Así rodó la cabeza de Diego Bravo

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Durante 48 horas, en diciembre pasado, la ciudad vivió una crisis en las basuras que generó la salida de Diego Bravo, gerente del Acueducto. Foto: Juan Pablo Pino

La salida de Diego Bravo, gerente del Acueducto de Bogotá, está cocinada desde principios de año, tal y como lo contó La Silla el pasado 10 de enero. Para esa época, caían sobre el alcalde y su equipo rayos y centellas desde el Concejo, los organismos de control y parte de la opinión pública por los errores cometidos en diciembre en la implementación del nuevo esquema de aseo liderado por Bravo. 

Diego Bravo siempre dijo que no actuó a espaldas del Alcalde. Foto: Juan Pablo Pino

El alcalde Petro en uno de los debates de control político por basuras en la Comisión 6 del Senado.

Foto: Juan Pablo Pino

Guillermo Alfonso Jaramillo, secretario de Salud, pidió la renuncia a Diego Bravo.

Dos asuntos tenían retrasada la decisión: el primero es que el alcalde Gustavo Petro no quería darle al Concejo, cuyas mayorías le son opositoras, la cabeza de Bravo como una victoria política; y lo segundo, es que desde hace algunas semanas ese funcionario viene presentando quebrantos de salud. Hoy en la mañana el mandatario tomó la decisión de aceptar la renuncia que él mismo le había pedido, justo en momentos en los que la Procuraduría anuncia investigación disciplinaria contra Bravo y tres directores de la Uaesp, vinculados con la puesta en marcha del nuevo esquema de aseo.

Dos fuentes de Progresistas, una del Concejo y dos más conocedoras de la política bogotana le contaron a La Silla cómo rodó la cabeza de uno de los principales alfiles del alcalde Petro, quien con Bravo suma ya 17 altos funcionarios que le han renunciado en el año largo que lleva de mandato, no todos nombrados por él.

Hasta principios de diciembre pasado, Diego Bravo era uno de los hombres más fuertes de la administración Petro. Por sus manos estaban destinados a pasar temas tan clave para el alcalde como la creación del nuevo ente público de aseo, la venta de agua en bloque a municipios de Cundinamarca, la descontaminación del río Bogotá y la viabilidad de los lotes para vivienda de interés social.

Bravo contaba además con la condición de ser amigo personal de Petro y de venir de la Procuraduría, en donde trabajó tres años como procurador delegado de Alejandro Ordóñez, lo que siempre creó la idea de que estaba blindado frente a las indagaciones disciplinarias. Además, Bravo era capaz de cumplir la tarea que le asignaran, algo que era muy valioso en el equipo de Petro, integrado por muchos académicos sin tanta experiencia de gerencia.

Pero esa estantería comenzó a caerse apenas 48 horas después de que se iniciara la implementación del nuevo modelo del aseo de Petro, que dejó la operación de las basuras en cabeza de un operador público, Aguas de Bogotá, pero con el acompañamiento de operadores privados contratados a última hora porque el Acueducto no tuvo todo listo.

El lío de las basuras generó 150 quejas ciudadanas ante la Procuraduría por fallas en la prestación del servicio, indagaciones de los organismos de control y una primera cabeza que rodó: la de Mario Álvarez, gerente de Aguas de Bogotá.

Desde el Concejo y hasta del mismo gabinete comenzaron a pedir la cabeza, pero de Diego Bravo y hasta diciembre el alcalde estuvo firmemente decidido a no darles gusto. Sin embargo, gente cercana al mandatario, especialmente el secretario de Salud Guillermo Alfonso Jaramillo y del entorno de Guillermo Asprilla, comenzó a manifestar desconfianza por la relación entre Bravo y los operadores privados.

Eso porque, como también lo contó en su momento La Silla, mientras Petro trinaba en contra de los empresarios William Vélez y de Alberto Ríos, Bravo se reunía con representantes de ellos en el Acueducto y al menos en una ocasión en el Jockey Club para negociar nuevos contratos. La situación no le gustó al Alcalde, quien si bien había autorizado acercamientos con ellos, no se esperó que éstos tomaran un tinte de reunión social y menos que se filtraran a los medios. Una fuente de dentro del progresismo le dijo a La Silla que en este punto Petro empezó a replantear su posición frente a la salida de Bravo.

Lo peor vino cuando a oídos del alcalde llegó el rumor de que Bravo se había visto en diciembre en Cartagena con uno de los operadores privados, un asunto que no ha sido confirmado por nadie, y cuando en enero Bravo declaró a El Tiempo que no había hecho nada a espaldas del alcalde.

“Fue la suma de muchos factores los que terminaron haciendo al alcalde decirle a Diego Bravo que la situación ya era insostenible”, le dijo a La Silla otra fuente de la Alcaldía, “llegó un momento en el que Bravo salía todos los días en medios y siempre por una polémica, eso empezó a hacerlos tener sus diferencias”.

La decisión de Petro se vio reflejada también cuando el alcalde le pidió a Ricardo Agudelo, nuevo gerente de Aguas de Bogotá, que tratara los temas personalmente con él y no a través de Bravo, según un dato extraoficial que le reveló a La Silla una fuente del Concejo.

Así es como un desgastado Bravo le presentó su renuncia hace 20 días a Petro, quien no obstante en ese momento negó a los medios que el gerente del Acueducto fuera a salir de la administración. “Petro es orgulloso y quería esperar el mejor momento”, dijo la fuente progresista.

Semanas después, el 12 de febrero, la oficina de prensa del Acueducto sacó un comunicado informando que por motivos de salud Bravo estaba siendo sometido a varios chequeos médicos y que al día siguiente le practicarían un cateterismo coronario.

La enfermedad de Bravo, quien ha padecido problemas cardíacos, detuvo el proceso de su caída, pero no la idea del alcalde de aceptarle su renuncia apenas se recuperara y tratar de mezclarla con una reestructuración de su gabinete.

Ambos, Petro y Bravo, reaparecieron ayer en un debate de control político al tema basuras en el Congreso, en donde el senador Carlos Baena del MIRA denunció sobrecostos en la implementación por el orden de los 20 mil millones de pesos y retomó la nota de La Silla en la que contamos que, dos meses después de la puesta en marcha del esquema, aún no les han pagado a los operadores privados. Según un comunicado del movimiento MIRA, el alcalde confirmó que las pérdidas habían sido por 5 mil millones de pesos y no negó lo del no pago a los privados. Bravo defendió sus actuaciones.

Y cuando los rumores sobre su salida habían bajado, esta mañana Petro le aceptó la renuncia a su gerente del Acueducto y dejó entrever enseguida que habrá reestructuración en el gabinete.

¿Qué pasará ahora? Una persona cercana al alcalde nos dijo que éste tendrá que salir a buscar gerentes en sectores diferentes al progresismo o a sus amigos. Un concejal agregó, por su parte, que, en este escenario, Petro tendrá que pensar bien a quien contrata para no cometer más errores, especialmente ad portas de un periodo electoral: “Al alcalde le queda este año para subir su imagen y también para ejecutar, pues la mitad del año que viene estará bajo la ley de garantías que restringe la contratación”.

Una de las fuentes nos dijo que el alcalde está pensando seriamente en empezar a pedir renuncias protocolarias en su gabinete para organizar un revolcón en esta minicrisis que se genera, además, por la renuncia esta semana de la secretaria de Movilidad, Ana Luisa Flechas. Un trino de Petro de esta mañana confirmaría esa tesis: “Todos los cambios que se efectuarán en mi gabinete tienen dos objetivos: triplicar la lucha contra la corrupción y profundizar ejecución”.

Lo trinó una hora después de anunciar que le había aceptado la renuncia a Bravo, quien estará en el cargo hasta el próximo 1° de marzo. Con los ojos de un Concejo opositor y de los organismos de control, habrá que ver quién se le mide ahora a apostarle al proyecto progresista.

 

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