezar el evento, Mercedes Castillo, representante electoral del Comité Municipal del Pacto, aún no sabía cuántas personas llegarían al evento que sería de puertas abiertas. Algunas delegaciones de municipios y organizaciones sociales habían confirmado vía Whatsapp su asistencia sin especificar siquiera el número de voceros que irían.

Con esa expectativa, decenas de personas se amontonaron en el muelle para esperar a los asistentes. Alrededor de las 10 de la mañana, por el río Patía y en una hilera de lanchas, el único medio de transporte por el que se puede llegar a Roberto Payán desde Barbacoas, llegaron las comitivas de funcionarios públicos, líderes indígenas del pueblo Awá y representantes de otros municipios, como el secretario de Gobierno del municipio de Ricaurte. Jorge Rojas, coordinador de los diálogos regionales, era uno de ellos. Llegó sonriente, abrazando a todo el que se le cruzara como si aún celebrara el triunfo de las presidenciales.

En una caravana encabezada por niños y con una pancarta en la que se leía “Gracias Roberto Payan. Gracias Nariño”, recorrieron algunas calles del municipio en el que las casas de ladrillo se mezclan con las de tablas que resaltan por el rojo, amarillo o azul con los que han sido pintadas. 

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El recorrido terminó en el salón social de Roberto Payán. El rectángulo de paredes naranjas, techo de zinc y bombillas de luz que funcionaban a medias fue el escenario para empezar el Diálogo Regional Vinculante que se estaba organizando sobre la marcha.

Todo el evento estuvo a cargo de los integrantes del Comité Municipal del Pacto Histórico, las más de 15 personas que se echaron al hombro la campaña de Gustavo Petro en Roberto Payán y que ese día eran los anfitriones. Ellos mismos construyeron la agenda de 12 puntos en las que hubo espacio para presentaciones artísticas, palabras de líderes sociales, de representantes de Consejos Comunitarios, del gobernador de Nariño, Jhon Rojas; de los alcaldes de municipios vecinos y del coordinador de los diálogos, Jorge Rojas.

El turno de las comunidades fue el más amplio y el que menos estructurado estuvo. Desde el inicio, cuando apenas estaban entrando al salón, pidieron que todo aquel que quisiera hablar se inscribiera en una lista que tenía un hombre de camisa blanca. No había un orden preciso, sólo de acuerdo a como se fueran acercando. Eso sí, cualquier asistente tenía la oportunidad de hablar, aunque ninguno lo hizo a título personal. La mayoría eran representantes de organizaciones o comunidades.

La tarima ubicada al fondo del salón estuvo destinada para la presentación artística: baile y música del Pacífico. “Que no haya jerarquías”, fue la única premisa para la logística del diálogo por parte del equipo del gobierno electo.

Bajo esa lógica, Jorge Rojas pidió retirar la mesa de manteles blancos y azules que estaba delante de él para que nada interfiriera con el diálogo. Quería el contacto lo más directo posible. Las sillas que estaban a lado y lado de Rojas fueron ocupadas por líderes indígenas y afros de Nariño e integrantes del Comité del Pacto Histórico de Roberto Payán.

El evento empezó en forma alrededor de las 11 de la mañana con una petición puntual: “Que la visita del presidente Gustavo Petro y la vicepresidenta Francia Márquez sea un hecho”, dijo Alejandro Quiñonez de la Asociación de Consejos Comunitarios y Étnicos de Nariño (Asocoetnar) y lo secundaron aplausos. Jorge Rojas, con una mano apoyada sobre la pierna como analizando las palabras, estiró la boca en una mueca en la que se leía desde lejos “lo veo difícil”.

“Si queremos pensar en el desarrollo de Roberto Payán hay cuatro apuestas fundamentales -dijo el alcalde Juan Carlos Sinisterra ante el micrófono- . La primera todos la saben, ¿cuál es?”. El público contestó al unísono: “La vía kilómetro 85”. Esa es la que consideran en el municipio como la eterna promesa de los gobernantes. Lo que piden los habitantes es que se termine de abrir la vía que conecta directamente con Tumaco para reducir tiempo y costos de viaje.

Los otros tres puntos clave eran vivir en paz, tener acueducto en la zona urbana y ayudar con la conexión eléctrica del sector rural. Aspectos que no son menores.

Los más de 12 mil habitantes viven principalmente de la minería artesanal y la agricultura, en especial del plátano. A veces, para sumar a sus ingresos económicos, trabajan en turnos en restaurantes, panaderías, tiendas y en los contados hoteles que hay o rebuscando el diario vendiendo comidas, frutas, rifas o cerveza alrededor del pueblo. “Aquí no vivimos, aquí sobrevivimos”, dice Cielo Gómez, una madre cabeza de hogar de 24 años.

Cuenta que, en época de sequía, o verano como le dicen en la ciudad, deben bajar al río para surtirse de agua. Entre el 30 por ciento y el 40 por ciento de la población no cuenta con acueducto, por eso la lluvia es bien vista: pocos usan sombrilla sin importar el aguacero y hay familias que salen con baldes plásticos a recoger el agua de los chorros que caen por las canaletas de los techos. “Si eso es acá en lo urbano, imagínese en la zona rural”, dice Gómez.

Hasta el casco urbano también ha llegado el conflicto armado del que pocos hablan. “Uno sabe que las disidencias también están acá, no sólo en lo rural. Pero lo mejor es uno hacerse el loco, por eso nadie habla del tema, lo dejamos a un lado. Acá se mueve distinto, las reglas las ponen otros”, dice una mujer que conoce el municipio. Esos “otros” a los que no nombra son los disidentes del frente Alfonso Cano, que controlan el norte del municipio, y el frente 30 hacia el sur. Debido a esa presencia ya han llegado más de cuatro mil desplazados a la cabecera municipal este año.

La esperanza de un cambio

El gobernador Jhon Rojas, que llegó al mandato con un apoyo variopinto de partidos como Conservador, Cambio Radical y La U, habló con entusiasmo sobre el triunfo de Gustavo Petro. “El mensaje para mis colegas: que se dejen contagiar por los vientos del sur, por los vientos del Telembí para construir una nueva nación”. En la camisa blanca que llevaba se leía la frase “Nariño está lista para el cambio”.

A la voz fuerte del Gobernador le siguieron las palabras de Jorge Rojas. Estaba afónico tras un evento en Pasto en el que habló por horas: “Vinimos a reconocer lo que ustedes han hecho. En su momento lo hablamos con Álvaro Leyva (canciller designado de Petro) y se lo presentamos a Petro. Acá (en Roberto Payán) vamos a anunciar cómo gobernaremos Colombia y es de una forma distinta. De abajo hacia arriba”.

Ese desarrollo de “abajo hacia arriba” es como está contemplada la implementación de los Acuerdos de Paz con la entonces guerrilla de las Farc. Por eso estos diálogos regionales pretenden, al igual que como pretendía hacerlo el Proceso de Paz y como lo ha dicho el presidente electo, empoderar a las comunidades para que sean ellas las que tomen las decisiones y estas no sean impuestas desde Bogotá.

De ahí en adelante pasaron por el micrófono más de una decena de personas entre funcionarios públicos de municipios costeros de Nariño, gestores sociales, líderes sociales e indígenas, voceros de Médicos Sin Fronteras, entre otros. Jorge Rojas los escuchó desde la primera fila del público asintiendo con la cabeza y abrazando a cada persona que daba su discurso. Los apuntes estaban a cargo de una mujer que, frente a la tarima, iba escribiendo las propuestas de los voceros en lo que sería el acta del evento.

Las peticiones tocaban todo tipo de necesidades: salud, educación, infraestructura vial, acueducto, electricidad y casi cualquier aspecto de la vida cotidiana que no está cubierto del todo en Roberto Payán. A pesar de las dificultades en Roberto Payán es común pensar y actuar en colectivo a través de organizaciones sociales que no son pocas en el municipio. Llegaron con la esperanza de hablar y ser escuchadas.

Entre las solicitudes hubo la de una mesa de diálogo con los actores armados, en el caso del municipio hay presencia del Frente Alfonso Cano y el Frente 30 de las disidencias de las Farc. También se sumó la solicitud de construir una Casa de la Mujer en Roberto Payán, de tener una educación universitaria gratuita y de alta calidad en el municipio y de tener salones sociales en cada Junta de Acción Comunal para que sirva como espacio de eventos, oficina para los integrantes de la JAC y velatorio para los que no puedan despedir a sus muertos. Con el paso de las horas las propuestas se perdían entre el bullicio de las personas que conversaban entre sí.

Pasadas las 2 de la tarde; cuando el viento ya no soplaba y el techo de zinc del salón social concentraba más el calor que ya se sentía en las calles del municipio costero, el evento parecía diluirse. Una mujer de la tercera edad se quedó dormida sobre una silla. Cerca de 20 asistentes estaban reunidos a un lado con el Gobernador de Nariño presentándole propuestas. Más de la mitad del auditorio se había ido mientras los voceros seguían pasando por el micrófono.

“Esto agota. La gente tiene muchas expectativas, pero es lo mismo de cada presidente. Todos tienen un escenario para escuchar las mismas quejas de hace años. Acá lo que quiere la gente es paz, quiere que le aseguren que se va a acostar a dormir y va a amanecer vivo”, nos dijo Winston Viracachá, periodista que ha recorrido varios municipios de Nariño.

Rojas se comprometió a que Petro visite Roberto Payán y les dijo a líderes, lideresas y defensores de Derechos Humanos que ya están trabajando en un plan para protegerlos. “Ya no necesitamos quejarnos porque somos gobierno. Necesitamos que el gobierno cumpla lo que prometió en campaña y en esta tarea estamos trabajando a partir de estos diálogos”, aseguró.

El evento acabó sin la firma del acta donde estaban los compromisos pactados. Desde el Comité del Pacto Histórico de Roberto Payán nos dijeron que primero debía ser revisada por el gobierno electo. Sólo cuando tenga la firma de éste será pública.

A un lado de la tarima, mientras un grupo esperaba a tomarse fotos con el coordinador del diálogo regional, Rojas nos dio su parte sobre lo escuchado en el evento: “Tengo miedo porque la gente tiene la esperanza desbordada. Quieren que hagamos lo que siempre han pedido. Eso sí, hay cosas en las que tenemos que empezar a trabajar”, aunque no especificó cuáles.

En cualquier caso, después de que el acta sea pública, habrá que ver si los compromisos quedan en el Plan Nacional de Desarrollo y se ponen en práctica. 

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