Así se cocinó el Pacto de la Orinoquía entre Claudia y Petro

Así se cocinó el Pacto de la Orinoquía entre Claudia y Petro
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Claudia López y Gustavo Petro estaban sentados frente a frente en el avión presidencial con destino a San José del Guaviare, a la cumbre de Asocapitales. La mandataria de Bogotá, que inicialmente iba por su lado a ese evento, terminó en el avión fokker 002 por una invitación que le hizo el presidente a través de su secretaria privada, Laura Sarabia.

Era el primer encuentro después de los choques que tuvieron por redes sociales y medios de comunicación por el metro de Bogotá. La discusión entre ambos había alcanzado niveles de tensión altos. El ministro de Transporte, Guillermo Reyes, amenazó con no financiar los proyectos de la alcaldesa si no accedía a hacer una parte del metro subterráneo, como quiere Petro.

La mandataria respondió con palabras duras también cuando vio que la obra no estaba en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) de Petro: “¿Concretando el chantaje ministro? ¿Van a parar el metro?”. En entrevista con La Silla la alcaldesa además dijo que el puesto de alcalde de Bogotá no estaba vacante

Después del viaje, la alcaldesa y el presidente se reconciliaron. Publicaron una foto en redes sociales y hablaron de un acuerdo al que llamaron “El Pacto de la Orinoquía por el metro de Bogotá”. Esto fue lo que pasó a más de 10 mil metros de altura. 

Se rompió el hielo entre Petro y Claudia

En el fokker 002 solo iban solo cinco personas en la sala VIP. La alcaldesa López iba sentada al lado del consejero para las regiones, Luis Fernando Velasco, a quien ella conoce hace años desde su paso por el Congreso. Con Velasco esperó al presidente por una hora en el aeropuerto de Catam, en Bogotá.

Petro llegó con su secretaria Sarabia. También viajaba con ellos su consejero de comunicaciones, Germán Gómez.

“Laura fue la de la idea del encuentro. Sabía que ellos tenían que llegar a un acuerdo sobre el metro”, dijo una persona que iba en el vuelo. “Querían que fuera un encuentro íntimo para que Petro y Claudia pudieran conversar con tranquilidad. Por eso no iba nadie más”.

Cuando arrancó el avión, la alcaldesa empezó a señalar por una ventanilla las obras que son fundamentales para la ciudad que gobierna y que necesitan cofinanciación de la nación: La ALO, la calle 13, los regiotram del norte y occidente, los cables y la segunda línea del metro. Petro asentía.

La alcaldesa también le recordó al presidente la idea de hacer un negocio juntos. “Gustavo, ¿por qué no unimos ISA y el Grupo de Energía de Bogotá? Colombia es el único país que tiene estas dos empresas listas para hacer la interconexión eléctrica de energías renovables y limpias más grande de toda América Latina”, le dijo. “Los demás países pueden tener la intención, pero no las empresas. ¿Por qué no trabajamos juntos en sacar un brazo de producción de energías renovables?”.

Petro le dijo que sí, que retomaran el tema cuando eligieran al nuevo presidente de Ecopetrol.

“Bueno, pero vamos al grano”, dijo Laura. Les pidió que hablaran de la primera línea del metro. El vuelo solo duraba 40 minutos y ya quedaban 20.

Sellaron el Pacto de la Orinoquía

Claudia no habló del chantaje. Velasco le pasó una hoja y ella y Petro empezaron a dibujar las tres líneas de metro que podrían construir juntos. La primera hasta la calle 72 con Caracas, la segunda que va hasta la 100 con autopista norte y luego hasta Suba y Engativá. Y la tercera, que empieza en Soacha, un municipio cercano a Bogotá.

Mientras Claudia insistía en los riesgos jurídicos y en las demandas que se vendrían si cambiaban la primera línea, Petro hacía énfasis en que el metro elevado por la Caracas le parecía un absurdo. Velasco dijo que quizá podrían incluir un artículo en el PND para poder hacer ese cambio a la obra y que la alcaldesa como sus funcionarios pudieran tener tranquilidad ante los riesgos jurídicos.

Tomaron café, galletas y chocolates. Se negaron a recibir almuerzo porque en la cumbre de Asocapitales, a la que Petro y Claudia estaban invitados, había comida para ellos y los demás alcaldes de capitales que hablarían del PND.

Al final del vuelo, cuando desde la ventana del avión se veían los llanos del sur del Meta y el Río Guaviare, ni Petro ni López habían cedido. Pero cuando aterrizaron en el aeropuerto acordaron al menos tres cosas. Primero, tramitar las diferencias alrededor del metro en privado, lejos de Twitter y de los medios de comunicación. Segundo, como no han podido lograr que las bases políticas de ambos mantengan la crítica fuera de redes, les van a pedir a sus alfiles más cercanos, como Angélica Lozano y David Racero, que hagan lo mismo. Y, por último, que se respetaran las recomendaciones de las mesas técnicas que ya están instaladas.

“Listo, vamos a hacer este pacto y lo vamos a cumplir”, dijo Laura. A ella se le ocurrió bautizar el acuerdo “Pacto de la Orinoquía” porque estaban en esa región del país. Tomaron fotos y después la alcaldesa y el presidente publicaron en Twitter la foto.

Petro dijo cuando se subió a la tarima de Asocapitales que “se trata de entregar el mejor metro posible con los recursos que tenemos a la sociedad bogotana que ha esperado casi un siglo”. López además hizo un video en el que aseguró: “Nos hemos comprometido a volver a las mesas y a aceptar sus recomendaciones. Si uno les pide a expertos jurídicos y técnicos que le den unas recomendaciones, pues es para acatarlas cuando nos las den”.

Las dos mesas técnicas

“No me invitaron al viaje”, dijo a La Silla el ministro Reyes. Pero recordó que después de esa reunión, la alcaldesa le envió un mensaje por Whatsapp y quedó claro que “nunca hubo un chantaje y que este gobierno honrará los compromisos adquiridos con las obras del distrito”.

El ministro también dijo: “Yo ya corregí en medios y aclaré el alcance de mis declaraciones y la alcaldesa muy decorosamente lo reconoció”.

También explicó que no era necesario incluir las líneas uno y dos del metro en el PND “porque ya tienen vigencias futuras y Conpes y Confis aprobados”. "Ahora -dice el ministro- vamos a respetar lo que digan las mesas técnicas”.

Son dos. La mesa jurídica estudiará la posibilidad de hacer un cambio en el objeto del contrato. Están asesores externos, como Enrique Gil Botero, quien ya en una primera reunión explicó por qué considera que sí se puede modificar el contrato de la primera línea. Básicamente dice que se puede apelar a que es un cambio “necesario y determinante” por el bien de la ciudad.

En esa mesa también está el secretario jurídico de presidencia, Vladimir Fernández. Y del lado de la Alcaldía, está el secretario jurídico, William Mendieta, y la gerente jurídica de la Empresa Metro de Bogotá, Priscila Sánchez. También hacen parte delegados de la Procuraduría, que ya ha encendido alertas sobre el posible detrimento patrimonial que implicaría cambiar el contrato.

En la mesa técnica y financiera hay funcionarios del Ministerio de Hacienda, de Planeación Nacional, de la gerencia del Metro y de la Secretaría de Hacienda de Bogotá.

Petro ya se había negado a seguir las recomendaciones que él mismo le había pedido al consorcio chino que construye la primera línea. Ahora, con este nuevo pacto, promete no imponer su deseo si los técnicos no le dan la razón.

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