Cinco cosas que pone en juego la emergencia de Hidroituango

Silla Paisa

Las preguntas por la plata que le entra a la segunda ciudad del país, el orgullo antioqueño y el modelo de empresa de servicios cien por ciento pública son algunas de las que deja un mes de crisis.

La emergencia de la hidroeléctrica de Ituango, uno de los principales megaproyectos de Colombia, tiene en alerta humanitaria a cien mil personas en 17 municipios de Antioquia, Córdoba, Sucre y Bolívar.

Además de una posible tragedia que podría arrasar con caseríos enteros y que cada día se agudiza más, la situación de la represa pone en juego el destino de estas cinco cosas:

1

Las vacas gordas de Medellín

La crisis en Hidroituango ya afectó las finanzas de EPM, la empresa dueña de la mitad del proyecto y quien lo administra desde 2010, es la cuarta empresa más grande del país y una de las más rentables de Colombia. Y al hacerlo golpeará el presupuesto de la segunda ciudad del país, que es la dueña de la empresa.

Aunque todavía no se sabe el tamaño del problema, pues depende de si la represa aguanta o no, del tamaño de los daños por la emergencia (como los de los equipos inundados del cuarto de máquinas, donde están las turbinas que generan la energía) y de la demora en entrar a operar y a generar ingresos, el problema es tan claro que la empresa ya empezó a cambiar su estrategia financiera.

Su Junta Directiva ya aprobó un plan para vender hasta 3 de los 9,3 billones de pesos que tiene en inversiones en otras empresas, para tener los recursos líquidos para seguir adelante con la obra, ocuparse de la crisis humanitaria río abajo y pagar las multas y sanciones que le caerían por no empezar a producir la energía con la que se había comprometido.

Además, desistió de proyectos estratégicos. No peleó por la mayoría de Gas Natural en el centro del país, que era una inversión estratégica para triplicar el número de usuarios de gas natural y convertirse en la empresa líder de ese servicio. (finalmente se la quedó el fondo Brookfield, el mismo que compró Isagen), y le tocó renunciar al contrato para venderle a Electricaribe el 26 por ciento de la energía que produce, con el que iba a vender el 25 por ciento de la energía del país, el tope máximo que pueden tener las generadoras de energía.

Todo eso tiene un efecto potencial grande en las finanzas del municipio de Medellín, que es su dueño y al que la empresa le debe repartir mínimo el 30 por ciento de utilidades cada año. Esos aportes han sumado entre el 20 y el 25 por ciento de ingresos anuales al municipio, un dinero que en general gasta en inversión social.

En 2016 entregó el 55 por ciento de sus utilidades y este año serían un porcentaje similar que suma 1,2 billones de pesos, el equivalente a una vez y media todo el programa Ser Pilo Paga, el doble del presupuesto de Ibagué o el costo de por lo menos 11.378 viviendas de interés social.

Con eso, quedan en juego las ‘vacas gordas’ de Medellín, que utiliza esa porción de presupuesto que le entra desde EPM para programas de inversión social.

 
2

La estabilidad del sistema eléctrico nacional

Hidrotuango es fundamental para el futuro de un sistema eléctrico que, tras la crisis de inicios de los años 90, se fortaleció hasta convertirse en uno de los mejor ranqueados en el mundo (para 2017 era es el 8 mejor sistema eléctrico del mundo según el último ranking del Foro Económico Mundial y el 18 en el del Consejo Mundial de Energía).

Su importancia quedó clara en la crisis de inicios del año pasado, cuando el Gobierno debió hacer maromas para que entrar en funcionamiento la hidroeléctrica de El Quimbo y quedó claro que la capacidad de generación actual es muy estrecha. Hirdoituango debía servir de alivio, pues debía empezar a funcionar este año y para diciembre debía llegar a producir el 20 por ciento de la energía que proporcionan las hidroeléctricas en el país, o el 14 por ciento del total.

Pero ahora, que no se sabe cuándo entraría a operar, el Gobierno está obligado a repensar de dónde va a salir la energía eléctrica para los próximos años. Sin Hidroituango hay menos energía de reserva en caso de que haya una nueva sequía como la de 2017 y según XM, la empresa que administra el mercado de energía, se abriría un hueco en 2022 por el aumento de demanda de energía y el crecimiento de la economía.

Para que otros proyectos llenen pronto ese espacio, la Creg se movió.

Convocó en mayo a una subasta para que las plantas nuevas o que estén en construcción puedan concursar para ganarse el cargo por confiabilidad (un pago por comprometerse a tener lista energía para vender a precios bajos cuando las cosas se ponen difíciles, como cuando se paga a una ambulancia por estar disponible o a un taxi para que esté esperando y preste su servicio si hay una emergencia) para el periodo 2019 y 2022.

Como los que se la ganen tendrán asegurados unos ingresos mínimos apenas estén listos, esa subasta debería acelerar proyectos que estaban quietos o moviéndose despacio, pues preveían que no valía la pena lanzarse al agua cuando la energía de Hidroituango iba a abastecer toda la demanda.

Con el nuevo incentivo más la duda de cuándo y cómo entre en operación la central, ahora es probable que se aceleren. Y, más allá de esa movida para que el sistema no se quede atrás, las críticas ambientales y de las comunidades a las hidroeléctricas, las propuestas y el decreto de tener una matriz energética en la que energías como la eólica y la solar tengan más peso, y las fragilidades que ha mostrado el sistema actual con la crisis de hace un año largo y la nueva, dejan en juego el futuro del sistema eléctrico.

 
3

Una base del orgullo paisa

Hidroituango es un ejemplo del empuje regional porque es un sueño de hace más de 50 años que se inventó un ingeniero antioqueño, que han impulsado empresarios y dirigentes políticos antioqueños y que ejecutan antioqueños.

Además, es el símbolo de la ingeniería, una disciplina a la que le han apostado los paisas a través del tiempo por su economía minera durante la Colonia y por lo que la historiadora Patricia Londoño llama “El espíritu pragmático”, de la que son símbolos su Escuela de Minas y el puente de Occidente de Santa Fe de Antioquia.

El proyecto es simbólico del empuje paisa en un territorio montañoso, tan relevante que la pionera de la antropología colombiana Virginia Gutiérrez de Piñeres llamó “complejo cultural antioqueño o de la montaña” al que caracteriza la región y que Medellín es conocido como “capital de la montaña”.

Por eso, Hidroituango es un ícono de cómo la región convirtió estar encerrado entre montañas en una ventaja, en este caso para producir energía (una actividad importante en Antioquia, donde están las sedes de Isagen, otra de las grandes generadoras, y de ISA, la principal transmisora de energía del país).

Además, es un proyecto hecho en la región: sus dueños son el Departamento y su capital, el encargado de construirlo y operarlo es EPM, los que se lo armaron y diseñaron son ingenieros antioqueños (Integral S.A.) y sus constructores son un consorcio entre brasileños y paisas.

Desde que empezó a ponerse en duda el futuro de Hidroituango surgió una discusión entre el gobierno nacional y el local, en que el el Gobernador, Luis Pérez, le reclamó al Presidente, Juan Manuel Santos, en una carta mayor presencia institucional, y el segundo le respondió con otra que “ustedes son los dueños y responsables de la ejecución”.

A partir de esa pelea salió a relucir la discusión sobre hasta qué punto la berraquera de los antioqueños puede llegar a recomponer una emergencia de un proyecto local, pero con impacto económico y humanitario nacional, en que una de las empresas más queridas del departamento (con un 85 por ciento de favorabilidad ciudadana, según Medellín Cómo Vamos) es el responsable de que más de seis mil personas damnificadas río abajo tengan garantías de supervivencia.

La solidaridad en medio de la crisis del grueso de los sectores políticos y sociales con la empresa muestra cómo ese orgullo antioqueño y la reputación de una de sus empresas bandera pesa más que las discordias políticas y las opiniones de expertos, y termina uniendo a la gran mayoría de voces de la región.

Con el argumento de que no hay que desconcentrar a EPM ni a quienes están trabajando en recuperar la presa, políticos, exgerentes, empresarios y sectores sociales han guardado silencio y defendido el megaproyecto.

Ejemplo de eso es que los ingenieros de la Escuela de Minas de la Universidad Nacional sede Medellín que le han hecho seguimiento a la hidroeléctrica desde sus inicios en los años 70, advirtieron inicialmente lo apocalípticas que podían ser las consecuencias de la crisis. Pero una semana después, como le dijo a La Silla José Hilario López, uno de los expertos que expresaron su preocupación en medios, decidieron guardar silencio por solidaridad con la empresa.

Otra muestra es que al Gobernador solo le duró dos días la protesta que le armó a EPM por presunta falta de información, en que dijo que lo que estaba difundiendo la empresa a la opinión pública era una “melcocha”. Luego de declararse como único doliente de las víctimas, se reunió con el alcalde Federico Gutiérrez (presidente de la junta directiva de EPM) y el gerente de la empresa, y se reconcilió con ellos.

La Silla Paisa intentó hablar por aparte con tres exfuncionarios de adentro de EPM que estuvieron de lleno en el proyecto, y ninguno quiso dar opiniones, ni hablar de las posibles causas ni dar pistas sobre lo que pudo haberse hecho mal, otra muestra de cómo la emergencia ha producido un repliegue para salvar la obra y proteger el orgullo regional.

 
4

El modelo de empresa pública que tiene Medellín

EPM es la joya de la corona de quienes defienden las empresas públicas y en ese sentido, aunque no tenga parangón en Colombia, es un modelo a seguir de talla internacional e incluso fue una de las inspiradoras del intento de Gustavo Petro de tener una empresa pública de basuras en Bogotá (una filial de EPM, Empresas Varias, es la encargada de ese servicio en Medellín).

EPM la cuarta empresa más grande del país, con ingresos de 7,4 billones de pesos en 2017, es la única pública que le provee a una ciudad todos los servicios públicos domiciliarios (agua, luz, gas y energía directamente, y recolección de basuras y telecomunicaciones a través de filiales) y lo hace arrojando utilidades que ayudan a financiar a su dueño, el municipio de Medellín.

Lo ha hecho manteniéndose fuera de prácticas politiqueras, por lo menos en gran medida; ayudando a cimentar el orgullo cívico antioqueño; y además creciendo con el tiempo. Hidroituango es su gran apuesta: con ella EPM duplica la capacidad de las hidroeléctricas que ha construído en más de 50 años (la más reciente fue Porce II, en 2001) .

EPM es la única empresa de propiedad cien por ciento pública que puede hacer un proyecto tan grande, y tiene el 24 por ciento de la capacidad instalada de la energía del país. Las que le compiten son privadas (Isagen, Epsa) o mixtas (Emgesa, de capital italiano-hasta hace poco español- y del Distrito de Bogotá, con administración de los extranjeros).

Además, es una fuente de filantropía para la región que la hace ser -más- reconocida y admirada. A través de la Fundación que creó en 2000, se ha convertido en una fuente importante de apoyo a proyectos sociales en el departamento,e incluso en otras regiones. Con el golpe económico de la emergencia, esa actividad puede verse afectada, lo que tendría un efecto visible. Lo tendría porque más allá del monto relativamente pequeño que maneja la fundación (22 mil millones de pesos en 2016), ha liderado porgramas muy visibles en Antioquia.

Uno de ellos gira en torno a a las Unidades de Vida Articuladas UVA, estructuras abiertas en los barrios de Medellín que rodean los tanques de agua de la empresa con parques, canchas y otros espacios de recreación, como estrategia para la integrar la ciudad y mitigar la violencia. También tiene, entre otros programas, una Red de Bibliotecas públicas y un fondo de educación superior para el departamento.

5

La credibilidad de la ingeniería colombiana

Aunque todavía no se sabe si la emergencia la desataron errores en los estudios, el diseño, en la construcción, o en la aceleración de las obras, la crisis ya le dio un golpe a la reputación de la ingeniería colombiana (todos esas etapas tuvieron una participación significativa de ella).

Por eso el decano de ingeniería de la Universidad de Los Andes, Eduardo Behrentz puso sobre el tapete el debate de si hay una crisis en la ingeniería, en la construcción o en el manejo financiero y corporativo de las obras civiles en Colombia, una pregunta que otras personas también han planteado.

Más que todo porque la crisis se suman otros sonados fracasos de constructoras colombianas.

Uno, el desplome del puente Chirajara, en que errores en el diseño cobraron la vida de nueve personas, millones de pesos y la confiabilidad del consorcio ejecutor de la doble calzada de ese tramo de la ruta Bogotá-Villavicencio, Coviandes.

Dos, la demora en las obras del túnel de la Línea, que fue adjudicada en 2009 y debería estar conectando el Centro del país con el Pacífico desde el 2013. Esa terminó con la terminación unilateral del contrato con el convenio que lideraba Carlos Collins y un nuevo contrato que tienen Conconcreto -parte del consorcio que ejecuta Hidroituango- y de CSS, de la familia Solarte.

Tres, derrumbes como el del edificio Space de Medellín, el del puente peatonal militar en Bogotá o el del estadio de Neiva muestran que el problema no es solo de megaobras de infraestructura sino de obras de menor envergadura.

Por eso, si no se logra superar la emergencia en una megaobra que tiene la atención de todo el país y un especial interés en Antioquia, la ingeniería y la construcción podrían recibir un golpe mayor.

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