Carretómetro a la propuesta de transición energética de Petro: carreta

Carretómetro a la propuesta de transición energética de Petro: carreta
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La semana pasada el candidato presidencial Gustavo Petro se refirió al sector petrolero equipándolo al narcotráfico. “Nuestros tres principales productos de exportación son tres venenos. El más poderoso, el carbón que sacan del Caribe, La Guajira y el Cesar. Después el petróleo, que sacan del Piedemonte Llanero, y después la cocaína”, dijo Petro en una plaza pública en Sahagún, Córdoba, un departamento productor de gas natural.

Acabar con la industria petrolera y carbonífera y hacer una transición a energías limpias se convirtió en la propuesta bandera de Petro. Su plan de Gobierno propone meterle el acelerador al fin de esas industrias suspendiendo la firma de nuevos contratos de exploración de petróleo, prohibiendo el fracking, las actividades costa afuera y la minería a cielo abierto.

El programa de gobierno de Petro dice que se tratará de dejar definida la ruta para una transición energética, es decir pasar de una economía dependiente del petróleo y el carbón, a una movida por otras fuentes de energía más limpias, a quince años.

Sin embargo, para los cinco expertos consultados por La Silla, la propuesta de cómo va a cubrir el hueco fiscal y energético de esos combustibles en tan corto tiempo es carreta, o, al menos, no están lo suficientemente aterrizadas.

Fueron consultados los exministros de Minas y Energía Tomas González y María Fernanda Suárez, el presidente de la Asociación de Energías Renovables del país, Germán Corredor, el experto en movilidad Darío Hidalgo, y Diana Barba, de la ONG sobre cambio climático Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (Ailac).

Hacer una transición energética en 15 años

Propuesta: “Emprenderemos un desescalamiento gradual de la dependencia económica del petróleo y del carbón”, dice el programa. Además en el corto plazo: “prohibirán la exploración y explotación de Yacimientos No Convencionales, se detendrán los proyectos piloto de fracking y el desarrollo de yacimientos costa afuera. No se otorgarán nuevas licencias para la exploración de hidrocarburos, ni se permitirá la gran minería a cielo abierto”.

El programa dice que ese periodo de desescalamiento será de 15 años, aunque en una reunión que tuvo la semana pasada con empresarios Petro dijo que sería a 12 años. Su asesor para temas mineroenergéticos, Álvaro Pardo, dijo a La Silla que no significaba que a quince años el país no produjera nada de petróleo. Pardo estima que en la próxima década la producción podría bajar a alrededor de 200.000 barriles promedio diario para cargar las refinerías y producir insumos agrícolas y otros productos derivados del petróleo.

Hoy las refinerías de Cartagena y Barrancabermeja cargan aproximadamente 400.000 barriles diarios en sus plantas, y el país produce 745.000 barriles diarios. Lo que no compran las refinerías se exporta.

En el programa, Petro explica que para reemplazar el carbón y el petróleo impulsará la generación de energía con fuentes renovables como el sol y el viento; impulsará programas para autogeneración (que las personas produzcan su propia energía, como con paneles solares en sus techos), el reemplazo del parque automotor (se comprometen a reemplazar todos los vehículos del gobierno a eléctricos).

También promoverá el desarrollo de otros sectores como el turismo y el agro, para que reemplace los dólares que actualmente llegan del petróleo, el gas y el carbón. Y crear un fondo para financiar la transición energética con recursos de las regalías y dineros provenientes de la eliminación de beneficios tributarios a hidroeléctricas, empresas de hidrocarburos y minería de carbón.

Pardo precisa que esa extinción de los hidrocarburos también será el resultado de una tendencia global a reemplazar los combustibles fósiles por otros que no emitan gases de efecto invernadero y del agotamiento de las reservas colombianas, precipitado por frenar los contratos de exploración.

Agrega que la transición propuesta se basará en tres principios fundamentales. Primero, respetar los derechos fundamentales de los ciudadanos, lo que implica que sea gradual y bien planeada. Segundo, que la transición no afecte la economía, lo que implica que los derechos adquiridos se respetarán. Y tercero, asincerar las cifras del sector, es decir partir del hecho de que la actividad petrolera tiene sus años contados.

Calificación: Carreta, ambiciosa pero no lograble.

Dejar de producir petróleo en 15 años en Colombia es posible y sería una gran transformación, pero dejar de consumirlo y reemplazar las divisas e impuestos que hoy aporta el país en ese lapso es carreta, y según los expertos consultados dejaría al país expuesto a una gran vulnerabilidad fiscal y energética.

El presidente es quien designa al Ministro de Minas y Energía, que dicta la política energética, al presidente de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, que administra los contratos petroleros, al de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) y puede modificar la junta directiva de Ecopetrol, que es la petrolera más grande del país y que elige a su presidente.

Con estos cuatro poderes podría decidir no firmar más contratos de exploración petrolera y detener o frenar los proyectos de fracking, los dos operados por Ecopetrol, y la exploración costa afuera.

En ese escenario la exploración petrolera del país se limitaría a explorar lo que está en los 145 contratos firmados en la actualidad, donde hay compromisos de perforar 96 pozos a 2030. Según las estimaciones de la Asociación Colombiana del Petróleo (un gremio que agrupa empresas petroleras) con este ritmo de exploración, en 2026 el país necesitaría importar gas para el consumo interno, y en 2028 petróleo para las refinerías de Cartagena y Barrancabermeja, que produce la gasolina y el diésel con la que tanquean los carros en Colombia.

Así las cosas, con las medidas propuestas es posible en 15 años extinguir significativamente la producción de petróleo y gas en el país. Lo difícil será no necesitarlos.

Según cuatro expertos consultados por La Silla Vacía hacer la transición en esa velocidad implicaría un costo muy alto para el país. Suárez, quien además de exministra de Minas fue vicepresidenta de Ecopetrol, calificó la propuesta como “absolutamente inviable”.

Dejar de producir petróleo en quince años implicaría en ese mismo tiempo: reemplazar las conexiones a gas de 10 millones de hogares, el 90 por ciento del parque automotor que funciona con gasolina y diésel, reemplazar las plantas de generación eléctrica del país, que producen el 30 por ciento de la energía eléctrica del país.

De acuerdo con el presidente de la Asociación de Energías Renovables del país, Germán Corredor, es posible acelerar la construcción de nueva infraestructura renovable, pero se requerirían grandes inversiones y mantener los beneficios tributarios al sector. Pero el equipo económico de Petro tiene dentro de sus propuestas eliminar todos los beneficios tributarios a las empresas, lo que sería un obstáculo para ese fin.

En cuanto a la renovación del parque automotor, de acuerdo con el experto en movilidad Darío Hidalgo no es lograble en menos de dos décadas. Lo dice porque en Colombia la vida promedio de un automotor es de 21 años, para reemplazarlos todos habría que prohibir su venta desde ya, o subsidiar la compra de eléctricos.

El costo de esto sería prohibitivo, dado que en la actualidad un carro eléctrico cuesta el doble de un carro a gasolina de las mismas características, explica Hidalgo. “Es patear la mesa de las finanzas públicas sin tener clara la forma en que lo vamos a recomponer, parece que fuéramos Noruega, pero no somos Noruega”, dice Hidalgo.

La exministra Suárez explica, además, que en cuanto al reemplazo de las conexiones de gas, que según el Dane es utilizado por el 69 por ciento de los colombianos, de no lograrse ese cambio Colombia tendría que abastecer a los hogares con gas importado, pues ya no produciría. Esto implicaría, según sus cálculos, un aumento hasta en cinco veces de las tarifas de gas de los hogares colombianos.

Y en cuanto a lo fiscal, las cuentas también son complejas.

Por dividendos de Ecopetrol, derechos económicos que pagan las petroleras con contratos en la ANH y regalías la Nación recibe 18 billones de pesos (un 5 por ciento del presupuesto general de la Nación y equivalente a una ambiciosa reforma tributaria).

En comercio exterior solo el petróleo y sus derivados representaron el 52 por ciento de las exportaciones en el primer trimestre de este año, y 8,5 por ciento de la inversión extranjera directa en 2021. Como el país dejaría de producir suficiente petróleo para exportar en un lapso de 6 años, y no habría nuevos proyectos petroleros para invertir, los próximos gobiernos tendrían que reemplazar esos “petrodólares” por otro tipo de ingresos. De lo contrario, el desbalance causaría más inflación por cuenta de una eventual trepada del dólar.

El exministro de Minas González, hoy director del Centro Regional de Estudios de Energía, coincide. “Hacer una transición demasiado acelerada puede dejar a Colombia sin recursos que necesitan para financiar la misma transición, pero además para poder superar cifras de pobreza”.

González añade que no es posible predecir cuándo ni el mundo ni Colombia van a dejar de demandar energías fósiles. Por eso, en el peor escenario el país terminaría quemando combustibles fósiles para transportarse y para cocinar, pero importado, perdiendo los recursos fiscales que el petróleo y el gas nacional entregan actualmente a la Nación.

Según Pardo, el asesor programático de Petro, muchas de las propuestas concretas se van a ir afinando cuando sean Gobierno, y lo clave es dejar trazada desde ya una ruta para dejar de depender del petróleo y el carbón.

Cobrar bonos por dejar enterradas reservas de petróleo y carbón

Propuesta: El programa dice: “Promoveremos dentro de la agenda de la política internacional de Colombia un gran frente americano de lucha contra el cambio climático, (...), financiable con la obtención de dividendos por absorción con carbono, la obtención de compensaciones por dejar enterradas las reservas de carbón y petróleo y la imposición de gravámenes sobre la comercialización de productos altamente intensivos en dióxido de carbono para lograr la descarbonización de las economías”

De acuerdo con el asesor de Petro la idea es acudir a organismos multilaterales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otros países para que Colombia reciba una compensación económica por dejar de producir petróleo y carbón.

Esto complementaría el esfuerzo internacional por profundizar los mecanismos de compensación, que pagan empresas y organismos multilaterales, por proteger ecosistemas claves para capturar dióxido de carbono en la atmósfera, como la Amazonía.

Calificación: Carreta, ambiciosa pero no lograble.

En el mundo se han intentado crear mecanismos financieros que le permitan a los países compensar, al menos parcialmente, lo que dejarían de recibir si dejan enterradas sus reservas de carbón y petróleos. Un ejemplo latinoamericano fue el proyecto Yasuní, en Ecuador.

En 2007 el entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa, lanzó un fondo con el que pretendía recoger plata de la comunidad internacional que compensara el no poner a producir una de las áreas con mayor potencial de reservas petroleras en el país, en la Amazonía. Al proyecto se le llamó proyecto ambiental Yasuní-ITT (que responde a los nombres de los campos petroleros, Ishpingo, Tambococha y Tiputini, ubicados en el área).

Seis años después, el proyecto, que tenía como meta recoger 3.600 millones de dólares en trece años, tenía solo compromisos por 116 millones de dólares, y plata en sus cuentas por 13,3 millones de dólares. El presidente Correa decidió desistir de la iniciativa.

De acuerdo con Diana Barba, asesora de Transparencia y Mercados de la Unidad de Apoyo de la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC), hoy este tipo de compensaciones por no producir petróleo y carbón es muy controversial y a primera vista no parecen viables.

Por un lado, según Barba, países petroleros ricos, como algunos árabes, podrían aprovechar el mecanismo para pagar a otros países para quedarse con una tajada mayor de mercado. Por el otro, “si se habilitara el pago de estas compensaciones a través de mercados, se desincentivaría la implementación de proyectos que realmente reducen emisiones”. Es decir el pago por proteger áreas estratégicas (como la Amazonía) de la deforestación.

Añade además que en el mercado en este momento sí se mueven recursos por compensación, pero no lo suficiente como para pensar que pueda reemplazar una actividad productiva como la extracción de petróleo.

Además, la creación de un “frente americano” luce lejana. La propuesta fue rechazada explícitamente por el expresidente y candidato presidencial brasileño “Lula” Da Silva, que la calificó como “irreal”, no solo para Brasil sino para el mundo. Y dentro del bloque de países con presidentes de izquierda en el continente, en Argentina hacen fracking, en México López Obrador ha expandido el rol del estado en el sector petrolero, y Venezuela tiene las mayores reservas del mundo. 

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El Carretómetro evalúa dos aspectos de las propuestas de los candidatos: si son ambiciosas y si son logrables.

Puede haber cuatro resultados:

  • Transformadoras: las que son ambiciosas y logrables.
  • Carreta: las que son ambiciosas, pero no logrables.
  • Aterrizadas: las que son poco ambiciosas, pero logrables.
  • Pfff: las que son poco ambiciosas y no son logrables.

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