Caso de Felipe Pasos deja pocas reflexiones sobre el matoneo en redes

Caso de Felipe Pasos deja pocas reflexiones sobre el matoneo en redes

Foto: Cortesía de Emilio Vélez.

En esta historia La Silla Vacía hablará sobre un suicidio. Invitamos a leerla con discreción. Si necesita ayuda, recuerde que a nivel nacional está habilitada la línea 106 por si necesita ser escuchado. Aquí encuentra un listado de números en los departamentos donde también puede buscar ayuda.

La política colombiana ha visto muchas muertes, pero ninguna en medio de un debate como el que generó la de Felipe Pasos, un militante de la Alianza Verde que estuvo envuelto en una intensa discusión política en redes sociales en la que fue matoneado.

“Hay días que uno solo quiere que se acaben”, dijo en un video, entre lágrimas, la alcaldesa Claudia López en la noche del 20 de agosto, luego de que se conoció la noticia de su suicidio. Otras figuras políticas se unieron a las condolencias.

Sin embargo, también surgieron rápidamente dedos acusadores sobre lo que estuvo detrás de la muerte de Pasos. “¿Víctima mortal del matoneo petrista en redes?”, se preguntó un titular de la Revista Semana, que hizo eco de acusaciones contra sectores de la Colombia Humana que estuvieron ensartados en la polémica con Pasos.

“El suicidio no se puede reducir a una sola causa”, dice Fernando Orduz, psicoanalista y miembro titular de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis. “Pero la vergüenza pública es una fuerza muy poderosa, sobre todo en personas vulnerables, y las redes se han convertido en un espacio para lapidar en público. Eso, más allá de un caso particular, debería abrir un debate sobre si es una actividad cada vez más excluyente”. 

Pero más allá de un grupo reducido de personas, esa reflexión, ya una semana después de la muerte de Pasos, ha tenido un alcance muy limitado.

El caso

Felipe Pasos tenía 28 años. Era de Donmatías, un pueblo de Antioquia cercano a Medellín, pero pasó los últimos meses entre Bogotá y Cali.

Estaba lejos de ser un influenciador: en Twitter tenía 970 seguidores y trinaba muy poco. Sobre todo retrinaba contenidos de otras cuentas, en particular de militantes de la Alianza Verde y de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. No era una voz resonante en esa red.

Pero sí era muy conocido entre los verdes porque en los últimos años participó como voluntario en campañas de ese partido, incluyendo la presidencial de Sergio Fajardo y la campaña a la Alcaldía de López en 2019.

“Era incondicional. Uno tenía cualquier problema personal y estaba ahí escuchándote”, dice Emilio Vélez, voluntario que compartió con Felipe en la campaña de López.

Pero desde el 8 de agosto su nombre pasó del bajo perfil a la viralidad.

Ese domingo el exconcejal Bruno Díaz denunció en un video en Youtube que su hijo Diego había muerto esperando que el senador petrista Gustavo Bolívar le pagara una millonaria deuda por un negocio.

Felipe fue amigo de Diego Díaz y lo acompañó en sus últimos días. “Estando en Bogotá, se fue a vivir a mediados de marzo a Cali porque Diego lo mandó llamar para que trabajara como su asistente”, le dijo a La Silla Enrique Saavedra, primo de Diego.

Fue allá donde Diego se quitó la vida. Y Enrique, viendo que Felipe estaba solo y tenía problemas económicos, lo invitó a vivir en su casa en Bogotá, donde se dedicó a buscar empleo.

Hasta que ese 8 de agosto Bruno Díaz denunció la deuda de Bolívar con su hijo. El senador, respondió que en parte había incumplido porque el hotel en el que habían hecho el negocio se fue a la quiebra por la pandemia.

Felipe decidió trinar. Partiendo de su amistad con Diego, el 8 escribió un primer mensaje diciendo que Bolívar no había atendido a Diego ante los reclamos por la plata. Tuvo 1.800 retrinos. Al día siguiente hizo un hilo que también se volvió viral: hoy tiene 2.600 retrinos. Insistió en que Bolívar mentía.

Lo siguiente fue compartir un video en el que el influenciador uribista Miguel Polo Polo (69.500 seguidores en Twitter) se despachaba contra Bolívar. Luego le dio una entrevista a Vicky Dávila en la Revista Semana el 11 de agosto.

Y quedó mucho más en el centro de esa discusión cuando el influenciador petrista Beto Coral (213 mil seguidores en Twitter), que será candidato al Congreso, se basó en la militancia verde de Felipe para señalarlo directamente en esa red de que tenía intereses políticos en sus afirmaciones sobre Bolívar.

Felipe le hizo ver que era un señalamiento personal que en nada refutaba lo que él había dicho:

Pero los ataques personales no pararon y aumentaron su calibre. Leer los insultos que le dejaron, en buena parte por su aspecto físico, es adentrarse a lo más bajo que se pueda encontrar en Twitter.

El intercambio con Beto Coral fue el 15 de agosto y desde entonces Felipe Pasos volvió a trinar poco. Trinó dos veces el 16, en respuesta a Coral, y retrinó otro mensaje por fuera de esa discusión el 17.

El 20 de agosto se conoció que había muerto.

Independientemente de los motivos de su muerte, el caso reavivó un debate sobre los términos del debate en redes, pero al final la reflexión ha sido mínima.

La no reflexión

“Estoy pasando el peor momento de mi vida. Nunca mi intención fue hacerle daño a alguien”, le dijo Beto Coral a La Silla Vacía con la voz cortada. Coral ha sido una de las voces solitarias de autoreflexión. 

Un día después de la muerte de Pasos, Beto Coral publicó un video llamando a parar la discusión pública basada en ataques personales.

“He caído en el juego y hoy les quiero pedir disculpas a todas las personas que he atacado de esa manera, y esos ataques deben parar”, dijo en el video.

“Tenemos que hacer todos una profunda reflexión de las implicaciones que pueden dejar todos estos ataques, que no son políticos ni argumentativos, ya que destruyen el ser, la moral y la dignidad de las personas. Yo doy el primer paso, sin alguna reciprocidad, sin esperar que mi contrario haga lo mismo”.

Sobre si es un cambio que debe asumir todo el movimiento del que hace parte Coral dice que internamente “no se ha planteado la discusión”.

Ya antes la representante María José Pizarro, también petrista, había trinado en esa línea:

Pero más allá de eso, los políticos más representativos del petrismo no enviaron un mensaje unificado para calmar los ánimos de sus seguidores.

Petro no dijo nada. Retrinó dos mensajes: uno que criticó el uso político de la muerte de Pasos, que escribió la escritora Carolina Sanín; y otro que pidió no culpar a Coral de esa muerte, del periodista Daniel Coronell.

Bolívar, aunque recordó que detrás de cada cuenta hay una persona, insistió en señalar solamente a sus contradictores de haber dado un debate por lo bajo, y reforzó la idea de que la discusión en Twitter es cruda:

La Silla Vacía, por su parte, contactó a ocho usuarios que insultaron a Felipe Pasos en medio de su controversia con Beto Coral (todos tienen apodos en sus cuentas, ninguno su nombre), para preguntarles si este episodio les había generado una reflexión sobre los términos en los que se metieron al debate.

Los tres que respondieron son promotores de Petro. Ninguno se refirió concretamente a la pregunta; más bien, se justificaron.

Uno, cuya foto de perfil es un mapa de Colombia con una imagen de Petro, dijo que Pasos “no tenía derecho” a decir lo que dijo y que, además, también había afectado a otros con sus declaraciones contra Bolívar.

Otro, que en su perfil tiene escrito “Juventudes Petro Presidente”, respondió: “le dije caraquemada no por burla sino por indignación de que se haya prestado para ser usado por politiqueros para difamar con mentiras contra Bolívar”.

El tercero, que en su perfil dice: “sueño con una Colombia Humana”, dijo: “la gente comenta y dice lo que se le dé la gana. Problema de cada quien que lo tome como quiera. ¿Qué no le dicen a Polo Polo, a la Azcárate, a la Cabal, a Macías, al mismo Petro y a todo el que diga algo?”.

Esto no es nuevo.

Dentro de Colombia Humana hubo una situación similar cuando, a comienzos de este año, Ángela María Robledo, exfórmula vicepresidencial de Gustavo Petro, renunció a ese movimiento por diferencias con él y comenzó a recibir insultos de tuiteros petristas.

Ella se quejó no solo de eso, sino porque Petro los terminó impulsando: Robledo mostró que él le dio “me gusta” a uno de esos mensajes, una acción que en Twitter amplía el alcance de un trino.

Petro, en esa ocasión, sí se terminó pronunciando de manera clara.

Pero la discusión que se abrió tras la muerte de Felipe Pasos muestra que muchos seguidores del candidato de izquierda mantienen los términos denigrantes para meterse en los debates diarios que se dan en redes.

En el lado opuesto pasa lo mismo. Cuando Beto Coral terció en la discusión sobre el caso Bolívar e interpeló a Pasos, recibió muchos comentarios sobre su aspecto físico, y seguidores suyos recordaron que el influenciador uribista Miguel Polo Polo constantemente se refiere a él por un apodo que alude a su aspecto físico, mas no por su nombre.

Polo Polo no niega que haya usado este tipo de ataques. “Lo hago cuando me atacan a mí”, dice, y recuerda que él ha sido objeto de señalamientos de ese tipo. “No todos los seres humanos somos iguales. Yo puedo salir a la luz pública y que me acribillen. Felipe quizás no tenía esa personalidad fuerte. Y desafortunadamente, creo que esta forma de hacer política no va a cambiar”.

En medio de la conmoción por la muerte de Pasos, desde el centro, el candidato Sergio Fajardo arrancó una campaña contra el acoso en redes, como una forma de seguir diferenciándose de los extremos, que en redes logran tener mucha más tracción.

La discusión pública en esas plataformas muestra que "estamos viviendo un momento de exacerbación de las emociones políticas en redes sociales”, dice Carlos Arias, profesor de comunicación política en el Externado 

Eso termina en que, en medio de un debate, “el otro o la otra existe como un objetivo de descalificación”, le dijo a La Silla Mario Riorda, presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales. El otro, dice, es un adversario que se escoge “para ser humillado, para ser denostado, para ser estigmatizado”.

La influencia cada vez mayor de las redes en la discusión pública hace que eso tienda a exacerbarse, y que detenerlo sea difícil, especialmente sin un esfuerzo organizado y explícito de los líderes políticos de los movimientos donde es más visible. Eso convierte el debate político en un ejercicio de alto riesgo psicológico, y genera una barrera de entrada para que personas de diversos tipos de personalidades estén dispuestas a participar.

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