Con su POT, Claudia López aplaza peleas, zanja otras y casa unas nuevas

Con su POT, Claudia López aplaza peleas, zanja otras y casa unas nuevas

El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que presentó la alcaldesa Claudia López tiene 365 páginas y 623 artículos. Se trata de un plan de enorme complejidad para el desarrollo de la ciudad en un periodo de 12 años, que además se debió haber renovado hace ocho.

El POT regula asuntos generales, como cuánto del espacio disponible de Bogotá se puede urbanizar, donde el plan de López hace grandes cambios con respecto al de Peñalosa. Pero también temas específicos, con efectos concretos sobre todos los ciudadanos, como la manera de sembrar los árboles en espacios libres. “1 árbol de gran porte por cada 20 metros cuadrados”, dice, por ejemplo, en su artículo 79.

Entre lo uno y lo otro establece una visión de ciudad. Por ejemplo, la de Peñalosa, una Bogotá que se extendía con nuevos desarrollos urbanos la ciudad, o la de Petro, que se concentraba en edificios altos y conservaba el suelo no construido.   

Pero ni Peñalosa ni Petro lograron sacar su POT adelante. Los proyectos fueron hundidos por el Concejo de Bogotá, por razones distintas, como contamos aquí y aquí. Por eso, el último POT, que aún rige en Bogotá, fue el que aprobó Lucho Garzón en 2004. 

El POT de Claudia López propone una delicada negociación entre las visiones de sus antecesores. Rompe con el de Peñalosa en temas fundamentales. Reduce el espacio a urbanizar y propone una tercera línea de metro, en concordancia con lo que propuso Petro. Toma otros aspectos de su visión, como la protección de la estructura ecológica de la ciudad y la renovación urbana para solucionar el déficit de vivienda. 

Pero mantiene proyectos de Peñalosa, como Lagos de Torca, Lagos del Tunjuelo, donde está plasmada la idea de hacer pequeñas ciudades dentro de la ciudad. Áreas que combinan en la misma zona las viviendas y los lugares de trabajo; el espacio público, comercio, salud y educación para evitar grandes desplazamientos por la ciudad.

El desafío de la mandataria y de su secretaria de Planeación, María Mercedes Jaramillo, es que en este tercer intento logren poner de acuerdo al Concejo de Bogotá y a todos los sectores que tienen intereses. Ahí entran, por ejemplo, poderes con bolsillos profundos, como los constructores y activistas con influencia política en la Alcaldía, como los ambientalistas. Y claro, los concejales petristas y peñalosistas que defenderán sus visiones de ciudad.

La Silla hizo una primera revisión del documento resumen del POT (que es el que están socializando con ciudadanos), el documento técnico de soporte general y del articulado. Consultamos a expertos en planeación, exfuncionarios, funcionarios, constructores y ambientalistas. Varios de ellos pidieron no ser citados porque estarán involucrados en la negociación de este proyecto, que apenas empieza.

1. Se abre una pelea con constructores

Una de las grandes diferencias que tiene el POT de Claudia López es que en este proyecto no hay mucho espacio para la expansión urbana. Mientras el POT de Peñalosa habilitaba cerca de 5 mil hectáreas para nuevas construcciones, el de Claudia López lo reduce a 1.800. 

Así, López zanja una de las grandes peleas de quienes se oponían al POT de Peñalosa. Entre estos estaba la sociedad de Mejoras y Ornato, cuyo presidente, Carlos Roberto Pombo, considera que no era necesario habilitar ese suelo. 

El argumento es que según los cálculos de su sociedad no se necesita el número de viviendas que presupuestó Peñalosa, que eran cerca de un millón. Según Pombo, las viviendas adicionales se pueden concentrar en miles de barrios en la ciudad que están deteriorados y tienen potencial de renovación. Justamente eso pretende el POT de López. 

Sin embargo, la mandataria casa una nueva pelea con algunos grandes constructores. Buena parte de la figura para construir vivienda se tendría que hacer por renovación urbana o revitalización, como la llama López. Esta figura consiste en, por ejemplo, usar edificios viejos y construir unos nuevos, de más pisos. 

Se trata de una tarea difícil pues la concertación con las comunidades de los barrios para reconstruirlos no ha sido sencilla y se necesita de otros trámites. Anualmente en la ciudad se construyen entre 2.000 y 3.000 viviendas bajo esta modalidad y para cumplir con la meta de casi 1 millón de viviendas que puso el Dane se necesitarán cerca de 83 mil al año. 

“Que la alcaldesa pretenda solucionar el déficit de vivienda a punta de renovación urbana es utópico”, nos dijo un alto directivo de una constructora importante, quien prefiere no ser citado por ahora pues no quiere dañar la negociación con la administración. 

Los constructores tienen otras preocupaciones. Consideran que las exigencias para construir son muy altas. Por otro lado, para los ambientalistas es lo mínimo que se puede exigir. Entre esas cargas está, por ejemplo, que deben ceder más de su suelo para el espacio público. También para la construcción de viviendas de interés social será necesario reducir el consumo de energía y agua a través de edificaciones sostenibles. 

 “Con Peñalosa para hacer un edificio teníamos que hacer parques, iluminación y vías. Pero el POT de López nos impone aún más cargas. Estamos haciendo cálculos, pero de entrada no vemos que vaya a ser muy rentable construir viviendas”, dijo un constructor a La Silla.  

Como se ve difícil, hay quienes consideran que, de no cumplirse la demanda, los precios de vivienda subirán y se expulsará a la ciudadanos a municipios aledaños.  

La secretaria de Planeación no respondió preguntas de La Silla para esta historia. Hace unas semanas, cuando le preguntamos sobre este tema, Jaramillo dijo que no le veía problema a que la gente se fuera a vivir a municipios aledaños. “La gente puede preferir vivir en una casa grande en Chía y no en un apartamento diminuto en Chapinero. Lo importante ahí es que tengan un buen sistema de transporte que es lo que buscamos con este POT”, dijo.

2. Tres líneas de metro

Otra de las grandes batallas de Peñalosa fue insistir en que en Bogotá el único modelo de movilidad masiva posible era TransMilenio. Por eso planeó un POT basado en redes de ese sistema. Esto fue muy criticado en el Concejo y entre los ciudadanos que no están contentos con TransMilenio. 

El documento de Claudia López busca darle un cambio de enfoque. Incluye el nuevo trazado de la primera línea del metro, que va de Bosa hasta la Calle 72 con Avenida Caracas. La extensión de la segunda línea, que lleva ese carril hasta las localidades de Suba y Engativá. Hasta ahí es igual a lo que propuso Peñalosa en su POT en materia de metro. Pero tiene la novedad de incluir una tercera línea, que iniciaría en el centro del municipio de Soacha pasando por Bosa, Ciudad Bolívar y Tunjuelito hasta el centro. 

Peñalosa no propuso una tercer línea porque aseguraba que era poco realista incluir otra vía férrea en 12 años, cuando la ciudad estaba endeudada a 30 años solamente con la primera. 

Pero López propone además, en materia de movilidad, 27 “corredores verdes” por los que podría expandirse el modelo de Transmilenio de buses con carriles exclusivos. La propuesta además privilegia al peatón y a los ciclistas por encima del carro particular, con la necesidad de hacer andenes y ciclorutas para que toda la ciudad esté conectada. Ahí le da continuidad a uno de los grandes proyectos de Peñalosa, como la Cicloalameda del Medio Milenio, que atraviesa la ciudad de sur a norte.

3. Aplaza algunas peleas

Este POT incluye algunos elementos claves que se van a discutir después de la aprobación del proyecto, vía decreto. Con esto la administración aplaza algunas peleas importantes. 

Por ejemplo, la creación de las 32 Unidades de Planeamiento Local (UPL), una especie de nuevas localidades, serán reglamentadas después. Su normatividad tendría que incluir temas que seguro darían para polémica, como los detalles para renovar algunos barrios. El plan de Peñalosa incluía ese nivel de detalle y justamente por eso generó debate. Una que este POT aplaza. Aunque el hecho de que esto no que se vaya a debatir en este proceso seguramente será criticado.  

Otro tema que queda para reglamentación posterior al POT son las 28 Actuaciones Estratégicas. Son las reglas para hacer desarrollo urbano en un conjunto de barrios que tienen características similares.

4. Mantiene unas polémicas, como la de Lagos del Tunjuelo

El proyecto de Lagos del Tunjuelo, en este POT llamado Reverdecer del Sur, se mantiene en el POT. En ese lugar, conocido como la reserva Van der Hammen del sur, el exalcalde dejó planteado construir un proyecto inmobiliario de 66 mil viviendas. Pasa por Tunjuelito, Rafael Uribe Uribe y Ciudad Bolívar, y es apetecido por el gremio de los constructores. 

Para hacerlo se tendría que reencauzar el río Tunjuelo, cosa con la que ambientalistas no están de acuerdo. Consideran que las obras para reducir el riesgo de inundación del proyecto van en contra de cuidar la estructura ecológica principal. 

En un comunicado, que publicaron hace unos días, concejales como las petristas Ana Teresa Bernal, Heidy Sánchez y Susana Muhamad; Carlos Carrillo, del Polo, y Diego Cancino, de la Alianza Verde, se quejaron: “El POT no debe incorporar ningún elemento que reviva el Proyecto Lagos del Tunjuelo”. 

En el POT de López hará parte de los proyectos que permitan solucionar el déficit de vivienda de la ciudad.

5. Una ciudad con enfoque regional

La alcaldesa ha logrado mejorar la relación con los municipios aledaños, en especial con la Gobernación de Cundinamarca, como CONTAMOS. Y en este POT incluye estrategias para mejorar la articulación de la ciudad con la región, cosa que le habían pedido en el Concejo a Peñalosa. 

Parte de esta apuesta son los proyectos de tren regional del norte y de occidente, con los que se espera reducir el tiempo de movilidad de tres horas a 45 minutos. Además, el nuevo POT incluye crear nuevos centros de abastecimiento de alimentos, parecidos a Corabastos, el centro de acopio de alimentos de la ciudad. 

La idea es que estos nuevos centros estén en los extremos de la ciudad, más cerca de los municipios que limitan con Bogotá, y que en la logística desaparezcan algunos intermediarios para que los campesinos ganen más y los compradores obtengan productos a precios más justos. 

También pretende alinearse con otros POT, para mejorar la movilidad, el tratamiento de residuos y el cuidado del ambiente. Asimismo dispone de espacios para que en los límites con otros municipios también haya acceso a bienes y servicios de salud, educación, recreación y cultura.

6. Van der Hammen y la estructura ecológica de Bogotá

En todo el documento del POT, López hace énfasis que uno de los mayores objetivos es cuidar la estructura ecológica de la ciudad, compuesta por ríos, humedales, reservas y cerros orientales. “Los proyectos se adaptarán a la estructura ecológica principal, no a la estructura a los proyectos”, dijo la alcaldesa López en una de las socializaciones. 

Peñalosa había casado una pelea con ambientalistas porque proponía comprar predios de la Van der Hammen, que le pertenecen a privados, para ampliarla y hacer parques interconectados que permitieran el disfrute de la naturaleza. También porque aunque ampliaba el lugar en 800 hectáreas más, tomaba 100 para construir vías. Claudia López no la toca, promete su restauración, pero no compra espacio público adicional para la Van Der Hammen. 

De todas maneras, un tema que ya es polémico es la construcción de la avenida Boyacá. Esta atravesará la reserva para conectar Lagos de Torca, el proyecto inmobiliario más grande del país, que abanderó Peñalosa y que López apoyó desde que estaba en campaña. Pero esa pelea será de los constructores que están solicitando licencia ambiental ante la CAR, no de Claudia López, como contamos AQUÍ. 

Otra polémica que López trata de zanjar es la de la Franja de Adecuación de los Cerros Orientales, el borde entre los cerros y la ciudad. Todos coinciden en que no se puede construir en los cerros, pero había diferencias sobre qué hacer con el límite entre los cerros y el área urbana de Bogotá, que es de más de 500 hectáreas.

El sector privado considera que se debe reevaluar si ese borde es rural, porque allí conviven comunidades y es tal el manejo que se le ha dado al suelo que, según ellos, ha perdido su categoría de reserva. Por eso argumentan que se debería habilitar para llevar servicios públicos, senderos, parques, entre otros.  

Los comités ciudadanos, de ambientalistas y académicos, en cambio, piensan que sería abrir una puerta para construir en los cerros. El POT de Claudia determinó que la zona en la que están los barrios (como la Perseverancia o el Codito, por ejemplo) será catalogada como una zona urbana, pero que la franja será rural, y se dejarán parques con vocación de conservación. En ese espíritu, se descartan planes como el del sendero de Las Mariposas, con el que Peñalosa quería atravesar los Cerros Orientales de sur a norte, y se privilegia la protección ambiental.

Nota del editor: Horas después de la publicación de este artículo precisamos lo que buscaba Peñalosa al ampliar la Van der Hammen. Por un lado hacer parques interconectados y, por otro, tomar una parte para construir vías. 

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