El cambio a los ascensos de policías y militares que quiere Petro

El cambio a los ascensos de policías y militares que quiere Petro
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Gustavo Petro almorzando con soldados del Ejército y el comandante general de las Fuerzas Militares. Foto: Presidencia.

“Hay un mundo social diferenciado”, dijo el presidente Gustavo Petro, hace un par de semanas, en la Escuela General Santander, donde se forman todos los altos mandos de la Policía. Habló de dos mundos: el de los patrulleros, la base; y el de los oficiales, la cúpula. “Los dos mundos deben unirse. Es decir, que cualquier patrullero pueda ser general de la República simplemente por mérito y no porque tuvo un dinero para hacer el curso”. El presidente repitió el mismo planteamiento al día siguiente ante las Fuerzas Militares.

El cambio en el sistema de ascensos, al que se ha referido Petro en sus dos discursos frente a la Fuerza Pública y del que los colombianos seguiremos oyendo, implica una reforma drástica en la carrera de los militares y policías del país. En pocas palabras, busca que todos los uniformados —sin importar su nivel socioeconómico o nivel educativo— empiecen su carrera militar desde la base de la pirámide y escalen por méritos, eliminando las barreras económicas que existen para tener un alto rango en la Fuerza Pública. 

¿De qué se trata? La idea que propone Petro es que todo soldado y patrullero pueda volverse general de la República, el rango más alto en la jerarquía. Y que todo general haya pasado por ser soldado o patrullero, el rango más bajo. 

¿Qué es lo que cambia? Hay varios casos, como el del mismo general retirado Eduardo Zapateiro, quien empezó su carrera militar como soldado regular y luego hizo curso como oficial y terminó de general, como comandante del Ejército, durante el gobierno del expresidente Iván Duque. Otro caso, el coronel José Daniel Gualdrón, recientemente asignado a la Policía Metropolitana de Cali, empezó su carrera como agente de la Policía y en diciembre ascenderá a brigadier general.

Estas son excepciones y no la regla. Esto se debe al diseño piramidal de la carrera militar y policial, que está estratificado.

En las Fuerzas Militares hay tres niveles de carrera.

La base de la carrera está conformada por soldados, que en su mayoría son soldados profesionales que firman un contrato de 20 años de servicio, aunque cerca del 30 por ciento vienen del servicio militar obligatorio.

La línea intermedia es la de los suboficiales, que hacen dos años de curso y son la carrera técnica de los militares. Empiezan como cabos terceros y después de 20 a 25 años de carrera pueden ascender hasta sargentos mayores.

Por último, viene la carrera de oficial. Dura cuatro años de formación y es de nivel profesional (pregrado), y por la que pasan quienes mandan en la institución, que empiezan como subtenientes hasta llegar a generales full, después de por lo menos 35 años en la institución.

En la Policía es un poco diferente, porque solo hay dos niveles. En la base está el nivel Ejecutivo, integrado por los patrulleros de a pie, los cuales pueden ascender hasta comisarios después de por lo menos 30 años de carrera; es el nivel técnico y operativo de la Policía. Y está, al igual que en las Fuerzas Militares, la carrera de oficial, que cumple las mismas funciones de mando y tienen los mismos rangos.

Estos niveles de carrera en las Fuerza Pública no son determinantes para el resto de la vida. El que empieza como soldado y quiere ser oficial y cumple los requisitos para ingresar a la escuela de oficiales (como la edad y el test de aptitudes) puede convertirse después de cuatro años en subteniente. Lo mismo puede hacer un suboficial.

Entonces, ¿qué determina que un jóven de 18 años decida entrar en una de estas líneas de carrera y no en la otra? La plata. 

Las barreras económicas: Para entrar a la Escuela de Cadetes José María Córdoba en Bogotá, donde se forman los oficiales del Ejército colombiano, hay que pagar 19 millones de pesos , entre la  matrícula y el costo del equipo básico de intendencia. Luego, 5 millones cada semestre.

Para entrar a la Escuela de Suboficiales en Tolemaida, hay que pagar de matrícula inicial y equipo básico alrededor de 10 millones, luego un millón de matrícula cada semestre.

En cambio, para ser soldado no hay que pagar. Entonces, la barrera para ascender entre una carrera y otra es, sobre todo, económica.

También existen concursos extraordinarios para que los mejores soldados puedan ascender a suboficiales y para que los mejores suboficiales puedan ascender a oficiales. En este caso, los premiados quedan becados y no pagan. Pero, como su nombre lo indica, son casos “extraordinarios”. Por ejemplo, en el último año no se hizo ningún concurso para oficiales en el Ejército.

“Es muy estricta la separación de las carreras. Eso ha cambiado un poco, no es tan estricto como pudo serlo en el siglo pasado, hay más fluidez —dice Armando Borrero, quien fue profesor de oficiales en la Escuela Superior de Guerra y fue consejero para la seguridad nacional— Pero no se ha llegado a un nivel de democratización en el régimen interno, como en otros ejércitos del mundo como el de Estados Unidos”.

Esa democratización es lo que quiere Petro. Y eso pasa por eliminar las barreras económicas: “Si quitamos los costos económicos, que son barreras de entrada, si quitamos los costos de entrada que pueden llegar a ser 20 millones de pesos, pues el hijo de un campesino se puede volver general. Y eso se llama Paz”, dijo Petro.

¿Qué implica el cambio que propone?

Un esfuerzo presupuestal: Así lo reconoce el jefe del Estado Mayor Conjunto, el vicealmirante José Joaquín Amézquita: “Nos parece supremamente importante la gratuidad de la educación militar. Y eso no es otra cosa que tener los recursos”.

En base al primer semestre de 2022 de la Escuela de Cadetes José María Córdoba, financiar tan solo el primer semestre de los 276 estudiantes que pasaron y aspiran a convertirse en oficiales costaría 5.244 millones de pesos. En el primer semestre de este año ascendieron 193 estudiantes como subtenientes, cuya carrera completa cuesta en promedio unos 50 millones de pesos, lo que quiere decir que subsidiar toda la educación de ese curso de oficiales hubiera valido unos 9.650 millones de pesos. Son costos que el Gobierno tendría que sumarle una de las carteras con más recursos: 29 billones de presupuesto este año.

En la escuela de suboficiales el costo de subsidiar la educación también es alto. En el primer semestre de este año hubo 677 incorporados, que pagan cerca de 10 millones para entrar. Si el Gobierno subsidiara solo ese primer semestre costaría unos 6.770 millones de pesos.

Un cambio de cultura interna: Uno de los principales criterios dentro de la Fuerzas Militares para ascender es la antigüedad. Como las fuerzas militares tienen una estructura piramidal, en que entran muchos y van filtrándose a medida que llegan a la cúpula, los años de carrera y su experiencia en el mando son el factor determinante. Del discurso de Petro se entiende que esto no necesariamente será así, ya que todos empezarían desde soldados y ascenderían por méritos. Eso, entonces, quebraría uno de los pilares organizacionales de la Fuerza Pública y sobre los que está hoy sustentada la cadena de mando.

“Culturalmente no estamos acostumbrados a que si yo entré primero y el otro que entró después, que puede tener más capacidades, pueda ir seleccionando para ir arriba. Pero necesariamente tendría que ser así, porque no habría capacidad para que todos vayan a ser de los mandos superiores”, dice uno de los generales de la Policía que acaba de salir en medio de la purga que hizo Petro en esta institución.

Unas fuerzas completamente populares: hoy en día, los soldados son mayoritariamente de estratos uno, dos y tres, y los oficiales, de estratos tres y cuatro. Pero en todas las generaciones, hay unos pocos descendientes de familias militares de clase alta como lo era el general retirado Alberto Mejía, comandante del Ejército de Santos, o los Matamoros, que comandaron el Ejército durante la era de Uribe. Estos casos serán cada vez más excepcionales pues para un joven privilegiado —por más vocación que tenga— tardará una década antes de ganarse sus primeros cinco millones.

Las ventajas

Democratización de las Fuerzas: Las Fuerzas Militares y la Policía han sido siempre un vehículo de movilidad social, pero con los cambios que propone Petro se eliminarían aún más barreras. Y en ese sentido serían unas fuerzas más democráticas.

“Esperamos que realmente se genere un tipo de cambio, es la expectativa no solo mía, sino de unos 120 mil policías. Sin desconocer que es una institución jerarquizada, pero sí exigimos que haya más igualdad”, dice un intendente de la Policía, que lleva 21 años de carrera y que pidió omitir su nombre para hablar de las expectativas que ha generado Petro en la base.

Mayor legitimidad del mando: Además, cuando el camino para ascender es el mérito —el mismo para todos— y no solamente la antigüedad los generales tendrán mucha más legitimidad hacia adentro y hacia afuera. Y en general, habrá un incentivo poderoso para ser todos mejores. Esto, suponiendo que los criterios de ‘mérito’ sean objetivos y bien aplicados.

Los riesgos

Generar falsas expectativas: Un ejemplo de las complejidades de ese cambio son los descontentos en el nivel ejecutivo de la Policía, que fue reformado en los noventas para eliminar los rangos militares en la base de esta institución. En esta se planteó que los patrulleros pudieran ascender por su antigüedad hasta llegar al máximo rango que es el de comisario. Pero, por asuntos de planta y por presupuesto, estos ascensos –que implican cada vez un aumento de salario– se empezaron a acumular hasta que tuvieron que hacer concursos para filtrar quiénes podían subir de rango. Esto ha generado descontento en este nivel, porque quienes no ascendían, veían incluso a personas menos antiguas ascender. También frustraciones en quienes se estancaron en un rango por 15 años.

Una crisis en la base: Un riesgo que se abre es que la base de soldados se reduzca y que se engrosen los mandos medios. La razón sería la posibilidad de que los soldados, al no ascender, se desmotivan y salgan de las filas, dejando un hueco en la experiencia de los rasos. Este problema de la base podría volverse más crítico si se tiene en cuenta que el Gobierno Petro ha planteado desmontar gradualmente el servicio militar obligatorio, que actualmente equivale al 30 por ciento de los uniformados.

Desmoralizar más al mando: para la cúpula militar y policial el reciente descabezamiento de las fuerzas que hizo Petro al nombrar a la nueva comandancia ha significado un golpe a la moral porque, por ejemplo en la Policía, se borraron dos generaciones completas de generales. La política de Paz Total también ha generado cierta zozobra así como la decisión de Petro de acabar el servicio militar obligatorio y los indicadores de éxito. Este cambio en la política de ascensos será un nuevo golpe para para oficialidad, y uno muy personal que está ligado a su cultura y a sus propias expectativas de carrera.

Provocar una división al interior de las Fuerzas: como quedó claro el día del anuncio, esta propuesta tuvo más aplausos entre los soldados y patrulleros que entre los oficiales. Con ella, Petro se granjea un apoyo de la base de unas Fuerzas Militares y la Policía que confían en él. El riesgo es que ahonde en la desconfianza y el malestar entre los niveles de carrera que existen actualmente.

El intendente que lleva 21 años en la Policía, que pidió no ser citado para poder dar su testimonio libremente, dice: “Siempre se ha sentido que hay una desigualdad muy grande entre la carrera de oficial y la carrera del nivel ejecutivo. Con los compañeros de uno, se abre el debate y sobre la mesa siempre se ponen esos temas de esa desigualdad”

Por su parte, el general retirado Guillermo León, excomandante de la Fuerza Aérea Colombiana, dice: “Petro lo está llevando al tema de clases y eso es lamentable, lo ha vuelto un discurso ideológico. ¿Quién no quiere ser general? Todos los soldados quieren ser generales, pero hay que entender que este es un tema de formación y de aptitudes”. 

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