A Fajardo en 2022 sí se le toca el pelo

A Fajardo en 2022 sí se le toca el pelo

Jorge Enrique Robledo, Juan Fernando Cristo y Sergio Fajardo

A Fajardo no le pueden tocar el pelo. Ese es uno de los mitos que existe sobre el precandidato de la Coalición de la Esperanza. Existe desde que un día, que iba a aparecer en Caracol, Sergio Fajardo se opuso a que le echaran laca en el pelo. El episodio trascendió entre los periodistas, se deformó, y entró en el imaginario digital.

Como suele suceder con los rumores, el último en enterarse de que eso se decía de él fue el candidato. Nadie se lo había dicho; seguramente nadie de su círculo cercano lo sabía. 

Pero hace un mes, Juan Abel Gutiérrez —un consultor en marketing de opinión que en la pasada campaña a la Alcaldía de Bogotá asesoró a Carlos Fernando Galán, y antes lo hizo con Juan Carlos Pinzón (y brevemente con Germán Vargas)— se lo dijo.  Además, le propuso meterse de frente a desbancar el rumor con el video que apareció hoy en redes.

Los consultores de marketing político suelen proponer cosas así. Lo sorprendente es que Fajardo haya dejado meter en su círculo a un consultor en marketing digital y aceptara hacer el video sobre el pelo. Así como aceptó hacer la “alocución” hace unos días en una clara burla de las de Gustavo Petro, o dar su explicación sobre su viaje a ver ballenas entre la primera y la segunda vuelta, o controvertir la promesa de Petro de cobrarles impuestos solo a 4 mil personas si ganaba. 

Aunque Fajardo ya no es una novedad en esta campaña, el Fajardo del 2022 es diferente en muchos aspectos al del 2018. La mayor diferencia es que descubrió —un poco tarde— que las redes sociales existen y que despreciarlas como lo hacía antes tiene un costo alto. 

Fajardo solía actuar en campaña como si gobernara, creyendo que podía marcar los ritmos y escoger las conversaciones, cuando la política hoy consiste en gran medida en decir cosas, y hacerlo en el momento preciso. No decir nada en la era digital tiene un precio: Fajardo sale asociado en 3,5 millones de menciones a las ballenas.

El Digital News Report, del Instituto Reuters de Oxford, midió por primera vez el consumo de medios en Colombia y descubrió, entre otras cosas, que más de la mitad de los colombianos se informan por redes sociales. Los menores de 35 años aún más: el 80 por ciento consume información noticiosa vía Twitter, Facebook, Instagram y Whatsapp. Aún así, Fajardo no entendía ese mundo, no le interesaba, no entraba en su ecuación.

Ahora sí. Desde que conoció a Juan Abel hace un mes en una reunión de la Coalición de la Esperanza por fin entendió que era posible moverse en redes sin desfigurarse y que, además, se lo podía gozar.

Cuando sacó su programa de empleo juvenil la campaña lo colgó en redes para que lo comentaran y en dos días tenían más de 3.800 vistas y 520 comentarios. Eso convenció a Fajardo que estar en las redes no implicaba necesariamente dejar de hablar de cosas que a él le interesan.

“A mí me dicen que por qué estoy fabricando un Fajardo, yo digo: no estoy fabricando nada, estoy tratando de llevar al Fajardo de la vida real a lo digital”, dice el consultor. 

“Sorprendentemente, Fajardo, después de ser un candidato ‘aburrido’, ha empezado un proceso de transformación en el que está intentando dar debates más allá de lo académico y lo teórico y trata de involucrarse en la pasión y el sentimiento de lo político —dice Carlos Suárez, quien ha asesorado campañas de candidatos opuestos a Fajardo—. Ha echado mano, principalmente, de Twitter y ahí quiere ingresar al debate en el juego de crear o entrar en las polémicas tuiteras que son replicadas por los grandes medios. Habrá que ver al Fajardo en Facebook, YouTube e Instagram, que es en donde está el verdadero elector, a ver si allí se renueva y puede conectar con el votante.”

La incursión en lo digital también es el resultado de una autocrítica tras el totazo que sufrió en 2018, cuando arrancó como el candidato a derrotar en las encuestas y perdió contra Petro en la primera vuelta por menos de 300 mil votos. 

"Le ha tocado aprender que la política es confrontación, debate, no se le puede estar sacando el cuerpo a los debates —dice Jorge Gómez, representante a la Cámara por Dignidad, el grupo de Jorge Enrique Robledo—. Uno tampoco debe responder todo lo que le dicen, solo lo que considere importante, pero es que antes (Fajardo) no respondía nada".

Un cambio de enfoque

El eje de la política de Fajardo siempre ha sido la idea de que así como se ganan las elecciones así se gobierna, y que en esa medida la forma de hacer política es fundamental.   

En el 2018, él armó una coalición con Jorge Enrique Robledo y Claudia López, que pensaban diferente frente a muchas cosas pero tenían en común una trayectoria probada en una forma alternativa de hacer política alejada de las componendas y del clientelismo. 

En un momento de la campaña, Fajardo tuvo la oportunidad de unirse con Humberto de la Calle, pero Fajardo se resistió a la idea de hacer una coalición con el Partido Liberal y al final, los pocos votos que sacó el jefe negociador en la Habana eran los que él habría necesitado para pasar a la segunda vuelta.

Esta vez, se le ve sentado y cómodo con otro liberal, el exsenador Juan Fernando Cristo, quien tiene una trayectoria probada en la política tradicional y clientelista. Fajardo ha explicado esta contradicción con que la peor amenaza que enfrenta Colombia es la polarización y que si no salimos de esa lógica de amigos-enemigos este país no resolverá los graves problemas que tiene. 

Esa menor prevención la han sentido en la Coalición con la que espera llegar a la Casa de Nariño en 2022. 

“Fajardo ha aprendido lecciones de trabajar en equipo con gente diferente a él, y cómo abordar una campaña teniendo una posición más de equipo, de colectivo'', dice Gómez, de Dignidad. "En 2018 a Compromiso Ciudadano (el movimiento de Fajardo) le faltaba un poco de espíritu de trabajo colectivo. Venían con la convicción de que Fajardo era un estrella de rock invencible, con un poco de sobradez”. 

Como suele suceder con las derrotas, la de Fajardo fue pedagógica en muchos sentidos, para él y su equipo, y la sensación de que debería ser “ungido” ya no está. También que no basta con machacar las mismas ideas que ha defendido desde que incursionó en la política hace 22 años con la actitud del profesor de matemáticas que había sido hasta entonces.  

En el 2018, la falta de preparación programática de Fajardo fue evidente en los debates. Mientras los demás candidatos —Germán Vargas, Petro, Duque— hablaban con propiedad de propuestas y cifras de vías, de seguridad, de salud, el candidato de la Coalición Colombia hablaba de principios generales y de aspiraciones programáticas sin entrar en los detalles salvo cuando se refería a lo que ya había hecho en la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia y proponía replicar en el país. Así perdió un debate tras otro.

Esta vez, por primera vez, tiene desde finales de 2019 más de 10 mesas de trabajo programático con expertos ayudándole a estructurar un verdadero programa. Jorge Guzmán, el coordinador programático de la campaña, coordina alrededor de 150 personas, que están reuniéndose de manera asidua a debatir los temas de su programa.

En el equipo programático están, entre otros, Jose Antonio Ocampo, economista, exministro de César Gaviria y ex secretario ejecutivo del Cepal de la ONU; Rosa Inés Ospina, quien fue directora de Transparencia por Colombia muchos años y coordina el tema de corrupción, que es transversal a todas las mesas; Pilar Gaitán, en relaciones internacionales.

"La diferencia programática no es en relación a contenidos sino en el proceso de construcción de lo programático", dice Jaime Parra, coordinador de la mesa de educación. Un tema que sigue siendo fundamental pero no el único. El empleo ahora será uno de los ejes centrales de esa campaña.

Parra explicar que esta vez la propuesta programática es mucho más conversada. “Ahorita la propuesta no es solamente sacar un documento, sino conversar con la gente, no solamente con técnicos y académicos sino con otra gente por fuera de esos círculos. Y es más conversada también con la coalición”.

A Fajardo, que registra en todas las encuestas por debajo de los 10 puntos, algunos lo dan por muerto políticamente. Otros lo ven ya condenado por el proceso judicial que le abrió la Fiscalía por supuestamente no haber supervisado debidamente a su delegado en la junta de Hidroituango cuando fue gobernador hace cinco años. Además, como ha sido la constante en las anteriores elecciones, es una campaña marcada por la austeridad. 

"Fajardo perdió por amarrado", fue el diagnóstico reciente de uno de los que le ayudó a Fajardo en esa campaña. Lo dijo porque, a pesar de que la campaña gastó menos plata de la que le daba el Estado, Fajardo tomó la decisión —a la postre, fatal— de no comprar pauta en la Costa en la recta final de su campaña por miedo a quedar endeudado.

Sin embargo, gente cercana a él con la que habló La Silla dice que nunca ha visto a Fajardo tan tranquilo y feliz. Y con tantas ganas de ganar la Presidencia.

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