Rocío Osorio Martínez recuerda que el 30 de agosto de 2019 se tomó una foto con el presidente Iván Duque. Ese día la gente del corregimiento San Rafael se levantó temprano, como de costumbre, y se trasladó en buses hacia al casco urbano del municipio de Ovejas (Sucre), a la cancha múltiple donde se realizó el evento con el mandatario.

Rocío tenía una camiseta blanca de la Agencia Nacional de Tierras (ANT) y estaba orgullosa porque fue una de las personas que lideró el proceso de formalización de terrenos en San Rafael, donde vive desde que nació. Recuerda que estaba en primera fila frente al presidente y que, por eso, alcanzó a tomarse la foto, abrazarlo y agradecerle por el título.

“Hágame un favor, porque esto me pone muy contento, muéstrenme esos títulos que tiene cada uno de ustedes”, dijo en ese momento un eufórico presidente Duque, gritando y agitando su brazo derecho. Los ovejeros que estaban allí respondieron levantando sus títulos de propiedad en una carpeta transparente con líneas verdes de la Agencia Nacional de Tierras.

En concreto, lo que hizo el Gobierno Nacional fue formalizar 1.058 títulos de propiedad en Ovejas, en el marco del proyecto piloto de barrio predial masivo que se adelantó con la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), a través de la ANT.

En los corregimientos de Ovejas en los que se llevó a cabo el proceso los beneficiarios están contentos. De hecho, Rocío y su amiga Adriana Narváez aún conservan las carpetas transparentes en las que le entregaron los títulos y muestran con entusiasmo los detalles del documento.

Pero más allá del orgullo que les da tener su título de propiedad, Rocío y Adriana cuentan que, en la vida práctica, nada ha cambiado con la formalización de sus tierras. Aunque no tenía un título legal, llevan años viviendo en esos terrenos porque sus lotes siempre estuvieron delimitados por cercas y jamás tuvieron conflictos con un vecino por el espacio.

En Ovejas todos tienen las mismas tierras de siempre

Rocío Osorio muestra orgullosa su título de propiedad.

Rocío vive en una parcela de 1.395 metros cuadrados, equivalente a dos áreas grandes de una cancha de fútbol, desde hace ocho años. En su lote cultiva papaya, maíz y tabaco y tiene varias gallinas que corretean por todos lados.

“Mi hermano se lo compró a Francisco (un amigo al que invitó a la reunión) y yo se lo compré en 2013 a él en 800 mil pesos. El alcalde Mauricio García me regaló este caney”, dice Rocío.

“Acá se compraba a palabra, se actuaba con el principio de la buena fe”, agrega.

En San Rafael, a 15 kilómetros del casco urbano de Ovejas, casi todos los habitantes se conocen entre sí. No hay nomenclaturas, pero nadie se pierde. Por ejemplo, para saber dónde vive Rocío basta preguntarle a un par de vecinos para que den las indicaciones.

Rocío está contenta con el lote porque es fértil y, como tiene un buen mantenimiento y el caney que le regaló el alcalde, puede estar costando cinco veces más del precio al que lo compró.

Sin embargo, le gustaría tener más tierra para trabajarla y poder vivir de la agricultura. “Lo que cultivamos acá en este lote es para nuestras necesidades y un poquito que se pueda vender, pero no tenemos tierra”.

En cuanto a la adjudicación de tierras nuevas, Rocío nos comenta que “el Estado vino a formalizar porque ya nosotros teníamos nuestro lote. Se focalizó en formalizar pura casa lote, pero que vengan a adjudicarnos tierras como tal no...ojalá nos dieran así sea tres hectáreas para trabajar”.

Por otro lado, su amiga Adriana Narváez tiene una casa de fachada azul y de 500 metros cuadrados. Ella vive en la zona baja de San Rafael, al frente de la cancha de fútbol de arena del corregimiento, y no tiene la misma suerte que Rocío pues su tierra es dura, no es fértil para el cultivo.

Adriana es ama de casa y madre de cuatro hijos. Ella ha vivido casi toda su vida en el mismo lugar porque fue una herencia que le dio su papá, y en el 2019 la pudo formalizar en el proceso de la ANT.

De hecho, Adriana hizo parte del proceso de socialización de la ANT: “Socialicé en qué consistía el proceso de formalización de tierras. En un principio la gente estaba muy temerosa porque no creía en el Gobierno porque le han mentido mucho”.

“Había proyectos en los que necesitábamos un título para poder aspirar, pero no teníamos nada. Ya nosotros tenemos algo que nos acredita y somos dueños de lo que vivimos”, dice Adriana, orgullosa.

Pero al igual que su amiga Rocío espera tener un lote de tierra para poder cultivar. A finales del año pasado, Adriana y Rocío asistieron, junto a 130 personas más, a las reuniones de la ANT para socializar el proceso de adjudicación de tierras nuevas, pero este año no han tenido más información al respecto.

Sin embargo, en lo que va de este año los interesados no han tenido más información.

La oficina de la ANT en Ovejas no genera muchas expectativas de que el proceso vaya a avanzar pronto, pues en la puerta hay papel que dice “no hay atención al público” porque no hay personal contratado. 

El curandero de San Rafael

El camino entre San Rafael y el casco urbano de Ovejas es barroso y pedregoso, por allí transitan motos, vacas y burros. En moto son alrededor de 30 minutos. El sol es tan intenso que algunas personas prefieren hacer los mandados con la sombrilla a cuestas.

En Ovejas todos tienen las mismas tierras de siempre

El camino entre San Rafael y Ovejas.

Allí no hay un puesto de salud, por eso si alguien se enferma acude a Francisco Narváez, un curandero de 69 años.

En la cocina de la casa de Adriana, Francisco tiene guardadas botellas con plantas medicinales como la cruceta y el bejuco y animales como la culebra ciega y el ciempiés. Con orgullo cuenta anécdotas de sus exitosos resultados: “Un muchacho al llegar al Piñal lo mordió una culebra y un enfermero le rajó el dedo. Después de ir al centro de salud de Palmitos, llegó donde mí, le dije que lo atendía sin compromiso. En una hora le di tres tomas y le salvé la vida”.

Francisco también hizo parte del proceso de formalización. Con su mano derecha señala un pedazo de tierra vacío: es el lote que formalizó con la ANT, y que no utiliza.

En Ovejas todos tienen las mismas tierras de siempre

Francisco Narváez en su lote formalizado

“Me los entregó el mismo presidente Iván Duque. Son 12 metros por 12”, dice Francisco, orgulloso.

Francisco es flaco y ágil, viste con camisa blanca, bermuda azul y botas café. Además de ser curandero, tiene otra costumbre ancestral: es nómada. Es decir, no duerme ni pasa el día en un lugar fijo.

“No tengo casa, me muevo de casa en casa. Duermo en el suelo, en la hamaca esta. Duermo donde me coja la noche”, dice Francisco.

Lo hace por dos razones. Una es por los miedos que tiene tras la violencia que sufrió su familia. Francisco es uno de los cientos de afectados que dejó la violencia en la subregión de los Montes de María, conformada por 15 municipios de Bolívar y de Sucre. Sufrió especialmente los años de presencia paramilitar en el territorio, el Bloque Héroes de María

En febrero de 1997 asesinaron a su hermano Jaime Narváez, un líder comunitario fundador del Festival Nacional del Ajonjolí en San Rafael. En febrero de 1998 asesinaron a su hermano Benigno Narváez y en febrero de 1999 a su hermana María de la Cruz Narváez. Durante esos tres años en Ovejas hubo 2.452 homicidios.

La segunda razón por la que Francisco duerme donde lo coja la noche es porque no tiene casa. Él asegura que tiene solo el lote vacío en el que ahora está parado y nueve hectáreas en una finca mula (una finca conjunta entre muchas personas), donde cultiva maíz, yuca, tabaco y ajonjolí.

El lote vacío lo pudo formalizar con la ANT, pero aún está en proceso con las hectáreas de tierra en la zona rural.

Según un abogado que hizo parte del proceso de la ANT esto se explica porque la formalización se hizo principalmente en los centros poblados (cabeceras de los corregimientos), donde es mucho más fácil el trámite porque las casas ya están separadas por cercas y vallas; pero en las zonas rurales dispersas casi no se ha avanzado.

Y más allá de la formalización, son muchos los ovejeros los que aspiran a que el Estado adjudique tierras nuevas para trabajarlas y mejorar su calidad de vida. El problema es que, aunque los datos de la ANT digan otra cosa, ese proceso aún no arranca de lleno.

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