Duque se va quedando solo en su apuesta por Guaidó

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Duque y Guaidó esta semana en el foro de Davos (Suiza). Foto: Presidencia.

No solo Maduro no se ha caído, sino que los elementos de la estrategia están desdibujados.

Esta semana con la polémica visita de Juan Guaidó  la Tercera Conferencia Ministerial Hemisférica de la Lucha Contra el Terrorismo, se cumplió un año de su presidencia interina de Venezuela, alrededor de la cual ha girado la política exterior de Colombia frente al vecino país. Por lo pronto no ha funcionado como lo calculó el presidente Iván Duque, que se va quedando solo en su apuesta por Guaidó.

”Lo que hemos hecho no ha funcionado”

Claudia Blum

El Grupo de Lima tiene menos países, y no todos siguen tan cerca de Guaidó; menos sectores de la oposición venezolana sienten que el presidente interino los representa; la Casa Blanca comienza a considerar opciones de transición menos duras frente a Maduro; e incluso la nueva canciller de Duque, Claudia Blum, cree que “lo que hemos hecho no ha funcionado”, según quedó registrado en la grabación ilegal de su primera conversación con el entonces embajador en Washington recién la nombraron.

Sin embargo, un año después de la posesión de Guaidó como presidente interino, la política del gobierno Duque frente a Venezuela se mantiene intacta.
 

Los huevos en una canasta

La apuesta de Duque hace un año era liderar un movimiento para que la comunidad internacional rompiera relaciones con la Venezuela de Nicolás Maduro y, a la vez, apoyar la oposición que busca cambiar el régimen. 

Todo aprovechando una crisis de legitimidad sin precedentes en Venezuela, donde por primera vez en 20 años de chavismo, una institución democrática, la Asamblea Nacional, decretó que Maduro estaba desacatando la Constitución y que por eso su presidente, Juan Guaidó, debía asumir los poderes presidenciales.

Fue en esa coyuntura que Duque impulsó las sanciones en el Grupo de Lima; armó el concierto en la frontera y el envío de ayuda humanitaria; y logró que la atención en los dos países, e incluso más allá, se centrara en la situación y en las deserciones de militares venezolanos. Estas deserciones debilitarían uno de los ejes del poder de Maduro para que Guaidó llegara a Caracas como nuevo presidente.

La estrategia fracasó, como dijo en la grabación la nueva Canciller, y no solo porque Maduro sigue mandando, sino porque los componentes de la política de Duque frente a Venezuela se han debilitado.

Uno es el Grupo de Lima, un bloque de 14 Estados de América, sin Estados Unidos, que se creó en 2017 para buscar salidas a la crisis venezolana. 

El Grupo es hoy más pequeño y México, que era clave, ya le cerró la puerta. En todo caso, la estrategia que lideró Colombia para arrinconar a Maduro nunca cuajó del todo. 

En la declaración en que dejaban de reconocer a Maduro como presidente, Colombia incluyó un rechazo a un problema limítrofe de Venezuela con Guyana. Maduro protestó y todos los países, incluida Colombia, se echaron para atrás con lo que la declaración más importante del Grupo perdió fuerza.

En la siguiente declaración, en febrero de 2019, el gobierno de Colombia intentó meter la opción de una intervención militar dentro del abanico de posibilidades y perdió.  Eso le quitó capacidad de presión al Grupo, y más cuando se reiteró en sus declaraciones siguientes, como la de septiembre o la de noviembre pasados.

Como le dijo la canciller Blum a Pacho Santos, “eso está muy debilitado”.

”(Guaidó) está muy debilitado”

Claudia Blum

También lo está la unidad de la oposición dentro de Venezuela alrededor de Guaidó, que era la otra pata de la política de Duque frente a Maduro.

Como explicó Ronal Rodríguez, miembros del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, en una entrada reciente en La Silla Llena, la oposición está rota en por lo menos cuatro vertientes, y Guaidó solo representa a una de ellas. 

Las otras son la más extrema de María Corina Machado, la colaboracionista de Luis Eduardo Parra (el diputado que los chavistas y algunos opositores eligieron como presidente de la Asamblea gracias a que votaron sin tener el quórum necesario), y la que busca el diálogo de la “mesita de la negociación” de partidos pequeños.

Esa dispersión hace que la alianza de Duque con Guaidó represente un acuerdo con apenas parte de los antichavistas.

Encima, como Colombia cerró todos los consulados en Venezuela (el único país del Grupo de Lima que lo ha hecho) tiene pocos canales propios de información de lo que ocurre allá, y al hablar solo con una vertiente de la oposición, la visión del Gobierno sobre lo que pasa en Venezuela puede terminar sesgada.

Por último, la estrategia de Duque hace agua porque Estados Unidos, su principal aliado exterior de Colombia y elemento clave frente a Venezuela, se está abriendo a otra forma de lidiar con Maduro.

A través de los gringos

Mientras la posición de Duque frente a Venezuela es una posición de principios por los abusos del régimen de Maduro e ideológica por lo que representa el chavismo para el pulso entre la izquierda y la derecha, para Donald Trump el tema tiene importancia solo por lo que representa electoralmente para su reelección.

 

Según dos fuentes que conocen bien el Departamento de Estado gringo, la visión allá recoge la de los cubanos de Florida y la de los exiliados venezolanos, que ya forman una comunidad importante. Son un electorado clave en un estado determinante para que Trump se reelija en noviembre.

La tesis que manejaba hace un año la Casa Blanca era la de la ‘Troika de la tiranía’ de las dictaduras de izquierda de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Pensaban que si caía Maduro, también caerían los otros dos regímenes pues Venezuela los sostiene con el petróleo que les envía. Y que con eso, tenían asegurado el voto de Florida con lo que aseguraban su reelección.

El dueño de esta doctrina es Mauricio Claver-Carone, un cubanoamericano de línea dura, que ha hecho lobby para evitar que Estados Unidos desmonte o debilite el embargo frente a Cuba, y en general aboga por la política dura hacia el país del que se tuvo que exiliar su mamá.

Claver-Carone es cercano a Marco Rubio, senador republicano de Florida, y es desde mediados de 2018 el principal asesor de Trump para América Latina, y quien ha sido clave en las sanciones a Venezuela.

En la grabación, Pacho Santos confirma que es su interlocutor. “Con él es con el que trabajamos todo“, le dice a la Canciller.

El otro que tiene gran peso en el tema es Elliot Abrams, un neoconservador (o ‘halcón’) que fue condenado por haberle ocultado información al Congreso gringo en el escándalo Irán-Contra cuando era director del Departamento de Estado para Asuntos Interamericanos (Assistant Secretary of State). 

Desde 2019 es el enviado especial de Trump para Venezuela, cargo en el que ha impulsado las sanciones contra Venezuela, y especialmente contra la cúpula del régimen chavista; y ha anunciado una y otra vez, que vienen más sanciones como hizo hace dos semanas.

A fines de noviembre de 2019, dijo que la estrategia de presión contra Maduro, que encabeza Duque, va bien. 

”Con él (Mauricio Claver-Carone) es que trabajamos todo”

Pacho Santos

A pesar de que esa postura dura encaja con la de Duque, hace dos semanas Pompeo sacó un comunicado en el que afirma que se necesita una “transición negociada” en Venezuela. No puso ninguna condición.  Lo que significa que Estados Unidos reconoce que la estrategia de cerco diplomático a Maduro, encabezada por Duque, ha fracasado y que ahora creen que la salida del dictador venezolano será negociada. “Es una posición más abierta y pragmática que la de Duque”, dice una persona que conoce el tema de cerca.

Si Estados Unidos empieza a concretar ese desescalamiento, Duque se quedaría realmente solo en su alianza con Guaidó. Con el agravante, de que la política actual tiene unas consecuencias muy duras para los colombianos.

Las consecuencias

Primero, porque la política del cerco diplomático ha hecho más difícil una eventual negociación de paz con el ELN, frente a la cual hay ruido de que este gobierno estaría explorando. No hay solución posible con esta guerrilla que no pase por Maduro.

Segundo, porque según dos personas que conocen bien el tema, el surgimiento de la disidencia de Iván Márquez está relacionada con la arremetida del ex canciller y ahora ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo contra Maduro en el escenario internacional. La defección de este líder guerrillero hace 5 meses por ahora no ha sido más que un golpe simbólico al Acuerdo de Paz pero si se concreta una alianza de él con otras disidencias o con el ELN significaría una amenaza de seguridad.

Tercero, porque es más difícil darle un manejo político a la migración masiva de venezolanos, que representa un desafío gigante de política pública para Colombia.

Y cuarto, porque el problema de seguridad en la frontera con Arauca, como lo demostró el reciente informe de Human Rights Watch antes de ayer, o el de contrabando en la Guajira y Norte de Santander tiende a empeorar y no hay forma de lidiar con él sin la colaboración de Venezuela.

Varios analistas ven el problema con Venezuela como la principal amenaza que tiene hoy Colombia y a pesar de que la política de Duque ya hizo agua al Presidente no le quedará fácil reconocerlo, hacer un viraje y darle la razón a su nueva Canciller que dijo “lo que hemos hecho no ha funcionado(...) necesitamos una solución inteligente y nueva”.

No le quedará fácil porque aunque Álvaro Uribe fue mucho más pragmático en el 2007 cuando tenía cazada su pelea con Hugo Chávez, para el grueso del uribismo la retórica dura contra Maduro es una posición no solo de principios sino también muy rentable electoralmente.

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