Balance Duque: Tumaco no avanzó a ser un “polo de desarrollo”

Balance Duque: Tumaco no avanzó a ser un “polo de desarrollo”
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“No sé si este Gobierno ha invertido muy poco en Tumaco o es que no ha sido suficiente. Pero Duque no está muy cotizado con la gente. Acá esperábamos más”, dice Luis Alberto Burbano, un pescador afro de 35 años que vive en Tumaco, el distrito nariñense al que Iván Duque prometió devolverle la seguridad y la esperanza. Ninguna de las dos ha llegado.

Tumaco limita con Ecuador, tiene el segundo puerto del Pacífico colombiano y es el segundo municipio con el mayor número de hectáreas de coca en el país. Vive desde hace décadas una guerra por el control del narcotráfico.

Un nuevo estallido de esa guerra, con presencia de 13 grupos armados ilegales se dio tras la firma del Acuerdo de Paz, y su electorado pasó de apoyar mayoritariamente el ‘Sí’ en el referendo de 2016 a darle la victoria al discurso de mano dura de Iván Duque en las presidenciales de 2018.

En campaña, Duque mostró a Tumaco como una prioridad y un ejemplo de cómo quería transformar a Colombia. Y como presidente dedicó su tercer día a hacer allí un consejo de seguridad, hizo el taller Construyendo País en el que conmemoró el día nacional de las víctimas, y lanzó “Zonas futuro”, su estrategia nacional para impulsar el desarrollo en territorios pobres y afectados por la violencia

Cuatro años después, seis fuentes que conocen y viven en Tumaco coinciden en que hubo avances en conexión vial y golpes a cabecillas de las disidencias, pero que no tuvieron impacto en la comunidad.

El Tumaco que no fue

En la campaña a la Presidencia en 2018, Iván Duque dijo en tarima y con micrófono en mano que le devolvería la seguridad a Tumaco y derrotaría al narcotráfico para que volviera la esperanza. Los asistentes estallaron en aplausos y Duque prometió hacer allí un consejo de seguridad apenas se posesionara, algo que cumplió al tercer día de su gobierno.

“Mi compromiso es que Tumaco se convierta en un polo de desarrollo”, dijo al terminar la reunión. Y fue sumando promesas más puntuales: solucionar el problema penitenciario, construir una plaza de mercado, crear un centro de acopio pesquero, fortalecer la seguridad y mejorar las conexiones viales.

La cárcel ya no será una realidad en este gobierno. La Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios confirmó a La Silla Vacía que nunca hubo un compromiso oficial en documentos y que, si lo hubiera, igual la Alcaldía nunca donó un lote para construirla, como planteó Duque.

Plaza de mercado tampoco habrá porque solo hasta diciembre pasado el Departamento de Prosperidad Social firmó un convenio con el Distrito para darle la plata para eso, pero lo hizo bajo la modificación de la ley de garantías para permitir esos pactos en época electoral. La Corte Constitucional luego tumbó la modificación, por lo que los proyectos como el de la plaza se deben liquidar.

El centro de acopio pesquero, un compromiso que venía del gobierno de Juan Manuel Santos, no se pudo hacer por “motivos ambientales”, según la Agencia de Desarrollo Rural. Por eso, lo cambió para fortalecer la pesca entregando 30 embarcaciones y herramientas a asociaciones pesqueras, que ayudaron a 250 pesqueros y aumentaron en un 50% los resultados de los beneficiados.

Más allá de esos avances o incumplimientos en temas sociales, el conflicto no ha parado.

La violencia sigue con sus ciclos

Duque empezó bien en seguridad, con las bajas de “David”, líder de las Guerrillas Unidas del Pacífico (GUP) y “Guacho”, el disidente más reconocido del país y líder del Frente Oliver Sinisterra (FOS), en los primeros seis meses de su gobierno.

Desde entonces, se han incautado más de 153 mil kilos de droga, murió “Borojó”, el reemplazo de “David”, y se han hecho más de 2 mil capturas en Tumaco, incluyendo la semana pasada la de “Ñaño”, primo de Guacho señalado de delitos como extorsión y asesinato.

Pero nada de eso ha parado la violencia.

“La única inversión ha sido militarizar y ni eso impactó. Si eso hubiera sido bueno no habría actores armados más fuertes peleando en el territorio”, dijo el líder de un resguardo indígena Awá, en la zona rural.

Prefiere que no lo nombremos en la historia: en menos de un mes han asesinado a 10 indígenas Awá, incluyendo tres en una masacre hace ocho días en zona rural de Tumaco.

El líder asegura que la implementación de las Zonas Futuro se hizo con una visión militar que puso a los líderes indígenas en la mira de las disidencias. La razón era que proyectos como la mejora de un colegio o de una casa comunal que lograron sacar por esa estrategia ya estaban planteados por las comunidades y “por eso ellos (los disidentes) creían que éramos nosotros los que estábamos llevando a la Fuerza Pública a la zona” que acompañaba esa estrategia.

Para Jefferson Mena, Consejero de Derechos Humanos y encargado de la Zona Futuro del Pacífico Nariñense que incluye a Tumaco, la estrategia de las Zonas Futuro ha ido más allá de lo militar. Cuenta que el Gobierno Nacional ha invertido más de 569 mil millones de pesos en el distrito en temas como educación, salud, infraestructura, prevención de reclutamiento y fortalecimiento comunitario.

"Hemos realizado un excelente trabajo con la alcaldía municipal. En Tumaco se han hecho inversiones en el sector turismo, 14.567 millones de pesos, apoyo a proyectos como la casa de la mujer empoderada, educación, infraestructura, entre otros, que han llevado a la generación de un Tumaco con más oportunidades, inclusión social, desarrollo económico", dice Mena.

Según informes de la Policía, hoy en en Tumaco operan cuatro disidencias de las Farc: la Urías Rendón, que viene de la primera facción de Iván Mordisco, y el Frente Oliver Sinisterra; el Bloque Occidental Alfonso Cano y el frente Iván Ríos, las dos últimas están alineadas con la Segunda Marquetalia de Iván Márquez. Además, hay grupos de narcos puros, como los Contadores.

Kyle Johnson, co-fundador e investigador de la fundación Conflict Responses, explica que el conflicto es una constante, aunque cambien las alianzas o los protagonistas.

“Ahora el Frente Oliver Sinisterra (disidentes) y los Contadores (narcotraficantes) trabajan juntos para evitar que disidentes del Urías Rendón (Frente 30), que hace parte del Comando Coordinador de Occidente, entren a Tumaco,”, explica. “Eso ha revivido el conflicto en zonas como Llorente e Inda Sabaleta. La gente no está más segura porque maten un comandante. Generalmente matan a uno, sube otro y si la estructura queda débil hay otro grupo que puede llenar el espacio”.

El líder Awá cuenta que en su resguardo han vuelto a sentir la guerra como antes de 2016. Escuchan explosiones y han encontrado cerca a casas y colegios los huecos que dejan las detonaciones de minas antipersonas que siembran las disidencias. Todo eso por la disputa que explica Johnson, y que rompe incluso las economías ilegales.

“Cuando hay un solo grupo, fluye. Hoy la gente tiene la base de la coca almacenada porque no hay quién la compre. Pero en unos dos o tres meses se reactiva y sigue”, dice el líder, explicando la dinámica de un ciclo que ya conoce.

Aunque los cultivos de coca se redujeron en los dos primeros años del Gobierno Duque, de 16.047 hectáreas en 2018 a 11.830 en 2019 y a 8.833 en 2020, falta conocer las cifras de 2021, cuando a nivel nacional volvieron a crecer un 10%. Y, en todo caso, la producción se ha tecnificado hasta el punto que menos hectáreas producen mejor y más alcaloide.

“Acá en Tumaco sólo hemos tenido un gobierno los últimos años: la coca. La gente en las comunidades tiene una placa huella, un colegio o un puente por la plata que da ese cultivo. Hace falta que se le quite esa responsabilidad a la coca y la asuma el gobierno”, dice el líder indígena.

El gerente de una cooperativa de transporte de la zona rural le dijo a La Silla Vacía que hay lugares a los que no pueden entrar. “Aquí dieron de baja a Guacho, pero la disidencia creció mucho, hasta pusieron límites. En (la vereda) Robles toca pedirles permiso para entrar porque si uno se mete allá le queman los carros, y ¿quién se va a ir a pedir permiso?”.

El mar tampoco es un lugar seguro. Aunque ya no hay robos tan seguidos a motores de embarcaciones como en 2020, los pescadores evitan pasar por las zonas en las que saben que hay disidencias, así a veces no sepan ni qué grupo es.

“En algunos momentos uno siente que (la seguridad) ha mejorado, pero a veces se agudiza. Es un sube y baja. Toca estar muy atento. Como nuestras rutas turísticas son con las comunidades, lo primero que hacemos es preguntar cómo está la zona, si podemos hacer un plan”, explica una mujer que gerencia una agencia de turismo de naturaleza comunitaria.

“Si uno no se mete a los barrios palafíticos de acá que es donde a veces vive gente de las disidencias o donde tienen cercanos porque en medio de la pobreza les pagan bien por protegerlos o vigilar, pues pasa tranquilo”, dice un habitante de Tumaco.

Al final, convivir con la violencia, de una u otra forma, sigue siendo la realidad en Tumaco.

La desazón con Duque

Al cumplimiento sólo parcial de las promesas más puntuales del presidente, y a los ciclos de la violencia, se suma la sensación en Tumaco de que sus liderazgos locales no han sido reconocidos por el Gobierno.

Juan Carlos Ángulo, representante de la Red de Consejos Comunitarios del Pacífico (Recompas), asegura que el Gobierno nunca se ha reunido con ellos ni con las comunidades que representan.

En ese mismo sentido el líder Awá y el gerente de la cooperativa de transporte aseguran que con los gobiernos de Álvaro Uribe o Juan Manuel Santos había más interlocución. “Al menos con Santos sentíamos que era más abierto al diálogo y logramos la constitución de varios resguardos. En este llevamos cuatro años y no hemos podido constituir ni uno legalmente”, contó el líder indígena.

Incluso los compromisos cumplidos parecen no impactar a las comunidades de la mejor manera. Por ejemplo, el avance en vías que logró Duque es criticado.

La buena noticia es que las obras de los tres corredores principales (Junín – Barbacoas, Pasto - Tumaco y la vía binacional Mataje – La Espriella que conecta con Ecuador) fueron entregados o están siendo ejecutados, según Mario Enríquez Chenas, asesor de proyectos estratégicos de infraestructura de la Gobernación de Nariño.

Pero para Ángulo, líder de Recompas, la obra de la vía binacional no cuenta con una estrategia de aprovechamiento para las comunidades por parte de Colombia. “Estamos expuestos a ser invadidos por el mercado ecuatoriano”, aseguró.

Desde el Gobierno Nacional la mirada es distinta. Para Jefferson Mena, consejero y encargado de la zona futuro del Pacífico Nariñense, la vía binacional se va a en el punto de desarrollo de la comunidad que vive en este sector. 
"Bajo el paraguas de las Zonas Futuro, hemos venido trabajando con la comunidad para que sean los principales dueños de la nueva dinámica económica que aspiramos se desarrolle en esta zona, por eso, en un trabajo con el consejo comunitario se pueda realizar toda la activación económica de la región y que sean los principales dueños de la nueva dinámica económica que va a tener la zona", Explica Mena.

 

Entre las personas consultadas para esta historia sólo dos resaltaron la construcción de un malecón inaugurado hace poco y la mejora en algunas vías internas del municipio que no saben si agradecerle al gobierno nacional o municipal.

“El paso de Duque por aquí quedó para las fotos. Para nada más”, dice el líder Awá sobre lo que dejó el presidente saliente a Tumaco.

Aunque Ángulo rescata un efecto indirecto: el incentivo para empoderarse políticamente: “Si algo hay que reconocerle a este gobierno es que nos elevó el nivel de conciencia. Nos motivó a ser más conscientes de la manipulación de los medios y de los gamonales y nos unió para lograr el gobierno que tenemos hoy (el de Gustavo Petro)”.

Así, que Petro haya pasado de tener el 46.15% de los votos en la segunda vuelta de 2018 al 80.91% en la de 2022 es quizás el mejor resumen del legado de Iván Duque en Tumaco.

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