Cinco escenas del pasado de Ingrid que explican su portazo a la Coalición

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Ingrid Betancourt saliendo de una huelga de hambre en el Congreso, el 13 de febrero de 1996. Buscaba presionar que se cambiaran los integrantes de la Comisión de Acusaciones que juzgaría al expresidente Ernesto Samper. Fuente: Cambio. Tomado de "La rabia en el corazón".

Ingrid Betancourt decidió salirse, con su partido Verde Oxígeno, de la Coalición Centro Esperanza que ayudó a construir. Su obsesión por combatir la corrupción desde chiquita; una historia familiar de hacer grandes sacrificios para defender principios; la experiencia de que grandes gestos histriónicos tienen réditos políticos y la convicción de que sólo alguien que está dispuesta a arriesgar su vida como ella puede salvar a Colombia, están detrás de esa decisión.

Estas cinco escenas de su pasado que tomamos del perfil* de Ingrid ayudan a entender la inédita decisión.

Ingrid crece oyendo la historia de que Colombia está presa de monstruos 

Escondida debajo de un piano de cola en un apartamento de la avenida Foch en París, la pequeña Ingrid Betancourt, de diez años de edad, fisgoneaba las conversaciones que sus padres tenían con protagonistas de la cultura y la política colombiana. Siempre hablaban del país como un barco a punta de naufragar si tal o cual persona no daba un timonazo en ese momento, asediado por grandes monstruos que en esa época tenían el nombre de esmeralderos. En esa escena repetida nace la obsesión de Ingrid por salvar a Colombia y el deseo de ser su presidenta.

Ya en un viaje en 1986, a sus 25 años, le empezará a dar forma a esos temores. Acompaña a su mamá a la Guajira en una comisión de la que hacía parte como representante a la Cámara. Allá conoció al también congresista por el Partido Liberal, Ernesto Samper, quien marcará su carrera política. “A veces con aire de circunstancia anota cuidadosamente lo que algún interlocutor le cuenta, pero olvida el papel en un rincón de la mesa... Observo por primera vez la manera de actuar de nuestros políticos y entiendo mejor por qué mi papá no se fía de ellos”, escribía Ingrid en su libro “La rabia en el corazón”. 

La mamá de Ingrid tiene que separarse de sus hijas para perseguir su vocación de servicio público

Tras vivir cinco años en París mientras Gabriel Betancourt era embajador ante la Unesco, regresan nuevamente a Colombia a mediados de los 70, pero Yolanda Pulecio, la mamá de Ingrid se cansa de su papel secundario como esposa del diplomático y se va de la casa. Su vocación de servir la llamó. A sus 20 años ya había fundado un albergue para niños de la calle y a sus 27 había sido directora de Bienestar Familiar. Su esposo lo leyó como una declaración de guerra. Herido en su orgullo, dice Ingrid, le quitó la custodia de sus hijas y le dejó de hablar por 10 años. Sólo después de ese largo silencio, volvieron a ser grandes amigos.

Ingrid tenía 13 años y su hermana Astrid 14. Les tocó sortear separarse de su mamá y que ella se convirtiera en la comidilla de la sociedad bogotana en esa época en que la gente no se divorciaba. Mientras tanto, Yolanda siguió su carrera y rompió paradigmas convirtiéndose en concejala de Bogotá (aunque no terminó su período), representante a la Cámara por la misma ciudad y primera mujer senadora que dejó el Partido Liberal para unirse al Nuevo Liberalismo, el movimiento de Luis Carlos Galán. 

Ingrid lleva una huelga de hambre hasta el desmayo para denunciar a Samper y el orgullo de su papá le da la fuerza

En enero de 1996, Ingrid, que en ese entonces era representante a la Cámara por Bogotá, decidió hacer una huelga de hambre junto con el también representante Guillermo Martínez Guerra, ex piloto de la Fuerza Aérea, con quien había denunciado antes un negocio corrupto de fusiles del Ministerio de Defensa. La huelga duró dos semanas y era su forma de presionar para que cambiaran los integrantes de la Comisión de Acusaciones de la Cámara que iba a juzgar al expresidente Samper por el proceso 8000. Todos los congresistas miembros estaban a su favor. 

Cuando Ingrid ya cumplía una semana de huelga, su padre, Gabriel Betancourt, que estaba en Europa llegó a Colombia directo al Capitolio. Le cogió la mano y le dijo “habiendo llegado hasta este extremo, tienes solamente dos soluciones: o ganas y sales del Congreso con la cabeza en alto, o si ellos no ceden, tendrás que ir hasta las últimas consecuencias. Y debes prepararte para esto”, escribe Ingrid en “La rabia en el corazón”. Tras diez días de huelga tuvieron que ponerle oxígeno y sólo hasta cuando perdió la conciencia pudieron hospitalizarla. La comisión siguió integrada por samperistas en su mayoría. “Fuiste hasta el final de tus fuerzas, Ingrid, hasta que tu cuerpo te traicionó. En todo caso yo me siento orgullo tanto por ti como por mi” le dijo su padre. 

Samper es absuelto, pero Ingrid termina como la senadora más votada

Tras meses de recuperación por la huelga de hambre, vestida con una camiseta estampada con un elefante gigante y la expresión: ¡SOLO LA VERDAD! el 11 de junio de 1996 habló durante tres horas en el Congreso. Su objetivo era mostrar una a una las pruebas que había contra el ex Presidente Ernesto Samper, que decía que todo el escándalo de lo que se conoció como el proceso 8000 había ocurrido “a sus espaldas”. Íngrid basó su denuncia en el expediente que llevaba el fiscal Alfonso Valdivieso, primo de Luis Carlos Galán, y que había sido publicado parcialmente y en un desorden total en la Gaceta del Congreso. 

Escarbando y como quien arma un rompecabezas, junto con Clara Rojas, encontraron los cheques girados a nombre de muchos de los congresistas samperistas que estaban en el recinto. “Lo más grave, fíjense, es que hoy en día tengo la convicción que nuestro Presidente es un delincuente”, concluyó. Samper fue absuelto por la Comisión de Acusaciones de la Cámara esa misma noche por 111 votos contra 43.

Decepcionada del Partido Liberal, fundó el suyo propio. El nombre se lo dió su esposo en esa época, el arquitecto venido a publicista Juan Carlos Lecompte: “Oxígeno”, era lo que querían representar en la política, además de una puesta verde. Llegó a la cámara alta en 1998 con la votación más alta de todas. 

El incumplimiento de Pastrana convence a Ingrid de que ella es quien debe salvar a Colombia

Con el caudal político que le dio ser la senadora más votada en 1998, Andrés Pastrana la invitó a unirse a su campaña a la Presidencia partiendo de que ambos de alguna manera eran víctimas de la corrupción de Samper quien fue acusado de llegar a la presidencia financiado por el Cartel del Valle. La condición de Ingrid fue que Pastrana se comprometiera a impulsar en el Congreso dicha reforma y a convocar un referendo si no se la aprobaban. Y así lo hizo públicamente. 

La senadora verde Angélica Lozano tenía en ese entonces unos 23 años. El primer voto en su vida al Senado fue por Ingrid cuando se lanzó en 1998. Un hito en su vida. La movilizó su discurso anticorrupción. Y después hizo parte de su UTL ya como Senadora. “Ingrid fue la primera persona en hablar de una reforma política”, dice Angélica. Era la única alternativa para cambiar la forma como los políticos se relacionaban con sus electores y ponerle coto a la infiltración mafiosa en las campañas. 

Pero Pastrana rápidamente traicionó el acuerdo. Sujetó el texto de la reforma al consenso de todos los partidos que le metieron mano a su antojo y desdijo del referendo. “Con esta traición, una de las más dolorosas de mi vida política, va a nacer la convicción que algún día tendré que aspirar a las más altas funciones del Estado si queremos salvar a Colombia de esa corrupción que la está matando. La convicción también de que ningún compromiso es respetado cuando se concluye con representantes de la clase política tradicional”, escribe en su libro “La rabia en el corazón”. 

Ante el anuncio de que se lanzaba a la Presidencia, Angélica renunció a la UTL. "Como joven y viniendo de una forma de hacer política colectiva no podía estar de acuerdo con que hubiera tomado la decisión de forma individual sin consultar con nadie, como lo hace ahora al lanzarse nuevamente”. 

Esa convicción de Ingrid nuevamente la puso en la contienda política de 2022, veinte años después de que las Farc la hubiera secuestrado cuando precisamente hacía lo mismo: estaba en plena campaña para llegar al Palacio de Nariño en 2002. 


*Estos perfiles hacen parte del libro Los Superpoderosos del 2022, que publicaremos en los próximos meses.  

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