El portazo de Ceballos mina la seriedad de la negociación del Paro

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La renuncia de Miguel Ceballos evidencia (y refuerza) la debilidad del Presidente en un momento crítico y se suma a los vídeos en inglés en los que Duque desprecia los motivos de la protesta.

Ayer, el Alto Comisionado de Paz, Miguel Ceballos, anunció que dejaba su cargo. Y lo hizo tirando un portazo. Sonoro. Que no solo golpea la estrategia de negociación del paro que lideraba a nombre del Gobierno, sino que evidencia (y refuerza) la debilidad del Presidente en un momento en el que comienza a ponerse en duda si será capaz de terminar su período.

Ceballos escogió a la periodista María Isabel Rueda, amiga personal, para hacer su anuncio en una entrevista que salió en la versión digital de El Tiempo el sábado a las 5 de la tarde, justo a tiempo para que sea el tema de abrir domingo en todos los medios de comunicación.

La entrevista es teatral, melosa con Duque, y con varios rodeos hasta llegar al clímax: Ceballos dice que se va porque Álvaro Uribe lo “desconoció” y decidió entablar contactos directos con el ELN sin haberle informado a él, que como Comisionado de Paz, es quien estaba a cargo de la estrategia de “paz con legalidad” del gobierno Duque.

“Siento una incomodidad con el ex Presidente Uribe —dice y más adelante, agrega— Siento que él tenía la confianza, pero, además, el deber de consultar al Alto Comisionado para la Paz sobre contactos con el ELN, y no lo hizo.”

Y redondeó la entrevista con una metáfora:  “Desafortunadamente, lo que se presenta en este país es la disputa que tiene una moneda, y le explico por qué: una moneda se tira al aire, cae por un lado o cae por el otro, y la cara por la cual no cae es la que menos peso tiene —le explicó a María Isabel Rueda— Y, desafortunadamente, en este país a veces se juega con esa moneda el futuro del país, en una cara con la de Uribe y en la otra cara con la de Petro, y eso no puede seguir así... Yo siento que ambos han sido irresponsables en presionar a este Gobierno y al Congreso para que la moneda se incline más hacia su lado”, dice. Y aclara que el presidente Duque “es el que evita que la moneda se caiga para un lado o para otro.”

 

En la paz, solo restó

Miguel Ceballos arrancó el gobierno con Iván Duque como parte de la camada de funcionarios que saltaron directamente de la Universidad Sergio Arboleda a la Casa de Nariño.  Ceballos venía de hacer allí un doctorado en Derecho y de ser decano de la Escuela Política de la Universidad.

A diferencia de otros de sus colegas, Ceballos tenía experiencia en gobierno pues había sido viceministro de Justicia durante la época de Uribe y tenía la doble e ideal condición para estar en el nuevo gobierno de tener ese vínculo con el Expresidente pero también de ser cercano personalmente a Duque. No solo por ser de la misma universidad sino porque había dirigido el Programa Colombia de la Universidad de Georgetown en Washington, del que Duque era cercano cuando vivía allí.

Ceballos gozaba de la confianza del Presidente y fue determinante en la elaboración de su visión sobre lo que este gobierno llamó “Paz con legalidad”, un concepto que ni Duque ni Ceballos han logrado aterrizar con éxito pues todos los grupos ilegales —sin excepción— hoy están mucho más fortalecidos que cuando asumieron el poder. 

Las disidencias de las Farc, el Clan del Golfo y el ELN no solo han aumentado su control territorial y sus rentas sino que las posibilidades de una negociación futura con cualquiera de ellos es hoy más lejana, en parte por movidas lideradas por Ceballos.

En particular, la de desconocer los protocolos de seguridad acordados previamente con el ELN para el traslado de los negociadores de la guerrilla que se encontraban en la Habana en caso de que los diálogos se suspendieran, como ocurrió tras el atentado a la Escuela General Santander en 2019 por parte del grupo guerrillero.

“Esto aumentó la desconfianza mutua, minó la credibilidad del Estado colombiano (que ya estaba golpeada con la implementación del Acuerdo de Paz con las Farc, el asesinato de líderes sociales y una nueva espiral violenta en ciertas regiones y localidades, etc.) y le cerró —de cara al futuro— las puertas a cualquier posibilidad de negociación con esta organización armada”, dicen en esta columna de La Silla Llena los expertos en el tema Charles Larratt-Smith, Luis Fernando Trejos y Andrés Aponte.

Los tres coinciden en que durante los casi tres años de la administración de Duque “lo único que se observa en materia de paz y seguridad es una improvisación continua” (ver esta charla que refuerza el punto).  

En esa medida, la salida de Ceballos, si acaso, podría abrir una oportunidad en el frente de la paz.

Pero en el otro frente que estaba a cargo, el de la negociación con el Comité del Paro, su intempestiva salida sí envía una señal ambigua sobre la seriedad del Gobierno para encontrarle una salida a la convulsión que vive el país y se suma al vídeo en inglés que sacó Casa de Nariño en la que el Presidente ofrece su verdadera lectura sobre el Paro.

La significativa fecha de renuncia

El dato más escandaloso de la entrevista de Ceballos es que dice que desde diciembre le había hecho saber al Presidente que iba a dejar el Gobierno y que el 3 de mayo —seguramente cuando se enteró de las gestiones paralelas de Uribe con los elenos— le reiteró que se quedaría hasta el 25 de mayo.

Si es cierto lo que dice, significaría que dos días antes de que Duque lo pusiera a cargo de la compleja negociación con el Comité del Paro, el Presidente ya sabía que el funcionario no tenía intenciones de trabajar más que un par de semanas más. 

Un dato que refleja o que Duque pensaba que el proceso sería relativamente sencillo para solucionarse en 15 días o que no tenía una verdadera voluntad de negociar pues nadie pone al frente de un proceso serio a alguien que está de salida.  El soliloquio en el que el Presidente da su visión descarnada de este paro parecería reforzar la segunda hipótesis.

En estos vídeos que grabó y circuló Casa de Nariño, Duque deja claro que él cree que la movilización que ya lleva un mes en las calles de todo el país obedece al plan de Gustavo Petro de capitalizar electoralmente el caos, vía el disparo del covid por medio de aglomeraciones, el retraso de la vacunación por los bloqueos y la intensificación de la lucha de clases.  En otras palabras, el Presidente considera que los jóvenes que protestan no tienen una agencia propia, y que son, a lo sumo, utilizados por el líder de la oposición.

A juzgar por el vídeo, Duque carece del más mínimo sentido de autocrítica: nada tuvo que ver su inconveniente reforma tributaria en medio de la crisis de la pandemia pues el Comité del Paro había convocado la movilización previamente; el abuso policial no existe de manera sistemática sino sólo como hechos aislados que, además, son castigados inmediatamente y con severidad; y el rechazo de la gente a las medidas del gobierno obedece a las campañas de desinformación.

Todo esto, además, dicho en inglés. 

Lo que refuerza la sensación de que el Presidente está encerrado en su palacio, desconectado de la calle, y diciendo una cosa de labios para afuera pero creyendo otra en su corazón. 

Encima de todo lo anterior, está el hecho de que Duque no hubiera sido capaz de convencer a Ceballos de no renunciar. O por lo menos de no hacerlo ahora, en medio del paro, con medio país bloqueado y cuando arranca una moción de censura contra el ministro de Defensa. O por lo menos no así, con un portazo. Sonoro. Tirando una moneda que no cae del lado del Presidente.

 

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