“Colombia nunca fue una economía narcotizada”: Alejandro Gaviria

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El libro “Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos”, compilado por Alejandro Gaviria, decano de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes y el investigador Daniel Mejía Londoño, es un esfuerzo por poner toda la información existente junta y aportar una cantidad de datos y reflexiones nuevas sobre el tema de las drogas. La Silla lo entrevistó.

 

El libro “Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos”, compilado por Alejandro Gaviria, aporta una cantidad de datos nuevos sobre el tema de las drogas.
Fotos: Sara Rojas 

 

Lo bueno es que hace unos meses, Barack Obama dijo que ya no estaba prohibido pensar sobre qué hacer respecto al fracaso de la guerra contra las drogas. Lo malo es que no existe suficiente información para dar una discusión profunda al respecto pues las cifras están dispersas y no coinciden del todo y hay muchas aristas del problema que estaban sin investigar.

El libro “Políticas antidroga en Colombia: éxitos, fracasos y extravíos”, compilado por Alejandro Gaviria, decano de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes y el investigador Daniel Mejía Londoño, es un esfuerzo por poner toda la información existente junta y aportar una cantidad de datos y reflexiones nuevas sobre el tema de las drogas. El libro abarca desde la microeconomía del negocio hasta el lavado de activos pasando por el consumo, las estrategias fallidas que se han aplicado en los últimos cuarenta años para combatirla y los efectos no deseados de estas políticas.

Juanita León entrevistó a Gaviria sobre el libro y el gráfico de abajo se realizó con la información del capítulo sobre microeconomía del negocio a cargo de Daniel Mejía y Daniel Mauricio Rico. Ellos lo hicieron con base en indicadores de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodoc) y la Oficina Nacional de Control de Drogas de Estados Unidos más investigación propia.

La Silla Vacía: ¿Cuál es el peso de todo el negocio del narcotráfico en la economía colombiana?

Alejandro Gaviria: Aproximadamente de 2,5% del PIB. Un impacto importante pero macroeconómicamente menor. Probablemente nunca superó el 4% del PIB.

LSV: Si no tiene sino un impacto del 2 o 3 por ciento del PIB, ¿por qué tiene un poder corruptor tan grande en la política y la vida social?

Gaviria: Porque en todo caso las ganancias son sustanciales y, sobre todo, están concentradas en pocas manos, lo cual, en conjunto, les da a los narcotraficantes un gran poder corruptor.  Hay en todo esto una suerte de paradoja. El narcotráfico transformó la sociedad y las instituciones colombianas. Disparó la violencia, infiltró los partidos, corrompió las instituciones, reestructuró la moral, etcétera. Pero Colombia nunca fue, desde una perspectiva macroeconómica, una economía narcotizada.

¿Qué pasaría en el hipotético caso de que se legalizara la droga, sobre todo en términos económicos? 

No mucho. Tendría efectos regionales sobre algunos mercados puntuales. Pero la economía no se derrumbaría.

Muchos comentaristas, entre ellos algunos congresistas, utilizan el narcotráfico como una explicación comodín para muchos fenómenos. Que se revaluó el peso, culpa del narcotráfico dicen. Que la economía entró en recesión, es por el ajuste ético decían en los años de Samper. Que el comercio está disparado, es por cuenta de un boom mafioso, repiten con frecuencia. Todas estas explicaciones son falsas. Nada tienen que ver con los hechos. 

En general el flujo de dineros del narcotráfico ha sido más o menos constante durante los últimos veinte años. Es imposible por lo tanto explicar movimientos coyunturales a partir de un fenómeno casi invariable en el tiempo.

Ustedes muestran que el Plan Colombia no ha sido muy eficiente contra el narcotráfico. Si estuviera en sus manos, ¿acabarían con el Plan Colombia hoy?

Sí. Colombia tendría, entonces, más autonomía para definir la política antidroga. La política estaría menos subordinada a los intereses y las obsesiones de los Estados Unidos. Además, le daría a Colombia mayor libertad para exponer su caso, para contar su historia en los escenarios internacionales.

Las políticas de demanda no son la panacea. Pero al menos no son contraproducentes. Las políticas de oferta elevan la rentabilidad del negocio. Lo hacen más atractivo. Equivalen, como dijo alguna vez Milton Friedman, a un subsidio directo del estado a los traficantes. Pero nuestra visión es que las políticas deberían estar basadas en la evidencia, en lo que funciona. En cualquier otro campo, esta recomendación es una obviedad. En el campo de la política antidroga, es una novedad.

¿Por qué creen que en Estados Unidos -e incluso en Colombia- se ha inhibido el debate sobre esta fracasada política antidrogas? ¿A quién le conviene el status quo de esta guerra?

En buena medida porque en los Estados Unidos la mayoría de los votantes está de acuerdo con las políticas actuales a pesar de los fracasos. Siempre será más fácil prometer mano dura que hablar de políticas basadas en la evidencia. Pero también hay algunos grupos poderosos interesados en la continuidad de las políticas actuales. Monsanto por ejemplo hace lobby a favor de la aspersión área.

¿Cómo la lucha contra el narcotráfico ha terminado aumentando los ingresos de los narcos?

La guerra aumenta el precio de la droga y por lo tanto la rentabilidad de los carteles y de los grandes exportadores.

¿Teniendo en cuenta lo que ya saben del narcotráfico, hacia dónde cree que evolucione el negocio si no se hace una modificación radical en la lucha contra las drogas?

Creemos que la geografía del negocio está cambiando. Ya no es un problema colombiano: es un problema de casi toda la región, de México, de los países centroamericanos, de Argentina, de Brasil, etcétera. Colombia dominó el mercado por muchos años. Probablemente mantendrá su preeminencia por un tiempo. Pero no por siempre, 40 años después, nuestro consuelo mayor es el mal de muchos.

Otro desarrollo importante es que este ya no es un negocio meramente de exportación. El consumo interno está creciendo rápidamente. En Colombia se duplicó en poco más de una década. En muchas ciudades el control por los mercados internos genera más violencia que el control del negocio de exportación. Lo peor: no tenemos políticas claras al respecto. Se habla mucho de la corrupción de la DNE. Pero cabría también mencionar el desperdicio de sus campañas preventivas. Tres años de la mata que mata no sirvieron previsiblemente para nada.



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