El Centro Democrático está firme con Duque, pero bravo y encartado

El Centro Democrático está firme con Duque, pero bravo y encartado

Durante ya ocho días de paros, y mientras el Gobierno de Iván Duque maniobra para retomar el control del país, el Centro Democrático activó un plan de contingencia para evitar que la crisis los arrastre.

“La torpeza del Presidente Iván Duque, porque hay que decirlo así, fue una torpeza en mayúscula, nos puso a maniobrar en un momento coyuntural. Todo el plan trazado para 2022 entró al congelador”, dijo a La Silla una alta fuente del Centro Democrático que pidió no ser citado para darnos su punto de vista sobre el gobierno Duque y evitarse problemas internos

Además de poner en crisis su matrimonio con su padrino político Álvaro Uribe, el descalabro de la fallida reforma tributaria que reactivó la movilización ciudadana en el país resquebrajó aún más las relaciones con buena parte de la bancada de su partido.


“‘¡Uribe lo advirtió! Dijo claramente que de dar ese paso la oposición cogería la tributaria como caballito de batalla. Se lo dijo a Duque y no solo él, sino varios, pero la soberbia no lo dejó escuchar”, dijo a La Silla un directivo que también pidió reserva para evitar ahondar las fisuras.


Aunque estos días han circulado versiones relacionadas con que Uribe estaría pensando en retirarle el apoyo a Duque e incluso de que estaría preparándose para el peor escenario: una eventual salida del Presidente, ninguna de las fuentes de adentro nos lo confirmó. En su lugar, nos detallaron, que aún contra la molestia de varios congresistas y por encima del descontento de Uribe con esa movida de Duque, el plan es rodearlo para que la crisis del Gobierno no termine arrastrando a todo el partido.


Esta unión obligada resalta que la narrativa que corrió dentro del partido al inicio del mandato de Duque, de que una cosa era el Centro Democrático y otra el Gobierno Duque, era una quimera. “En estos momentos la preocupación es aplacar la crisis de una decisión inconsulta, cuyas consecuencias aún no podemos prever para las elecciones”, nos dijo un congresista que pidió no ser citado para hablar con franqueza.


Todas las fuentes con las que hablamos coincidieron en que la prioridad ahora es atajar la crisis que tiene al país en medio de las movilizaciones y ya hay unas líneas base de cómo seguir adelante.


Pero en medio de la crisis política más honda en el Gobierno, Duque se ve forzado a un delicado balance si no quiere seguir afectando a su partido en medio de la conversación amplia para maniobrar con las manifestaciones que lo volvieron a poner en jaque.

El plan para parar el paro


La lógica de rodear a Duque está basada en que sería más costoso dejarlo solo en estos momentos, que ayudarle a resolver el problema.

 

La expectativa está en parte en que para que la campaña formal inicie aún falta tiempo (tienen el espejo de 2018 cuando Duque empezó a marcar bien solo hasta marzo después de la consulta) y que hay esperanza en que el segundo tramo del año aumente significativamente la vacunación, haya reactivación económica y el optimismo vuelva a crecer.


Que eso se concrete e incluso que sirva para que lo que está sucediendo no le pase una factura muy alta al partido es muy incierto aún, pero por lo que hablamos con siete congresistas del partido y a juzgar por las movidas públicas tanto de la bancada como de Uribe, el plan para contener el efecto está en catalizar movidas que ya había delineado el expresidente en su "ojo al 2022".


El lío es que en medio de esta coyuntura, los resultados de ese plan son menos previsibles y ejecutarlos suponen varios cambios o concesiones.


Las dos primeras movidas son salvar a toda costa los subsidios a los más vulnerables en la pandemia y buscar aliados a través de una gran conversación para llegar a consensos.


Lo de tender puentes con otros sectores era lo que venía haciendo Uribe con miras a llegar a acuerdos para buscar una consulta de centroderecha que le compitiera a la izquierda y al centro en 2022.


En todo caso, ahora supone un reto diferente.


La unión tiene que ser amplia, y los tradicionales, que son los que pueden estar en la baraja de potenciales aliados (Cambio Radical, La U, Conservadores), están lavándose la cara y en estos momentos tienen un margen de negociación muy alto por el descrédito del gobierno.


Lo de defender subsidios a los más vulnerables, es, como contamos, uno de los puntos clave que presentó Uribe en una rueda de prensa una vez recuperó su libertad en medio del proceso en su contra por presunta manipulación de testigos.


Sin embargo, al defender esa bandera en conjunto con otras fuerzas, el uribismo perdió la oportunidad de cobrarla como un logro propio y de su gobierno.


Este fin de semana Uribe dio la directriz de que ambas movidas se convirtieran en el plan de acción prioritario del Centro Democrático y le pidió lo mismo al gobierno Duque.


Tres congresistas uribistas nos contaron que en la reunión de la bancada de este fin de semana Uribe estaba “preocupadísimo” por todas las movilizaciones y que se dedicó a martillar esas dos ideas.


Por otro lado, La Silla confirmó que de eso mismo habló el lunes en una reunión en Palacio a la que asistió (en videoconferencia) junto con la directora del Partido, Nubia Stella Martínez, el senador Gabriel Velasco y el representante Edwin Ballesteros.


Que Duque empezó a obedecer quedó claro en la estrategia que emprendió para rectificar la crisis que generó con la reforma tributaria y que concretó con la nueva la conversación nacional que arrancó.


Hoy el Centro Democrático enfatizó su estrategia con un comunicado en el que pidió conversaciones regionales, y que luego replicó Uribe con un video en su Twitter.

Conversar sí, pero no dejar de pelear por el paro


Sobre la protesta, tanto en público como en privado Uribe ha dicho que cree que la organización de los que generan los disturbios está “predeterminada” a través de la “revolución molecular disipada” (concepto creado por un neonazi) y hace parte del plan de la izquierda para 2022.


Esa visión se ancla a otro de los puntos que ya había trazado como eje de la campaña del Centro Democrático para 2022: el miedo al socialismo.


Más allá de la controvertida defensa que ha hecho en torno al derecho de los policías a usar armas contra manifestantes, o de su oposición y la del partido a la declaración de la ONU y de la Unión Europea sobre el abuso de la fuerza pública; el expresidente ha hecho varios trinos enmarcando los disturbios en la protesta en la narrativa del riesgo al socialismo.

 


También retrinó este programa en el que nombran a Gustavo Petro como el beneficiario del caos.

 

 

Mantener la discusión política en esa dialéctica le funciona al Centro Democrático con miras a 2022 porque mantiene la polarización que en 2018 le dio la victoria al uribismo. Pero también le genera problemas al Gobierno, especialmente cuando busca abrir una conversación con sectores de oposición, que con esta movida de Duque tienen su propio espacio para mostrarse.

De entrada la oposición choca directamente con la posición de Duque que ha defendido el accionar de la Policía y el Esmad, así como del uribismo, que ha sido la de permitirle a la fuerza pública el uso de armas contra manifestantes, lo que, por ejemplo, causó que Twitter le borrara un trino al expresidente.


“El reto del uribismo es mantener bases suficientes para pasar a segunda vuelta y esperar que el miedo a Petro los ayude a ganar la segunda vuelta”, dijo a La Silla el analista Camilo Granada.


Por ahora, le ayuda al uribismo que el centro no tiene un candidato único y en las encuestas, aunque están marcando varios -Fajardo de segundo en todas-, ninguno está muy cerca de Petro.


“Ellos no necesitan ganar la primera vuelta, necesitan llegar de segundos. El enemigo a vencer en estos momentos no es Petro, es el que está de segundo. Están damnificados y en estos momentos no tienen candidato, pero el cálculo es que ellos tienen el 15 o 20 por ciento del electorado. Eso es suficiente para llegar a segunda vuelta si la polarización se mantiene”, agregó Granada.


El problema es que no es claro si el cálculo sigue siendo el mismo por toda la crisis de las movilizaciones sumada a los efectos de la pandemia y la impopularidad del Gobierno de Iván Duque.
Según la última Gallup, que se hizo antes de la tributaria y de las posteriores marchas que agudizaron la crisis del país, el 75 por ciento de los encuestados creen que el país va por mal camino.


“El uribismo está desgastado. Se quedó sin una narrativa propia porque Duque ni siquiera pudo sacar adelante el tema de la seguridad, no hay un héroe que hable por ellos y esto está en manos de un Uribe desgastado”, explicó a La Silla el analista Carlos Suárez. “Hay cada vez menos uribismo y eso indudablemente los va a afectar”.
Por eso, mantener las manifestaciones en medio de la narrativa del miedo a un eventual gobierno de Petro los beneficia dentro de su propia base.

El tamaño de la factura, lo que está por verse


De cualquier manera, lo que resulte de las manifestaciones puede dejar más o menos golpeado al uribismo.


De mantenerse como van los problemas de desabastecimiento, el caso del bebé que murió en una ambulancia atorada en un bloqueo, los saqueos y los daños a la infraestructura pública y privada pueden terminar restándole apoyo al paro.


Algo así como lo que pasó en el Catatumbo cuando el paro de 50 días -el que Santos dijo que no existía- terminó perdiendo respaldo popular por los desabastecimientos y la afectación a la economía local.


Con ese escenario está jugando el uribismo.


Una directiva del partido que nos habló bajo reserva nos dijo que están haciendo encuestas internas para medir el descontento por el alargue del paro y los desmanes.


“Hemos tenido resultados de hasta 62 por ciento de descontento. Claro que hay un descontento y una rabia, eso no lo podemos desconocer. Sabemos de las necesidades, pero estas movilizaciones a largo plazo tienen un efecto contraproducente para la economía. Hay una ciudadanía que está callada y eso sentimiento de ellos lo estamos recogiendo en el partido”, aseguró esa fuente.


Ese escenario abrió la puerta para que nombres que están en la baraja de precandidatos se mostraran. Por ejemplo, el senador Carlos Felipe Mejía generó noticia con su propuesta de decretar ‘conmoción interior’. Duque salió a responder que no la estaba contemplando en este momento pero que “no renunciamos a ninguna herramienta que nos dé la Constitución y la ley”.


Además, reapareció Óscar Iván Zuluaga con una carta llamando a la conversación a la creación de un gabinete de “unidad nacional”. Así que al final en medio de la crisis el uribismo está midiéndole el pulso a su propia baraja.

En la nueva conversación de Duque, también se jugará si los acuerdos con los partidos para una tributaria consensuada, repican a largo plazo y generan puentes más sólidos para el 2022.


Ese escenario depende de lo que pase con el gobierno en el segundo semestre del año con la reactivación económica.

“En estos momentos es impensable cualquier unión pública para 2022. Pero de la evolución de lo que está sucediendo depende la respuesta definitiva. Aún es incierto”, nos dijo un directivo del Partido Conservador que nos pidió no ser citado para no generar conflictos con el Gobierno y el Centro Democrático. Un senador de La U y otro de Cambio Radical nos dijeron algo similar.


Eso muestra que aún disminuido, golpeado, con crisis y sin Uribe directamente en la arena electoral, el uribismo sigue siendo una fuerza política con votos en todo el país que es difícil de ignorar para los demás en 2022.


Lo que resulte de la crisis dirá qué tan cara le salió al uribismo la movida inconsulta de Duque.

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