El paro ataca a los grandes medios, refuerza a los alternativos y golpea la libertad de expresión

El paro ataca a los grandes medios, refuerza a los alternativos y golpea la libertad de expresión
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“RCN y Caracol se van (...). ¡Malparidos traicioneros, se van!”.

Un joven del paro en Cali, micrófono en mano, puso esta condición el jueves pasado en la fallida mesa de diálogo de los manifestantes con la Alcaldía y el Gobierno Nacional. Sus compañeros lo respaldaron con un aplauso que resonó en el coliseo en el que estaban.

En Colombia el discurso contra los grandes medios también se ha metido en este paro. Los manifestantes en las calles les lanzan arengas, alzan carteles en su contra, los insultan y han hecho performances para expresar su molestia.

Esa hostilidad se ha ido incubando por años, pero en este paro se ha sentido con una fuerza particular y ha tenido al menos dos efectos. 

Por un lado, periodistas de canales de televisión y cadenas de radio han sido amenazados y agredidos. Esto ha generado retos para que estos medios hagan su trabajo informativo.

Por el otro, se han fortalecido medios pequeños y nativos digitales que han cubierto el paro desde la mirada de los manifestantes. Son medios que toman partido, bien sea para mostrar sobre todo las agresiones de la Policía, o para criticar al Gobierno, al uribismo y al establecimiento en general. Varios de ellos tienen estándares laxos de verificación de información, y en ocasiones propagan desinformación (lo mismo que les cuestionan a los grandes).

Se trata de un fenómeno que seguramente se mantendrá en la campaña de 2022 en la medida en que se sigan fortaleciendo y porque en campaña está Gustavo Petro, un candidato presidencial que ha cuestionado abiertamente (aunque no en este paro) a los medios tradicionales.

Los medios como noticia en el paro


Las arengas contra los grandes medios no son nuevas en las movilizaciones, pero en los últimos años han aumentado. “Se nota mucho mayor beligerancia del 2019 para acá”, le dijo a La Silla Juan Roberto Vargas, director del noticiero de Caracol Televisión, el más visto del país.

Ese año fue la enorme e histórica movilización del 21N, que puede tomarse como el comienzo del paro actual.

El foco está, sobre todo, en los noticieros de RCN y Caracol, ambos pertenecientes a grandes grupos económicos. RCN es propiedad de la Organización Ardila Lülle, a su vez dueña de RCN Radio y el diario económico La República. Y Caracol TV, del el Grupo Valorem, de la familia Santodomingo, también propietaria en Colombia de El Espectador y Blu Radio.

Pero en una muestra de que la gente en las calles está conectada a las movidas en los medios, durante este paro también se han fijado en la revista Semana, un medio que constantemente le ha dado crédito a las versiones de políticos y del Gobierno de que las movilizaciones están infiltradas, y ya lleva dos portadas seguidas de su revista impresa en las que resalta los disturbios por encima de las reivindicaciones del paro: “Colombia, bajo amenaza” y “La historia secreta de la toma de Cali”.

El 7 de mayo, una mujer encapuchada tiñó de rojo una fuente de agua afuera del edificio de la revista, como si fuera sangre.

Simona, como se hace llamar la manifestante, perteneciente a la primera línea de las protestas y quien no da su nombre por seguridad, le dijo a La Silla que fue un performance pensado con tiempo: “Que Vicky Dávila asumiera la dirección nos hablaba de un medio que iba a ser la propaganda oficial del uribismo”, dijo. Es algo que, como contamos, se reforzó cuando Gabriel Gilinski compró toda la revista.

“Empezamos a revisar si ellos se estaban pronunciando, por ejemplo, sobre la muerte de jóvenes. Pero no, su discurso está enmarcado sobre lo que nos cuestan los vidrios rotos, por encima del valor de una vida”, dice Simona. Detrás del paro hay una audiencia cada vez más crítica, pero, al mismo tiempo, menos tolerante a lo que se aleja de su visión de la verdad. “Decidir omitir la verdad es estar manchado de sangre”, concluye la manifestante que también tiñó la fuente del edificio del Caracol Radio y La W.

Durante los 21 días de protesta tres episodios han puesto a esos medios en el centro de las discusiones indignadas del paro.

El primero fue la noticia falsa que publicó RCN el 30 de abril. Cuando iban tres días de paro, el segundo noticiero más visto del país afirmó que en Cali un grupo de manifestantes estaba celebrando los cambios que el presidente había anunciado para la reforma tributaria. En realidad, como lo verificó La Silla, estaban protestando contra el proyecto y porque el Esmad se retiró. En redes, la etiqueta #RCNMiente se hizo tendencia de inmediato.

A pesar de la presión enorme sobre la credibilidad del noticiero, RCN no rectificó. José Manuel Acevedo, el director, hizo una aclaración en la que no reconoció la equivocación. Un episodio que muestra la gran resistencia dentro de las grandes organizaciones mediáticas a tener prácticas editoriales más transparentes, incluso cuando las piedras se estrellan contra sus ventanas.

Todo eso vino con la carga que, en medio de un paro caracterizado por su antiuribismo, tiene ese noticiero de ser favorable al expresidente Álvaro Uribe y al gobierno uribista de Iván Duque. Sobre todo tras la reciente llegada de Acevedo a la Dirección, que reforzó el poder de Claudia Gurisatti.

El influenciador Juanpis González, en su más reciente video, que ya superó el millón de reproducciones en Youtube, retomó ese episodio para parodiar a Uribe como Hitler, diciendo: “llamen a Vicky y a RCN, que salgan a decir que Cali está celebrando por el cambio de la reforma”.

El segundo episodio fue la etiqueta #MarchasSíBloqueosNo que promovió una alianza de cadenas radiales el 10 de mayo. Estuvieron La W, RCN Radio, Blu Radio, La FM, Radio Nacional, Caracol Radio, Olímpica y Candela.

La molestia se sintió en redes, primero, porque lo hicieron tres días después de un encuentro en la Casa de Nariño entre el presidente Iván Duque, directores de medios nacionales y regionales, y corresponsales de medios extranjeros.

Juan Pablo Calvás, editor general de La W, le dijo a La Silla que es falso que se tratara de un mensaje concertado con el presidente. “La idea surge de una conversación entre colegas el domingo (9 de mayo): Julio Sánchez (director de La W), Gustavo Gómez (director de Caracol Radio) y yo, viendo que los bloqueos están generando un perjuicio muy grande a la gente y unas zonas están teniendo dificultades por falta de medicamentos y alimentos”, dijo.

La Silla, por medio de su editor general, también estuvo en la reunión con Duque. 

Allí no se concertó ninguna estrategia. El presidente recibió preguntas, algunas en tono de reclamo, entre otros de Calvás, por la falta de reconocimiento de los abusos de la Policía. Sin embargo, Duque, que invitó a los medios a darles su visión sobre el paro, sí fue insistente en la necesidad de acabar con los bloqueos. Así lo reiteró luego de la reunión, en declaraciones públicas a medios que esperaban fuera de la Casa de Nariño.

En cualquier caso, la etiqueta #MarchasSíBloqueosNo de las grandes emisoras, además de interpretar el sentir de mucha gente afectada, terminó recogiendo también el discurso oficial en contra de los bloqueos. Eso fue más evidente cuando Yolanda Ruiz, directora de RCN Radio, dijo el día de la alianza: “no comparto el tag que han escogido algunos colegas porque no solo se debe hablar a los manifestantes, también hay que hablarle al Gobierno”.

En redes sociales la etiqueta fue criticada por los defensores del paro, y caracterizada como  una alineación de los grandes medios con el oficialismo. 

El youtuber Wally, por ejemplo, conectó una cosa con la otra y puso en duda la autonomía de esos medios:

El tercer episodio que puso a los grandes medios en la boca del paro vino de la boca del comandante del Ejército, general Eduardo Zapateiro. En un video que se regó en redes, Zapateiro le hablaba a un grupo de policías y soldados formados en Cali: “Acabo de hablar con los jefes de televisión de Caracol, de RCN, y voy a traer una periodista. Ya le puse avión para traerla acá y que les muestre a los colombianos qué es lo que están haciendo nuestros policías”.

Una de las primeras en publicar el video fue Juliana Ramírez, periodista de Noticias Uno, el noticiero del periodista y empresario Daniel Coronell, crítico del Gobierno Duque y del uribismo. En Twitter la periodista dijo que quedaba a la espera de los “publirreportajes” de esos medios. Luego borró el trino porque muchos usuarios le dijeron que, en medio de la tensión en Cali, ponía en riesgo a sus colegas periodistas.

Además, Caracol TV desmintió a Zapateiro en su sección de chismes políticos porque él nunca llamó a Juan Roberto Vargas, su director, algo que él le reiteró a La Silla. “Le escribí por Whatsapp pidiéndole rectificar y me dejó en visto”, nos dijo. 

Pero el video siguió rondando en redes sociales como una forma de cuestionar a los grandes medios en el paro.

El golpe a la libertad de expresión


El desprestigio de los grandes medios también se ha notado en este paro en la violencia contra sus periodistas.

En Cali, mientras el corresponsal de Caracol Noticias en esa ciudad reportaba al aire choques en Siloé, “un vecino llegó hasta su casa a recriminarlo a gritos y a lanzarle piedras”. La Silla supo, por un periodista de una cadena de radio, que la corresponsal en Cali está amenazada, pero ella no quiere que se sepa. Semana también sintió como un acto intimidatorio la protesta al frente de su sede.

“Pacho Alerta”, director del noticiero radial Alerta Bogotá, de RCN, denunció en Twitter que le apedrearon su carro “simplemente porque trabajamos en RCN”. 

Acevedo, director de RCN Noticias, no nos respondió preguntas para esta historia, pero La Silla supo por una fuente cercana a ese canal que sus periodistas en unas ciudades han tenido que salir a hacer cubrimientos sin el cubo en sus micrófonos que tiene el logo, por temor a que los ataquen

El 1 de mayo, un día después de que publicaron la noticia falsa sobre la celebración de la gente en Cali por los cambios en la tributaria, su sede en Bogotá fue apedreada:

En medios regionales tradicionales, como El Heraldo, de Barranquilla, y La Nación, de Neiva, los periodistas también han salido sin logos que los identifiquen, le dijo a La Silla Jonathan Bock, director de la Fundación para la Libertad de Prensa.

Lo más preocupante, agrega, es que “hay un nivel de violencia general para el cubrimiento. Eso se ve reflejado en convocatorias a protestas que incluyen la exigencia de 'no más Caracol y RCN'. Eso, más hechos como los de Semana y RCN enturbian la conversación. No quiere decir que no se puedan hacer críticas, pero se está cruzando una línea donde se termina generando un caldo de cultivo que puede propiciar que ocurran agresiones así la intención inicial no sea esa. Es inédito que haya una preocupación tan generalizada en directivos y reporteros de medios de que algo les puede pasar a ellos por trabajar en los medios en los que trabajan”.

Esa hostilidad, o tan solo la falta de credibilidad entre quienes apoyan el paro, se ha visto reflejada en que en internet se han disparado los medios y cuentas alternativos.

Y llegan a darle pluralidad a las fuentes de información después de décadas en las que los grandes medios mandaron la parada, al tiempo que, cuestionando el discurso tradicional sobre la imparcialidad, se ponen del lado del paro, privilegiando en algunos casos la opinión, en otros el activismo.

Un sistema puesto en duda que hace disparar a los alternativos


Que las críticas, y agresiones, a los grandes medios no se hagan sentir solo en redes sino como parte de las manifestaciones del paro en la calle es muy elocuente porque significa que la gente los identifica con el establecimiento contra el que en particular se ha ido este paro.

Y que esos reclamos sean en un paro contra el Gobierno no extraña si se tiene en cuenta que los picos de desfavorabilidad de Iván Duque han coincidido con los picos de desfavorabilidad de los medios, según la encuesta Gallup. En esa medición estos ya superan el 50 por ciento de desfavorabilidad.

Desde la academia, Mario Morales, experto en medios y profesor de la Universidad Javeriana, lo interpreta así: “durante 150 años la prensa hegemónica se preció, sin mucho piso, de conocer a las audiencias y lo que han demostrado internet y las redes es que no”.

Desde los grandes medios, Juan Roberto Vargas, director de Caracol Noticias, le dijo a La Silla que sí nota que en la calle la gente relaciona a los medios con la institucionalidad y por eso protesta contra ellos. Mientras tanto, Juan Pablo Calvás, editor de La W, nos dijo que para él se trata de “la misma estrategia de Donald Trump para desprestigiar a los medios, y eso es desde la derecha y desde la izquierda”.

Y del lado de los manifestantes, Simona, la autora de las protestas frente a Semana y Caracol Radio, dice que frente a los grandes medios “hay un malestar entre los jóvenes, que hoy acceden a otras plataformas”.

Ese malestar ha sido un caldo de cultivo en los últimos años para el fortalecimiento de un ecosistema de medios muchísimo más pequeños (en personal y presupuesto), nativos digitales y que tienen su fuerte en redes sociales, de donde nutren buena parte de su contenido.

Y aunque hacen parte de un mismo fenómeno, no todos son iguales ni le apuestan a lo mismo.

La Oreja Roja, por ejemplo, ha sido uno de los fenómenos mediáticos del paro. El 28 de abril, día que comenzaron las protestas, tenía 170 mil seguidores en Facebook; el jueves pasado llegó a 190 mil. En Instagram cuadruplicó sus seguidores: pasó de 106 mil a 406 mil.

Es un portal que creó en Medellín el periodista Ian Schnaida y que se dedica esencialmente a publicar columnas de opinión que cuestionan al Gobierno, al uribismo y en general a lo que representa el establecimiento.

Medios similares son Colombiano Indignado y Pluralidad Z, que tienen su principal apuesta en la opinión y la presentación de noticias críticas del Gobierno, muchas veces con imprecisiones o también con noticias falsas, como hemos reportado en La Silla (aquí y aquí).

Y abiertamente apoyan el paro, como nos dijo Schnaida sobre La Oreja Roja. Eso guía lo que han publicado en estas tres semanas y, según él, también explica en buena parte el éxito que han tenido en estos días porque, dice, “es un periodismo para la gente inconforme”.

Por otro lado, con líneas editoriales similares, pero prácticas periodísticas más robustas, están Cerosetenta, Vorágine, Cuestión Pública y Pacifista. Estos medios privilegian un periodismo de reportería en terreno, con constantes transmisiones en vivo y un enfoque de derechos humanos que los ha llevado a poner el foco en los abusos de la Policía a manifestantes del paro.

Finalmente están los medios con afiliaciones políticas directas. Cuarto de Hora Colombia y Tercer Canal, como contamos, son medios ligados al petrismo. El primero lo fundó y lo financia el senador Gustavo Bolívar y el segundo lo creó y lo dirige el exconcejal y excandidato a la Alcaldía de Bogotá Hollman Morris.

(Tanto los tradicionales como los no tradicionales han sufrido agresiones durante este paro, según la Flip).

“La gente también busca que le ratifiquen sus propias percepciones y prejuicios, y eso ha logrado que algunas audiencias se alinderen con medios alternativos que les dicen lo que quieren escuchar”, dice el profesor Mario Morales.

Más allá de las diferencias entre uno y otro, los datos muestran que el número de sus seguidores se disparó desde el 28 de abril, día que empezó el paro. Eso lo muestra Crowdtangle, una plataforma que permite rastrear el impacto del contenido en redes sociales.

A continuación los datos de Facebook, aunque para Instagram la tendencia es la misma:

En contraste, la curva de crecimiento de seguidores de medios tradicionales, aunque sigue hacia arriba, es mucho más plana y no muestra un efecto disruptivo igual.

A eso se suma el éxito de transmisiones en vivo como la que hizo el Instagramer Jahfrann la noche de caos en el sector de La Luna, en Cali, a la que se pegó el cantante Residente.

Cientos de cuentas han hecho de los memes, gifs y videos cortos Tik Tok otros canales para transmitir lo que se vive en el paro. “El estallido social se ha convertido en un laboratorio de narrativas y estéticas. Aparecen nuevas formas desde los jóvenes de todas las clases, feministas, ecologistas que van a la protesta con bronca, mucha indignación, pero en modo carnaval y fiesta en referentes coolture: redes, series, videojuegos, memes”, escribió el crítico Ómar Rincón en Cerosetenta.

Y ahí no son referencia los grandes medios.

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