El Covid obliga a los artistas a reinventarse por fuera de la naranja de Duque

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La pandemia hizo más visible un problema evidente del sector: la mayoría es informal y hay subregistro. Prevén una crisis de dos años.

El aislamiento obligatorio para prevenir el coronavirus está aniquilando el sector cultural de la economía naranja, que el presidente Iván Duque prometió poner en el centro de su bandera política pre-pandemia. Y los artistas sienten que los decretos que ha sacado el Gobierno no les ayuda a revivirla. Es más, los decretos que ha sacado han convencido a muchos de las falencias de su concepción de lo naranja.

Aunque Duque ha ambientado con empresarios y gremios amigos sus medidas antes de anunciarlas públicamente, los decretos de MinCultura no fueron concertados con los involucrados, según nos confirmaron las 15 fuentes consultadas para esta historia.

Por eso, a raíz de la pandemia, ese sector artístico, que aporta 1.8 puntos del PIB, ha enviado más de diez cartas al Ministerio de Cultura pidiendo que les ayuden a congelar los gastos de sus sedes artísticas y de los pagos de su seguridad social y que se reajuste el presupuesto destinado para la economía naranja en el plan anual de estímulos para que puedan usarlos en becas y emprendimientos culturales. La ministra Carmen Vásquez no ha contestado ninguna.

El Ministerio de Cultura ha sacado dos decretos para acelerar la entrega de recursos para el sector. Son medidas viejas, que ajustaron a la pandemia:

  • El primero, ordena a los alcaldes y gobernadores girar antes del 30 de abril la plata que les corresponde por la estampilla Procultura (que existe desde 1997) a los gestores culturales de cada ciudad para su seguridad social; crear programas de incentivos para que los artistas apliquen; y aplazar hasta septiembre, los pagos de impuestos parafiscales de las boleterías que los empresarios de espectáculos vendan este semestre.

  • El segundo, ordena a las alcaldías y gobernaciones entregarle a los gestores culturales “que demuestren su estado de vulnerabilidad” la plata destinada a la cultura que sale del impuesto a la navegación por internet.

Según dijo en este video el viceministro de Creatividad y Economía Naranja, Felipe Buitrago, en eso gastarán 120 mil millones de pesos. De esos, ochenta mil millones irán al pago de seguridad social para los gestores culturales vulnerables, incluidos los de tercera edad, en subsidios de hasta 160 mil pesos.

Así mismo, el 1 de abril, el Ministerio sacó su plan anual de incentivos, que es la principal forma de apoyo a los artistas del país. Por la pandemia lo harán en dos fases -abril y junio- y los incentivos suman 24 mil millones de pesos, 9 mil millones más que el año pasado.

Las quejas

Los artistas tienen tres críticas a los alivios que ha sacado el gobierno, que profundizan las que ya traían en contra de la economía naranja.

 

El primero, es que el Gobierno tiene un subregistro de artistas, y por lo tanto el subsidio de la estampilla no les terminará llegando a todos.

Aunque en desarrollo del decreto, las ciudades comenzaron a correr para sacar planes de incentivos exprés para la creación de contenidos digitales que hagan los artistas, encontraron tantos gestores culturales que se puso en evidencia el subregistro del gobierno.

En Bogotá, por ejemplo, la Alcaldía dijo que tenía identificados a 191 gestores culturales que cumplían con los requisitos del Gobierno para la entrega del subsidio; en el Instituto de Cultura de Bucaramanga nos contaron que los beneficiarios serían 214; en Cali, la cifra sería de casi 300 personas.

Pero las mismas autoridades advierten que hay un subregistro en general para saber a quién llegarle con los subsidios, los incentivos y futuras medidas si la pandemia continúa.

“No es fácil en ningún lado del país enfrentarse a una informalidad tan grande como la cultural. Se filtra muchísima gente que dice ser artista, artesano, gestor cultural y hay una dificultad muy grande”, nos dijo Néstor Rueda, director del Instituto de Cultura de Bucaramanga, que desde el año pasado comenzaron a hacer un censo entre el sector. 

“Carecemos de plataformas tecnológicas y se hace muy complejo tener una base de datos confiable y acertada”, nos dijo José Lenis, secretario de Cultura de Cali.

En Bogotá no nos dieron cifras, pero según Daniel Bejarano, gestor cultural del festival de cine comunitario Ojo al Sancocho, las bases de datos de la ciudad pueden tener unos cinco mil artistas, “pero pueden haber hasta 70 mil”.

Con ese subregistro, ha quedado en evidencia que la pretensión que tenía Duque de formalizar el sector cultural para volverlo más productivo tendrá que comenzar desde identificar quiénes y cuántos son realmente los artistas.

“La economía naranja ha ayudado a invisibilizar la informalidad. Ese enfoque en lo comercial, en lo productivo, abarca algo muy mínimo del sector”, nos dijo Alejandra Sarria, curadora del espacio Odeón en Bogotá.

La segunda crítica a los alivios del gobierno es que la política de los estímulos no es nueva, y de los miles de aplicantes, una muy pequeña proporción es la que termina ganando esas financiaciones. Eso no cambia con la pandemia. La única diferencia es que el Ministerio planteó dos fases y facilitó que la inscripción de proyectos sea virtual.  

Con lo que, aquellos artistas que no clasifican para las becas, pero tampoco pueden exhibir en galerías o hacer sus conciertos, se quedan sin alivios.

Parte del problema es que los decretos del Ministerio no diferencian entre cada uno de los actores culturales, y por eso cada uno pide cosas diferentes.

ACA, el sindicato de actores, pide el congelamiento de pagos de servicios públicos y prestaciones sociales; los cirqueros, duplicar la cobertura y el valor de los subsidios; la mesa del gremio audiovisual pidió redestinar la plata de la economía naranja para garantizar fondos para el sector cultural. Y así un largo etcétera.

“No reconoce todos los actores vinculados. Cada sector en sí mismo es un ecosistema. Hay una falta de mapeo de lo que es el sector y eso es muy preocupante y muy grave”, nos dijo Alejandra Sarria, la curadora de Odeón, quien con otros seis gestores se movieron para mandar la última carta al Gobierno el jueves, firmada por más de 900 artistas plásticos y visuales.

”La economía naranja ha ayudado a invisibilizar la informalidad”

Alejandra Sarria, Espacio Odeón

Ellos, entre otras cosas, proponen que el 35 por ciento de la plata del plan de estímulos que está dirigida a la economía naranja sea usada para que más proyectos del sector cultural puedan aplicar y trabajar.

La tercera queja es que las ayudas van para los más vulnerables o para los grandes empresarios, pero que deja a los que están en la mitad sin nada y sufriendo por la imposibilidad que tendrán para trabajar durante lo que resta del año, y de pronto uno más.  

“El decreto hace parte de la línea de pensamiento de la economía naranja y eso pone al empresario primero”, nos dijo Rodrigo Rodríguez, director de Ditirambo, haciendo eco de una de las principales críticas a la política estrella de Duque.

Como contamos, la mayoría de artistas venían molestos con la política de economía naranja de Duque porque al meter en el mismo costal a las industrias creativas, compuestas por emprendimientos tecnológicos, arquitectura, publicidad y demás, centra su valor en el lucro económico y no en la creación de arte y cultura.

“Si antes había incertidumbre respecto a la idoneidad de juntar empresas de servicios creativos y el arte, definitivamente después de esta crisis es necesario separarlas del todo para la reactivación. Hay que ser más específicos en lo artístico, por la informalidad y los trabajos eventuales”, nos dijo el profesor de la Javeriana Javier Rodríguez, experto en industrias creativas.

Ditirambo, por ejemplo, que es una compañía teatral bogotana que lleva 30 años produciendo obras, cerró en marzo la primera de cuatro temporadas teatrales que tenía para el año y no tiene esperanza de reanudar labores en el 2020. 

Sus costos, sin embargo, se mantienen y los alivios no le sirven para reducir ninguno de ellos. 

”No es fácil enfrentarse a la informalidad cultural”

Néstor Rueda, director Imcb, Bucaramanga

Rodríguez dice que no le toca pagar un impuesto parafiscal porque su boletería es barata y a sus artistas no los cobijan los subsidios de vulnerabilidad. Su mayor costo son los 7 millones del arriendo mensual de una de sus dos sedes. La otra está en comodato.

El grupo de teatro PFU, de Bucaramanga, canceló sus tres giras nacionales y tiene un problema similar.  Odeón, en Bogotá, sigue pagando la sede, los servicios y la seguridad.

Lo curioso es que a los empresarios de espectáculos ni les gusta lo que les dieron ni han podido hablar con el Ministerio. En eso, los tratan igual que a los artistas.

La única comunicación que han tenido los empresarios de espectáculos con MinCultura fue con un asesor jurídico que les explicó hace dos semanas lo del aplazamiento del pago parafiscal.

Pero eso no los deja satisfechos. “Lo que más necesitamos es una exención por dos años de la contribución parafiscal, que es el 10 por ciento de la venta de una boleta de más de 3 UVT (Unidad de Valor Tributario, que este año son unos 100 mil pesos)”, nos dijo Gabriel García, CEO de Páramo, quien en pagos de parafiscales se gasta 2 mil millones de pesos al año. La empresa ya entregó la plata que vendió en boletería a los artistas del Estéreo Picnic, por lo que la cancelación no está aún entre sus planes. Lo reprogramó para diciembre.

”Necesitamos es una exención por dos años”

Gabriel García, CEO Páramo Producciones

“El chiste es que no hay boletería vendida. Ese es mi enojo, que pareciera un poco altruista la medida, pero es que necesitaban sacar algo para decir que están respaldando la cultura”, nos dijo la mánager de eventos Johanna Uribe.

Según cifras de Ocesa, la empresa de conciertos más grande del país, cancelaron casi mil eventos previstos para este año; mientras mánagers de eventos como Johanna Uribe, que tenía planeados conciertos en discotecas y eventos en festivales regionales, tasa en 50 millones de pesos sus pérdidas.

Los recursos para los distritos naranja que era donde Duque pensaba aterrizar su versión cultural de la economía naranja en cinco capitales del país, mediante una alianza público privada se fueron para la pandemia.

Por ahora, y mientras esperan que el Gobierno los oiga, los artistas comienzan a apuntar solos a la reinvención virtual.

La reinvención no viene por el Estado

En Ditirambo, comenzaron a emitir por Youtube y Facebook las obras que ya tenían programadas y su idea es cobrar entradas vía paypal; en Odeón, van a reorientar sus proyectos para generar contenidos virtuales con la plata de becas conseguidas el año pasado; el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga ya comenzó exposiciones virtuales; y los mánagers de músicos les están proponiendo conciertos virtuales en Instagram y Youtube para cobrar regalías.

En Cali, no descartan virtualizar el Petronio Álvarez para no tener que aplazarlo para 2021.

Hasta la Banda Baranoa de Atlántico, una de las que Duque pone como ejemplo exitoso de su naranja, le va a mandar un proyecto al MinCultura para que les ayude a ponerle internet a sus 600 estudiantes, todos niños, para que puedan seguir ensayando.

Hasta que el virus pase, el sector seguirá esperando y viendo cómo se reinventa. Lo que es claro es que no lo harán como parte de la economía naranja.

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