Así son los moteros que le ganaron el pulso a Claudia López en Bogotá

Así son los moteros que le ganaron el pulso a Claudia López en Bogotá
Peter Isaza.jpg

Peter Isaza, motero de la Asociación de Moteros de Bogotá y Cundinamarca. Foto: Paula Doria /La Silla Vacía.

“Cuando vi la rueda de prensa de la alcaldesa con la medida pensé: ‘se va a armar el mierdero’”, dijo Peter Isaza, productor del grupo musical Dr. Krapula y amante de las motos. Acababa de escuchar a Claudia López anunciando que a partir del 11 de abril los motociclistas no podrían llevar parrillero de jueves a sábado, entre las 7 de la noche y 4 de la mañana. Una medida que, según el secretario de Seguridad, Anibal Fernández de Soto, pretende mejorar la seguridad.

Ese jueves 31 de marzo, a Peter le llegó un mensaje por whatsapp en el que moteros de la ciudad convocaban a una movilización para el lunes 4 de abril. Después de tres días de protestas que colapsaron el transporte de la ciudad, con miles de motos inundando vías principales, lograron que las excepciones a la medida del parrillero fueran tantas que quedó desdibujada. Un asesor de seguridad de la Alcaldía de Bogotá, que pidió no ser citado para hablar con libertad, dijo “la medida quedó en nada. Eso fue otra forma de recular”.

Este miércoles, pasadas las 10:30 de la noche, y tras tres horas de diálogo directo con la mandataria López, la Alcaldía acordó que la medida no aplicará para casos de emergencias, aseguradoras, personal de salud, transporte de personas en condición de discapacidad, personal de seguridad, conductor elegido y mujeres. Y empezará a aplicarse desde el 18 de abril.

Esa rápida victoria para los motociclistas reafirma el poder de este actor colectivo en Bogotá, una organización de personas a las que los une la afición por lo que ellos llaman “el vehículo del pueblo”.

La gasolina de los moteros

A Peter, de 33 años, le enseñó su papá a andar en moto. Recuerda que lo paseaba en una fz50 desde los 6 años. “La moto no solo nos movilizaba. Mi papá hasta conquistó a mi mamá porque hacían viajes juntos en la moto”.

A los 18 años Peter se debatía entre pagar el primer semestre para entrar a la universidad a estudiar administración de aerolíneas y comprar la moto. Se compró una Boxer de 100 centímetros cúbicos que para ese momento le costó 5 millones de pesos. Hoy sus tres hermanos también usan ese medio de transporte.

Ahora Peter hace parte de la Asociación de Moteros de Alto Cilindraje de Bogotá y Cundinamarca. En Bogotá hay otras 46 agrupaciones y clubes. El más grande de Bogotá es Gonobikerreas, que tiene 10 mil asociados. También están los Street Brothers, de 5 mil asociados y otros grupos más pequeños como SOS, Pulgar y otros.

Estos grupos arman paseos los fines de semana y algunos hacen obras sociales, como recoger mercados para repartir en lugares pobres que visitan o para hacer aportes a fundaciones. Los Gonobikerreas, por ejemplo, tienen una fundación propia que apadrina niños. Los dueños de motos de alto cilindraje tienen que pagar dinero para aportar a la asociación, e incluso, algunos tienen que superar pruebas como peleas con uno de los miembros del grupo.

A Peter eso no le llama la atención. “Lo más lindo de la moto es la gente que conoces”, dice. Él sale a dar paseos los jueves en las noches, como lo hacen cientos de moteros no solo en Bogotá, sino en el mundo. También corre torneos de velocidad y además ha conocido Colombia y América Latina en la moto. “Cuando vas en moto la solidaridad la ves por todas partes”, dijo.

La organización en dos ruedas

Peter llevaba tres días protestando en su Suzuki vstrom 650. Mientras tanto su empresa de  alquiler de trailers para grabaciones audiovisuales quedaba a cargo de su hermano menor. Peter es delgado y alto. Viste jeans negros, una chaqueta negra y su pelo crespo le llega a la cintura. En el recorrido del miércoles la velocidad por la que iban miles de motociclistas como él no superó los 10 kilómetros por hora.

Empezaron al frente de la Biblioteca Virgilio Barco, luego pasaron por el estadio El Campín, la Castellana, la carrera Séptima hacia el centro y en la tarde se dividieron en varios puntos. Los pitos ensordecedores se escucharon todo el día por donde pasaron.

Peter contó, a través de un micrófono que tiene su casco y que le permite comunicarse con el parrillero y con otros 20 motociclistas, que cuando ha estado varado siempre encuentra un motero que le ayuda. También dijo que cuando ha viajado a otros países en su moto incluso le han regalado llantas o le han dado hospedaje y comida solo acabando de conocer a otra persona que también es aficionada a las motos. 


Pero hacer parte de estas asociaciones no sirve solamente para sentirse parte de una comunidad y hacer planes. En los grupos de whatsapp y redes sociales sobre todo reportan si hay un robo para ayudar a recuperar la moto, para ayudar en casos de accidentes, huecos y daños en las vías, incluso hay planes para tapar algunos huecos que consideran muy peligrosos. O, como pasó en estos días, para oponerse a medidas que ellos consideran arbitrarias.

Hace cuatro años, el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa había impuesto la restricción al parrillero por seis meses. Desistieron porque no dio los resultados esperados. Lo mismo pasó en Cali, cuando los expertos de esa alcaldía concluyeron que la medida no servía para mejorar la seguridad. Y un estudio de los Andes lo ratificó.

“Seguramente los ladrones van a decir ‘Ay, vea, ya no podemos salir a esas horas'. O los sicarios van a decir ‘¡Ay no! Ya no matamos de jueves a sábado'. Si no respetan la vida, mucho menos un decreto”, dijo Peter. “La medida es tan absurda que uno sale a protestar solo con la motivación de hacerlos quedar como unos idiotas”.

Sin embargo, para el secretario de Seguridad la medida puede contribuir a mejorar la seguridad junto con otra serie de medidas que anunciaron.

“Hay muchos factores a considerar. La época electoral, los riesgos de terrorismo, el incremento en algunos indicadores de inseguridad como el hurto a personas y el atraco”, dijo a La Silla Fernández de Soto. “Estas medidas, en su conjunto, buscan contribuir a facilitar controles de la policía, y a concentrar la labor de la policía en actividades focalizadas”, agregó.

“Lo que creemos es que los policías van a perder más tiempo en hacer cumplir la medida”, dijo Peter. “Ahora les toca preguntarle a cada conductor que lleve a un copiloto por qué se está saltando la norma”. La Alcaldía se comprometió a evaluar con los moteros, cada mes, la efectividad de la medida. 

Aunque la Alcaldía planteó la medida como una de las estrategias para mejorar la seguridad, habría tenido más argumentos si la iniciativa fuera para combatir otros frentes en los que las motos tienen un impacto negativo en la ciudad. 

Según cifras de la Secretaría de Movilidad, en 2021, el 39 por ciento se los fallecidos en siniestros viales eran motociclistas, y 43 de peatones fallecidos en estos eventos fueron atropellados por motociclistas. 

Además, según explica en esta columna el experto en movilidad, Darío Hidalgo, "las motos, especialmente las más livianas, no tienen dispositivos de control de emisiones y por tanto emiten más de 40 veces más contaminantes por viaje que una persona en transporte público". Por eso es clave plantear regulaciones adicionales para quienes conducen este vehículo. 

Pero con la motivación de protestar contra una medida que ya ha sido ineficaz en el pasado para mejorar la seguridad, que es lo que busca la administración, más las redes que ya tienen las asociaciones de moteros en Bogotá, fue sencillo convocar a la marcha de estos tres días.

Peter recordó que en los grupos de whatsapp también mandaron instrucciones como llevar una copia de la llave, “porque en otras protestas los policías nos han botado las llaves a alcantarillas”. Llevar agua “para la sed”. Solo asisten personas que tienen la moto a su nombre y papeles en orden “por si las grúas se llevan la moto”.

A la protesta llegaron desde vendedores ambulantes que transportan sus productos en motos, domiciliarios, hasta abogados, comerciantes, publicistas, personal de seguridad y otros.

El poder de los moteros quedó anunciado

Frente a la biblioteca Virgilio Barco, el punto de encuentro de la protesta del miércoles, algunos moteros llevaban chaquetas con identificaciones de los clubes o asociaciones a las que pertenecían. Otros, llevaban sacos, camisas y afiches que decían “soy motociclista, no delincuente”.

Ahí estaba Juan Carlos Perdomo, de 23 años. Es un conductor de Picap, una aplicación que presta servicios de transporte en motos, que aún no está regulada. Vestía una chaqueta negra, jeans, y cargaba en su espalda una bandera de Colombia a modo de capa.

Dijo que estaba sacrificando ese día de trabajo, unos 70 mil pesos, para participar en la protesta. “Los que vivimos de esto somos los más afectados. Los mejores días para trabajar son los fines de semana en la noche. Nos piden que seamos “solidarios”, pero ellos no son solidarios con nosotros”. Los fines de semana Juan Carlos puede obtener 200 mil pesos al día.

Este motero perdió su trabajo como administrador de un bar que se quebró en la pandemia. Compró una moto de tres millones de pesos y se dedicó a ser conductor. 

Así son los moteros que le ganaron el pulso a Claudia López en Bogotá
WhatsApp Image 2022-04-07 at 12.58.49 PM(1).jpeg

Juan Carlos Perdomo, conductor de Picap.

Así son los moteros que le ganaron el pulso a Claudia López en Bogotá
WhatsApp Image 2022-04-07 at 12.58.49 PM (1)(0).jpeg

Crisanto Díaz, publicista.

Juan Carlos se enteró de las medidas y de la protesta por un grupo de whatsapp. “Desde el miércoles (un día antes del anuncio de la medida) ya nos estaban avisando que Claudia iba a restringir al parrillero”.

Aunque desde el lunes siguiente ya existía la excepción para conductores elegidos, Juan Carlos no estaba seguro de poder trabajar los fines de semana. Otros dos conductores de Picap además aseguraban que la medida era solo un negocio. “Sacar una moto de patios cuesta un millón de pesos. Nos van a coger de cajero de la Alcaldía”, dijo Oslvaldo, otro conductor de moto.

En la protesta también estaba Crisanto Díaz, un publicista. Dijo que vive en Madrid, Cundinamarca, “porque la finca raíz en Bogotá está muy cara”. Pero que tiene una empresa de publicidad en la capital. A él la medida lo afectaba porque no podría llevar a su esposa, quien es psicóloga y termina sus consultas entre 7 y 8 de la noche, también en Bogotá.

“Si el servicio de transporte fuera bueno, pues uno se va en eso. Pero la forma más rápida de hacer ese trayecto es en moto”, dice Crisanto. Para protestar dejó a sus empleados trabajando y él se tomó el día. “Con esa medida, ¿cómo llevo a mi esposa a la casa?”. Eso ya no será un problema. Su caso entra en las excepciones, como el de la mayoría de quienes protestaron.

A las 4 de la tarde, por redes sociales, Claudia López invitó al Palacio Liévano a los moteros a negociar. La cita era a las 6 de la tarde, cuando la movilidad se ponía peor. Esta vez iría ella personalmente.

Por los micrófonos y redes sociales los moteros que recorrían las calles decidieron reunirse detrás del estadio El Campín. Algunos querían dejar plantada a la alcaldesa, pero finalmente acordaron asistir.

Ahí estaba José Manuel Garzón, director de la asociación Motoclubes de Cundinamarca y Bogotá, y uno de los que iba a negociar con la mandataria esa noche.

“Les quiero agradecer por no haber bloqueado el Transmilenio”, decía José Manuel parado encima de su Yamaha. El lunes los moteros sí bloquearon ese sistema de transporte que mueve a 2 millones de personas y miles de ciudadanos tuvieron problemas para llegar a sus casas. “Gracias por el gran comportamiento de hoy. Gracias por su asistencia”, les gritó. “No nos pararemos de la mesa si no quitan esa medida. Pendientes de las redes sociales”, decía. Los motociclistas levantaban sus cascos y gritaban celebrando. También reconoció "el Esmad se portó bien".

Así son los moteros que le ganaron el pulso a Claudia López en Bogotá
WhatsApp Image 2022-04-07 at 1.36.06 PM.jpeg

En el centro José Manuel Garzón, director de la asociación Motoclubes de Cundinamarca y Bogotá, pocos minutos antes de irse a reunir con la alcaldesa Claudia López.

Además de mostrar que tienen la capacidad de afectar la movilidad de Bogotá con facilidad, los moteros querían proponerle a la Alcaldía poner a su disposición sus redes de apoyo y ser parte de los frentes de seguridad y de seguridad vial para trabajar en conjunto.

“Como en vez de imponer la medida no nos aprovechan”, dijo un miembro de Gonobikerreas. “Les queda grande la seguridad y se lavan las manos con nosotros”, agregó. Se negó a dar su nombre porque dice trabajar en el esquema de seguridad de un alto funcionario del Gobierno de Iván Duque. El presidente se había pronunciado al respecto y había dicho que esa medida no podía ser permanente.

Cinco horas después de la reunión entre los moteros y la Alcaldía, llegaron a un acuerdo. La Alcaldía no retiró la medida, pero casi.

Tras esta victoria de los moteros, la posibilidad de que a las motos también les apliquen el pico y placa, o cualquier regulación adicional a un actor vial que en Bogotá tiene 600 mil vehículos, será, cuanto menos, cautelosamente analizada.

“Ja. Que se atrevan”, dice Peter.

Compartir