En el round por la seguridad de Medellín, gana Quintero y pierde Uribe

En el round por la seguridad de Medellín, gana Quintero y pierde Uribe

El alcalde de Medellín, Daniel Quintero, y el expresidente Álvaro Uribe.

La pelea entre el ex presidente Álvaro Uribe y el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, escaló anoche a una denuncia penal en la Fiscalía. Según dijo Uribe en un comunicado, presentó información sobre “posibles actos de corrupción en la Alcaldía”. Es el último episodio en un enfrentamiento que se calentó hace una semana, y que empezó por otro tema: la seguridad en la capital antioqueña.

“Si el Alcalde de Medellín como es de guapo con quienes lo critican, fuera siquiera la mitad con los violentos, no habría inseguridad”, le dijo Uribe a Quintero en un trino de hace ocho días. La pulla llegó mientras el debate nacional se centraba en la inseguridad en Bogotá y Cali. Pero, desde entonces, las críticas de Uribe cambiaron de dirección, al tema de la corrupción.

El giro revela un panorama particular con la seguridad en Medellín. A diferencia de Bogotá y Cali, este año Medellín tiene índices de homicidio y hurto inferiores a los de 2019, el último año comparable, previo a la pandemia. Con estas cifras Quintero ha podido repeler con autoridad los ataques de Uribe, en una administración que ha traído una aproximación distinta al tema de la seguridad. Especialmente frente al anterior alcalde, Federico Gutiérrez, hoy candidato presidencial de centro derecha, cercano al uribismo.

Gutiérrez asumió la lucha contra el crimen como su principal bandera. Pero sus resultados, frente a lo que ha sido una atípica alcaldía de Quintero en la pandemia, son peores en los indicadores claves.

Así, lo que empezó como un ataque del uribismo por la inseguridad en Medellín al alcalde Quintero —quien lidera el movimiento Independientes que se está alineando con el Pacto Histórico de Petro en las elecciones del 2022— termina revelando otro flanco débil en el tema de la seguridad para la derecha. En especial para Gutiérrez, uno de sus alfiles en la próxima contienda electoral.  

Las cifras respaldan a Quintero, por ahora

Hasta el 17 de septiembre de este año Medellín suma 14.973 hurtos. Para el mismo periodo de 2019, cuando Federico Gutiérrez era alcalde, la cifra era de 18.191, una reducción del 18 por ciento.

La diferencia, de casi tres mil casos, tiene de fondo dos grandes puntos: “Lo primero es la diferencia de estilo entre Quintero y Gutierrez. Por otro lado, la pandemia y el confinamiento”, analiza el profesor Pablo Emilio Angarita, docente investigador del Observatorio de Seguridad Humana de Medellín.

Según una investigación del Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia de Medellín (SISC), aunque la pandemia redujo la inseguridad en todo el país, Medellín fue la ciudad donde más cayeron los indicadores de delitos durante el aislamiento social a causa de la pandemia.

También, de acuerdo al reporte diario de homicidios en la ciudad que entrega el mismo SISC, Medellín pasó de tener una tasa de 23 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2019, a una proyectada de 15 para terminar el 2021. 

Se trata de un logro no menor. Especialmente considerando la historia de violencia en la ciudad, alguna vez la más violenta del país, que por primera vez, bajo la administración de Quintero, llega a niveles similares de homicidio que Bogotá.

En esencia, durante la pandemia y parte de lo que va de este año, la ciudad ha sido menos insegura. Esto se refleja en la encuesta de percepción ciudadana de la organización Medellín Cómo Vamos, que dice que la percepción de seguridad aumentó del 49 por ciento en 2019 a 52 por ciento en 2020.

Lo que sí ha aumentado es el hurto, y se han hecho frecuentes los videos de robos en redes sociales. Con corte al 17 de septiembre, en Medellín se han presentado cerca de tres mil robos más que en 2020, pero tres mil menos que en 2019, el último año de gobierno de Federico Gutíerrez.

Cambio de estilo

“Federico parecía Batman defendiendo a ciudad Gótica”, dice Pablo Emilio Angarita, docente investigador del Observatorio de Seguridad Humana de Medellín de la Universidad de Antioquia.

A Gutiérrez le gustaba el protagonismo y era más mediático. Impuso un estilo particular para enfrentar las estructuras criminales de Medellín, que le valieron cuestionamientos por posibles favorecimientos a un sector de la criminalidad, cuando fue capturado su primer secretario de seguridad Gustavo Villegas.

Aún así, durante su alcaldía los homicidios aumentaron. La tasa, es decir el número de homicidios por cada 100 mil habitantes, pasó de 20 en 2015 a 25 en 2019.

Para Quintero, a diferencia de su antecesor, la seguridad no es la principal bandera de su Gobierno. De hecho, dentro de su Plan de Desarrollo no aparece la palabra ‘seguridad’ en ninguna de las líneas estratégicas. En cambio ha hecho una apuesta por convertir a Medellín en el “Valle del Software” a través del impulso de la tecnología, lo que también se ha trasladado a la política de seguridad.

Esa estrategia también ha sido muy cuestionada, porque se ha traducido en hipervigilancia del espacio público.

Por ejemplo, en agosto Quintero instaló el primero de 40 ‘Robocops’, unos remolques con muchas cámaras, equipados con sistemas de alerta, luces y audio que incluso prometen predecir delitos. La Personería le puso el ojo por posibles irregularidades en el proceso de adquisición. 

De otro lado, Quintero ha querido tener un discurso en el que sean centrales los temas sociales por encima de la confrontación al crímen, que en Medellín está organizado en más de 10 estructuras sofisticadas, denominadas Grupos delincuenciales organizados (GDO); algunos se remontan a la época de Pablo Escobar, como La Terraza.

Bajo esa premisa creó, en octubre del 2020, la Secretaría de la No Violencia, una cartera que surgió sin recursos, impulsada por Diana Osorio la esposa de Quintero que trabaja con el título de “gestora social de Medellín”.

Durante el paro, la Secretaría sirvió de canal de conciliación entre manifestantes y Policía en las manifestaciones, y le ha ayudado a sacar pecho a Quintero, pues Medellín es la única ciudad grande de Colombia donde no hubo muertos en las protestas.

“A mi me parece que esa secretaría de No Violencia es algo que marca una diferencia muy grande con la administración pasada. Es una iniciativa buena, pero liderada por un alcalde que anda cazando peleas con los gremios y otros sectores”, dice el investigador Angarita. Además, dice que, frente a los problemas de criminalidad y violencia de la ciudad, “es algo muy marginal”

De fondo, agrega Angarita, los problemas de seguridad históricos de la ciudad no han cambiado, “persisten como fenómeno nacional y transnacional”. ¿Qué ha cambiado entonces? “Bogotá tiene unos problemas de delincuencia común. Aquí hay unas estructuras criminales diferentes”, dice el investigador del Observatorio de Seguridad de la Universidad de Antioquia.

La sugerencia de que la estrategia menos confrontacional de Quintero contra las GDO de Medellín ha traído una paz mafiosa la lanzan sus opositores. “¿La baja delictual es gracias a la Alcaldía? No, las cosas por su nombre, ¿gobernanza criminal?”, trinó Andrés Tobón, exsecretario de seguridad del exalcalde Gutiérrez (quien llegó a esa entidad después de que al anterior, Gustavo Villegas, lo capturaran por supuestos nexos con miembros de la Oficina de Envigado).

“Lo que yo siento es que se perdió la línea estratégica de combate contra el crimen organizado, porque nosotros en tecnología también veníamos avanzando mucho”, le dijo Tobón a La Silla

Según un oficial de alto rango de la Policía, que pidió la reserva de su nombre para hablar con libertad, el supuesto apaciguamiento de Quintero a los grupos que regulan la violencia y el crímen en Medellín podría tener consecuencias futuras negativas, “Yo creo que el próximo año van a subir los delitos de alto impacto, porque si usted le deja un centímetro a las estructuras criminales estas se lo toman”, dice.

Por ahora Quintero tiene las cifras, “Medellín cero vidas pérdidas en las marchas, (...) y 40% de reducción de homicidios. Medellín va bien”, respondió ante los ataques de Uribe.

La pelea entre Quintero y Uribe anticipa que en Medellín, la seguridad es una bandera resbalosa para el uribismo y su partido, discurso que además se ha deteriorado en manos del presidente Iván Duque. Más aún, es un tema que le puede terminar costando a Federico Gutiérrez, quien hasta ahora ha guardado distancia y silencio del enfrentamiento. 

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