El regreso de Iván Márquez al Sur

Silla Sur

El jefe de la delegación de paz de las Farc está abonando terreno para la política con la gente en las veredas, los medios locales y los políticos de izquierda.

El sur, especialmente Caquetá, es la región donde Luciano Marín, mejor conocido como ‘Iván Márquez’, creció y se hizo político antes de empuñar las armas. Es también aquí donde ahora abona el terreno para la incursión de las Farc en la arena electoral.

Volver sin armas y con 7 mil hombres, de los cuales 2900 (el 40 por ciento del total de las Farc) están concentrados en el Sur (contando los departamentos de Putumayo, Caquetá, Meta y Guaviare) muestra que esta región que ha sido tan importante para la guerrilla va a seguirlo siendo ahora para el partido que monten.  

En los noventas las Farc soñaron con crear el nuevo Estado de ‘Caquetania’, conformado por las extensas llanuras selváticas de la Orinoquía y la Amazonía, además de los departamentos de Caquetá,  Nariño, Cauca y la zona sur del Huila. El proyecto fracasó, pero el interés político de las Farc por el Sur sigue intacto.

“Lógicamente para mí el Sur es el lugar en el que me hice políticamente” dijo a La Silla Sur Iván Márquez, quien nació en Florencia hace 62 años y fue representante a la Cámara de la Unión Patriótica (UP) por el Caquetá en 1986.

“La idea es volver. Es hacer alianzas. Grábese eso: alianzas con los que rodean el Acuerdo pensando en el Gobierno de transición y eso incluye Senado y Cámara”, agregó.

Márquez, que estudió Derecho en la Unión Soviética e ingresó a las Farc como miliciano a los 22 años y que dictaba clases de biología a niños de tercero y sexto en el colegio ‘Corazón Inmaculado de María’ en Doncello, al oriente del departamento, ya está alineando a los comandantes de las zonas veredales de la región para ir adelantando trabajo con miras al partido que va a nacer en su congreso constitutivo de agosto.

“Hay que ir abonando el terreno de aquí al Congreso nuestro de agosto”, nos dijo Márquez. “(En el Sur) vamos con un discurso de anticorrupción, implementación, pero sobre todo, dados los conflictos que hay allá, un discurso enfocado en el tema del medio ambiente”, agregó.

Y el terreno lo está abonando con la gente en las veredas, con los medios locales y con los políticos de izquierda.

La abonada de terreno de las Farc

Como Márquez y el también negociador en la Habana Jesús Santrich hacen parte de los 60 miembros de las Farc que tienen permiso para moverse por todo el país a hacer pedagogía de los acuerdos, ambos se han concentrado en el Sur.

 

Hace unos días, la zona de recepción de ‘La Carmelita’, en la zona veredal del Putumayo, parecía una sede de campaña.

Los jefes guerrilleros de la zona invitaron a los líderes de las más de 50 veredas que quedan pegadas a la zona para explicarles el punto de desarrollo rural y el de drogas del Acuerdo. Apenas terminaron, comenzaron a hacer política.

Fueron más de 150 líderes sociales. Al inicio, le pidieron a los asistentes ponerse de pie para el himno de las Farc. Luego de eso, siguieron los gritos, que se repitieron durante las tres horas que duró el encuentro.“Viva el campesinado de Colombia”, “viva la alianza obrera-campesina”, “viva las Farc”.

Alias Hernán Benítez fue el primero en subir a la tarima. Habló de los “52 años de lucha armada en que está registrada la contribución de todos ustedes” y de la “gloriosa victoria” que se logró, refiriéndose al acuerdo de paz.

Repartieron gaseosa, pan de bono hecho en la panadería que montaron en el campamento y “tamales farianos” de pollo. A la tarima se subieron hasta los ‘Rebeldes del Sur’, una orquesta guerrillera que estrenó ese día “la obra y arte del movimiento insurgente”: canciones originales de vallenato y salsa prometiendo que van a cumplir los acuerdos.

“En este nuevo camino tenemos que salir a las calles, a la unidad, a tomarnos los concejos, las alcaldías, las gobernaciones, el congreso, la presidencia. Cuando tengamos el poder político formal en manos de los desposeídos de Colombia podemos decir que el cumplimiento de los acuerdos es un hecho”, dijo el comandante Manuel, miembro de la comisión política del bloque sur y comandante del frente 48.

Tan político fue el evento que La Silla Sur supo que el mecanismo de verificación local hizo un informe detallando lo que pasó ese día y algunas personas del mecanismo nacional no les gustó porque se supone que las Farc no pueden hacer política hasta que no dejen todas las armas.

También supimos que Jaime Unda, un excandidato a la asamblea departamental del Huila por el Polo, invitó este sabado (mediante un mensaje por whatsapp) a una reunión privada en un restaurante saliendo de Neiva con Ronal Rojas, alias Ramiro, comandante del bloque sur y de la zona veredal de Montañita. El encuentro, según dice el mensaje, fue para que ellos fueran "escuchados por sectores demócratas, por dirigentes que respaldamos el acuerdo y el proceso". 

El caso es que así están haciendo política en la base.

Pero Márquez y Santrich se están moviendo también por arriba.

Hace quince días, los dos fueron los únicos invitados a un conversatorio en Bogotá con periodistas del Huila, Caquetá y Putumayo y miembros de organizaciones sociales para hablar sobre la implementación de los acuerdos.

Fue un evento pensado en que ellos, y nadie distinto a ellos, explicara los alcances del acuerdo firmado entre las Farc y el Gobierno a finales del año pasado.

El evento se los organizó una fundación de Campoalegre que se llama ‘Campo paz’, que nació hace cuatro años y que agrupa a la mayoría de cooperativas campesinas de ese municipio del Huila. Lo financió, según dos personas de esa organización, la líder del movimiento Marcha Patriótica, Piedad Córdoba.

“Ella (Piedad) nos apoyó en el tema de los buses, el salón (un auditorio en el piso 34 del edificio Seguros Tequendama) y la hidratación de los periodistas”, dijo a La Silla Sur Alfonso González, miembro de la fundación.

Vinieron en total más de veinte periodistas de esos tres departamentos de medios del Huila como La Nación, el Diario del Huila, Olé mi diario y Opa Noticias; de Putumayo como Rec Sur y de emisoras comunitarias de Caquetá de municipios como Montañita (donde hay zona de concentración), Doncello y Belén de los Andaquíes.

También fueron políticos tradicionales del Sur como el exgobernador del Huila Julio Enrique Ortiz, que durante el evento les recordó a Márquez y a Santrich que desde el ‘Nuevo Liberalismo’ de los ochentas, donde él milita, fue que la Unión Patriótica –liderada en el Caquetá por Márquez- ganó espacio en el departamento y que eso podría repetirse ahora.

Fue con ese aval de la UP que Márquez llegó a ser concejal de Florencia y después representante a la Cámara por Caquetá. Pero con el exterminio del partido que nació del proceso de paz entre Belisario Betancur y las Farc a mediados de los 80, dejó la política y se decidió por las armas.

En el evento, Márquez y Santrich parecían políticos de vieja data. De esos a los que buscan para pedirles soluciones.

Por ejemplo, a Márquez se le acercó Carlos Polo, líder de Asolíbano, una cooperativa de 374 campesinos asociados que se creó en 2001 en Algeciras (el único municipio del Huila que quedó dentro de las circunscripciones especiales de paz) a presentarle un proyecto para hacer una secadora de café en la región.

“Póngalo en un papel, me lo pasa y coordinamos”, le contestó Márquez.

Otro de los asistentes también se le presentó y le dijo que tenía un proyecto para hacer carreteras que conecten a las zonas veredales con los cascos urbanos de los municipios. Márquez le dijo que claro, que lo miraban e incluso lo invitó a la zona veredal del Guaviare para charlar.

Con los políticos también se han comenzado a acercar.

Santrich, por ejemplo, se conectó en video hace unos días con el Concejo de Neiva. Lo invitó la concejal Leyla Marleny Rincón, del Polo, y el puente con el asistente de Santrich para que se conectara cuando tocaba lo hizo el asesor de paz de la alcaldía de Neiva, Diego Tello, que militaba en el movimiento Marcha Patriótica.

El propósito de la cita virtual era que Santrich contara en qué iba la implementación de los acuerdos.

También para que explicara por qué el Huila, a pesar de cargar una trágica historia con las Farc (según información de inteligencia del Gobierno fue Márquez el que mandó a hacer el secuestro del edificio Miraflores en pleno centro de Neiva en 2001), quedó sin zona veredal, por fuera de las circunscripciones especiales y también de la priorización para aterrizar el punto agrario del acuerdo, salvo por el municipio de Algeciras.

Ahí, en frente de 15 concejales (cuatro de ellos sobrevivientes al intento de toma de las Farc al Concejo de Neiva en 2004) Santrich culpó al Gobierno de que el Huila hubiera quedado excluído.

“En la propuesta de las Farc, durante todos los debates estuvo incluído el departamento del Huila. Desafortunadamente y hasta el último segundo, a pesar de nuestra insistencia, porque consideramos que el Huila había sido tocado por la violencia, tiene problemas de miseria y falta de atención estatal, el Gobierno, sin que mediara una razón de peso, no contempló la posibilidad de incluir al Huila”, dijo el líder guerrillero.

La Silla Sur preguntó a una alta fuente del Gobierno que estuvo en esas discusiones para definir cuáles zonas se priorizaban. “No es cierto que ellos hayan peleado porque el Huila quedara incluido. Inicialmente las Farc querían que se priorizaran 400 municipios, el Gobierno decía que 144 y al final quedamos con 167. Para escogerlos usamos el índice de incidencia del conflicto armado y ellos estuvieron de acuerdo con la lista final”.

En todo caso, la explicación de Santrich en el Concejo no le cayó bien a algunos concejales. Sobre todo a los que estuvieron a punto de que los secuestraran en ese intento de toma.

“Yo tengo sentimientos encontrados porque vemos como este escenario se prestó para la intervención de uno de los jefes que tanto daño le han causado al país” dijo el concejal de Opción Ciudadana Humberto Vargas, que le tocó vivir ese asalto. “Que bueno hubiera sido que también hoy hubiera pasado el Gobierno. Ellos son los que tienen el sartén por el mango”, agregó.

Sembrar el mensaje de que el Huila está en el radar político de las Farc es fundamental con miras a futuras alianzas, que desde ya está intentando forjar Márquez.

Las alianzas

Tres dirigentes de la Unión Patriótica (dos del Huila y uno de Caquetá) confirmaron a La Silla Sur que ya se han dado reuniones con gente de las Farc en las zonas veredales para concretar alianzas políticas.

“Ya tuvimos reuniones con Martín Corena y Hernán Benítez del Bloque Sur y tenemos pendiente una cita con Iván para mirar lo de la unidad de la izquierda, que es lo que este país necesita”, dijo a La Silla Libardo Chilatra Velandia, dirigente de la Unión Patriótica en el Huila desde los tiempos en los que Márquez fue concejal por ese partido.

En esas reuniones, según Chilatra, les han dicho a los de las Farc que “la Unión Patriótica puede reconstruir su poder de la mano de ellos en la región.  También les hemos pedido que comiencen a hacer actos de perdón por todo lo que le hicieron al departamento para reconstruir la confianza”.

Por ejemplo, por el asesinato de nueve concejales de Rivera en 2006,  o por la toma al Edificio Miraflores en pleno centro de Neiva en 2001.

Estos actos y otros muchos de la Teófilo Forero de las Farc hicieron del Huila uno de los departamentos más uribistas. Por ejemplo, en la campaña del plebiscito, ganó el No con el 60 por por ciento de los votos. De sus 37 municipios, solo en tres (Algeciras, Villavieja y Baraya)  ganó el Sí.

Por eso, si las Farc quieren abrirse un espacio lo tendrán que hacer de la mano de otros.

El exmilitante del Partido Comunista en el Huila, Pablo Emilio Escobar, le explicaba a La Silla Sur que la idea es que desde el Frente Amplio que se formó desde el año pasado en el departamento entre sectores de la UP, el  Polo,  Marcha Patriótica y Alianza Verde para respaldar los acuerdos y luego el plebiscito, se concrete una alianza con el partido de las Farc.

Alianza que por un lado, ayude a promover un ‘gobierno de transición’ que les asegure que los acuerdos se van a implementar; y por otro, que las Farc, con su amplia base social en el Sur- que va desde los cultivadores de coca, hasta los mil guerrilleros que están concentrados en la zona veredal de Putumayo y las dos de Caquetá- más los 15 mil votos que la UP calcula que tiene entre Huila y Caquetá, puedan poner alcaldes y gobernadores en las elecciones regionales de 2019 y representantes a la Cámara de izquierda el año que viene.

Esos representantes, sumados a los 16 de las circunscripciones especiales (que se supone que deben ser de organizaciones sociales y no de las Farc aunque los dos dirigentes del Huila dicen que están concentrados en poner gente de su línea ahí),  más los cinco por curules directas de las Farc, “engrosarían la bancada de izquierda en la Cámara” dijo a La Silla el dirigente de la UP.

“Cada curul que ganemos es una más que le arrancamos a la derecha y que vamos a necesitar para que el acuerdo de paz de verdad se cumpla”, agregó Escobar. 

En esa misma línea nos habló Octavio Collazos, dirigente de la UP de Caquetá.

“Con las Farc la idea es hacer parte del gran movimiento de convergencia democrática de los sectores que venimos apoyando el acuerdo y aquí en Caquetá ayudar en todo el tema de las circunscripciones especiales para impulsar organizaciones cercanas a la izquierda”, agregó.

Con esa abonada de terreno, el regreso de Márquez al sur puede convertir a esta región, que fue la principal retaguardia de la guerrilla, en el epicentro del partido político de las Farc. 

Nota: Para esta historia ayudó en reportería el periodista Steven Cohen. Twitter:@sd_cohen.  

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