El duquismo es más de amigos que de ideas

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Al ‘ismo’ del Presidente le faltan votos propios y apoyo de su partido, y su legado lucha por tener tracción. Pero Duque ya piensa en su futuro , con amigos en puestos claves.  

La última vez que el presidente Iván Duque verbalizó la idea de un duquismo fue el día de su discurso de posesión. “Aquí no se trata de 'duquismo', ni 'petrismo', se trata de una Colombia para todos nosotros”. Hace seis meses negó la idea de tajo en una entrevista con Semana.

 

Sin embargo, luego de hablar con 14 fuentes, entre políticos del uribismo, funcionarios del Gobierno, empresarios y amigos del Presidente que han conversado con él directamente sobre su futuro político, encontramos que el Presidente ya está pensando en cómo dejar un legado, más allá de si es un ‘ismo’.

Más que unas bases ideológicas, las fuentes indican que la aproximación de Duque es catapultar a sus amigos y aliados de confianza para que le permitan mantener una influencia dentro del Estado en el futuro.

“Duque no va a crear cosas nuevas, seguirá dando alguna línea dentro del partido. Él está promocionando una nueva generación. Él impone una nueva generación de personas para estar en el Estado y sus opositores no”, nos dijo un congresista cercano al mandatario con el que ha tenido esa conversación.

El último episodio de esta estrategia de posicionar gente cercana se está dando en Bogotá.  La Silla Vacía confirmó con cinco políticos del Centro Democrático que el presidente Duque le pidió hace unos días a su padrino político, Álvaro Uribe, que le reservara la cabeza de lista a la Cámara por Bogotá del partido al concejal Andrés Forero, amigo del primer mandatario.

Duque se mete en la pelea de todos los partidos este año por poner cabeza de lista, especialmente en Bogotá. En el caso particular del uribismo esto pasa directamente por el dedazo de Uribe. La solicitud de Duque además provoca una polvareda dentro del Centro Democrático, ya que pone a Forero, un economista que lleva dos periodos en el Concejo, por encima de los actuales representantes con trayectoria como Enrique Cabrales, José Jaime Uscátegui y Gabriel Santos, que quieren repetir en la Cámara y encabezar esa lista.

La estrategia de tener influencia en cuerpo ajeno luego de dejar la Presidencia también suena en la designación de aliados y cercanos suyos en puestos que seguirán pesando cuando él se convierta en el Expresidente. En el caso de Duque será uno de los más jóvenes de la historia (46 años en agosto de 2022).

El eventualmente expresidente Duque tendrá a la abogada y amiga del colegio Paola Meneses en la Corte Constitucional; a la economista del BID e hija de Alicia Arango, Bibiana Taboada como codirectora del Banco de la República, en un periodo de cuatro años con posibilidad de reelegirse para dos periodos; y al actual Fiscal General, Francisco Barbosa, su amigo de universidad.

Una lógica que también ha venido mostrando desde la última recomposición de su gabinete, con ministros que si bien saldrán del Gobierno con él, tienen la posibilidad de ganar influencia en temas claves de la agenda uribista de nueva generación: la seguridad y la economía naranja.

A cargo puso en ministerios claves a aliados y amigos que tenía en la ‘banca’ de viceministros o consejeros de Palacio, como Daniel Palacios en Interior para que sacara la agenda en el Congreso; Diego Molano en Defensa para dar resultados en su coja política de seguridad; y a Felipe Buitrago en Cultura para, por fin, sentar las bases de la Economía Naranja.

“Seguramente habrá un grupo de amigos que incida en actividades públicas que influyan en el país, similar al ‘kínder’ de Gaviria, o los exfuncionarios de Peñalosa”, nos dijo el analista Héctor Riveros, en referencia a la camada de funcionarios que trabajaron con el Expresidente liberal en los noventa, de la que Riveros hace parte.

Una reacomodación más encaminada a recompensar alianzas y amistades, que a dejar una herencia programática. Y esa falta de ismo propio pasa por la deficiencia en votos, apoyo del partido y un legado visible que le permita mostrar una postura transformadora.

Un 'ismo' sin votos

La idea de un 'duquismo' en cabeza del Presidente ha sido mencionada en diferentes momentos por asesores de Palacio y aliados externos de Duque según supo La Silla por dos fuentes que dicen saberlo de primera mano. Hasta ahora Duque no la ha aceptado.

La intención era que el Presidente fuera la cara de ese equilibrismo entre el uribismo 1.0 que representaba la mano dura de Uribe y el 2.0 de gente más joven que Duque encarnaba.

“La idea nunca tuvo tracción”, nos dijo uno de los amigos del mandatario, quien dijo no saber por qué Duque no le dio impulso a la idea. Públicamente, el Presidente ha dicho que los personalismos “le hacen mucho daño a la política”.

Por las decisiones que tomó durante su mandato no hay bases propias para el duquismo.

Durante el último año de mandato se dedicó a darle espacio burocrático a partidos más allá del uribismo, para lograr una coalición en el Congreso. Entraron La U, Cambio Radical y los conservadores de cara a una coalición que en 2020 permitió la elección de Procuradora y Defensor del Pueblo, que tuvieron también el guiño de Palacio.

Este año esa coalición deberá sacar, si es posible, la reforma tributaria que radicará el Gobierno en marzo.

Más allá de eso, una de las razones por las que el duquismo es un ‘ismo’ sin votos se debe a que no logró enamorar a las bases uribistas. Duque no logró crear una influencia importante en el partido de Alvaro Uribe, quien lo impulsó a la Presidencia. En parte por eso, es que incluso siendo Presidente debe pedirle al expresidente Uribe un puesto para un amigo en su propio partido, como ocurrió con el concejal Forero.

Muestra de eso es que de cara a 2022, a menos de un mes de que arranquen las inhabilidades para que los funcionarios públicos renuncien a sus cargos para el Congreso (marzo) o Presidencia (mayo), no hay funcionarios de estampa duquista que pinten para renunciar a sus cargos y hacer campaña.

Duque quería, como contamos, que Carlos Holmes Trujillo (qepd) fuera “el candidato del Gobierno”. Eso se lo reiteró a La Silla Vacía un Ministro que supo de esa intención. Pero incluso Trujillo era un político con 30 años de experiencia, que en el pasado había sido parte de varios de los ismos.

En el caso de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, aunque sigue sin definir su aspiración, tiene votos propios que ya ha contado en varias elecciones al Congreso y la Presidencia.

A lo que se suman las diferencias de parte de la militancia uribista y varios directivos con Duque, por la falta de puestos.

Uno de los últimos rifirrafes dentro del Partido -además del del concejal Forero- ocurrió porque Duque nombró como viceministro del Interior a Juan Pablo Díaz Granados, un exfuncionario del gobierno Santos, exalcalde de Santa Marta (ambos cargos por La U) y hermano de Sergio Díaz Granados, otro amigo de años del Presidente.

Dentro del uribismo molestó que si bien habían sido barajados nombres de gente del Partido, como Hernán Cadavid (ex asesor de la UTL de Uribe), Duque se decantó por su amigo para que con Palacios saquen adelante la agenda de 24 proyectos que presentará el Gobierno al Congreso, incluida la tributaria.

A la falta de un músculo político propio fuerte, se suma que Duque tiene apenas un año para dejar un legado visible que le permita tener su propia estampa.

La búsqueda de legado

Duque llegó a la Presidencia como el mandatario más joven de la historia reciente del país. 

Como contó La Silla, si bien tiene ideas contemporáneas que reflejan su edad (cumplirá 45 años en agosto) como la Economía Naranja, la apuesta de conectividad del país, o el ‘internet de las cosas’, ninguna de esas políticas ha logrado la tracción necesaria para inspirar hacia afuera un legado con fuerza. 

Fue la pandemia la que le dio un norte al Presidente, y ahora las energías del Gobierno están centradas en el Plan de Vacunación, que arrancará esta semana con la llegada de las primeras vacunas hoy; y en sacar adelante la reforma tributaria que ya comenzó a ambientar con políticos.

Ambos hechos, por su impacto a futuro en la salud y la reactivación del país, apuntan a ser los principales puntos de recordación del Gobierno Duque, más allá de temas de su corazón, como la Economía Naranja.

Prueba de eso ocurrió la semana pasada cuando el Presidente falló en explicar los impactos de esa política.

Al tratar de ejemplificar sus impactos, vertió un jugo de naranja en un vaso con agua, en un ejercicio poco claro de cómo aguar un jugo puede ser una apuesta transformadora para un país. El episodio, como muchos otros con Duque, fue objeto de memes y burlas en redes por el gesto.

Para el analista político y profesor de ciencia política en la Universidad del Rosario, Yann Basset, Duque sí tenía una voluntad de modernidad para imponer un legado, pero su discurso se quedó en la superficie.

“Es una modernidad contrariada: llegó al poder sobre una especie de coalición, ahí finalmente una cosa que no representa la modernidad política, como Uribe, es el triunfo de la tradición”, nos dijo. “Al principio Duque rechazó las formas antiguas de hacer política, pero no encontró algo novedoso para reemplazarlo”.

Dentro del Gobierno consideran que los impactos del gobierno Duque se darán a largo plazo. Como promover que en 2030 Colombia reduzca en un 50 por ciento la emisión de gases de invernadero de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); o la recién lanzada política para regularizar a 900 mil venezolanos que han huído del régimen de Maduro.

“No me atrevo a darle ‘ismos’ a lo que él (Duque) hace porque no tiene un tinte político, sino que el Presidente mira a futuro”, nos dijo el gerente de Frontera de Presidencia, Lucas Gómez, quien ejecutará esa política migratoria. “Estoy convencido de que ese será el legado del Presidente”.

Como explicamos acá la política es innovadora y marca un norte para la regularización. Pero su implementación en los próximos 10 años no dependerá de Duque, sino de otros mandatarios nacionales y locales, que podrían no darle continuidad.

Otro político cercano al Presidente, el directivo uribista Sergio Araújo, dice que más allá de un músculo político serán “los exfuncionarios del Gobierno” los que defenderán el duquismo. “Hay mucho que defender y cada ministro sabe qué ha hecho”.

Por su juventud, Duque tendrá mucho tiempo tras dejar la Presidencia para comenzar a definir un grupo propio. Sin embargo, en el principio del ocaso de su gobierno, cuando empieza a surgir la pregunta por el legado, hasta ahora se pueden mencionar más nombramientos de personas cercanas, que ideas transformadoras. Más funcionarios que posiblemente queden agradecidos, que bases o votos para el futuro del duquismo.

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