Bravo, el nuevo hombre fuerte de Petro

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Diego Bravo está en el centro de temas cruciales como el nuevo ente público de aseo, la venta de agua en bloque, la descontaminación del río Bogotá y la viabilidad de los lotes para viviendas de interés social.

Foto cortesía de David Campuzano - El Espectador.

 

 

Por estos días, un fuerte escudero de la administración de Gustavo Petro está teniendo más eco en los medios que el propio secretario de Gobierno Guillermo Asprilla quien, por su cargo, está llamado a ser la mano derecha del alcalde de Bogotá. El abogado experto en ambiente Diego Bravo, gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá desde que se inició el gobierno de Petro, en enero pasado, está en el centro de al menos cuatro de los más cruciales asuntos que desvelan al mandatario de los capitalinos.

 

El primero y más reciente es la confirmación de un anuncio hecho por Petro en agosto pasado, en el sentido de que a partir del 18 de diciembre, el Acueducto entrará a competir con los operadores privados por la recolección de las basuras en la ciudad.

Como la Alcaldía aún no presenta estudios técnicos ni fiscales que sustenten esa propuesta –no ha respondido, por ejemplo, de dónde saldrán los recursos para los camiones recolectores y para pagar la planta de personal-, se armó una polémica que le ha valido cuestionamientos a Petro por parte de concejales como María Victoria Vargas, Orlando Parada y hasta del progresista Carlos Vicente de Roux. También de la Contraloría Distrital y la Superintendencia de Servicios Públicos.

Para defender a la Administración de la tormenta (aunque no dé datos concretos) ha estado Bravo, quien prometió que el nuevo escenario de las basuras implicará una reducción en la tarifa que paga el usuario.

El funcionario también ha sacado la sombrilla para proteger a su jefe de la lluvia de críticas que le ha generado su decisión de no vender agua en bloque a los nuevos proyectos urbanísticos de la Sabana, diciendo que la medida evitará daños al medio ambiente.

Ha respaldado a Petro en su pelea con el ministro de Vivienda, Germán Vargas Lleras, quien reclama que el Distrito supuestamente no tenga listos los lotes que se usarán para construir casas para los más pobres. En este punto ha asegurado que, contrario a lo que advierte el Ministro, esos terrenos con completamente viables para levantar allí las viviendas.

Y en abril pasado, Bravo ya había comenzado a dar fuertes batallas en defensa del progresismo al anunciar su intención de alterar el esquema de descontaminación del río Bogotá, cambiando de lugar la construcción de una planta de tratamiento de aguas residuales. Un proyecto ordenado por Petro y cuyo viraje podría costarle a la ciudad unos $2 billones que ya fueron invertidos.

Gustavo Petro y Diego Bravo hacen llave política y se dice que el segundo es el ideólogo del primero en lo que concerniente a gestión del territorio.
Gustavo Petro se hizo amigo de Bravo hace unos doce años. Foto: Juan Pablo Pino

“Riesgo, ejecución y lealtad”

En junio pasado, cuando les pidió la renuncia protocolaria a sus doce secretarios de despacho, Petro enumeró las principales características que demandaba de sus funcionarios más cercanos: capacidad de arriesgar, capacidad de ejecutar y lealtad a su programa de gobierno. Y advirtió que esas eran tres particularidades que también exigía de sí mismo.

Así es como Petro ha intentado durante sus primeros 10 meses de gobierno conformar un sólido círculo cercano que, sin embargo, en más de una ocasión y por variadas razones se ha desarticulado dando una sensación de inestabilidad: Paul Bromberg, Antonio Navarro, Eduardo Noriega y Daniel García-Peña son algunos de los hombres fuertes que se le han ido este año. Todos han dejado sobre sus respectivas salidas más preguntas que certezas.

Es en este escenario que emerge el nombre de Diego Bravo como nueva ficha clave del alcalde. Aunque la cercanía –ideológica, personal- entre el mandatario y el gerente del Acueducto nunca ha sido un secreto, en las últimas semanas Bravo ha demostrado cumplir ampliamente los tres requisitos que Petro exige a sus alfiles: riesgo, ejecución y lealtad.   

Funcionarios como Fernando Rey, exgerente de Transmilenio, prefieren retirarse del Distrito ante ciertos riesgos argumentando cansancio (Rey renunció, aparentemente en medio de una pelea, luego de negarse a realizar una asociación público privada para construir en la Séptima el tranvía, debido a que estaban vigentes unos contratos para hacer ahí una troncal de Transmilenio). Pero escuderos como Bravo defienden la camiseta del equipo sin mayores reparos.

No es gratuito que lo haga. Bravo y Petro comenzaron a hacer llave desde que, en 1999, el primero era director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) y el segundo congresista y juntos se enfrentaron al modelo de ciudad que proponía el entonces alcalde Enrique Peñalosa. El mandatario quería expandir la ciudad hacia el norte y los otros dos consideraban que se iba a amenazar el equilibrio ecológico de la Sabana.

Cuentan que desde entonces Bravo –de origen liberal, ex Polo Democrático- y Petro se convirtieron además en buenos amigos. Al punto en que son muy frecuentes las invitaciones correspondidas por el alcalde a asados en casa de su funcionario.

En 2009, Bravo fue procurador delegado ante el Consejo de Estado y el periodista Daniel Coronell lo señaló de ser la ficha de Petro en la Procuraduría. Este año ha sido cuestionado por haber nombrado en el Acueducto a personas presuntamente cercanas al exministro Andrés Felipe Arias y al excongresista del Valle Juan Carlos Martínez, condenado por narcotráfico, y por conseguir aumentar su sueldo de 20 a $25 millones, argumentando gastos de representación.

Nada de eso lo ha sacudido por ahora y por lo pronto el hombre tendrá que garantizarles a los bogotanos que no habrá emergencia sanitaria por el tema del aseo, que los lotes para construirles casas a los más pobres son viables, que seguirá adelante la descontaminación del río Bogotá y que frenar la venta de agua en bloque en la Sabana no es una mala idea.

Al frente de una entidad con $1 billón anual de presupuesto, Diego Bravo es funcionario estrella al lado de los también alfiles Guillermo Alfonso Jaramillo y Jorge Rojas, secretarios de Salud y Privado. Pero ante tanta polémica que provoca no sobra preguntarse si irá a salir estrellado.

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