Colombia empieza a enfrentar una segunda pandemia: el síndrome postcovid

Colombia empieza a enfrentar una segunda pandemia: el síndrome postcovid
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Estefanía Lozano, de 32 años, tuvo covid en marzo de 2021. Los síntomas fueron leves, apenas los de una gripa común y corriente. Con la excepción de que, al día siguiente de recibir el resultado positivo de su prueba, perdió el sentido del olfato.

Esa misma semana, por razones ajenas al covid, renunció a su trabajo como chef en unos campos petroleros para empezar a trabajar como coordinadora de una empresa de copas menstruales. Sería una decisión más acertada de lo que ella podía saber.

Cuando superó el covid, el olfato no volvió. Unas semanas después de recuperarse, quiso cocinar una pasta bolognesa para su novio. “Le dije, ‘no confío tanto en mi sentido del gusto, prueba tú’, y él dijo ‘juepucha, esto está demasiado salado’. Ahí me di cuenta de que ya no puedo cocinar para los demás”.

Su olfato volvió cuatro meses después. Pero volvió completamente alterado.

“Empecé a ser hipersensible a los olores, mi novio preparaba una pechuga a la plancha y yo sentía que era el olor más fuerte y repugnante que había sentido en mi vida. Olía igual que un caño”, dice Estefanía. “Empecé a vomitar todo lo que comía. Yo estudié cocina, soy chef, pero ahora odio la comida”.

Llamó a su EPS y consiguió cita con un otorrino, quien le dijo que como el suyo había oído muchos casos: padecía de síndrome postcovid. 

Una pandemia dentro de la pandemia

Este síndrome sucede cuando, luego de 12 semanas de haber sido infectado por el virus, persisten los síntomas o incluso aparecen nuevos. El diagnóstico puede ser difícil porque los síntomas son muy variados. Los más comunes son fatiga, dificultad para respirar, y síntomas neurológicos y psiquiátricos que van desde trastornos de memoria y pérdida del olfato, hasta cuadros de depresión y ansiedad.

También puede tener manifestaciones graves —aunque estas, afortunadamente, son más raras—, como inflamación del corazón, daño de los riñones y coágulos que tapan arterias o venas.

Todavía no se conoce con certeza por qué se produce este síndrome, y el tratamiento de estos pacientes se basa en procesos de rehabilitación, con la participación de varias especialidades médicas.

A Estefanía, el otorrino le recomendó reentrenar el olfato con aceites esenciales, y le mandó unas ampolletas para inhalar y un líquido para hidratar la nariz.

“Es un tratamiento experimental, porque en realidad no se sabe qué se puede hacer para tratar esto. El otorrino me dijo, ‘no hay nada que hacer. Todos los síntomas que me está diciendo ya los he escuchado, pero no se sabe qué se puede hacer para el tratamiento. Esto puede durarle una semana, 15 días o un año. No se sabe’”, cuenta Estefanía.

Ella ya no puede sentarse a comer con su novio, porque de solo ver su comida corre al baño a vomitar. Tampoco puede servirle comida a su perro, porque le pasa lo mismo. No tolera el olor de la carne, el cilantro, el café ni el eucalipto.

“Ya no me dan ganas de cocinar, no me emociona en lo más mínimo. Me gustaría que me gustara la comida, ¿sabes? Ayer justamente estaba muy triste, porque dije, ‘¿será que ya nunca voy a volver a disfrutar la comida? ¿será que ya no voy a encontrar en eso algo que me dé felicidad?’ Y ya quiero que se acabe esto, ya está bien, ya pasó”, termina Estefanía. Por el teléfono suena acongojada. Cansada.

Como ella, hay muchas más personas que tuvieron covid y ahora sufren secuelas. Los estudios a nivel mundial han encontrado que sucede, en promedio, en el 30 por ciento de los pacientes que han tenido el virus, lo que en Colombia equivaldría a 1,5 millones de personas. Algunos estudios han reportado una frecuencia de hasta 60 por ciento.

“El síndrome postcovid se inserta en la pandemia, es una pandemia dentro de la pandemia”, señala Juan Manuel Anaya, coordinador de la unidad postcovid de la Clínica del Occidente en Bogotá. Y puede suceder tanto en personas que tuvieron enfermedad grave por covid, como en personas que tuvieron covid leve o incluso asintomático, como fue el caso de Estefanía.

Aunque en la mayoría de los casos los síntomas no amenazan la vida, sí afectan de manera importante el bienestar de las personas. “Es un síndrome que actúa sobre el funcionamiento normal de un paciente, sobre su capacidad de moverse, comer, reír, escribir, trabajar”, explicó en septiembre el neurólogo Sergio Ramírez, en un foro que organizó el gremio de EPS Acemi.

Puede incluso afectar la capacidad para hacer actividades cotidianas o retomar el trabajo. En Estados Unidos, por ejemplo, han pedido que lo reconozcan como una discapacidad.

La discapacidad no cuantificada

“La parte que puede ser más discapacitante es cuando hay implicaciones neurológicas. La característica más grande es la “neblina mental” —término acuñado del inglés brainfog— y los trastornos de memoria, que pueden ocasionar dificultades graves en el desempeño diario de las personas”, explica Maribel Arrieta, epidemióloga, anestesióloga y miembro de la junta directiva del Colegio Médico de Bogotá.

Esto lo ha vivido en carne propia Ángela Rodríguez, de 34 años. Politóloga de formación, trabaja dirigiendo una organización de cooperación internacional en Colombia. Pero su trabajo se ha vuelto considerablemente más difícil por culpa del síndrome postcovid.

Se contagió del virus en julio de este año. Como Estefanía, sus síntomas fueron leves y no requirió hospitalización. Pero a las pocas semanas empezó a tener reacciones alérgicas que nunca había tenido. Después se le empezó a caer el pelo “por manojos” y las uñas “a pedazos”. Y empezó a tener problemas para concentrarse y recordar las cosas.

“Estás pensando en una cosa, de repente piensas en otra y no te acuerdas qué estabas pensando antes. Eso es muy complicado para el trabajo, yo trabajo gerenciando y ahora es muy difícil retener la información. Y es vergonzoso pedirle a los demás que repitan varias veces lo mismo porque a mi cerebro covid se le olvida”, cuenta Ángela.

Dice que lo más difícil ha sido darse cuenta de que ya no funciona como antes. Ahora lleva a todos lados una agenda donde escribe las cosas para que no se le olviden. No sale a manejar en hora pico porque no cree que tenga la concentración que necesita.

“A veces me siento como mi abuela, que me cuenta muchas veces la misma historia porque no se acuerda que ya la contó. Le pido a mi esposo que me pase una cosa, y a los 10 minutos se la vuelvo a pedir y él dice, ‘ya te la pasé’. Es como si el cerebro de repente se enloqueciera”, explica ella.

Ángela, a pesar de la dificultad, ha logrado seguir con su trabajo. Este no es el caso de muchos otros colombianos, que no han podido volver a sus actividades laborales por cuenta del postcovid, ya sea por síntomas similares a los de Ángela o por otros igualmente incapacitantes como la fatiga y la dificultad para respirar.

Juan Manuel Anaya, de la Clínica del Occidente, señala que esto se ha convertido en un problema para las aseguradoras laborales (ARL), por la cantidad de pacientes con incapacidad laboral que ha dejado este síndrome.

Es difícil conocer la magnitud del problema en Colombia. Aún no hay cifras, porque no hay un código de diagnóstico establecido para el postcovid, por lo que estos pacientes se registran bajo muchos diagnósticos diferentes, según sus síntomas. “No se conoce todo el impacto que a futuro pueda tener en la salud de las personas, y por consiguiente en la demanda de servicios de salud adicionales”, señala César Castiblanco, director de salud de Acemi.

Lo que sí es claro es que los números en el país son elevados y ya están poniendo una presión importante sobre el sistema de salud, en lo que coinciden tres médicos consultados por La Silla.

“El volumen de pacientes que recibimos en este momento es incontrolable”, señaló Alejandro Casas, director de la Fundación Neumológica Colombiana, en el foro de Acemi en septiembre. “Tenemos muchos pacientes qué están haciendo fila para buscar un proceso de atención o diagnóstico, y se están teniendo que crear servicios nuevos para tratar de redireccionarlos”, le dijo a La Silla el cardiólogo Javier Moreno, que trabaja en el programa postcovid de una EPS.

A esto se suma que los pacientes postcovid entran a competir por consultas y servicios en un sistema de salud colapsado por los pacientes que no se pudieron atender durante la pandemia y ahora buscan una cita tras un año y medio de atenciones represadas.

Los vacíos de la atención en salud

Por ahora, las estrategias desde las EPS se enfocan en el seguimiento de los pacientes que tuvieron covid grave. Quienes tuvieron enfermedad leve o asintomática, en cambio, no tienen mucho seguimiento e incluso pueden encontrarse con retrasos o barreras para acceder a la atención especializada que necesitan.

Mateo Cano, de 28 años, lleva más de seis meses con dificultad para respirar, que inició dos semanas después de que tuviera covid leve con síntomas gripales. Ha tenido varias teleconsultas con médicos generales de su EPS, pero cuando finalmente lo remitieron a un especialista, en septiembre, la EPS le dijo que ya no había agenda para este año.

“A mí cada bocanada de aire me cuesta, ¿y cuántas veces inhala uno al día? Me duelen los músculos del cuello, del pecho, del abdomen, están agotados. Que algo tan sencillo como respirar te duela y te cueste, eso te va minando”, dice Mateo.

Los médicos le han recetado diferentes inhaladores, pero ninguno le ha ayudado. “No saben qué hacer conmigo”, dice él. “Y yo entiendo que es un virus muy nuevo y los médicos no saben dónde están parados, pero sí sentí una negligencia muy grande por parte de la EPS”.

Según explicó Alejandro Casas, de la Fundación Neumológica, en el foro de Acemi, a los pacientes con síntomas respiratorios se les debe ofrecer un proceso de rehabilitación pulmonar. Para esto, sin embargo, Mateo tiene que poder llegar hasta un especialista, y ser incluido en un programa de rehabilitación de este tipo.

Pero el lío no solamente es la poca disponibilidad de citas a través de las EPS, sino también la insuficiencia de la infraestructura disponible en Colombia en estas áreas de la salud. Tanto los servicios de rehabilitación como los de salud mental y apoyo psicosocial —también claves para el manejo del síndrome postcovid— históricamente han tenido poca prioridad dentro de la inversión del sistema de salud. Y según explica Anamaría Hernández, médica especialista en medicina física y rehabilitación, durante la pandemia se vieron especialmente afectados por la redistribución de recursos para enfrentar la pandemia.

Por todo esto, Hernández señala que no hay suficientes servicios de rehabilitación para la cantidad de pacientes postcovid que los están necesitando.

“No estamos preparados para atender esas necesidades de rehabilitación —ya sea neurolingüística, pulmonar o fisioterapia— que esas personas van a requerir”, coincide Greisy Trejo, delegada de salud mental y apoyo psicosocial para la región de las Américas en la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja (IFRC). “Y va a ser un problema para Colombia porque, si no se atienden, las personas van a perder años de vida productiva, calidad de vida, y van a representar una carga para el sistema de salud”.

Pareciera que Colombia ya ha dejado atrás el peor momento de la pandemia. Ahora, las secuelas del covid empiezan a perfilarse como uno de los mayores retos que, tarde o temprano, tendrá que enfrentar el sistema de salud en la pospandemia. 

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