Desinformación y discriminación en la vacunación de migrantes

Desinformación y discriminación en la vacunación de migrantes
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A Aliyoner Rodríguez le negaron la vacuna en cuatro puestos de vacunación. Es venezolana, vive en Colombia desde 2019, y a pesar de ser migrante regular no le han permitido vacunarse contra el covid.

“Puedo pagar la salud pero no me puedo vacunar, y la vacuna es parte de la salud. Quién los entiende a ustedes”, comenta. Aliyoner está afiliada a Compensar, al régimen contributivo. Aún así, la última vez que fue a un puesto de vacunación de Compensar, hace más o menos un mes, le dijeron que la prioridad eran los niños menores de 18 años y los citados por la empresa.

Con un agravante: Aliyoner tiene VIH desde hace 21 años, que se reconoce como un factor de riesgo significativo para enfermedad grave y muerte por covid.

Con 45 años de edad, debería haber podido vacunarse desde junio, cuando se abrió la etapa para menores de 60 años con comorbilidades. Dado que es migrante regular y está afiliada al sistema de salud, su acceso a la vacunación debería ser igual que el de los colombianos. Pero no está documentada con un Permiso Especial de Permanencia (PEP), sino con un salvoconducto, el documento de los migrantes en condición de refugiados. Y en los puestos de vacunación le dicen que sin PEP no la vacunan.

No es la única: 42 migrantes con diagnóstico de VIH con los que trabaja Aliyoner en la fundación Aids for Aids han tenido problemas similares.

“Aunque uno intente ser regular y hacer las cosas al derecho, lo hacen a un lado por el hecho de ser migrante”, nos dijo uno de ellos, que pidió reserva de su nombre por el estigma asociado a su diagnóstico. Él también está afiliado al sistema de salud, pero en cinco puntos de vacunación diferentes le dijeron que el salvoconducto no era un documento válido.

“O sea, con el salvoconducto uno tiene deberes pero no derechos”, concluye. “Y si no me dejan vacunar, mucho menos me van a atender bien en un centro de salud si me llego a enfermar de covid”.

El problema viene de que la información para la vacunación de migrantes es poco clara en todos los niveles. Y aunque la inmunización para los migrantes regulares es un hecho —al menos en el papel—, la de los irregulares es más incierta.

Los cortocircuitos en la información

Siete voceros de organizaciones de migrantes y expertos que trabajan con esta población nos confirmaron que han identificado barreras para la vacunación de migrantes regulares. Aunque muchas tienen que ver con el salvoconducto, pues varios funcionarios de los centros de vacunación desconocen este documento, tres fuentes también mencionaron casos donde se negó la vacunación incluso a personas con PEP o cédula de extranjería, por el solo hecho de ser migrantes.

“Los requerimientos que ponen los puntos de vacunación son en su mayoría arbitrarios”, señala Hugo Ramírez, del semillero de Migración y Fronteras de la Universidad del Rosario. “El Gobierno ha invertido muchos recursos en hacer pedagogía de los documentos a los migrantes, pero la pedagogía hacia los nacionales ha sido cero. Las personas que prestan los servicios no conocen la documentación de los venezolanos”, agrega.

La situación también varía de un lugar a otro. Mientras líderes de organizaciones de migrantes en Pereira, Sincelejo y Riohacha nos dijeron que no han tenido ningún problema con la vacunación de los regulares, encontramos varios casos de discriminación en Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga. En estas ciudades los migrantes suelen recorrer tres o cuatro puntos de vacunación diferentes hasta encontrar uno que les permita vacunarse. Es como una lotería.

“La peor barrera que se tiene al migrar es que la información no llega a quienes tiene que llegar. No es que no quieran prestarnos el servicio, es que no se informa correctamente al funcionario”, explica Alba Pereira, directora de Entre dos tierras, una organización que ayuda a migrantes en Bucaramanga.

En efecto, La Silla recorrió seis puntos de vacunación en Bogotá, y solo en uno nos dijeron que los migrantes pueden vacunarse con salvoconducto. En otros dos, los funcionarios no sabían qué era un salvoconducto. Y en los otros tres, dijeron que no era un documento válido para la vacunación. “Eso no existe en Colombia para vacunación”, dijo un funcionario del centro comercial Galerías. Sin embargo, tres expertos en migración y temas legales le confirmaron a La Silla que el salvoconducto sí debería ser válido, pues permite gestionar la afiliación al sistema de salud.

Además, en cuatro puntos de vacunación nos dijeron que el Registro Único de Migrantes Venezolanos, o Rumv, sí es un documento válido para la vacunación. Este lo obtienen los migrantes cuando se inscriben al Estatuto Temporal de Protección, pero es únicamente para su caracterización, y no regulariza su situación migratoria.

Los requerimientos no están solo a discreción de cada punto de vacunación, sino de lo que considere cada ente territorial. Mientras que en la Secretaría de Salud de Bucaramanga reconocen que los migrantes con salvoconducto pueden acceder a la vacunación, en la de Medellín dicen que no está catalogado como un documento legal que certifique que un extranjero está viviendo en Colombia.

En Bogotá, en tres puntos de vacunación nos explicaron que no están autorizados por la Secretaría de Salud para vacunar personas identificadas con salvoconducto —aunque sí aceptan el Rumv. Y a un derecho de petición de la clínica jurídica de migrantes de la Universidad de los Andes, la Secretaría respondió que el salvoconducto no es válido.

El Ministerio de Salud, en cambio, le dijo a La Silla que con salvoconducto los migrantes sí pueden vacunarse como regulares, pero con el Rumv no.

En suma, de MinSalud para abajo hay múltiples cortocircuitos en la información de los requerimientos para la vacunación de migrantes, que resultan en barreras para el acceso a la vacuna. Y mientras los migrantes regulares luchan contra estas barreras, los irregulares permanecen a la deriva.

El lío de los irregulares

Yelitza Rodríguez es venezolana y lleva tres años viviendo en Colombia con su hija. Pero no han podido vacunarse porque se les venció el PEP. Para renovarlo, a Yelitza le dieron cita para 2022, y a su hija ni siquiera ha logrado sacarle cita. Entre tanto, ambas quedan en situación de irregularidad.

Hace cinco meses las dos tuvieron covid, y a Yelitza casi la hospitalizan. Después de esa experiencia, le preocupa no tener la protección de la vacuna, pero no conoce opciones para vacunarse siendo migrante irregular. “Me siento vulnerable y me siento mal. No puedo entender la realidad de que todos estén vacunados menos nosotros, cuando habemos muchos (migrantes) aquí”, dice.

Como Yelitza, hay cientos de miles de migrantes irregulares en Colombia que no han podido vacunarse. De 1,7 millones de migrantes venezolanos que había en Colombia a marzo de 2021, 983 mil eran irregulares, según Migración Colombia.

Esta población no solo representa un porcentaje importante de los habitantes de ciudades como Cúcuta y Riohacha, sino que también está más expuesta al virus por la condición de vulnerabilidad que muchas veces está asociada a su estatus migratorio.

“Mira el inicio de la pandemia, todo el mundo confinado y ¿quiénes les llevaban los domicilios a las casas?”, dice Hugo Ramírez, del semillero de migración del Rosario. “Aislarse en el contexto de la migración es como morir de hambre”.

“Esos muchachos que están en la calle limpiando vidrios, los que venden tinto, esa gente está toda muy preocupada porque están en riesgo, no pueden quedarse en la casa porque cómo sobreviven, es una situación compleja”, coincide Alba Pereira, de Entre dos tierras. Agrega que entre los migrantes irregulares hay muchos adultos mayores, que tienen un riesgo mayor de morir si se enferman.

A esto se suma que ahora a algunos les están exigiendo la vacuna en el trabajo, según explica Lourxima Alberti, de la Asociación de Migrantes Venezolanos.

A principios de año el presidente Duque anunció que buscaría recursos de cooperación internacional para vacunar a los migrantes, en un esfuerzo separado del Plan Nacional de Vacunación. El minSalud, Fernando Ruiz, lo repitió en julio durante una visita a Washington. Pero nada se ha concretado.

Hoy hay una nueva luz al final del túnel, pero para muchos todavía es tenue. En agosto de este año, MinSalud reconoció la necesidad de vacunar también a esta población para alcanzar la famosa inmunidad de rebaño. Entonces, definió que cada municipio debía realizar un censo de sus migrantes irregulares y reportar la información en la plataforma PISIS; esta base de datos se integrará a Mi Vacuna, y cuando aparezcan en Mi Vacuna podrán inmunizarse.

El primer reporte de este censo se hizo el 30 de septiembre, y los entes territoriales pueden actualizar esta información cada 15 días. En este momento MinSalud está consolidando la información de ese primer cargue para cotejarla con la base de datos de Migración Colombia antes de que los registros puedan aparecer en Mi Vacuna.

El uso de Mi Vacuna como requisito para la vacunación resulta controversial, pues es una plataforma que desde el inicio de la vacunación en el país dio problemas. Aunque originalmente todos los colombianos debían estar priorizados en esta plataforma para vacunarse, el requisito se fue eliminando por las continuas fallas. Primero, se eliminó para los priorizados por edad, luego para comorbilidades, y finalmente se optó por no exigírselo a nadie. Ahora, si aparecen dificultades similares, los migrantes irregulares podrían toparse con una nueva barrera.

Pero hay un problema más inmediato: censar población irregular no es tarea fácil. Por lo general, son personas que suelen ser reticentes a dar sus datos, y que no son tan fáciles de ubicar. Y queda en manos de cada entidad territorial y qué tan diligente sea.

Por ejemplo, en Sucre ha habido muy buena articulación con la Gobernación y la Secretaría de Salud para llevar a cabo el censo con todos los migrantes, según la Asociación de Venezolanos en Sincelejo, y pronto esperan conocer cuándo comenzará su vacunación. En Pereira ya se hizo el censo y están a la espera de que lleguen vacunas, según la Asociación de Migrantes Venezolanos. Incluso, en algunos municipios como Riohacha, ya se han hecho jornadas para vacunar migrantes irregulares. En varios lugares se han enfocado en mujeres gestantes.

Pero el censo en algunos lugares va más quedado. La fundación Entre dos tierras, en Bucaramanga, apenas esta semana recibió las planillas para apoyar el censo. Natalia Da Silva, que vive en esa ciudad, lleva semanas intentando que vacunen a su mamá, quien tiene 83 años, es hipertensa y es migrante irregular. No conocía sobre la iniciativa de MinSalud para vacunar migrantes irregulares, ni había oído sobre el censo.

En Medellín, Arles Pereda, presidente de la corporación Colonia de Venezolanos en Colombia, dijo no conocer nada sobre un censo que se esté llevando a cabo. La coordinadora de esta corporación en Cali, Yanira González, dijo que tampoco allá han recibido información al respecto. Laura Dib, directora de la clínica jurídica para migrantes de Los Andes, dice que no ha tenido noticias de que ninguno de los usuarios de la clínica, en Bogotá, haya sido censado. Hugo Ramírez, quien trabaja principalmente con migrantes irregulares en la frontera, tampoco conoce ninguno que se haya inscrito en un censo.

Muchos migrantes se han resignado a que no podrán vacunarse hasta que termine el proceso del estatuto y estén regularizados con el Permiso por Protección Temporal, lo que para varios puede tomar hasta el próximo año. Si funciona el plan de MinSalud, podrían empezar a vacunarse antes. Pero por ahora, ni se han enterado en medio de una escasez, no tanto de vacunas, sino de información. 

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