El 'yo pecador' de Santos

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El Presidente Juan Manuel Santos parece haber acusado recibo del golpe. Los resultados de la encuesta bimestral de Gallup que develó que la tormenta que anunció el propio Santos se llevó a su paso la imagen presidencial parecen conducir al Gobierno por caminos de rectificación y al Presidente por propósitos de enmienda cuyos alcances y efectos están por verse.

El Presidente Juan Manuel Santos parece haber acusado recibo del golpe. Los resultados de la encuesta bimestral de Gallup que develó que la tormenta que anunció el propio Santos se llevó a su paso la imagen presidencial parecen conducir al Gobierno por caminos de rectificación y al Presidente por propósitos de enmienda cuyos alcances y efectos están por verse.

Santos, en entrevista concedida a Blu Radio, la única en la que hasta ahora se ha referido a la encuesta, uso al menos en cuatro oportunidades las expresiones “nos hemos equivocado” y “tenemos que corregir”. El lenguaje y la actitud presidencial insinúan al menos los siguientes cambios:

1. El tema es la paz. El Presidente se arriesgó por un proceso de paz que se sabía tendría enemigos y su estrategia fue la de “bajarle el perfil”. “ Si no se puede no habremos perdido nada,” dijo varias veces. Santos creía sinceramente que era capaz de vender la ilusión de un país más próspero y que la gente se enganchaba con eso. Con toda claridad: el juicio al Gobierno de Santos está atado al resultado de las negociaciones en La Habana y más nos vale a los colombianos que le salga bien.

Pues esta semana, a pesar de los paros y del relevo presidencial no habló sino de paz. En todos los escenarios a los que acudió lo hizo para buscar apoyo al proceso, para señalar lo trascendente que es para Colombia, etc. Incluso dijo que los cambios en ministerios eran para conformar un gabinete para la paz.

Con la actitud anterior de Santos, el proceso parecía no tener doliente y faltaba la voz presidencial para decir con claridad, como lo dijo en la mencionada entrevista, que había que pensar que no necesariamente los jefes de las Farc deberían ir a la cárcel y para explicar que es impensable que la guerrilla abandone las armas antes de que los acuerdos estén aprobados.

Se mostró sorprendido por el texto que La Silla reveló -en primicia- del nuevo comunicado de la Corte Constitucional del que se desprende que no se podría suspender la pena a los máximos responsables de los delitos más graves. Pero anunció que asumiría una posición proactiva ante la comunidad internacional para que las exigencias no hagan imposible la negociación del conflicto colombiano. Ese parrafito que se le olvidó a la Corte en su primer boletín es el mayor desafío que tiene el proceso de La Habana, pero no me voy a referir hoy a él para no distraernos del libreto de “yo pecador” que adoptó el Presidente.

2. La gente quiere un Presidente atento a sus problemas. Uribe mal acostumbró a los grupos de interés. La famosa “micro gerencia” en la que no necesariamente se resolvían los problemas pero se atendían está haciendo falta. Santos también parece haber decidido cambiar de estilo: va a Tunja, va a Nariño, se reúne con los unos y con los otros, viaja menos y no va a fútbol. Le preguntaron por qué no iba al partido y contestó: para no dar papaya, pero cuando explicó no se quedó en la posibilidad de la rechifla sino en el hecho de que la gente reclamaba que el Presidente estuviera trabajando.

Entendió que la revivida del graffiti que reclamaba que “el país se derrumba y el Presidente de rumba” era demoledora.

3. Hay que desbogotanizar el Gobierno. En el 2011 cuando Santos hizo cambios en su gabinete, La Silla tituló: “sacados del mismo molde”, ahora no se podría escribir lo mismo. Al contrario, Santos hizo un esfuerzo por conseguirlos distintos y en la presentación de los nuevos ministros subrayó esa característica. Que Gómez Méndez es de Chaparral, que Amilkar es guajiro, que la desconocida ministra de Ambiente es de Santander, etc. No son egresados de Los Andes y no pasan el fin de semana en Anapoima.

La caricatura de que cuando le hablaban del campo el Presidente creía que se referían al campo de golf no la resiste ningún Gobierno.

4. El problema no es la comunicación es el gobierno. Hasta ahora frente a las bajas en las encuestas Santos había comprado la teoría de que “no comunicamos nuestros logros”. De lo que se cogen los gobiernos cuando eso pasa. Samuel Moreno decía:” tienen que estar ciegos para no ver lo que estamos haciendo” y resultó que sí, que estábamos ciegos.

Aunque algo de eso dijo, lo cierto es que hizo más énfasis en el: “nos hemos equivocado” y eso habla bien y mal del Presidente. Bien porque los gobernantes no suelen reconocer sus errores. La vanidad que es la primera motivación de los políticos se los impide. Santos se ha mostrado humilde ante la debacle frente a la opinión.

Habla mal porque, como decía hace unos días el hoy Ministro de Minas, Amilkar Acosta, que –después de tres años- el Presidente reconozca sin ruborizarse que “estamos volando sin instrumentos, no sabemos cuál es la verdadera situación de nuestro sector agropecuario” es grave. Pero peor sería que dijese que todo va bien.

El propio nombramiento de Acosta, crítico durísimo del Presidente, es a mi juicio una señal de que no va a seguir haciendo lo mismo sino que habrá cambios, no solo de nombres sino de políticas. Para poner un ejemplo: no me imagino que vayan a persistir en la venta de Isagen, que depende del sector que orientará Acosta después de que el ahora Ministro le pareciera necesario acudir a una acción popular para impedir que la venta se realizara. Buacarán una salida digna, dirán que la incertidumbre sobre la decisión judicial o lo que sea, pero imagino que no van a seguir.

¿ Hay un Nuevo Santos o estoy viendo mal?

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