El Mira le cobra a Santos el escándalo que casi lo acaba

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El Mira siempre ha dejado a sus votantes en libertad para elegir su candidato presidencial. Pero este año los seguidores del mayor partido cristiano del país van a castigar al presidente Juan Manuel Santos en las urnas por haber permitido, según ellos, “una persecución política y religiosa” que casi les cuesta la personería jurídica. Y el que podría terminar recogiendo muchos de sus 300 mil votos es Óscar Iván Zuluaga, con quien en cierto modo se sienten identificados ahora que estalló el escándalo del video del hacker.

El Mira siempre ha dejado a sus votantes en libertad para elegir su candidato presidencial. Pero este año los seguidores del mayor partido cristiano del país van a castigar al presidente Juan Manuel Santos en las urnas por haber permitido, según ellos, “una persecución política y religiosa” que casi les cuesta la personería jurídica.

Y el que podría terminar recogiendo muchos de sus 300 mil votos es Óscar Iván Zuluaga, con quien en cierto modo se sienten identificados ahora que estalló el escándalo del video del hacker.

“Cuando no tenemos candidato siempre dejamos que la gente escoja la mejor propuesta, pero este año sí hay un sentir generalizado de que el Presidente de la República -ante el complot, la persecución política, la campaña de difamación, la persecución religiosa y la apología del odio que nos costó tan caro- no hizo absolutamente nada”, le dijo a La Silla la representante Gloria Stella Díaz, una de las figuras más visibles del Mira.

Técnicamente, los miraístas siguen en libertad de escoger por quién votar. Pero el sentimiento de indignación con Santos es tan grande que la mayoría piensa cobrarle el no haberlos defendido durante la seguidilla de escándalos que se desató en enero, que eran más contra la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y su líder María Luisa Piraquive pero que también terminaron poniendo en el ojo del huracán a su partido hermano (que fundó y lidera la senadora Alexandra Moreno Piraquive, que es la única líder del mismo en estar en desacuerdo con irse contra Santos).

Es a este escándalo -que ellos desde hace unos días califican de “montaje”, igual que los uribistas con el video del hacker- a lo que ellos atribuyen que su bancada en el Senado no pasara el umbral, con lo que se quemaron Díaz, Carlos Baena y Manuel Virgüez Piraquive, sus tres congresistas más visibles.

“En el momento más álgido, Santos le dio credibilidad a lo que estaba saliendo en los medios, en vez de mandar un mensaje de tranquilidad y dejar que primero la Fiscalía hiciera su trabajo. Y se nos esfumó el 8 por ciento de intención de voto que teníamos en las encuestas”, dice el representante electo y ex concejal Carlos Guevara, que jalonó una lista de 83 mil votos en Bogotá.

Al final el Mira terminó sacando 326.946 votos en el Senado, quedándose por fuera por unos diez mil. Lograron, sin embargo, salvar la personería gracias a los 412 mil que lograron en la Cámara, que les dejaron tres curules para Guevara, Guillermina Bravo y Ana Paola Agudelo.

“Este Gobierno no movió un dedo para proteger al Mira, sus libertades políticas ni sus libertades religiosas, sino que nos masacraron y nos acribillaron. Se concertaron desde círculos políticos y económicos, por proyectos de ley que Mira venía adelantando. Vieron que podíamos tener varias curules acá en el Senado. Se concertaron desde altas esferas de la política con algunos medios de comunicación y formaron un complot para exterminar al Movimiento Mira”, dijo -manoteando fuertemente y gritando- Carlos Baena, el senador y presidente miraísta, durante una acalorada intervención en la plenaria del Senado ayer por la tarde.

El destino de los votos miraístas

La pregunta es adónde se irán los 300 mil votantes de base que tiene el Mira, aunque no haya directriz desde arriba. “Están entre [Enrique] Peñalosa y [Óscar Iván] Zuluaga. Quizás más hacia Zuluaga, porque está comprometido con la libertad religiosa”, le dijo a La Silla un congresista miraísta, que prefiere no mencionar su nombre para no dirigir el voto.

Ese -la libertad religiosa- es el argumento central para los miraístas en esta campaña y con el que muchos líderes han venido mostrando su preferencia por Zuluaga. Aunque también pesa que se sienten identificados con el Centro Democrático en la idea de un “montaje” orquestado para minimizar sus chances en las elecciones, a semanas -días, en el caso uribista- de ir a las urnas.

Samir Bedoya Piraquive, primo de la fundadora del partido y vocero único de éste durante los escándalos, le ha recordado a los miraístas en el exterior -uno de sus fortines electorales, que este año les puso 12 mil votos y una curul en la Cámara- que Santos los dejó abandonados.  

Manuel Virgüez Piraquive, el segundo congresista y primo de Alexandra Moreno, ha compartido cartas del candidato uribista a grupos como los motociclistas (un sector central en varios de los proyectos de ley del Mira). César Moreno Piraquive -hermano de la fundadora del partido- ha retrinado mensajes de la senadora electa uribista María del Rosario Guerra y defendiendo el récord del gobierno Uribe en materia religiosa.

Por eso se ha vuelto viral entre muchos miraístas un audio de Zuluaga en el que dice, interrogado por un seguidor del partido, “creo en la libertad de cultos, está consagrada en la Constitución, la respeto y no se pueden confundir las cosas”.

En todo caso, hay opiniones encontradas dentro del partido. Alexandra Moreno ha dicho que “votar por Zuluaga es hacer apología del delito” y que prefiere hacerlo por la paz. Y le reiteró a La Silla que independientemente de su posición, cree que es irresponsable acusar a políticos en particular de lo ocurrido al Mira. "Mi motivación no puede ser una molestia personal sino la visión que uno tenga sobre el país", dijo la fundadora del partido, que también habló en la plenaria del Senado ayer del tema.

El dilema que le queda al Mira al irse contra Santos de frente -tras haber trabajado en muchos proyectos conjuntos- es precisamente el proceso de paz, que apoyaron activamente como bancada.

“Siempre lo apoyamos, pero ¿cómo es posible que un proceso de paz le abra espacios políticos a la guerrilla mientras por otro lado se le cierran a minorías políticas como nosotros? La paz se siembra protegiendo las libertades fundamentales, que son la política, la religiosa y la de expresión”, dice Baena.

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