El cuarto pico fue peor para los ancianos por barreras en la vacunación

El cuarto pico fue peor para los ancianos por barreras en la vacunación
vacunacion-adultos-mayores-omicron-020322.jpg

El cuarto pico fue el más letal para los más viejos en Colombia. El 78 por ciento de las muertes fueron en mayores de 70 años, mientras que en el tercer pico de mediados de 2021 representaban el 60 por ciento. En esta misma población, la cobertura de dosis de refuerzo —clave para protegerse contra la variante ómicron— apenas llega al 54 por ciento. Y durante el cuarto pico, varios adultos mayores encontraron barreras para acceder a ella.

La falta de priorización en la vacunación para adultos mayores —que ocurrió desde varios niveles y actores del sistema de salud— dejó a esta población más vulnerable frente al cuarto pico.

La devastación de ómicron en los más viejos

La variante ómicron se volvió ampliamente conocida por ser una variante que produce enfermedad más leve, y el cuarto pico se caracterizó por una enorme ola de casos con relativamente pocas muertes, en comparación con picos anteriores.

Pero esto no sucedió así en todos los grupos de edad. Entre los mayores de 70 años, este pico fue casi tan devastador como el de mediados de 2021. 

“Los más afectados fueron los mayores de 80, la mortalidad en esta población fue mayor a todos los picos anteriores. En números absolutos, las muertes superaron con creces el pico máximo de mortalidad que tuvieron en enero de 2021”, señala Vicente Calvo, ingeniero electrónico que desde el inicio de la pandemia analiza los datos de casos, muertes y vacunación.

Del total de muertes por covid semanales, los adultos mayores nunca habían representado una proporción tan alta como en este cuarto pico. Y aunque las muertes totales vienen a la baja desde hace semanas, esta proporción, por ahora, se mantiene.

La vulnerabilidad de los adultos mayores frente al covid no es nueva: desde el inicio de la pandemia se ha demostrado que esta población tiene más riesgo de hospitalización y muerte por el virus. Según explica el médico geriatra Robinson Cuadros, esto es, en parte, por el envejecimiento del sistema inmune, que va perdiendo la capacidad para responder al virus. También porque entre los ancianos son más comunes otras enfermedades —como diabetes, hipertensión, y cáncer— que se asocian a desenlaces graves del covid.

El envejecimiento del sistema inmune también se asocia a una mayor disminución en el tiempo de la inmunidad producida por las vacunas. Por eso en esta población se vuelve clave no solo el esquema inicial de vacunación, sino también el refuerzo. Aún más cuando se trata de un pico por ómicron, variante frente a la cual se demostró que la efectividad de las vacunas para prevenir la infección disminuye.

“(Los adultos mayores) fueron los primeros que accedieron a la vacunación, han tenido más tiempo desde que se pusieron la vacuna y la protección se ha reducido”, explicó Guido Camargo, investigador del departamento de biología de la Universidad de Notre Dame en Estados Unidos, en una Charla en La Silla para entender el cuarto pico en Colombia. 

Esto lo reconoce también el Ministerio de Salud. “En el caso de los adultos mayores y especialmente entre las personas de 80 años y más, la dosis de refuerzo es indispensable y hace la diferencia entre la probabilidad de complicarse y morir”, dijo Julián Fernández-Niño, director de Epidemiología, el pasado viernes 25 de febrero.

Sin embargo, durante la mayor parte del cuarto pico —incluyendo las semanas con mayor mortalidad— la cobertura de refuerzos en mayores de 70 años no logró cubrir a más de la mitad de esa población.

Las fallas detrás de la baja cobertura

Desde octubre el Ministerio de Salud abrió la posibilidad de que los mayores de 70 años se pusieran un refuerzo de la vacuna. Esa priorización, sin embargo, se dio al mismo tiempo que el Gobierno abría la vacunación a los niños y seguía ampliando las coberturas de primeras y segundas dosis en los grupos más jóvenes. Eso hizo que, en la práctica, el refuerzo de los ancianos entrara en competencia con otras poblaciones.

Luego de octubre, mes a mes, o incluso quincena a quincena, fueron abriendo el acceso a los refuerzos para otras edades, hasta que a finales de diciembre todo mayor de 18 años podía buscarlo.

Los papás de Maria Fernanda Correa viven en Cartago, Valle. Ambos son adultos mayores, y además tienen comorbilidades que aumentan su riesgo frente al covid: el papá es hipertenso y ha tenido problemas del corazón, y la mamá tiene problemas en los riñones y un cáncer metastásico.

La mamá fue enfermera, entendía la importancia del refuerzo y estaba al tanto de que ellos estaban priorizados desde noviembre, cuando se cumplieron seis meses desde su última vacuna. Pero cuando fueron al puesto de vacunación de Cartago, les dijeron que no estaban poniendo refuerzos. Pasó lo mismo cuando volvieron a intentarlo en diciembre, y también en enero, cuando ya el país estaba en pleno cuarto pico y se morían más de 100 adultos mayores de covid al día.

“Mi mamá preguntaba qué pasaba con la priorización, que ellos eran población de riesgo, y les decían que ‘la prioridad eran todos’”, cuenta Correa, la hija. Finalmente, a principios de febrero empezaron a poner refuerzos en Cartago y los vacunaron —luego de cuatro horas de fila.

Para Claudia Vaca, directora del Centro de Pensamiento de Medicamentos, Información y Poder, la estrategia del Gobierno de abarcar mucho terminó cortándole a los que más necesitaban la vacuna. “El mensaje fue generalizado y en este caso se requería un mensaje focalizado”, explica Vaca.

Además, muchos adultos mayores no pueden hacer cuatro horas de fila. Esta es otra barrera importante que han encontrado para acceder a la vacunación. Muchos incluso no pueden salir de su casa, al menos no con facilidad. Por eso, las estrategias de búsqueda activa, casa a casa, son claves para esta población. En este sentido, las Secretarías de Salud y especialmente las EPS se han quedado cortas.

“Muchos tienen problemas de movilidad, no tienen recursos, o les da mucho temor salir. Ahí faltó mucho, a las EPS siempre les han faltado estrategias claras de vacunación conforme a la realidad de sus afiliados. Muchos adultos mayores en estas condiciones probablemente no se vacunaron”, dice la epidemióloga Silvana Zapata.

Y los que pueden salir de su casa, deberían tener prioridad en los centros de vacunación. Esa es la orden que el Gobierno nacional ha dado semana tras semana en el Puesto de Mando Unificado que se hace los viernes con todos los actores del sistema desde el inicio de la pandemia.

La priorización se quedó en el papel

En los puntos de vacunación debe haber una fila exclusiva para adultos mayores, y ellos son los primeros con quienes se debe agotar las dosis, para no tener que devolverlos a la casa si se acaban las vacunas —una recomendación clave en un escenario de escasez de dosis como el que se vio en Colombia en enero, en pleno cuarto pico. Pero estas son órdenes que en varias ocasiones no se han cumplido.

Los papás de Laura Velásquez viven en Bello, Antioquia, y no se han podido poner la tercera dosis en todo el cuarto pico.

“Con las primeras vacunas fue más fácil porque estaban organizadas por rangos de edad, esta tercera ha sido complicada porque está todo el mundo en manada. Ha primado el desorden, no se ha estratificado por edades y no se le ha dado prioridad a personas que lo necesitan”, le dijo Velásquez a La Silla.

La mamá, de 73 años, ha ido en distintas ocasiones a los centros de vacunación, pero le ha tocado devolverse por las filas tan largas. Al papá, de 80 años, fumador empedernido y con Epoc severo, ni siquiera han intentado llevarlo porque sufre de demencia, “no tolera mucho tiempo haciendo una fila, se desespera, quiere sentarse”, dice Velásquez.

Dice que eso de las filas prioritarias para adultos mayores “es un mito”. En el centro de vacunación de su EPS, a la mamá le han dicho que tiene que hacer la fila completa, para lo cual le aconsejan llegar a las 6 a.m. En los centros de vacunación de la Alcaldía les dicen lo mismo. “Mi papá no duerme en la noche por la demencia, se está durmiendo a las 5 de la mañana, quién lo va a llevar a una fila a las 6”. 

“Ya mi mama en estos días me dijo, ‘ay, qué pereza, no me voy a poner nada’. Es esa sensación como de tener que rogar”, dice Velásquez.

Según el último reporte de la Cohorte Esperanza —por medio del cual MinSalud evalúa la efectividad de la vacunación en Colombia—, el riesgo de morir por covid para mayores de 70 años fue tres veces menor en personas con esquema completo que en no vacunados. En personas con dosis de refuerzo, este riesgo fue 21 veces menor que en los no vacunados, y siete veces menor comparado con los que tenían el esquema completo sin tercera dosis.

Si bien el rango de edad de mayores de 70 es el que tiene una proporción mayor de refuerzos (entre los de 50 a 69 años es del 40 por ciento), más de la mitad de los más viejos vivieron el cuarto pico sin refuerzo. Es decir, el riesgo de muerte para millones de adultos mayores en este cuarto pico fue siete veces más alto de lo que habría podido ser si hubieran tenido un mejor acceso al tercer pinchazo.

Publicaciones

Compartir