El cese al fuego de las Farc: presiona al gobierno y, a la vez, fortalece el proceso

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La declaración unilateral de cese al fuego de las Farc es una jugada política que deja el balón de la humanización del conflicto en la cancha del presidente Santos, muestra el primer resultado concreto del proceso y podría tener dos motivaciones: la primera, presionar para que se pare o reduzca la ofensiva militar contra la guerrilla. Y la segunda, mejorar el ambiente de la negociación.

Varias fuentes aseguran que todos los cabecillas de las Farc aceptaron el cese al fuego.

Las Farc no tardaron mucho en romper el protocolo de los diálogos de paz en La Habana y esta mañana, cuando apenas estaban llegando al primer día de conversaciones con el gobierno, Iván Márquez habló con la prensa a pesar de que se supone que las partes mantendrían hermetismo sobre las negociaciones. El motivo: anunciar un cese al fuego unilateral a partir de las 12 de la noche de mañana 20 de noviembre hasta las 12 de la noche del próximo 20 de enero. Es una jugada política que deja el balón de la humanización del conflicto en la cancha del presidente Santos, muestra el primer resultado concreto del proceso y podría tener dos motivaciones: la primera, presionar para que se pare o reduzca la ofensiva militar contra la guerrilla. Y la segunda, mejorar el ambiente de la negociación.

El cese al fuego unilateral empezó a ser discutido por los miembros de las Farc con sus cabecillas de bloques, que se encuentran en las selvas, hace dos semanas.

También por esos días, Carlos Lozano, dirigente del Partido Comunista y líder de la Marcha Patriótica, había viajado a La Habana expresamente para pedirles una tregua navideña a nombre del colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz, así que seguramente satisfacer esta petición de la sociedad civil fue otra de sus motivaciones. La solicitud también se ha oído en voz de otras organizaciones sociales, a quienes la guerrilla les hace un guiño con esta decisión. De esta manera, las Farc muestran de nuevo su interés de apostarle más a lo político que a lo militar, algo que se refleja desde los discursos hasta su indumentaria en La Habana y que contrasta con la estrategia del Caguán que viró sobre una demostración constante de su poderío militar.

Fiel a su anuncio de total hermetismo, es muy poco lo que ha hablado la delegación del Gobierno que está en La Habana.
Iván Márquez, esta mañana, a su llegada al Centro de Convenciones de La Habana.

Pero teniendo en cuenta los problemas de comunicación que existen entre algunos comandantes de esa guerrilla cabe preguntarse si la tregua navideña será acatada por todos los miembros de las Farc o si, como pasó con el anuncio del fin del secuestro, algunos bloques se negarán a la orden.

La Silla lo consultó con tres fuentes que conocen la guerrilla, de todas las orillas, y la conclusión es que sí hay altas probabilidades de que el cese al fuego unilateral sea una realidad, aunque será difícil de comprobar si la Fuerza Pública mantiene su ofensiva, situación que no cambiará como lo ha advertido el propio presidente Santos. 

Una alta fuente de la Policía le dijo a La Silla que -según las últimas comunicaciones entre los guerrilleros- todos los cabecillas dijeron que sí a la idea de un cese al fuego unilateral, incluyendo a Joaquín Gómez, comandante del Bloque Sur y uno de los más reacios a la dejación de las armas debido a sus relaciones con el narcotráfico.

Los narcotraficantes del sur del país estarían preocupados por la posibilidad de que sus socios guerrilleros terminen contando la verdad de quiénes son y cómo operan, según le dijo a La Silla una fuente que conoce la región, y los estarían presionando para que no se monten al proceso.

Agrega la fuente uniformada que, de todas maneras, ahora que ya se hizo público el anuncio, hay que esperar a ver qué opinan los mandos medios de los bloques que, en el caso del fin del secuestro, se negaron a cumplir la orden y optaron por no reportarles a sus jefes los plagios cometidos.

Sin embargo, ocultar un secuestro es más fácil que ocultar una acción militar así que es posible que terminen haciendo caso a la cúpula. Y, por eso, la orden de cesar el fuego es también una medida para cohesionar las filas guerrilleras y definir quiénes están con sus jefes en el proceso y quiénes no.

Dos estudiosos del accionar de las Farc coinciden en que los jefes máximos de la guerrilla que se sentaron en la mesa piensan sinceramente que, una vez instalados los diálogos, el siguiente paso debe ser el cese al fuego. Esta medida, de paso, les sirve para mostrar que sí tienen unidad de mando y que jefes señalados de ser guerreristas, como Iván Márquez, no serán un estorbo para una eventual dejación de las armas. 

En todo caso, cualquiera que sea su motivación, el resultado práctico de esta decisión es que habrá menos colombianos muertos y menos sufrimiento de la sociedad civil. Solo en el atentado de Pradera, en el Valle, hace dos semanas, hubo dos personas muertas y 35 heridos.

Sin embargo, también deja al gobierno de Santos en una situación incómoda.

El dilema del Gobierno

Una situación incómoda porque el Presidente ha sido claro en que la Fuerza Pública no cesará sus operaciones contra la subversión y esa posición, enfrentada a la de una guerrilla que ofrece un cese de hostilidades, podría ser vista como indolente ante al sufrimiento de quienes están en medio del conflicto.

A los planes militares del gobierno no les conviene una tregua que traslade exclusivamente a la Fuerza Pública la responsabilidad de los muertos civiles en el terreno, que suele atribuirse al fuego cruzado. Si en los próximos días hay un bombardeo de la Fuerza Militar, por ejemplo, algo que está sucediendo todo el tiempo, y mueren civiles -cosa que desafortunadamente no es inusual- el costo político para las Fuerzas Militares será más alto.

Este cese al fuego también obligaría al gobierno a combatir con mayor fuerza a las Bacrim, que en departamentos como Antioquia y Chocó se disputan el territorio con las Farc por el negocio de la minería ilegal y el narcotráfico. Si las Farc bajan temporalmente sus armas, las bandas criminales podrían quedar más fácilmente como reinas en estas regiones. Y uno de los puntos del Acuerdo Marco con el Gobierno es su compromiso de luchar contra estas organizaciones criminales.

También está el asunto práctico de la verificación. Así las Farc digan que cesarán el fuego podrían no hacerlo y atribuirle a las Fuerzas Militares acciones militares que son suyas. Las recriminaciones de las dos partes podrían ser muy fuertes y minar la confianza cuando apenas están empezando a negociar.

Pero Santos tampoco puede salir a pedirles a las Farc que no hagan un cese al fuego que responde al clamor de paz de muchos y que en todo caso, significaría salvar vidas, así no incluya parar la minería ilegal, el narcotráfico o el reclutamiento de menores, por ejemplo.

Y en todo caso, la tregua navideña también le imprime confianza al proceso, pues evidencia el primer resultado concreto del proceso para los colombianos. Habrá que esperar a ver cómo se desarrollan estos dos meses de tregua que empiezan mañana, cuando la guerrilla, nuevamente, pone a prueba su palabra frente al país que sigue expectante la historia que se escribe en La Habana.

 

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