Lo que dejan los diálogos regionales de Petro: expectativas y promoción política

Lo que dejan los diálogos regionales de Petro: expectativas y promoción política
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Gustavo Petro en los diálogos regionales del Urabá, en Turbo, Antioquia. Foto: Twitter Laura Sarabia

Hoy termina el último de los 54 diálogos regionales vinculantes convocados por el Gobierno de Gustavo Petro. “Colombia tiene la palabra”, dijo el presidente en su única alocución presidencial hasta ahora, dedicada a promocionar unos diálogos que tuvieron el fin de provocar una gran conversación nacional con miras a elaborar un Plan Nacional de Desarrollo (PND).

De este gran esfuerzo participativo dos cosas quedaron claras. Primero, fue un gran espacio para que las organizaciones sociales aportaran sus ideas. Segundo, fue una gran oportunidad para que el Pacto Histórico hiciera política. En los próximos meses, cuando se presente la versión final de la hoja de ruta del Gobierno Petro, se sabrá también si además de una gran lluvia de ideas fue el ejercicio de “Gobierno popular” con el que soñaba el presidente. Pero esto es menos probable.

La idea del Gobierno popular

La idea de los diálogos regionales vinculantes fue lanzada por Gustavo Petro en su discurso triunfal el día que ganó las elecciones y la puso en marcha durante los últimos cuatro meses con una intensa participación de todo su gabinete. Estaba motivada por el objetivo explícito del gobierno de legitimar la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo; y por dos más implícitos: pavimentar la estrategia de Paz Total, particularmente con el ELN, y mantener viva la movilización popular con miras a las elecciones de 2023.

Según dijo al arranque, Luis Fernando Velazco, el alto consejero para las Regiones, el Gobierno esperaba que participaran entre 1,5 y 2 millones de colombianos. Al final, según cifras oficiales, asistieron unas 250 mil personas, que aunque es una fracción de la aspiración que tenían, sigue siendo una cifra sin precedentes de participación social convocada desde el Estado para un PND.

“Lo chévere ha sido una gran participación de personas, mucha gente con muchas ganas de participar, de que los escuchen. Hay mucho interés de la gente”, dice Marcela Restrepo, la directora de Foro por Colombia, una ong que trabaja por la descentralización y que rescata de los diálogos la participación de las organizaciones. “La gente escribió documentos, produjo propuestas que ya traían listas. La gente viene organizada hace décadas”.

En el diálogo del Catatumbo, en Ocaña, eso fue claro. Los voceros de la Asociación por Unidad Campesina del Catatumbo (Asuncat) y de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), por ejemplo, llegaron con un documento de 16 páginas con propuestas ambiciosas construidas durante meses. 

¿Qué lograron?

Para saber si consiguieron el primer objetivo, hay que esperar a que el Gobierno presente su versión definitiva del PND. El Departamento de Planeación Nacional presentó el borrador del plan cuando todavía faltaban la mitad de los diálogos y lo radicado refleja muy poco de lo discutido en estos foros. Por eso, salvo que el documento final cambie sustancialmente, el gobierno seguramente tendrá que lidiar con una dosis de frustración por las expectativas que ha generado.

Para la muestra, un botón: “Uno dice se está produciendo un populismo, de decir que lo que usted diga va a ir al Plan de Desarrollo cuando es una mentira porque ya está radicado”, dice el representante de La U por Vichada, Álvaro Londoño, que asistió al diálogo regional en su departamento justo un día después de que se presentara en el Congreso. “De pronto es para venir a decirnos, ‘este proyecto de ley se construyó estando en su región. Sí, pero de pronto llega uno al debate y uno dice ‘en el departamento pedimos esto. ¿Dónde está reflejado?’. Yo lo veo más como un ejercicio de que las personas sientan que están siendo escuchadas cuando realmente ya se ha tomado una decisión porque es el programa de gobierno de Petro.”

El director de Planeación, Jorge Iván González, ha dicho que lo radicado es tan solo un borrador y que de aquí al 7 de febrero, cuando empezarán a discutirlo, agregarán los insumos de los últimos diálogos. Ahí se sabrá, entonces, qué tanto estos diálogos fueron “una gran movilización social para construir un gobierno popular, en el que pueblo tiene poder de decisión”, como lo anticipó el secretario general de Presidencia, Mauricio Lizcano.

En todo caso, es improbable que el Plan refleje las miles de propuestas que surgieron en estas reuniones, que estuvieron marcadas por la improvisación, y donde la metodología se quedó corta para facilitar una verdadera discusión entre diferentes de la que pudieran salir unos consensos.

Los problemas de metodología

Inicialmente, Planeación Nacional diseñó una metodología para que participaran unas 25 personas por mesa de trabajo. Pero, a la vez, desde el gobierno había el interés de que asistieran miles de personas a cada sesión, con lo que tuvieron que ampliar a 40 los participantes por mesa. Y en varias ocasiones, como en el diálogo del Magdalena Medio, durante el transcurso de la jornada, tuvieron que abrir salones extra y habilitar nuevas mesas por temática a tratar, porque la gente seguía llegando y proponiendo temas por fuera de los ejes definidos desde Planeación.

De modo que la metodología, que apuntaba a que de cada mesa saliera un problema regional y una posible solución, resultó convirtiéndose en una lista de mercado muy amplia.  Aunque el Consejero para las Regiones Velazco, quien se encargó de las convocatorias, dice que “la gente sabe priorizar y que mas que listas de mercado hablaron de proyectos estratégicos para los intereses de la gente como vías terciarias”.

“Desde el punto de vista de la legitimidad que se le da al Plan Nacional de Desarrollo, es muy positivo y que participen miles de personas en estos ejercicios, es muy valioso”, dice Julián López, representante del Valle por La U. “Pero al mismo tiempo, hay que reconocer que hubo desorganización y falta de metodología.”

En algunas regiones, el problema no fue solo de metodología sino de organización básica. En Bucaramanga, los casi tres mil asistentes tuvieron que esperar toda la mañana al rayo del sol porque el evento empezó hacia el mediodía, cuando la ministra de Trabajo finalmente dio la bienvenida. En Cali llegaron desde las 8 a.m. 15 mil personas motivadas por el anuncio de que Petro estaría presente. Llegó a las 2 p.m., cuando la gente ya estaba cansada y muchos ya habían tenido que devolverse a sus municipios.

“A mí me dio pena que Petro llegara tan tarde y la gente esperándolo a sol y lluvia”, dice Giovanni Jurado, integrante de la Unión de Resistencias de Cali (URC) que nació del Paro Nacional de 2021.

En Ipiales, los asistentes se levantaron de la mesa tras la demora del Canciller Leyva que iba en representación del Gobierno y que tuvo problemas técnicos en el avión y en Bogotá, Petro no llegó al cierre y la alcaldesa Claudia López terminó abucheada.

En contraste, la logística del diálogo en Buenaventura, a cargo de Francia Márquez, funcionó muy bien. Asistieron unas 3 mil personas y el evento se llevó a cabo en la Institución Educativa Teófilo Roberto Potes. Lo mismo el del Catatumbo, que tuvo una participación significativa de organizaciones campesinas.

Velazco dice que a los diálogos llegó “el liderazgo social de Colombia” pero lo cierto es que tampoco lograron convocar gente muy diferente por fuera de la militancia natural del Pacto Histórico. 

En algunos foros, como el de Medellín y Cali, La Silla vio empresarios pequeños, pero la conversación que se podría haber dado entre grandes empresas en los territorios y activistas ambientales o campesinos no fue la nota predominante. Quizás porque las grandes empresas están acostumbradas a que el Gobierno hable por ellas o porque desde el principio políticos locales y regionales del Pacto Histórico aprovecharon los encuentros para hacer política.

“En el marco de la transición política, uno siente que el Pacto Histórico y sus aliados se la van a jugar el todo por el todo en las elecciones territoriales”, dice Marcela Restrepo. “Y está el riesgo de que esta conversación pública para un plan de desarrollo empiece a perder interés, y que lo que importa es mover las masas, que el pueblo te vea, hacer campaña. Eso es un riesgo muy grande que puede arruinar el Plan de Desarrollo.”

Como lo documentó La Silla en Medellín, el alcalde Daniel Quintero aprovechó los diálogos regionales para hacer proselitismo. En Ocaña, sobre las dos de la tarde, ya en el acto de cierre, los líderes campesinos volvieron a tomar la palabra y hablaron de la necesidad de que el Pacto Histórico compita por las alcaldías y la Gobernación de Norte, un departamento con un sólido sesgo anti-izquierda (Rodolfo Hernández ganó con casi el 80% de los votos). Silvano Serrano, el Gobernador de Norte, también se alineó con petrismo y habló de la importancia de los diálogos con el ELN y la necesidad de la transición energética.

Y en Bogotá, mientras la alcaldesa aseguraba que las preocupaciones de los bogotanos empezaban por la salud mental, la seguridad y las oportunidades de educación, había ediles del Pacto que le gritaban “fuera, mentirosa”. Y se quejaban de que no existiera un espacio real para expresar sus inconformidades con proyectos como la Región Metropolitana, que no había surgido como una preocupación de la gente durante los debates.

En todo caso, y más allá de cómo el Pacto busque instrumentalizar estos foros con miras a ganar alcaldías y gobernaciones en 2023, los diálogos vinculantes fueron un gran experimento de la ‘Conversación Nacional’ que durante años ha propuesto el ELN. Y en esa medida, que Petro se haya adelantado a hacerla por su cuenta quita de la mesa una de las propuestas más difíciles de negociar con la guerrilla.

Por el otro lado, muchos de los asistentes estaban felices de que el Gobierno los invitara a reflexionar sobre los problemas de su región y a incidir en su solución.

“La gente participó de forma activa y en serio cree que por primera vez hay un gobierno en Colombia que los escuchó”, dice Wisne Hinestroza, delegado de la mesa para el Pdet Pacífico Medio por Buenaventura. En la misma línea, Olger Pérez, vocero político de la Asociación por la Unidad Campesina del Catatumbo (Asuncat), dice que “si nos toca marchar para que ese documento quede plasmado en el Plan Nacional de Desarrollo, lo haremos. Porque somos lucha y resistencia”.

Con esa movilización social a las espaldas, el director de Planeación Nacional ahora tendrá que ver cómo articula lo que salió de allí con el plan de campaña del presidente.

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