Con Petro, Claudia López saca los guantes de seda

Con Petro, Claudia López saca los guantes de seda
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“Si pude con Duque, tengo que poder con Petro”, dijo a La Silla la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, hace unos meses. Hasta ahora, lo ha logrado. A pesar de los desplantes del presidente y el petrismo en estos tres meses de gobierno, la mandataria ha manejado esa relación con guantes de seda y así ha logrado obtener su apoyo para proyectos importantes de Bogotá.

Un tono que contrasta con el que usó con el expresidente Iván Duque, a quien convirtió en su saco de boxeo, a pesar del apoyo que recibió de él para obras claves como la segunda línea del metro de Bogotá. 

Claudia con Duque

Si por algo se caracterizó la relación entre la alcaldesa de Bogotá e Iván Duque fue por los constantes sablazos que ella le mandaba, y que Duque no respondió con la misma severidad.

Por ejemplo, en junio de 2020, en medio de la pandemia, cuando la estaban criticando por no cumplir con las 2 mil camas UCI que se había propuesto como meta para ese momento, le dijo a Duque, en un tono desafiante, que en agosto no le servían los ventiladores que le había prometido. “Llegarían para el velorio”, dijo. Y le sentenció: le entregaba los ventiladores o ella decretaba nuevamente cuarentena estricta. Duque cedió.

López también lo acusó de ser un mandatario al que no le importaba la vida. Se negó, por ejemplo, a abrir algunas fábricas manufactureras cuando el presidente dio el permiso de hacerlo en abril del 2020. “No vamos a sacar empleados para matarlos”, lo desafió públicamente. También aseveró cosas como “le recomiendo que no haga otro viernes de covid”, refiriéndose al día sin IVA que Duque propuso en varias oportunidades.

En el acto de reconciliación con las víctimas del 9 y 10 de septiembre en las que jóvenes fueron asesinados por la Policía, la mandataria deliberadamente llamó la atención sobre la ausencia del presidente. Le dejó una silla vacía marcada con su nombre, aunque Casa de Nariño le había dicho previamente que no asistiría y que en su representación irían la entonces ministra del Interior Nancy Patricia Gutiérrez y el comisionado de Paz, Miguel Ceballos. 

A pesar de esos episodios y otros similares, Duque apoyó el proyecto de Bogotá Solidaria para dar subsidios a las personas en crisis; aumentó el pie de fuerza a 2 mil uniformados más; convocó los Consejos de Seguridad cada vez que la mandataria los solicitó; firmó la modificación a la Constitución que permitía la creación de la Región Metropolitana. Y en los últimos días de su mandato, firmó el convenio de cofinanciación de la Nación de la segunda línea del metro.

Solo al final del gobierno Duque, la alcaldesa le bajó a la confrontación y le agradeció públicamente al expresidente con una condecoración por apoyar la vía que llevará el metro hasta Suba y Engativá.

“Solo le traía cosas buenas oponerse a Duque y no tenía ningún costo político, porque que el Centro Democratico no la apoye no es ninguna novedad”, explica el analista político Camilo Granada. “Ahora con Petro tiene todo que perder”, dice.

El analista recuerda que Petro tiene una popularidad que ronda el 50 por ciento, mientras que la de ella ha sufrido el desgaste de ser gobierno y, además, “si tiene aspiraciones para las siguientes elecciones sabe que necesita a parte de la izquierda”.

El concejal verde Julián Espinosa explica que ese contraste en el tono entre Duque y Petro se trata también de una diferencia ideológica. “El expresidente Duque representaba al uribismo y esa es la antítesis de lo que es la alcaldesa Claudia López”. En cambio, con Petro “ella trata de construir por las naturales cercanías programáticas y políticas”.

Claudia con Petro

Y es que con Petro, López se ha mostrado conciliadora a pesar de los desplantes que le ha hecho el presidente. En diciembre de 2021, después de más de un año de una confrontación pública y abierta que les hizo mucho daño político a los dos, hicieron un pacto de no agresión para tramitar las diferencias lejos de las cámaras. Desde entonces, el petrismo lo ha roto varias veces. Y aunque López también ha respondido, su tono es muy distinto al que mantuvo con Duque.

El episodio más molesto, según nos contó su jefe de Gabinete, Antonio Sanguino, fue la reunión de Petro con el consorcio chino, con quienes se reunió a espaldas de la alcaldesa y con el fin de preguntarles cuánto costaría cambiar el diseño del metro para hacerlo subterráneo como él siempre ha querido.  La idea del presidente es que al menos el tramo de la Caracas, que no es pequeño, pues va de la calle primera a la 72, no sea elevado.

“Somos conscientes de que es una oportunidad singular e histórica que coincidan dos gobiernos alternativos”, dijo Sanguino. “Por eso, por supuesto, nos llena de la mayor sorpresa que ante nuestra apertura al diálogo, lo que hemos recibido son desplantes o mensajes que no son a veces, digamos, los más afectuosos”.

Pero en vez de criticar a Petro por Twitter, como seguramente habría hecho con Duque, López se reunió con el ministro de Transporte, Guillermo Reyes, para tramitar el impasse de manera personal. Después del encuentro, y con él a su lado, hizo un llamado cordial al Gobierno: “Presidente, yo cuento con usted y usted cuenta conmigo”. Luego, le pidió que “por favor” a todas las reuniones que tuvieran que ver con proyectos clave de Bogotá la invitaran a ella y a su equipo. 

La reunión fue fructífera. López logró, con algunas modificaciones, que el Gobierno mantuviera el apoyo a la segunda línea del metro. También a la calle 13, que a Petro no le gustaba porque es una troncal de Transmilenio. Aunque sigue supeditando su apoyo a que esa troncal la maneje La Rolita, el operador público de Bogotá.  El gobierno también anunció el apoyo al Regiotram del Norte, tras oponerse inicialmente porque no estaba de acuerdo con su trazado.

Al tiempo que López mantiene un tono conciliador frente a Petro, ha buscado el apoyo de figuras del Pacto Histórico como el presidente del Senado, Roy Barreras. Tras una reunión en el Congreso, Roy le puso un pin al ministro de Transporte que dice “metro ya”. El senador piensa, al igual que la alcaldesa, que lo mejor es que el proyecto siga adelante como está.

La alcaldesa también se ha reunido con otros ministros periódicamente y encuentra apoyo en figuras del centro, como, por ejemplo, en Alejandro Gaviria, ministro de Educación, y José Antonio Ocampo, el ministro de Hacienda.

Pero el desplante del metro no es el único que ha tenido que sortear.

La ministra de Ambiente, Susana Muhamad, respondió a una petición de la alcaldesa con dos piedras en la mano. López le pidió al Gobierno Nacional que modificara la Constitución para reformar la CAR, la autoridad ambiental regional, de modo que la Región Metropolitana pudiera tener una autoridad propia más confiable.

La ministra, quien también ha criticado a las CAR y quiere reformarlas, le respondió mediante una carta pública en la que le ponía como condición para estudiar esa propuesta, que la alcaldesa retirara del Concejo el proyecto que permitía que Bogotá entrara a la Región Metropolitana. Consideraba que el proceso para crearla no había sido suficientemente participativo.

En ese caso, la alcaldesa no se aguantó; le respondió por Twitter que esa propuesta era un “sabotaje”. Finalmente, el Concejo aprobó la Región Metropolitana a pesar de la oposición del petrismo y del gobierno.

No es el único proyecto bandera de Claudia que tiene resistencia de la bancada petrista en el Concejo. También están tratando de tumbar el POT y la primera y segunda línea del metro de Bogotá. 

En el petrismo han dicho que su deber es hacerle control político a la mandataria, independientemente de los acuerdos que ella tenga con Petro.

Pero en el trasfondo de todo está el 2023.

¿Se acabará la paciencia?

Aunque Sanguino dice que insistirán en el diálogo, en la bancada Verde pareciera que a algunos se les agota la paciencia con la asimetría de la relación.

“Yo sí creería que debería haber un mínimo de reciprocidad”, dice el concejal verde Julián Rodríguez Sastoque, muy cercano a la mandataria. “Nosotros estamos jugados a ser gobierno en el Congreso, pero ese ánimo no se vive en el Concejo”, dice. Y cree que detrás de esta oposición hay un cálculo electoral.

Eso mismo piensa el concejal verde Julián Espinosa: “Ha sido decepcionante ver cómo se anteponen algunos intereses particulares a los intereses generales de la ciudadanía”.

Consolidar Bogotá como un fortín de la izquierda es un objetivo central para el Pacto Histórico, después del triunfo que tuvo Petro en la capital en las elecciones pasadas. Y dada la caída en la popularidad de López, desmarcarse de la alcaldesa en la ciudad puede resultar políticamente más rentable.

Para Claudia el cálculo es más complicado. Allegados a ella dicen que quisiera dejar a alguien del centro como su heredera y con miras a su eventual candidatura presidencial del 2026 necesita asegurar su propio legado, que incluye la región Metropolitana y el arranque del metro.

Pero, a la vez, como dice el analista Granada, “si el Pacto Histórico se sigue fortaleciendo, como aspiran ellos, ese apoyo de los alcaldes y gobernadores del Pacto para la elección del 2026 va a ser muy importante”.

Por eso, continúa el analista, López no puede descuidar ese flanco “no solo porque ese potencial electoral y de organización política va a ser fuerte sino porque ella no puede renunciar a él si quiere ganar la Presidencia”.

De ahí su malabarismo.

“Tanto Petro como Claudia saben que se necesitan”, dice el asesor político Augusto Reyes, quien trabajó con López en el pasado y ahora está con Roy Barreras en el Congreso.

Y mientras esa necesidad se mantenga, Bogotá verá el lado más diplomático de su alcaldesa.

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