Fajardo y los riesgos de una defensa apegada a sus principios

Fajardo y los riesgos de una defensa apegada a sus principios

En la forma de hacer política de Sergio Fajardo hay un “esquema fundamental”, como él lo llama, y su principio clave es “los medios justifican el fin”. Esto implica jugar por las reglas, ceñirse al “no todo vale”, y respetar los procesos institucionales incluso si el tablero parece inclinado en su contra.

Ahora, tras haber sido hallado fiscalmente responsable por los sobrecostos en la construcción de Hidroituango por la Contraloría, y acusado penalmente por la Fiscalía, hace poco más de una semana, porque supuestamente enriqueció a un banco con una operación de deuda durante su gobernación, defenderse en plena campaña apegado a este principio tendrá un costo político importante. 

Preso de sus principios

El hoy candidato de la Coalición de la Esperanza no acudirá al medio más efectivo de defensa ante la opinión: el del deslegitimar a sus acusadores. Con esto pasa la oportunidad de endilgarle motivaciones políticas a Felipe Córdoba, el contralor, y Franscisco Barbosa, el fiscal.

Ambos, además de ser las cabezas de las instituciones que revivieron los casos en su contra tras más de 5 años, representan cosas a las que Fajardo se ha opuesto. Córdoba, el contralor, es un hábil operador político cercano a los políticos tradicionales, como Germán Vargas Lleras y César Gaviria. Barbosa, el fiscal, es cercano al presidente Iván Duque, al que Fajardo le ha hecho oposición.

Además, el ataque a los acusadores ha probado ser un medio efectivo de defensa. Por ejemplo, es la estrategia que han usado Álvaro Uribe y Gustavo Petro. Cuando Petro fue destituido por el procurador Alejandro Ordóñez dijo que estaba "Ante un golpe de Estado sobre el gobierno progresista en la ciudad”. Cuando Uribe fue acusado por la Corte Suprema, señaló que sobre los magistrados “prevalece la presión política y periodística”.

En cambio, al conocer el fallo de primera instancia de la Contraloría, Fajardo llamó a la calma: “No vale la pena caer en peleas, vale la pena ser prudentes, vale la pena seguir creyendo en las instituciones”.

Según Juan Abel Gutiérrez, consultor político de Fajardo, “a veces me dan ganas de decirle que salga al ataque. Pero no puede ser lo que no ha sido en los últimos 30 años de vida pública. Él se defiende en derecho. Salir ahora a decir que es una persecusión, no va a pasar”.

Pero incluso si es absuelto, la defensa en derecho de Fajardo durará meses, hasta años. En el caso en la Contraloría se espera un fallo de segunda instancia antes de terminar el año, que si es de condena debe revisar el Consejo de Estado. Y en la Corte Suprema la acusación de la Fiscalía no ha tenido la primera audiencia. Bajo ningún escenario es probable que se resuelvan antes de las elecciones.

Por eso, en esta coyuntura, tendrá que hacer una campaña para ganar una eventual consulta de centro, y convertirse en el candidato que lo represente en primera vuelta, en medio de audiencias, fallos intermedios, demandas adicionales, y demás coyunturas que revivirán en los medios los cuestionamientos que pesan sobre él.

“El camino va a ser el del escrutinio, pero con datos, con los temas en la mano, y que no quede en la simpleza de la caricatura de Hidroituango. Se tiene que someter a las entrevistas más duras posibles”, dice Gutiérrez.

Pero la estrategia de la explicación pausada tiene el problema de que las acusaciones que enfrenta Fajardo son complejas. Solo el fallo de la Contraloría tiene más de 2.511 páginas. “No es un tema que se explica en un full de 30 segundos”, reconoce Gutiérrez.

Y Fajardo no acudirá a externos, ni a su entorno, para liderar esa defensa. “En el fajardismo lo conocemos y sabemos que él es así”, dice Santiago Londoño, su exsecretario de Gobierno, que sigue siendo cercano pero no está en la campaña.

“Yo sí soy distinto, porque yo sí veo cuando hay un patrón en la violación del debido proceso. A mi me parece que hay un ataque político”, agrega Londoño. Pero es una voz solitaria, mientras el llamado del candidato a sus seguidores es mantener la prudencia y no minar la confianza en las instituciones.

Hoy, frente a preguntas de La Silla, el candidato dijo que no sé iba a referir más al tema antes de presentar el recurso de reposición al fallo de la Contraloría. 

Golpe a su factor diferenciador en el centro

Más allá de la polémica alrededor de los méritos legales de estos procesos, ambos golpean banderas principales de Fajardo en la política: la transparencia en el manejo de los recursos públicos y la lucha contra la corrupción. Un activo que es especialmente importante en la coyuntura actual de la campaña.

Por un lado, la corrupción es un tema que sigue tocando fibras, como lo registró la anterior Invamer Poll, sobre el cual ahora Fajardo tendrá que aproximarse con más cautela. Por el otro, es un tema sobre el cual tiene una trayectoria más amplia para diferenciarse de sus contrincantes de centro, especialmente de Juan Manuel Galán y Alejandro Gaviria.

Ni Gaviria ni Galán tienen experiencia como ejecutivos en cargos de elección popular. Galán es un ex senador y Gaviria un exministro. Como gobernador y alcalde Fajardo tiene una experiencia en la ejecución que, antes de los dos procesos en su contra, tenía pocas sombras encima.

Ahora Fajardo está dando explicaciones periódicas de sobrecostos multimillonarios en un proyecto de infraestructura que el país entero vio cómo estuvo cerca de colapsar. Y, encima, un préstamo en dólares que fue un mal negocio para la Gobernación, y que la Fiscalía dice que terminó tramitado ilícitamente y enriqueciendo a un banco privado.

Dentro de la campaña reconocen que esto lo saca de su mensaje. Pero, dice el consultor Gutiérrez, “el esfuerzo estará en volver rápidamente a la campaña”. Así lo hizo hoy. Un día después del fallo de la Contraloría, estuvo recorriendo las calles de Medellín.

Además del tiempo del candidato, los frentes legales abiertos representan también un reto financiero. De acuerdo a una persona de su equipo de campaña que pidió no ser identificada, la recolección de fondos de Fajardo tiene el doble propósito de pagar los gastos del proselitismo y las cuentas de los abogados.

Algunos miembros de su círculo cercano, y un contrincante dentro de la Coalición de la Esperanza, no descartaron que, al mantenerse firme en sus principios, Fajardo reciba la solidaridad de la opinión. Es difícil saberlo, pues no hay muchos antecedentes de un político que al ser acusado de un delito no haya dicho que se trata de una persecución. 

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