Cinco hechos que marcaron el quiebre entre Policía y la ciudadanía

Cinco hechos que marcaron el quiebre entre Policía y la ciudadanía
Policia_comparendo_260319.jpg

La Comisión de la Verdad entregó esta semana el informe sobre lo que fue el conflicto armado en Colombia. La Silla revisó las 900 páginas de los hallazgos y recomendaciones y las otras 500 de testimonios para entender cuál fue el papel de la Policía, una institución a la que Gustavo Petro quiere darle un vuelco. Mientras tanto, el ministro de Defensa, Diego Molano, rechaza que sea calificada como una de las responsables de la violencia en el país. 

El informe de la Comisión muestra cómo a lo largo de la historia la Policía ha sido protagonista del conflicto armado, y en muchas ocasiones víctima de los grupos armados ilegales que veían en esta institución a la única representación del Estado. Los policías han sido objeto de atentados, de homicidios, de secuestros y de todo tipo de vejámenes. Pero también han sido victimarios, según la Comisión.

El trabajo de la Comisión más que revelar algo nuevo sobre esta entidad, confirma la corrupción que ha habido al interior de la organización y la necesidad de una reforma. 

La Comisión recomienda, entre otras, hacer una reforma policial, trasladar a esa institución al Ministerio del Interior, reformar o eliminar el Esmad para garantizar la protesta y en especial, estructurar una nueva política de seguridad que le apunte a la construcción de la paz en vez de combatir a un enemigo interno. Básicamente, lo mismo que propuso Petro en campaña.

El documento ilustra la desconfianza que hay entre la ciudadanía y los policías. Detrás de esa situación, hay una serie de eventos que hicieron que la relación se volviera antagónica. Aquí los más importantes. 

1) La Policía fue cómplice del paramilitarismo

La Comisión registra que la Policía tenía una capacidad limitada. Eso abrió camino para que en regiones contrataran seguridad privada para conseguir la protección que no daba la policía. Una situación que ha tenido consecuencias graves.

“Otro factor de continuidad del paramilitarismo ha sido la propensión a institucionalizar grupos que ofrecen seguridad privada”, dice el documento. Una que se hizo más fuerte con la política de las Convivir, grupos de civiles armados contra guerrilleros.

En ese contexto, la Policía terminó relacionada con los paramilitares. El informe recuerda que ya las sentencias de la Corte Interamericana contra Colombia mostraban “la existencia de vínculos entre miembros de la Fuerza Pública y el paramilitarismo en operaciones conjuntas, apoyo y coordinación, así como omisiones de integrantes de la Fuerza Pública”.

Por ejemplo, en el caso de la masacre de La Gabarra, la Comisión recoge el testimonio de una mujer que dice: “La Policía se había salido una semana antes de la masacre y lo más triste fue que el Ejército estaba pasando el puente (...) y pues el Ejército realmente no salió a combatir ni nada, se quedó encerrado en la base”.

Un miembro de las AUC también relató a la Comisión: “Que me diga un miembro de la Policía desde 1993 hasta el 2004 que es que ‘yo me paré y que no hice eso’ es una mentira, porque cada homicidio, cada desaparición, cada cosa que yo hiciera, siempre se coordinaba con la estación de la Policía”.

La Comisión asegura que “dichas colaboraciones estuvieron lejos de ser fruto de unas manzanas podridas, entendidas como responsables individuales sin una implicación de las instituciones”. Y que estas colaboraciones fueron “múltiples y continuadas en el tiempo”.

2) La Policía fue corrompida por el narcotráfico

La Policía no solo tuvo vínculos con el paramilitarismo, sino también con grupos de narcotraficantes y otras bandas al margen de la ley. “Testimonios tomados por la Comisión relatan cómo algunos grupos del Ejército, la Policía, Fuerza Aérea, Armada y DAS se enriquecieron con el narcotráfico”, dice el informe.

Por ejemplo, en Ciudad Bolívar, en Bogotá, en la década del 2000, los paramilitares ejercían control sobre los expendios de droga, así como en varios sectores de la economía informal. Un exparamilitar que estuvo implicado relató a la Comisión: “Nosotros garantizábamos que la Policía no llegara, le pagábamos a la Policía y controlábamos”.

Pero dos décadas antes ya era así. La Comisión recuerda que a finales de los ochenta uno de los lugares más disputados por los militares o policías para ser trasladados fue el aeropuerto de Medellín.

“Allí había la salida del narcotráfico, entonces el policía fácilmente podía llegar y manipular y obtener información de los narcotraficantes”, les dijo a la Comisión uno de los policías retirados.

Otro testigo en San Andrés también les dijo a los investigadores de la Comisión: “La droga entra en la isla porque aquí nadie fabrica (...) Si hay policías en el aeropuerto y están los guardacostas, ¿cómo no cogen a los que vienen con la droga?”.

Ñapa: Esta historia de La Silla Vacía muestra este tipo de corrupción en el barrio Los Mártires en Bogotá.

3) La Policía ha usado la tortura a lo largo de los años

La Comisión estableció que la Policía ha utilizado la práctica de tortura en múltiples ocasiones para obtener información sobre un grupo armado, como castigo o como cómplice de grupos ilegales.

La Comisión explica que la tortura se ha dado en Colombia principalmente en cuatro tipos de situaciones. Una de ellas “en detenciones llevadas a cabo por policías y militares, muchas veces en contextos de estados de excepción que permitieron mantener al detenido durante días sin ninguna supervisión, y en instalaciones incluso con medios preparados para ello”.

Hay varios testimonios recogidos en el informe. Este es el de un guerrillero: “Me desnudaron de pies a manos y me colgaron como cuando cuelgan un marrano, con la cabeza hacia abajo totalmente desnudo me amarraron de los pies; ahí llegó un policía bajito y me dijo: «Bueno, hermano, comenzó la terapia. Habla o habla”.

El hombre le relató a la Comisión que le pusieron una toalla en la cabeza y que ensayaron boxeo con él. Después le metieron agujas en la cabeza. Todo con el objetivo de que les dieran pistas sobre su grupo guerrillero.

Un joven, cuyo padre fue desmovilizado del M19, también recordó: “Mi papá dice que fue cofundador del M-19 con mi mamá, y que fue torturado en varias oportunidades”.

Ñapa: Durante las protestas del Paro Nacional en 2021 La Silla pudo evidenciar cómo policías torturaron a jóvenes.

4) La doctrina del “enemigo interno” de la Policía ha roto la relación con campesinos

La Comisión explica que la formación de la Policía ha sido militar y eso ha tenido efectos colaterales. Entre 1962 y 1966, el presidente Guillermo León Valencia puso en marcha el Plan Lazo. El objetivo –dice el informe– era acabar con las pequeñas guerrillas comunistas de Tolima, Huila y Cauca, las llamadas “repúblicas independientes”.

En esa reestructuración de la Fuerza Pública, “se profundizó la militarización de la Policía pues se identificó la necesidad de ampliar el pie de fuerza militar e involucrar a todos los organismos de seguridad en la guerra contrainsurgente”.

Se dio paso a una nueva doctrina militar en esa institución. “Se pretendía unificar a la sociedad y al Estado en un concepto totalizante de poder nacional”.

El informe explica que la doctrina partió de “la identificación y persecución del ‘enemigo’, que es ‘interno’”. En Colombia se hizo énfasis en que la amenaza no era extranjera, sino nacional, y que estaba constituida “por todo aquel que no se alinee a los objetivos nacionales y que no se sume al poder nacional”.

Esta doctrina terminó golpeando la relación entre los campesinos, la población civil que convivía con los grupos guerrilleros, y la Policía.

Ñapa: En esta historia de La Silla durante el Paro, se revela la lógica del enemigo interno en las conversaciones con los policías tras la quema de los CAIS por parte de vándalos.

5) La policía estigmatizó a los que no se alinearan con la visión del gobierno de turno

Esa doctrina del enemigo interno facilitó la estigmatización por parte de la Policía a campesinos, jóvenes, mujeres, lgbtiq, manifestantes y en general el que no se alinearan con la visión del gobierno.

Esa deshumanización ha operado a través de “los estigmas de guerrillero, terrorista, comunista, o de violencias clasistas como la ‘limpieza sociaI’”, dice el informe. La Comisión también señala que esas formas de nombrar y justificar los hechos han tenido un impacto “no solo en las víctimas sino en la sociedad misma, que muchas veces ha minimizado la gravedad de los hechos”.

Una mujer trans de Girón, Santander, relató a la Comisión que por su orientación sexual “el reducto que queda de paramilitares y esta gente que estaba aliada con los policías hizo que nos hicieran varias amenazas por parte de los policías principalmente en el 2001”.

Organizaciones de derechos humanos como HRW siguen registrando el abuso policial, como pasó en el último paro nacional en el que se presentaron casos que iban desde violencia sexual, torturas y detenciones arbitrarias. El informe también recoge esos hechos que se presentaron en Cali y Bogotá. 

Publicaciones

Compartir