El repunte económico en las urnas del 2022

El repunte económico en las urnas del 2022
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La economía colombiana está caliente. El presidente Iván Duque ya empezó a anunciar un crecimiento del PIB que romperá récord de este siglo, después de la recesión más profunda en la historia reciente. El cuarto pico de covid, que ya se aplaza para principios de noviembre, no se anticipa que sea tan fuerte. Y este diciembre promete ser el primero de calle y serìa en dos años un alivio para el confinado espíritu festivo de los colombianos.

“El ambiente en la opinión tiene que ser más alegre el próximo año”, dice Héctor Riveros, abogado y columnista de La Silla Vacía que dirige el centro de pensamiento del partido Liberal. El país viene de un año duro, de pandemia, paro y pesimismo, y el repunte llega en el año electoral.

A pesar de esas buenas noticias económicas, su efecto sobre la campaña y sobre la percepción negativa del Gobierno sería moderado, de acuerdo con analistas políticos y economistas consultados.

“El Gobierno va a salir a decir que salvaron la economía”, dice Camilo Herrera, fundador de Raddar, una firma que hace análisis económico. La principal bandera del Gobierno de Iván Duque ha sido la “reactivación segura”, acompañada por la vacunación masiva. Un principio de año en el que la economía esté cerca a los niveles de producción del 2019 y el covid controlado, daría, en papel, para cobrar éxitos en la misión principal de su mandato.

Pero es una reactivación con problemas. “Del PIB no come el pobre, en cambio sí siente la inflación”, dice Francisco Miranda, director de Portafolio, que trabajó en la presidencia de Duque. Además de la inflación, el efecto de la reactivación se sentirá menos porque tiene baches en la recuperación del empleo.

Todos estos factores anticipan una discusión animada sobre el incremento del salario mínimo en diciembre, con varios riesgos para el Gobierno y juego en la campaña.

En cuanto a la discusión programática sobre la economía, el buen viento que soplará en elecciones podría ayudar a moderar posiciones sobre qué tanto debe cambiar el modelo económico, acotando más la discusión hacia el tema del empleo. Una discusión que, al final, en un electorado poco amarrado a la economía, no altera el escenario actual en el que llevan la ventaja los candidatos de izquierda y centro que abanderan las promesas de cambio.

La reactivación es real

JP Morgan, la firma de inversión gringa, le apunta a un crecimiento del PIB de 9 por ciento, tras una revisión al alza de 1.5 por ciento en septiembre. Esa semana, el Fondo Monetario Internacional también subió su pronóstico a 7,6 por ciento para 2022, el tercero más alto de Suramérica, después de Perú y Chile, y el más alto del siglo XXI para Colombia. Se trata de una senda de reactivación notable, que no comparten todos los países. Por ejemplo, México y Brasil, fueron revisados a la baja por el FMI.

“Nadie soñaba esto hace 8 meses. Muestra una capacidad gigante de resistir”, dice Juana Tellez, economista jefe del BBVA.

Téllez explica que hay un consumo reprimido, de personas que mantuvieron sus trabajos y lograron ahorrar durante a pandemia. Esto ha jalonado una reactivación en la industria y el comercio, ahora abierto en más sectores tras el fin del tercer pico y el paro. “La demanda de la industria está superando la oferta. Mis clientes me dicen que tienen tantos pedidos que no los pueden cumplir”, agrega Téllez.

Esto lo ha medido el Dane, a través del Índice de Seguimiento de la Economía (14.3 por ciento en julio), lo que desató el optimismo de los pronosticadores. También por fuera de las cifras oficiales hay datos alentadores. Por ejemplo, según XM, el comercializador de energía eléctrica en el país, el promedio de consumo de energía de septiembre de este año superó en 4 por ciento el del 2019, en la prepandemia.

Pero el crecimiento ha venido de la mano de una alta inflación. El Banco de la República ya anticipa que estará en el rango alto, por encima del 4 por ciento. Otros pronósticos, como el de S&P, una calificadora de riesgo, lo pusieron por encima de 5, una cifra alta para los estándares de Colombia.

La inflación, además, golpea de manera desigual a la población. “Lo más triste es que afecta más a las personas más pobres, que destinan una parte mayor de sus ingresos en alimentos, que son los que más han subido”, dice Téllez, del BBVA.

Esto preparará una escena compleja para la puja del salario mínimo de fin de año. Históricamente, Duque ha subido el salario por encima de la inflación. Pero este año la discusión llega con dos ingredientes adicionales.

Por un lado, los empresarios acaban de meterse la mano al bolsillo con una reforma tributaria financiada por impuesto de renta a las empresas. Su presión para mantenerse en la raya de la inflación será alta, sobre un Gobierno en deuda.

Por el otro, tendrá a unos sindicatos empoderados por el Paro de abril, que desde entonces no han encontrado una coyuntura para reactivar con éxito la calle, a pesar de haber citado a varias movilizaciones.

“El debate del mínimo va a ser muy tenso. El Gobierno probablemente estará dispuesto a un aumento generoso para desactivar el discurso de la oposición”, dice Herrera, el economista de Raddar. Lo que por otro lado será un desaire hacia los empresarios desde la derecha, en plena campaña.

Además, un mínimo alto en el 2022 tendrá un impacto sobre las empresas grandes y pequeñas ya apretadas por sus nóminas, en un año en el que la gasolina de reactivación se agotará. “Es clave entender que lo que estamos viviendo no es un boom, no es una bonanza, es una reactivación, un regreso al status quo”, anota Miranda de Portafolio.

Y si bien eso es lo que ha prometido el Gobierno, en el contexto de una crisis mundial sin precedentes, ese regreso devuelve al país a una situación de modesto crecimiento, en el pronóstico del FMI para el 2022, de 3.8 por ciento.

La situación económica sería similar a la del 2019, un año antes de la pandemia, cuando el clima social había estallado ya un paro, el primero que vivió el Gobierno Duque. Por eso, incluso con la reactivación, en las cuentas para el próximo año de Téllez, que evalúa riesgos para la banca desde un banco privado, no están descartados nuevos paros.

El desinfle del empleo

Es un crecimiento sin empleo, un crecimiento sin producción, sólo bancario”, trinó Gustavo Petro esta semana, luego de conocer la actualización de proyecciones del FMI. Cómo manejar el repunte es una pregunta que una persona que asesora su campaña en temas económicos dice que se está empezando a plantear.

Pide no ser identificado para dar su opinión personal: “Depende de si tiene impacto en el mercado laboral. Aún son tímidos los efectos. Pero si se consolida, sí pensaría que puede cambiar un poco la dinámica, en particular para Petro, que está prosperando sobre la idea de que este Gobierno de derecha estaba manejando mal la economía”.

Se trataría de una moderación, más que un cambio de discurso. Una realidad económica que acota el cambio de modelo económico, en el que reconoce que hay aspectos que funcionan, como el PIB, pero otro que no, como el empleo.

Ahí Petro puede contar con los problemas estructurales de la economía colombiana para producir empleo. Si bien en agosto la cifra de desempleo cayó más de lo esperado, a 12.3 por ciento (frente a 16.8 en 2020), aún falta mucho para una recuperación plena a un nivel que ya era el más alto de la región.

Incluso si en diciembre se llega a coquetear con una cifra de desempleo prepandemia, del 11 o 10, como le ha apuntado el Gobierno Duque, hay un lunar enorme que esconde detrás de la cifra: la población inactiva, las personas que salieron del mercado laboral. Según el Dane, en agosto de 2021 hubo poco más de un millón de personas que no han regresado al mercado laboral en comparación con el 2019, la mayoría mujeres. Un millón, de dos millones al inicio de la pandemia, que no han vuelto a buscar empleo, que ya no participan de la economía y no generan ingresos.

A esos se suman más de 400 mil más adicionales que siguen desempleados, en comparación a 2019. Y sin empleo, como han señalado varios analistas, la reducción de la pobreza que promete lograr el Gobierno con la reforma tributaria, a niveles prepandemia, será muy difícil de lograr.

Es decir, aún con reactivación del PIB, el empleo y la pobreza estarán lejos de la prepandemia en 2022, cuando lleguen las elecciones, más allá de que el presidente pueda citar una cifras positivas.

“Duque vive sacando cifras, pero cuando se pierde la confianza, se vuelve un vocero inefectivo”, dice Camilo Rojas, consultor político. “Si yo fuera un asesor de él le diría que mire eso con mucho cuidado. La gente puede sentir que la están engañando”, agrega. Hector Riveros apunta al mismo lado: “El Gobierno debería ser sutil en la manera de cobrar, pero el presidente no lo va a considerar, van a salir todos los días a cobrar”, agrega.

Entonces, aún con una economía en hervor de gasto del consumidor, para cuando lleguen las elecciones el efecto no se sentirá en todos lados. Herrera, de Raddar, ha sido insistente en señalar que hay una brecha grande entre la recuperación del PIB y la percepción de esa recuperación, “el Gobierno va a señalar una recuperación que los hogares todavía no sienten del todo, quizás solo parcialmente”.

En Colombia no es la economía, estúpido

Bill Clinton logró arrebatarle la reelección a George Bush en 1992 señalando sus falencias económicas. “Es la economía, estúpido”, se convirtió en el slogan no oficial de la campaña victoriosa, acuñadada por su asesor James Carville.

Pero el electorado colombiano “no ha votado en sus elecciones presidenciales por el tema económico, no es como Estados Unidos”, dice Miranda de Portafolio. Frente a un debate programático lleno de cifras y conceptos, Herrera agrega que en el voto prima el componente menos racional.

Según Riveros, este clima para las elecciones presidenciales señala que “Los candidatos presidenciales de derecha están perdidos, y el centro no ha podido pasar de un discurso aburrido para aprovechar el momento e imprimirle alegría o propuestas audaces a la elección.” De hecho, hasta ahora han pesado poco las que han soltado candidatos de centro y centro derecha, que representan la élite de la tecnocracia económica. Los doctorados de Alejandro Gaviria, Mauricio Cárdenas y Juan Carlos Echeverry no han pesado para que suban en las aún prematuras encuestas de intención de voto.

“Petro es el que más posibilidades tiene, es el que ha logrado si convierte la indignación en una ilusión de cambio real, en la medida en que se siente que puede ganar”, agrega Riveros. Y es el que ha lanzado propuestas que, más allá de sus problemas de viabilidad y planeación, han tenido más impacto en la opinión. Por ejemplo, frenar la exploración petrolera y aumentar el recaudo de impuestos gravando sobre todo a cuatro mil personas personas ricas.

Pero más allá de esta competencia programática que agita la reactivación, quienes están haciendo estudios de opinión destacan en el estado de ánimo estos registran poco. Según María José Roldan, del Centro Nacional de Consultoría, la encuestadora que contrata la revista Semana, “el tema de la seguridad es predominante y está apareciendo de manera reiterativa”. Rojas, que adelanta encuestas internas para sus clientes, va por el mismo lado, “Es seguridad, luego empleo, en tercer lugar hablan de pobreza. El tema de reactivación no se está viendo”.

Aún si se llega a ver más, Rojas, que ha asesorado a políticos de derecha, dice ve difícil que los resultados económicos de Duque sean aprovechados como una bandera de continuidad: “A los candidatos les diría que toca sintonizarse con la gente. Donde salgan de fiesta, nos fuimos para abajo”, incluso si los números económicos que presenta Duque van para arriba. 

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