Fajardo aprovecha el descontento para reencaucharse para el 2022

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Fajardo en una de sus reuniones en Cartagena. Foto: Twitter.

Ayer empezó una gira en Cartagena que durará un año y con la intención de representar la movilización en la calle

Aunque en 2018 Sergio Fajardo dijo que ese sería su último intento de llegar a la Casa de Nariño, acaba de arrancar su campaña presidencial nuevamente.  Lo hace en un momento que en teoría es ideal para su candidatura, pero que en la práctica le plantea superar varias realidades que no le favorecen.

Comenzó ayer su gira nacional en la Heroica, según Johanna Peters,coordinadora de desarrollo en su equipo, para fortalecer su presencia en regiones donde no fue fuerte en las elecciones pasadas como el Caribe;  posiblemente, su siguiente destino sea el Chocó. 

La idea es poder recorrer todo el país y poder reconstruir la propuesta de campaña”, agregó Peters.

La gira durará todo este año, para reunirse en privado, y a veces en público, pero sin tarima, con educadores, empresarios, ambientalistas, jóvenes y mujeres para ambientar su campaña a la Presidencia en 2022. 

Fajardo se vino de Medellín a vivir a Bogotá para armar su equipo, buscar potenciales aportantes a su campaña presidencial y comenzar a tender puentes con políticos de centro como los hermanos Juan Manuel y Carlos Fernando Galán, con quienes eventualmente ir a una consulta.

Asimismo, ya tiene un equipo de campaña integrado por algunos de los que lo acompañaron en el pasado como Peters y su ex coordinadora financiera María Eugenia Escobar, y otros nuevos como Isabella Barrios (que viene de la Andi y será la coordinadora de movilizaciones) o Sandra Cardona (que viene de trabajar con la excanciller María Ángela Holguín, actual pareja de Farjardo). 

También está comenzando a convocar gente con experiencia técnica y política para que integren equipos que nutran su discurso y sus propuestas frente al país, lo que significaría un cambio ya que siempre ha hecho política con gente muy joven y sin contar con una campaña profesional.

Otra diferencia es que pareciera esta vez tener un mayor pragmatismo político, como lo indicaría la reunión que sostuvo la semana pasada con el actual gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria, antiguo aliado suyo pero con quien se había distanciado durante la campaña por sus alianzas con los políticos tradicionales y porque le había arrebatado el aval verde a su candidato Mauricio Pérez. 

Al salir, Fajardo dijo públicamente que habían superado sus discrepancias y “Aníbal Gaviria es una persona que necesitamos para que avance la recuperación de la dignidad de nuestra tierra”, un comentario que cayó como un baldado de agua fría a algunos de los que habían acompañado al rival fajardista de Aníbal en las pasadas elecciones.

Por ahora, como ha sido siempre su estrategia electoral, su primer paso es recorrer de nuevo Colombia, hablando con gente común y corriente y con líderes sociales, sobre todo con los jóvenes que han protagonizado las marchas de protesta en todo el país. En Cartagena convocó también a ex candidatos verdes y otros independientes que se quemaron en las pasadas elecciones.

Lo que le favorece

En la última encuesta bimestral Gallup, que le mide el pulso al país cada dos o tres meses desde hace más de una década, Sergio Fajardo es el candidato con la mayor mejor imagen favorable (50 por ciento) y la menor desfavorable desde agosto del año pasado (20 por ciento). 

Le saca 17 puntos en favorabilidad a Gustavo Petro, que será uno de sus rivales en el 2022 y en desfavorabilidad Petro le saca 36 puntos. 

Además de esa popularidad y reconocimiento, arranca también con el capital político que le representó haber sacado 4,5 millones de votos en las pasadas elecciones, en las que pese que arrancó también con los niveles más altos de favorabilidad quedó de tercero.

Tiene por primera vez algunos fajardistas en el Estado: el senador verde Iván Marulanda; la representante del Valle, Catalina Ortíz; el concejal de Bogotá, Martín Rivera; el de Medellín, Daniel Duque; y los alcaldes de Palmira, Oscar Escobar, y Jamundí, Andrés Ramírez.

Tiene de su lado ser un aliado clave de la popular alcaldesa de Bogotá, Claudia López, que inscribió su candidatura con él al lado y dijo en ese momento que es “el futuro presidente” (hecho que terminó de romper la relación de López con Petro), todo en un momento en que el centro ganó en muchas ciudades.

Y, quizás lo más importante: como lo demostraron los resultados electorales de las campañas locales de 2018 y las masivas movilizaciones en la calle, su candidatura se da en un momento de ruptura política de la ciudadanía con la clase política tradicional, frente a la que Fajardo siempre se ha posicionado como una alternativa.  

Precisamente para conectarse con ese descontento social en la calle, Fajardo sale al ruedo desde ya.

“La cacerola radical, la del caos, es más del lado petrista y lo que está planteando Claudia, que es irse del lado de los verdaderos inconformes, ahí se va a terminar acomodando Fajardo”, dijo a La Silla el analista político Carlos Suárez.

Los desafíos 

Sin embargo, y pese a tener esas condiciones a su favor, Fajardo enfrenta varios retos difíciles.

El primero es con qué aval lanzarse.

Las dos últimas veces que se lanzó a la Presidencia lo hizo por firmas de su movimiento Compromiso Ciudadano, que fue como ganó la Alcaldía de Medellín en 2003 y la Gobernación de Antioquia en 2011. 

Pero, como le dijo un miembro de Compromiso a La Silla off the record, hoy el movimiento “es sobre todo una ficción, un imaginario”. 

Si bien hay miembros del movimiento en muchas regiones, las caras más visibles del mismo, que son sus representantes electos, ya son hoy parte del Partido Verde. “Es un movimiento sin la capacidad de liderar una candidatura”, agregó la misma fuente, con la cual coincidieron otros dos fajardistas.

Por ejemplo, según lo verificó La Silla Vacía cuando los llamó, ni la representante Ortíz ni el senador Marulanda ni el concejal Rivera están metidos activamente en la campaña de Fajardo, porque pertenecen al Partido Verde.

Reorganizar el movimiento y volverlos a poner a buscar firmas sería un esfuerzo titánico. Pero entrar a competir por el aval verde tampoco será fácil. 

El Partido Verde se reunirá el 25 y 26 de febrero a reflexionar sobre su futuro y a comenzar a discutir sus planes para el 2022. Como mínimo, a Fajardo le tocaría someterse a una consulta interna de los Verdes para conseguir su aval, y dentro del Partido hay muchas resistencias a que el exgobernador aparezca para el aval y luego desaparezca nuevamente.

Suponiendo que consiguiera ese aval, gente del círculo de Fajardo es consciente de que inevitablemente tendría que participar también en una consulta intrapartidista de donde salga el candidato del centro que se enfrente a Petro y al candidato de Uribe.  

Por ejemplo, el senador Jorge Enrique Robledo lanzó su candidatura hace unas semanas y dijo que iría hasta el final, anticipando una situación similar a la del 2018 en la que tuvo que bajarse y cederle el espacio a Fajardo.

En todo caso, uno de los pocos aprendizajes de la derrota del 2018 para los fajardistas fue que haberse perdido del impulso que les habría dado una consulta, porque el candidato se negó a hacerla, le dejó todo el momentum de la campaña a Petro. No quieren repetir el error.

El segundo gran desafío tiene que ver con su discurso. Fajardo lleva 20 años, desde que se lanzó por primera vez a la Alcaldía de Medellín en 2000, esgrimiendo las banderas de la anticorrupción y la educación. 

Si bien son banderas que siguen siendo importantes en la agenda de la cacerola, como le dijo uno de los consultados fajardistas a La Silla, “como todo el mundo está de acuerdo con que son importantes, ya no movilizan”.

Según ha dicho Fajardo (lo llamamos para esta historia pero no pudimos hablar con él), su lectura del paro es que por primera vez los padres y los hijos tienen preocupaciones similares ligadas a la educación y el empleo.

Los papás, porque la tecnología ha desplazado muchas labores que emplean a los adultos; y los jóvenes, porque sus familias han hecho inversiones muy costosas en su educación y cuando salen a buscar empleo no encuentran uno que recupere su inversión de tiempo y dinero. Parte de su programa apuntará a ofrecer una solución para papás e hijos que pase por la educación y el empleo.

Aunque esta idea es diferente a la que defendió en el 2018, los temas que más movilizan hoy a los que marchan están ligados a causas sobre las que Fajardo no ha tenido posiciones tan visibles: como las ambientales, las de género, las del modelo económico, las de la política de seguridad, etc.  

Sumado a que cuando la gran movilización del 21N, Fajardo no participó porque se enfermó y no ha sido ni tan activo en las marchas como Petro ni tiene estructuras en el Comité del Paro como Robledo, para mencionar dos rivales que ya se sabe que tendrá que enfrentar.

Uno de los elementos más movilizadores de las protestas es el rechazo a todo lo que parezca Establecimiento, elitista, poder tradicional. Y aunque Fajardo siempre se ha posicionado como el antipolítico, dados los nuevos liderazgos mantener esa imagen de alternativo es más difícil.

Una prueba de ello es el nuevo alcalde de Medellín, que derrotó no solo al uribismo sino que dejó regada a la candidata de Fajardo con un discurso contra el EPM, el GEA y sin que a nadie le importara que hubiera pasado por varios partidos ni que tuviera vínculos con muchos políticos. Su fortaleza fue su discurso anti-élite y que planteaba ideas que eran nuevas en la ciudad.

En otras palabras, la coherencia que ha sido una marca de Fajardo parece ser menos rentable políticamente hoy en día que la vehemencia en la defensa de ciertas causas. 

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