El tiro al aire de Iván Márquez, Santrich y compañía

Silla Paisa

De la respuesta de los líderes del país, especialmente del presidente Duque, dependerá qué tanto vuelva el miedo de épocas que ya parecían superadas.

La confirmación de que Iván Márquez, el Paisa, Romaña y Santrich han vuelto a la guerra no tomó por sorpresa a los desmovilizados de las Farc. Tampoco a quienes han seguido de cerca la implementación del Acuerdo con las Farc. Y por ahora, parece más una movida articulada con el gobierno de Nicolás Maduro que un verdadero renacimiento de las Farc. 

Sin embargo, y como bien lo simboliza la imagen de un ciego esgrimiendo un fusil, es más probable que este tiro al aire termine causando mucho daño a todo su alrededor y regresándonos al miedo de una época que parecía superada que logrando lo que se propone. Dependerá, en gran parte, de cómo lo manejen los líderes del país, especialmente el presidente Duque.

“Pues respetable y esperable. Qué más puede decir uno cuando llevaban un año perdidos”, nos dijo un ex combatiente de un espacio de capacitación en Caquetá, que nos pidió no citarlo porque “no quiero problemas con ellos”.

Otros dos excombatientes en los espacios de capacitación nos dijeron lo mismo.

Tampoco sorprendió a los más conocedores del proceso.

Desde que se confirmó el entrampamiento de la DEA a Jesús Santrich -secundado por el entonces fiscal Néstor Humberto Martínez y el embajador de Estados Unidos Kevin Whitaker- por supuestamente negociar el envío de un cargamento de coca a Estados Unidos y la decisión de Iván Márquez de no posesionarse como senador, el temor de verlos un día nuevamente armados se volvió una pesadilla para varios de los involucrados en la negociación del Acuerdo de paz. 

Durante toda la negociación, la extradición del guerrillero Simón Trinidad que hizo el gobierno de Uribe sin que mediara una solicitud de extradición, pesaba como una espada de Damocles sobre toda la cúpula. 

En el mismo expediente en el que  lo condenaron por conspiración para tomar rehenes,  le abrieron un proceso a varios de la cúpula de las Farc en una corte del distrito de Columbia en Estados Unidos. 

Como esto en la práctica implica que, en cualquier momento, cualquiera de ellos puede ser pedido en extradición, capturado si viaja a Estados Unidos o incluso llevado por cualquier ciudadano ante esa justicia, el miedo de terminar como Trinidad en una celda con solo una hora de luz natural al día era muy real y la operación de captura de Santrich liderada por la DEA se los confirmó. Sobre todo a alguien como Iván Márquez o a Romaña que sí habían estado involucrados en el narcotráfico a tope.

Más político que militar por ahora

Dada esa inseguridad jurídica, la decisión de Márquez de no posesionarse hizo temer a muchos de que se devolviera al monte. Y eso fue lo que hizo. Sin embargo, como contamos esta mañana, el grupo de Márquez parece tener una fuerza más política que militar. Por ahora, por lo menos.

 

Primero, porque la carta de presentación de la nueva guerrilla fue un video y no una operación militar.

Segundo, porque, más allá de si están hablando o si se unen en el futuro, no lograron montar a las disidencias en la foto. Sobre todo a Gentil Duarte, que lidera el grupo más grande que opera en Guaviare, sur del Meta y Caquetá.

Según le contó una fuente a La Silla que lo supo de otra con conocimiento de los involucrados, cuando Márquez buscó a Duarte, éste lo trató de “traidor” por haber firmado el acuerdo de Paz y le dijo que se olvidara de ser el jefe de él en una eventual alianza. 

Tercero, porque tampoco aparecen los del ELN en la foto, así los hayan llamado a unirse y en algunas zonas ya haya acciones coordinadas entre los elenos y las disidencias. Como explicó el completo análisis de la Fundación Ideas para la paz “una alianza con el Eln a nivel nacional es difícil de concretar” por la falta de cohesión del ELN y porque tienen una desconfianza histórica con las Farc.

Y cuarto, porque crear una guerrilla como lo eran las Farc requiere mucho tiempo, un momento político propicio, un entorno internacional favorable y mucha plata.

Salvo por la financiación que sí la podrían tener, Márquez y su gente no cuentan con lo demás. La mayoría de colombianos, incluso a los que no les gusta el Acuerdo, dicen en las encuestas que quieren que se consolide la implementación de lo pactado en La Habana, y no muestran ningún fervor revolucionario. Internacionalmente, salvo Venezuela, y quizás Rusia, habría poco interés en apoyarlos. Y la situación de Maduro es todo menos estable. 

Un brazo de Maduro

Como le dijo un analista a La Silla, así como el ELN está actuando como una fuerza paramilitar de Maduro en Venezuela, este grupo de Márquez sería una extensión del dictador venezolano en Colombia.

Uno de los grandes logros de Juan Manuel Santos fue que tanto Hugo Chávez como Maduro se volvieran parte de la solución del conflicto armado colombiano, en vez de ser parte del problema.  Pero en la medida en que la situación política en Venezuela ha empeorado, y el régimen de Maduro teme cada vez más que el gobierno de Duque sea el instrumento de Estados Unidos para tumbarlo, opta por alimentar la lucha armada en Colombia. Esta sería su respuesta a las amenazas del presidente Duque y su canciller, que se la han jugado por el precario gobierno de Juan Guaidó.

Lo que viene

¿Qué significa esto hacia adelante? Depende de cómo se maneje esta disidencia.

Los que aparecieron en el video son dos tipos de líderes en las Farc. De un lado, Márquez y Santrich, que durante toda la negociación fueron los más críticos de lo pactado. Y del otro, el Paisa y Romaña, dos de los guerrilleros más sanguinarios y vinculados con el narcotráfico. 

La confirmación de que ya no son parte del partido Farc de alguna manera podría “limpiar” el ambiente para apoyar de manera más contundente a los que se quedaron en la legalidad pues es evidente que el grupo liderado por Timochenko y los desmovilizados que están en los Etrc están comprometidos con lo pactado.

También quita de encima el sambenito de si Santrich está o no está y permite expulsarlos de la Jep y quitarle a Santrich la investidura de Representante. Y le plantea un incentivo a Duque para finalmente apostarle a la implementación del Acuerdo de Paz.

Sin embargo, todo dependerá de cómo lo manejen el Gobierno y el resto de líderes políticos, gremiales, sociales y periodísticos.

Las reacciones

La reacción del Gobierno Duque fue significativamente diferente a la de su mentor Álvaro Uribe. Y qué discurso se imponga será clave.

Aunque el Presidente no habló de la implementación del Acuerdo, sino de avanzar en su política de ‘Paz con Legalidad’, reiteró que “mantenemos nuestro compromiso con quienes están avanzando genuinamente en el proceso de reincorporación”.

“El Gobierno seguirá en disposición de hacer cumplir el Acuerdo”, dijo el alto comisionado para la paz, Miguel Ceballos. “Más del 90% de los excombatientes de las Farc están comprometidos con el proceso y esa voluntad de paz debe ser respetada. El Estado nunca los dejará solos”, agregó. 

En cambio, para el expresidente Álvaro Uribe, el grupo de Márquez es la continuación obvia de la firma de un fallido Acuerdo de paz, que en su opinión debería desmontarse a partir de esta coyuntura. Esta mañana dijo “aquí no hubo paz sino el indulto para responsables de delitos atroces” y ha seguido todo el día trinando mensajes como “hay que bajar los acuerdos de la Constitución” o “para apoyar a los de la base no se necesitan acuerdos” 

En esa misma línea están congresistas del Centro Democrático, como Paloma Valencia.

Por eso este episodio pone a prueba el liderazgo del Presidente. 

Si opta por la implementación del Acuerdo de Paz y por un discurso que fortalezca al partido de las Farc en la legalidad, como lo anunció Ceballos, le quitaría oxígeno al discurso de Márquez que justifica su regreso a las armas casi que exclusivamente en el incumplimiento de los acuerdos de la Habana. 

Si, por el contrario, sigue la línea de su partido y aprovecha el momento para intentar desmontar el Acuerdo, seguramente obtendrá los réditos políticos que da el odio a las Farc en el corto plazo pero arriesga que los desmovilizados que por ahora le siguen apostando a la reincorporación se vayan a donde Márquez.

“Eso se veía venir. Hay muchos que ya hicimos una vida familiar y por eso el regreso a la lucha insurgente se nos hace ilógico. Pero habrá otras personas que sin el núcleo familiar y sin mayor arraigo vean en ellos una posibilidad cierta”, nos dijo uno que vive en el espacio de Icononzo en Tolima y que como varios otros con los que hablamos siguen creyendo en el Acuerdo.

Al final, seguramente la decisión de Duque dependerá en gran parte de la respuesta del resto de la sociedad, y en particular del sector privado que tanta influencia tiene en su gobierno y cuyos líderes estarían entre los objetivos a atacar por parte de la disidencia de Márquez.

Fueron ellos los primeros con los que se reunió Duque hoy. La reunión estaba programada desde antes de que se conociera el video para hablar de la agenda económica, pero el tema de la nueva guerrilla se tomó la mitad de las dos horas del encuentro.

A los empresarios la noticia del rearme de la Farc como guerrilla no parece preocuparles tanto, y un indicio de ello es que hoy el principal índice de la Bolsa de Valores de Colombia, el Colcap, subió y en la mayoría de las empresas el precio de la acción subió.

De los nueve gremios y cuatro empresarios con los que hablamos para esta historia a ninguno le sorprendió el rearme, porque lo veían venir, pero además, porque dudan que la nueva guerrilla tenga la capacidad de impactar más a la actividad empresarial, que ya está siendo extorsionada por las disidencias y el ELN. Pero reiteraron su alineación con la posición de Iván Duque de mantener el beneficio a los exguerrilleros que siguen en el proceso de paz y combatir a los disidentes. 

“La fuerza pública está en capacidad de reaccionar. No hay razones para pensar que esto nos devolverá a épocas superadas”, dijo Jorge Humberto Botero, presidente del gremio de las aseguradoras y ministro de comercio de Álvaro Uribe, a la vez que destacó el compromiso de Timochenko y el partido Farc con el proceso de paz.

En esa línea, Proantioquia, que representa el sector privado paisa, sacó un comunicado en el que, entre otras cosas, dice que "urge que la política de Paz con Legalidad sea una prioridad de la agenda pública nacional, y así acelerar la implementación del Acuerdo Final, para demostrar que la confrontación armada no es el camino y que la transformación territorial y una nueva cultura política, democrática e incluyente sí es posible".

La otra variable que pesará mucho sobre Duque será la actitud que tome la comunidad internacional que ha invertido tiempo, prestigio y plata en el Acuerdo con las Farc. La Comunidad Europea sacó pocas horas después del video de Márquez un comunicado en el que expresa su respaldo a la implementación del Acuerdo de Paz. 

Por su parte, la ONU, a través de la Misión de Verificación en Colombia, condenó el rearme de los exguerrilleros y reconoció a los desmovilizados que cumplen el acuerdo. 

Aun con estos respaldos claves para la implementación del Acuerdo, no le será fácil a Duque no ceder totalmente al discurso de Uribe y el Centro Democrático si dada la debilidad militar con la que arranca el grupo de Márquez apelan al terrorismo para existir y hacerse sentir.

El incentivo a recurrir al terrorismo

Márquez en su discurso dijo que no atacarán a los militares y policías, con lo cual en principio descarta la tradicional guerra de guerrillas en donde los campesinos terminan siendo los grandes sacrificados. Y dijo que concentrarían sus ataques contra “la oligarquía”.  Esto quiere decir que si concretan su amenaza, el país se tendrá que preparar para ataques como el del centro Andino o incluso el Club El Nogal, cuyo autor intelectual fue el Paisa, que estaba hoy al lado de Márquez.

Una fuente que mantiene contactos con los miembros más radicales en la Universidad Nacional nos dijo que lo ocurrido hoy era previsible porque “la reconstrucción del aparato político clandestino de las Farc en las ciudades viene desde hace más de un año”. 

Dice que las apariciones de expresiones clandestinas en las universidades bajo las siglas PC3 y Movimiento Bolivariano permitían entender que la reconstrucción de las redes de trabajo logístico y político estaban andando. De hecho, como contamos hace dos semanas, ya había una carta de ese movimiento, que salió en dos portales tradicionalmente cercanos a las Farc, invitando a Márquez y a Santrich a refundar un nuevo movimiento político. 

Al menos desde hace un año, como contó La Silla Cachaca, reaparecieron en la Nacional encapuchados reivindicandose como integrantes de “las verdaderas Farc” en un momento en que Santrich ya había sido detenido y se desconocía el paradero de Márquez.

Que estas redes, sobre todo si logran articularse con las milicias urbanas del ELN como dijeron que buscarían hacerlo, sean capaces de producir un atentado terrorista pondrá a prueba las capacidades de inteligencia del Estado en un momento en que la Fiscalía está sin jefe en propiedad y el Ejército está inmerso en un mega escándalo de corrupción. 

En conclusión, aunque lo sucedido hoy era un escenario probable dado el triunfo del No, los problemas de la implementación del Acuerdo desde el mismo gobierno Santos, la novela de Santrich, la elección de Trump y del candidato que se oponía al proceso de paz, ver a Márquez, a Romaña y a Santrich armados no deja de ser una noticia impactante. Y deprimente por lo que significa para la tranquilidad y la vida de los colombianos.

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