El triunfo de Petro es, además, la derrota de Iván Duque

El triunfo de Petro es, además, la derrota de Iván Duque
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Una de las últimas veces que Duque y Petro compartieron el mismo espacio fue en 2018, en un debate presidencial de Teleantioquia y la Revista Semana.

El próximo 7 de agosto, el presidente Iván Duque le entregará la banda presidencial a Gustavo Petro. Será una imagen difícil de tragar para el uribismo y probablemente para el propio presidente, porque la victoria de su principal opositor significa la derrota del uribismo y el fracaso de la principal razón por la cual él fue elegido: alejar a la izquierda del poder.

La Presidencia es el cargo político más importante en Colombia. Duque tuvo las mayorías en el Congreso, a los partidos políticos tradicionales de su lado y hasta la revista más importante del país a su disposición. También usó su poder para poner a ex subalternos suyos como el Fiscal y la Procuradora. Además, trató de incidir abiertamente en la campaña, tumbando una parte de la ley de garantías para ejecutar presupuesto público durante las elecciones y criticando sin pudor las propuestas públicas de Petro.

Aún así, en la primera vuelta dos de cada tres colombianos votaron por los candidatos que lo criticaban de frente y, a la segunda, pasaron los dos que representaban el cambio más radical frente a su gobierno. Una foto similar a la de 2018, cuando Juan Manuel Santos fue relevado por el uribismo.

"Es el fin de un ciclo, eso es lo normal en la democracia", dice el exembajador de Duque y exvicepresidente de Uribe, Francisco Santos.

Las fallas de Duque

El gobierno de Duque ha sido reconocido por tres cosas: el manejo de la vacunación y la mejora en las capacidades del sistema de salud durante la pandemia, la recuperación económica y el estatuto de migrantes venezolanos. Pero ninguno de esos temas fueron relevantes en la campaña.

"Duque quedó en blanco porque para ningún candidato era rentable defenderlo", señala Sergio Guzmán, analista de Colombia Risk Analysis. "Hasta Federico Gutiérrez terminó haciendo campaña por ‘el cambio’ y la ‘unidad’. Duque fue como la letra escarlata".

Ni siquiera dentro de su partido usaron su nombre, ya que los precandidatos uribistas evitaron mencionarlo o hacer campaña por el continuismo. Con una popularidad que no supera el 23 por ciento, según la última Invamer, ningún candidato quiso amarrar su suerte a la de Duque.

La derrota política de Duque comenzó a gestarse desde 2019, cuando el Centro Democrático perdió bastiones como Antioquia y la Alcaldía de Medellín. En ese momento, políticos uribistas le echaron la culpa a Duque, entre otros, porque "gobierna con sus amigos y no con sus aliados".

Esa distancia de Duque con sectores del uribismo —y hasta con el mismo Álvaro Uribe— se profundizó antes del paro de 2021 porque no consensuó ni siquiera con él, que era el jefe de la bancada de gobierno, la reforma tributaria y luego no tuvo la autoridad suficiente para desmontar los bloqueos.

"Duque creyó que gobernaba con el uribismo y allá lo veían como alguien que no los representaba", señala el analista Guzmán.

Dentro del Centro Democrático y sin un Uribe presente para tirar línea como lo hacía antes de que su proceso judicial lo marginara políticamente, Duque no tuvo aliados que defendieran a su gobierno, ni tampoco pudo impulsar a alguien que llegara a las consultas interpartidistas.

El congresista Eduard Rodríguez —quien es uno de los pocos 'duquistas' de la bancada saliente con entrada a Palacio porque es amigo del presidente— intentó participar en la precampaña uribista, pero fue vetado por el Comité de Ética del Centro Democrático. Con Óscar Iván Zuluaga, las relaciones siempre fueron distantes y un último intento de Duque de que el exministro entrara a la coalición Equipo por Colombia terminó abortado por orden de Uribe.

De acuerdo con un exfuncionario del presidente, recién arrancando su mandato Duque tenía la idea de poder construir una candidatura para su sucesión alrededor de los logros que tendría su gobierno y con el Centro Democrático como núcleo de esa alianza. Pero lo único que logró fue poner a un aliado en la Cámara de Representantes, el exconcejal y hoy congresista electo, Andrés Forero.

La bancada del Centro Democrático pasó de tener 19 senadores a 13, y de 31 representantes a 16. En cuatro años de gobierno de Duque, su partido pasó de ser la primera fuerza a la quinta en el Capitolio.

El manejo del paro

Pero fue la desconexión de su gobierno con la calle lo que terminó de darle el aire que necesitaba Gustavo Petro para su candidatura.

"El país salió a dar un claro mensaje", dice el congresista Rodríguez. "Tiene que existir una química indudable con la ciudadanía y tocaba ganarse el corazón de la gente y no se logró".

Eso, a pesar de lo que los uribistas aliados del presidente insisten en que son avances del gobierno. "Duque hizo más de 12 mil vías terciarias, terminó 2.600 dobles calzadas, hicimos la educación gratuita para estratos 1, 2 y 3, la vacunación fue un éxito. Pero nos faltó pedagogía y el gobierno tuvo que entender que la embarramos —como gobierno y coalición— en no hacer pedagogía de los logros y en no ganarnos el corazón de la gente", dijo el congresista.

Pacho Santos concuerda con Rodríguez en que sí hubo avances en la política de Duque, como la recuperación económica, pero hace un mea culpa más profundo: "No vimos la evolución del país en 20 años, cómo esa Colombia que tomó Uribe y la entregó en 2010 se transformó dramáticamente, no tuvimos una narrativa para contar y nos volvieron nada".

Desaparecida la amenaza de las Farc, el uribismo se quedó sin un enemigo claro que cohesionara a su base de votantes. Duque prometió en campaña que él estabilizaría el Acuerdo de Paz, incorporando las dudas que tenían los del No y sacando a los congresistas de las Farc del Congreso. Pero al final, no logró ni las modificaciones a la JEP ni quitarles las curules a los del ex Secretariado, desilusionando a sus votantes.

En cambio, no avanzó en las transformaciones estructurales que proponía el Acuerdo de Paz en la periferia del país, que a la postre fue determinante para elegir a Petro.

Y, para rematar, la bandera de seguridad que era la insignia del Centro Democrático se perdió en manos de Duque. Aunque durante su mandato murieron la mayoría de cabecillas de bandas criminales —varias de ellas en Venezuela— el deterioro de la percepción de seguridad en las regiones y en las ciudades es dramática.

El paro armado del Clan del Golfo durante la primera vuelta evidenció el fracaso de su política de seguridad. Y no solo eso. También puso de presente para muchas personas el doble rasero con el que la Fuerza Pública enfrentó ese desafío del Clan y la violencia que desplegó la Policía frente a los jóvenes que protestaron en las marchas del 2019 y 2021.

De esta manera, Duque nunca fue suficientemente uribista para los uribistas ni suficientemente incluyente para los demás.

"Duque no entendió que el país no le dio la victoria al él o al Centro Democrático, sino al candidato que no era Petro y tenía un mandato de implementar una política que fuera amplia, que propusiera, que incluyera otras fuentes políticas y Duque justamente no fue capaz de hacer eso", dice el analista Guzmán.

De ignorar la oposición a entregarle el mando

Iván Duque llegó a la Presidencia con una corta trayectoria, sobre los hombros de Álvaro Uribe, pero sobre todo impulsado por el deseo de frenar a Petro, que era su principal rival.

Durante su mandato, Duque intentó por todos los medios ignorarlo: no lo nombró en sus discursos públicos a pesar de que atacaba sus propuestas con frecuencia; lo señaló, sin nombrarlo nuevamente, de ser el impulsor de los paros y bloqueos del año pasado en su autoentrevista en inglés; dejó de hacer alocuciones evitando la réplica en televisión de la oposición como lo ordena el estatuto de oposición; y nunca se reunió con Petro a pesar de que era su opositor más visible en el Congreso y en la calle.

En los próximos días, finalmente lo hará. Esta vez, para entregarle el gobierno.

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