Así se vivió por dentro el pulso en la Cámara por el plagio de Jennifer Arias

Así se vivió por dentro el pulso en la Cámara por el plagio de Jennifer Arias
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Cuando el secretario de la Cámara de Representantes anunció que la mayoría de congresistas aprobaban la propuesta de debatir el caso de plagio en la tesis de Jennifer Arias, del Centro Democrático, la presidenta de la Cámara se levantó de su silla en lo alto del estrado, se puso la gabardina y dejó el salón.

Un día antes, el lunes, la Universidad Externado publicó un comunicado en el que confirmó que hubo plagio en la tesis de maestría de Arias, como habían señalado el diario El Espectador y el portal PlagioSOS, que se dedica a buscar casos de copia en trabajos académicos.

Los representantes de la oposición vieron la oportunidad política: la plenaria del martes, con las cámaras de televisión en el recinto. Siguieron el orden del día sin modificaciones, pero hacia las 7 de la noche, hora en la que comienzan los noticieros, propusieron revocar a Arias de su cargo por el caso de plagio.

“Seguro no va a pasar nada, no tenemos los votos, pero hacemos el show”, dijo un representante en el pasillo.

Y, en efecto, hubo show.

El primero en hablar por la oposición fue el representante paisa del Partido Verde León Fredy Muñoz, quien reclamó en público que Arias no estuviera en el salón. Pero la voz de la presidenta lo interrumpió: “Estoy conectada desde el baño”, dijo por la pantalla de la Cámara.

“Pues debería de estar aquí”, dijo Muñoz, en medio de las protestas de los representantes del uribismo y los llamados a la calma de la mesa directiva.

Mientras hablaban el resto de miembros de la oposición —como María José Pizarro, Ángela María Robledo e Inti Asprilla—, Arias volvió al recinto, ocupó su silla en la bancada del uribismo y esperó. Al final, subió al atril y comenzó a hablar con calma, mirando primero hacia el segundo piso en el que estaba la prensa.

“Quiero saludar a los medios de comunicación, que han estado muy interesados en grabar nuestras conversaciones privadas mientras estábamos en las sillas”, dijo refiriéndose a los reporteros en los palcos que llevaban varios minutos inclinando las cámaras para tratar de hacer tomas de la bancada del uribismo.

Luego bajó la vista a la oposición. “Raro sería que no presentaran la proposición pidiendo mi cabeza. Raro sería que la hubiera presentado al inicio de la sesión, que no hubieran esperado a que se acercara el horario prime de la televisión”.

Arias habló más fuerte. Señaló con el dedo a la bancada de Colombia Humana, el Verde y el Polo al fondo de la sala. “Los estoy viendo a la cara, porque no tengo vergüenza. Yo no cometí ningún plagio. A mí la universidad nunca me escuchó y cualquier ciudadano, les caiga bien o mal, tiene derecho a ser escuchado”.

Los congresistas del uribismo, que ocupaban casi la mitad de la sala, comenzaron a golpear sus escritorios ante cada frase de Arias, como si fueran tambores de guerra.

Ella pasó a los gritos. “¡Mi nombre fue mancillado! ¿¡Eso les parece justo!? ¿¡Ético!? ¿¡Por eso me van a decir que renuncie!?”. La joya que llevaba en su cuello se movía como un péndulo de un lado a otro ante cada exclamación.

Los golpes de sus compañeros sobre los escritorios ahogaron por un momento su voz, pero ella se impuso. Miró a León Fredy Muñoz, quien es investigado por la Corte Suprema por un episodio de 2018 en el que fue detenido con cocaína en el aeropuerto de Rionegro.

“Usted tiene una investigación por tráfico de drogas —dijo Arias—, pero incluso así usted tiene el derecho a la presunción de inocencia. Puede que usted crea que es un ciudadano superior a mí, pero no lo es. ¡Tenemos el mismo derecho, el suyo y el mío!”.

Muñoz amagó con levantarse de la silla, pero María José Pizarro, de Colombia Humana, lo tomó del brazo y le hizo un gesto con la mano para que se calmara.

Cuando Arias terminó de hablar, la discusión salió de los micrófonos. Varios congresistas siguieron pidiendo la palabra, pero la mayoría de los comentarios volaron de un lado a otro del recinto, a los gritos. Los del uribismo los acompañaban de alguna mueca discreta de burla.

“Por días como hoy es que me gusta estar en el Congreso”, dijo uno de los asistentes cuando el caos estaba instalado. 

Arias anunció que se retiraba. Y lo mismo la oposición, en protesta por la negativa de los congresistas a votar la revocatoria de la presidenta de la Cámara. “Es una vergüenza lo que pasa aquí. Que ustedes crean que una trampa va a cubrir otra trampa”, dijo Katherine Miranda, del Partido Verde.

Se levantó de la silla y agregó, mirando al uribismo: “Y no se rían”. Pero nadie le hizo caso.

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