Estrellas que avergüenzan

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La discusión que se provocó en Colombia por el solo anuncio de que alguien estaba pensando que sería bueno que de pronto Millonarios realizara un acto simbólico para repudiar dos campeonatos obtenidos mientras Gonzalo Rodríguez Gacha, uno de los narcotraficantes más sanguinarios de nuestra historia, era propietario del equipo dejó al descubierto varias de las causas de nuestros males.

La idea en sí misma es un hecho sin precedentes. En un país en el que el dinero del narcotráfico ha permeado muy distintos sectores económicos y sociales nadie –hasta ahora- había pensado siquiera que sería útil hacer un acto de contrición, o que el pasado podía avergonzar. Ese es el valor que tiene que alguien en Millonarios –un equipito del cual uno no esperaría nada- haya propuesto “devolver” dos estrellas mal habidas.

La radiografía del debate muestra:

1. Que el rasero ético es bastante bajo.

El fin justifica los medios, todo vale, nos las ganamos guerreando etc afloraron rápidamente. Eso era de esperarse. Pero la regla del empate delincuencial salió con más fuerza de la esperada. Pero si todos lo hicieron, entonces que los demás también devuelvan, no nos imaginamos devolviendo tal o cual cosa…etc. Esa fue la reacción casi instintiva de la mayoría de los que participaron en el debate. La propuesta no era hagamos una enmienda colectiva, sino, si todos lo hicimos qué nos vamos a poner en eso…

Se dijo que la propuesta surgía porque un grupo inversionista extranjero que estaba dispuesto a comprar una parte del equipo había impuesto eso como condición. La imposición externa servía para descalificar la idea, cuando en realidad debería avergonzarnos más. De modo que empresas de otros lugares no solo no hacen negocios con otras si hay alguna sospecha de que tienen vínculos con negocios ilícitos, sino que tampoco están dispuestos a hacerlos si a pesar de que ya no los tengan no los hayan repudiado si lo hicieron el pasado. Los conglomerados económicos que compraron algunos de los equipos de fútbol en Colombia a testaferros de la mafia nunca se hicieron esa pregunta.

2. Que los culpables se amparan en la generalización.

Que todos de alguna u otra forma fuimos tocados por el narcotráfico. Pues no. Hay unos que no solo no convivieron o se sirvieron de la mafia, sino que se hicieron matar antes que aceptarlo, como para que ahora quienes se dejaron financiar o hicieron negocios con los capos nos digan que fuimos todos.

3. Que nos amparamos en las formas para evadir las culpas.

Que ante quién se renuncia, que quien tiene que aprobar, que si se las quitarán a los otros, que si es la Junta Directiva o la Asamblea, como si algo de eso fuera importante. La propuesta se trata de un acto simbólico, unilateral, voluntario. Se trata de no exhibir dos estrellas que avergüenzan. Simplemente borrarlas, no volverlas a mencionar, no enorgullecerse de ellas. No hay abogados de por medio, ni debate probatorio –como si en este caso fuese necesario-. El “pájaro” Juarez, un jugador mediocre de la época, llegó hasta a preguntarse si era que acaso a él le había pagado la mafia para que hiciera los goles. Que le probaran. Pues claro que le pagó la mafia, nada menos que Rodríguez Gacha. Pero no se trata de repartir culpas sino al revés –haciendo uso de lo más profundo de la ética cristiana- de arrepentirse.

4. Que no estamos dispuestos a romper con el pasado.

Que qué inoportuno. Que precisamente cuando un equipo sin mérito llegaba a un templo del fútbol –el Bernabeu- a jugar un partido –de exhibición pero partido al fin- con uno de los mejores equipos del mundo. Que dejáramos así. Que para qué sacábamos esa historia. Que había que mirar hacia delante y no hacia el pasado, etc .

5. Que –otra vez- dejamos solos a los que se atreven.

La discusión fue apagando la propuesta. Directivos de Millonarios salieron a aclarar que eso no se había discutido. Que eran unos que estaban pensando, pero que no…que había que esperar. Adjetivos varios cayeron sobre el que se atrevió. Incluso el Presidente de un equipo que está hace varios años en la lista Clinton que la Superintendencia de sociedades dice que está en causal de liquidación –de cuyo nombre prefiero no acordarme- lo calificó de “antisocial”. Los otros miembros de la Junta Directiva se corrieron y muy pocos destacaron el valor de la idea. Una propuesta verdaderamente heroica si se calcula lo que significa para un hincha del fútbol un campeonato.

Si con una propuesta de repudiar dos estrellas, mal ganadas no solo ética sino estéticamente se generó semejante reacción, ad portas de un proceso de paz que nos va a enfrentar con muchas verdades y vergüenzas no parece que estemos preparados como sociedad para romper con todo lo que deberíamos si queremos pasar la página.

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