Con la salida de Echeverry, Santos se queda sin su cinturón de castidad

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Juan Carlos Echeverry, en su rueda de prensa, dejó claro que su renuncia era muy diferente a la de los próximos ministros que salgan en esta crisis ministerial.

Foto: Juan Pablo Pino

El primer cambio en el gabinete de Santos fue inesperado porque el Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry era considerado uno de los ‘inamovibles’. Echeverry se va en el mejor momento para él pero su ida significa una pérdida para el Gobierno. Sobre todo porque con su partida, el gobierno pierde su cinturón de castidad.

Echeverry compartió gabinete con Juan Manuel Santos en el gobierno de Pastrana y cuando Santos decidió arrancar su campaña presidencial, Echeverry se convirtió en su mano derecha. Su papel como director programático y asesor en temas económicos fue fundamental no solo para armar el corazón ideológico de la propuesta de Santos sino también el equipo con el que arrancó a gobernar.

Echeverry fue el primer ministro que nombró el Presidente incluso antes de posesionarse y tuvo un papel protagónico en la transición. Ya en el gobierno, como lo contó a principios de año La Silla Vacía, Echeverry se había convertido en uno de los funcionarios más poderosos del gabinete, con ascendencia directa sobre varios funcionarios de alto nivel como Bruce MacMaster, Juan Ricardo Ortega y Mauricio Santa María y con un liderazgo importante en lo ideológico.

Juan Manuel Santos decidió anunciar como primer cambio en su gabinete la salida del funcionario que primero nombró cuando fue elegido Presidente.

Foto: Andrés Piscov - SIG

Mauricio Cárdenas le deja a su sucesor en el Ministerio de Minas la difícil tarea de aceptar o no la prórroga de la concesión de Cerro Matoso, una decisión que ya cuenta con un control de advertencia de la Contraloría General.

Foto: Juan Pablo Pino

Echeverry aprovechó la confianza de Santos y sus habilidades para comunicar, y fue el cerebro detrás de varios de los ajustes a la política económica de la era Uribe. En equipo con el director de la DIAN, Juan Ricardo Ortega, acabó con algunos de los privilegios tributarios más descarados en la “mini reforma” de 2010. Con ese mismo objetivo, estuvo detrás de los cambios en los contratos de estabilidad jurídica (cuyos trámites estuvieron congelados varios meses, mientras se definían unos requisitos más estrictos) y en las zonas francas.

Desde un principio Echeverry había dicho que él quería ser ministro por un par de años, que ya pasaron, y se había fijado varias metas. Por un lado, varias reformas: el nuevo esquema de regalías que transformó la forma como se reparte el dinero público entre las regiones, las reformas de sostenibilidad fiscal y regla fiscal, los cambios a los juegos de renta y azar que llevó a la liquidación de Etesa y la creación de Coljuegos, y la reforma tributaria estructural.

De todas éstas la única que no alcanzó a sacar adelante fue la tributaria, que dejó para lo último y terminó congelada por cuenta de la fallida Reforma a la Justicia.

Echeverry tuvo la suerte de manejar las finanzas del gobierno en medio de la bonanza, que –junto con medidas asumidas por Ortega- logró aumentar el recaudo de la DIAN en 35 billones de pesos y reducir el déficit de 23 billones de pesos al año a menos de 8 billones. Logró un aumento de la calificación de riesgo país, que abarata la deuda externa, y logró mantener el crecimiento en medio de las turbulencias de la economía mundial.

Echeverry se va en la cresta de la ola, antes de que se vea el impacto de la crisis económica mundial y que tenga que lidiar con las presiones de la época preelectoral.

Algunos economistas han dicho que las buenas cifras de la economía no se deben a la gestión de Echeverry sino a factores externos (como la demanda de minerales por parte de la economía china), y que la economía cada vez pinta peor. El mismo Echeverry lo ha aceptado cuando dejó de hablar de que la economía colombiana estaba “blindada” de la crisis internacional y empezó a revisar a la baja los pronósticos de crecimiento. También tuvo que recoger su idea de que Colombia podía crecer permanentemente al seis por ciento anual.

Pero más allá de qué porción del crecimiento económico se le puede atribuir al saliente ministro, su rol más importante fue su capacidad para decir No y frenar gastos injustificados.

¿El fin de la ortodoxia?

Echeverry es un economista ortodoxo y conservador. La regla de sostenibilidad fiscal que él diseñó busca precisamente evitar que el Estado gaste la plata que no tiene y en más de una ocasión, frenó proyectos millonarios que no tenían una justificación sólida.

En parte, él podía dar esas peleas porque contaba con un equipo sólido de economistas en el Ministerio expertos en manejo financiero. Él se llevó a trabajar con él como directora de Crédito Público a María Fernanda Suárez, que fue la tesorera del Citibank y luego directora de la mesa de dinero de Porvenir; y como viceministros a Germán Arce, que venía de trabajar como director de mercados globales de ABN AMRO en Colombia y como gerente de deuda pública del Banco Santander; y a Ana Fernanda Maiguashca, una de las grandes expertas del país en regulación financiera.

Tocará ver cuántos de estos funcionarios se quedan ahora con Mauricio Cárdenas. Según fuentes que los conocen bien a ambos, Cárdenas es tan buen economista como Echeverry e igual de trabajador. Tienen una formación parecida y ya se habían relevado en el pasado. Durante el gobierno de Pastrana, Echeverry reemplazó a Cárdenas como director de Planeación Nacional.

Pero en términos de su carácter hay algunas diferencias. Echeverry tiene fama de “poner el pecho” siempre por sus subalternos lo que facilita que estos tomen decisiones duras y difíciles. Y mientras que Echeverry es considerado por sus subalternos prácticamente como “un testigo de jehová” en su ortodoxia económica, Cárdenas es visto como un funcionario más pragmático y político.

En los próximos dos años, Santos tendrá que comenzar a gastar plata si quiere cumplir con sus metas y conseguir su reelección. El reto de Cárdenas es gerenciar una fuente millonaria de recursos como son las regalías y garantizar que esa plata se gaste bien. Eso en un gobierno con vocación al gasto y sin una alta capacidad demostrada de ejecución será un desafío grande.

El futuro de Echeverry

En la rueda de prensa de despedida, Echeverry dijo lo que dicen todos los que se van del gobierno: que se dedicará a ser un papá dedicado. También dijo que le gustaría aspirar al cargo de Director del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI) en reemplazo de Nicolás Eyzaguirre, que dejó recientemente el cargo. Este es un puesto que cualquier economista bueno ambiciona y que le permitiría tener una vida tranquila por fuera del país por un rato.

Echeverry descartó que se retire para lanzarse a la política. “No tengo una proyección política”, dijo en la rueda de prensa. “No tengo proyectos de lanzarme a la alcaldía de Bogotá”.

Personas cercanas a él dijeron a La Silla que no creen que entre sus planes esté lanzarse a la política. Esto a pesar de que los conservadores lo ven como una de sus figuras con mayor proyección política y que por otro lado, sería muy conveniente para Santos que Echeverry fuera el candidato presidencial del Partido Conservador en el 2014. Esto podría evitar que los azules llevaran un candidato uribista y garantizaría que en caso de una segunda vuelta o incluso antes de las elecciones de primera vuelta Echeverry adhiriera con su partido a Santos.

Otra cosa que quiso dejar claro Echeverry es que su salida era muy diferente a las de los demas ministros que terminen renunciados por Santos en los próximos días.

“Le  había presentado mi renuncia al presidente el 10 de agosto así que mi salida del ministerio es un poco diferente a la de los demás”, dijo. Como lo había contado La Silla, el viernes 13 de agosto hubo un connato de renuncia de Echeverry porque se había sentido pasado por la faja por otros miembros del gabinete pero el episodio había sido superado rápidamente.

Sin embargo, no era la primera vez que Echeverry había manifestado su interés en irse y Santos decidió aceptar su salida en medio del revolcón ministerial, lo que hace parecer que su renuncia es como las otras. Pero no lo es. De todas las movidas que hará Santos en los próximos días, esta puede ser la que más riesgos le puede crear al gobierno en su segundo tiempo.