Con la paz, el gavirismo se termina de tomar el Partido Liberal

Partido Liberal, proceso de paz, Humberto de La Calle
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Con el nombramiento de Humberto de La Calle como cabeza del equipo negociador y con Fernando Carrillo como nuevo Ministro del Interior, el gavirismo queda en primera línea del proceso de Paz. Este sector, que empezó a acercarse al Gobierno con la llegada de Rafael Pardo al Ministerio de Trabajo hace dos años y que hoy además cuenta con Jorge Armando Otálora en la Defensoría del Pueblo, está bien representado en el Gobierno y con el músculo burocrático para pisar fuerte en las elecciones del 2014.

Con el nombramiento de Humberto de La Calle como cabeza del equipo negociador y con Fernando Carrillo como nuevo Ministro del Interior, el gavirismo queda en primera línea del proceso de Paz. Este sector, que empezó a acercarse al Gobierno con la llegada de Rafael Pardo al Ministerio de Trabajo hace dos años y que hoy además cuenta con Jorge Armando Otálora en la Defensoría del Pueblo, está bien representado en el Gobierno y con el músculo burocrático para pisar fuerte en las elecciones del 2014.

Con Humberto de La Calle, Fernando Carillo, Rafael Pardo, Alejandro Gaviria y Jorge Armando Otálora, en el Gobierno, el gavirismo tiene la palabra.

El samperismo, desde el escándalo de Samuel Moreno, perdió mucha influencia. Ahora sin protagonismo en la negociación de paz, queda aún más desdibujado.

Este fin de semana 250 delegados de la Marcha Patriótica se reúnen en Bogotá. Si Piedad Córdoba sigue de pelea con la dirección Liberal, podría pensar en armar su propio partido.

Si la reforma política aprueba el transfuguismo, el liberalismo aparecerá como el aliado de lujo para Germán Vargas en las elecciones del 2014.

Foto: Juan Pablo Pino

Con toda esta representación y Simón Gaviria en la presidencia del Partido, la L se convierte en G.  Ante este revolcón, el samperismo y Piedad Córdoba encabezan la lista de damnificados y a Germán Vargas Lleras y el Nuevo Liberalismo se le abren nuevas puertas de unión.

Samper se quedó sin flauta

Si el samperismo ya venía desdibujado en el panorama nacional, con el protagonismo de figuras del gavirismo en el equipo negociador, queda casi borrado.

Después de la debacle de Samuel Moreno en Bogotá, sólo para hablar de Acuerdo Humanitario tenía Ernesto Samper espacio en los noticieros nacionales. Pero a la hora de hablar de paz en serio, nadie lo tuvo en cuenta. Tampoco Alfonso Gómez Méndez y Horacio Serpa, que han empuñado en muchas ocasiones el discurso de la paz, quedaron en la nómina.

Sin la paz pocas banderas le quedan a la izquierda del liberalismo. Perdieron la vocería de temas laborales y de prestaciones sociales desde que el gavirismo, con Rafael Pardo y David Luna,  Ministro y Vice de Trabajo,  llegaron a esta cartera.  Y toda la visibilidad en el tema de víctimas y restitución está reservada para Juan Fernando Cristo y Guillermo Rivera, hoy más en el centro que en la socialdemocracia. 

Córdoba, con un pie afuera 

La única con credenciales para hablar de paz en la socialdemocracia es Piedad Córdoba y está más afuera que adentro del partido. 

Las diferencias de Córdoba con los gaviristas, los actuales mandamases del partido, se vienen profundizando. 

En la actualidad existe una demanda en el Tribunal Administrativo de Cundinamarca interpuesta por Córdoba el 31 de agosto de este año buscando anular la elección de Simón Gaviria como presidente del liberalismo.  El argumento es que el proceso de elección no cumplió los estatutos.

La probabilidad de que ella arme toldo aparte y se lleve sus bases para la Marcha Patriótica, de la cuál va a dirigir una reunión con sus 250 delegados este fin de semana en Bogotá, crecen.

Otro signo de las profundas grietas que existen entre las distintas vertientes rojas,  es la renuncia a mediados de agosto del Secretario General del partido Mauricio Jaramillo. 

El ex senador tolimense, cercano a Horacio Serpa, había sido puesto en este cargo exactamente para mediar las diferencias entre gaviristas, samperistas, y la Izquierda Liberal en Marcha (sector encabezado por Córdoba), pero parece que tuvo poca interlocución. En su carta de renuncia le reclama al presidente de la colectividad, Simón Gaviria,  que nunca le consultaba las decisiones.

Frente a esta situación  Horacio José Serpa, hijo del ex candidato a la Presidencia y quien como concejal de Bogotá ha ganado mucha visibilidad como nueva sangre de la socialdemocracia, opina que en cambio de división él ve mucha unidad. “La idea es que el partido, desde todas sus vertientes, apoye el proceso de paz”, afirmó Serpa a La Silla Vacía.

 

Entre más de centro, más me arrimo

Cuando Cambio Radical y el liberalismo entraron a la Unidad Nacional hace dos años, fue claro para los analistas que, a través de Santos y su Gobierno, iba a llegar la reunificación liberal con miras al 2014. Germán Vargas, César Gaviria, Rafael Pardo, cantando a una sola voz y promoviendo el lanzamiento de una única lista roja al Senado: así sonaba la fantasía.

Pero ante el fortalecimiento del bloque gavirista y de su músculo burocrático, este escenario cada día se vuelve más probable. Y es que con un Partido Liberal tirando hacia al centro, con el discurso de la paz en sus manos, con capital burocrático en los ministerios del Interior y de Trabajo y una nómina jugosa de gobernadores, alcaldes y concejales, se vuelve un aliado de lujo para la próxima contienda: sobre todo para Vargas Lleras. 

Aún más si el proyecto de reforma política que le da vía libre al transfuguismo y que acaba de ser aprobado en primer debate en la Cámara de Representantes se convierte en ley. Si este “articulito”, que busca que en las elecciones del 2014 los congresistas no tengan que renunciar a su curul si quieren aspirar a ser reelegidos con el aval de otro movimiento político, entra en vigencia, los congresistas de Cambio Radical podrían entrar como Pedro por su casa a la colectividad roja. Liberales le dijeron a La Silla Vacía que calculan que de 10 a 15 parlamentarios, entre senadores y representantes, podrían entrar a sus filas.

Pero como ni tanto que queme el Santo, ni tan poco que no lo alumbre, algunos miembros del Partido como Guillermo Rivera han llamado la atención sobre los peligros de un exagerado gobiernismo y de un giro brusco hacia la derecha. Así se lo manifestó Rivera, en una carta a Simón Gaviria en agosto pasado y lo repitió en una entrevista en Semana: “estamos quedando en el todo de la Unidad Nacional sin marcar una diferencia.”

 

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