Gane quien gane, la prensa va a perder. Pero no de la misma forma

Gane quien gane, la prensa va a perder. Pero no de la misma forma
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Hace dos días, el columnista Yohir Akerman contó en su última columna de Cambio que después del matoneo que sufrió el periodista Ricardo Calderón en redes por parte de petristas que criticaron su noticia de Caracol sobre las visitas del hermano de Gustavo Petro a la Picota, Petro visitó la cadena y les dijo en referencia a ese episodio: “Ahí le dejé a su periodista herido”. “En esa visita Petro también dijo que con solo un botón podía llegar a millones de cuentas y, con eso, diezmar la credibilidad de cualquier historia o noticia", dijo en la columna.

Hace cuatro días, Rodolfo Hernández insultó a unos periodistas del programa “La señal de la mañana”, de Radio Nacional, cuando le preguntaron qué iba a hacer con su apartamento en Bucaramanga. Les dijo que no le debían “preguntar estupideces” y que “parecían petristas”.

Son dos anécdotas que ratifican que gane quien gane, la prensa va a perder. Aunque no de la misma forma.

La estigmatización

La Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) define la estigmatización como un señalamiento en el que “de manera injusta se vincula al reportero con organizaciones delictivas o actos ilegales, o se asocia su trabajo a intereses políticos con el fin de desacreditar su labor periodística y que pueda poner en riesgo al reportero”.

Tanto Gustavo Petro y sus aliados, como Rodolfo Hernández, han estigmatizado a periodistas durante la campaña así como lo hicieron en su pasado como gobernantes.

Uno de los medios que más ha recibido ataques de parte de Petro es RCN. El 1 de abril de 2017 dijo que RCN y su dueño intentaban “traquetizar la sociedad” por un cubrimiento de una marcha; y más recientemente, el 28 de marzo de este año, la Flip y la Sociedad Interamericana de Prensa (Sip) le llamaron la atención a Petro por trinar “Neo nazis en RCN”, refiriéndose a David Ghitis, un columnista (judío) que arremetía contra el candidato en una sección de opinión del noticiero que criticaba al candidato.

En los últimos meses, la Flip también le ha llamado la atención a los senadores petristas Gustavo Bolívar, Roy Barreras y Piedad Córdoba por sus ataques a la prensa, incluida a La Silla Vacía, sin que Petro los haya criticado públicamente.

Esos ataques a la prensa no son nuevos. Cuando Petro fue Alcalde, además de haberle sugerido a Darcy Quinn que “debía obsesionarse” con ser una buena periodista, dijo públicamente que Noticias Uno, Caracol y RCN eran “tendenciosos” y calificó de propagandísticos a profesionales de otros medios.

Rodolfo Hernández es igual de irrespetuoso de la prensa. En mayo de este año, a raíz de una nota de Semana sobre una carta en la que Emilio Tapia dijo tener información en contra de Hernández, trinó:

Luego, en una entrevista con Blu Radio, cuando los periodistas intentaron profundizar en su plan contra la corrupción, les respondió que “a mí me parece absurdo que un medio tan importante como ustedes se ponga a defender que sigan robando”, hecho que también fue denunciado por la Flip.

Esa actitud de desprecio frente a los interrogantes de la prensa la demostró también en Bucaramanga como alcalde.

Cuando empezaron a tomar fuerza las investigaciones relacionadas con Vitalogic y el entramado de corrupción que contó La Silla, Hernández empezó a atacar a la prensa con más vehemencia.

Estos señalamientos de Hernández apuntaron al periodista Yesid Lancheros, que había sacado una columna en Vanguardia el 19 de mayo de 2019, luego de que la Fiscalía pusiera fecha a la imputación de cargos de varios de los implicados en el caso del contratista y Vitalogic. En esa columna, Lancheros vinculó al alcalde y a su hijo Luis Carlos en el entramado.

La respuesta de Hernández fue en su Facebook Live, diciéndole que era “un burócrata puesto por el Partido Liberal, es un lagarto de siete suelas… poco inteligente”.

En la misma línea, Diana Giraldo, directora de Vanguardia en esa época, dice que existió una relación cordial entre el medio y el alcalde hasta que apareció el caso Vitalogic. A partir de ahí respondió con agresividad cualquier tipo de interrogante del diario al respecto.

Luego, cuando Vanguardia publicó una historia revelando que Rodolfo estaba detrás de la revocatoria de mandato del sucesor que él mismo ayudó a elegir, el Alcalde arremetió contra la directora.

Durante la transmisión por Facebook de su programa “Hable con el ingeniero”, la acusó de corrupción por un contrato público que estaba a nombre de un familiar de ella. Además, dijo no saber “si se enamoró de mi”.

Giraldo le dijo a La Silla que después, cuando tuvo la oportunidad de hablar en privado con él, le preguntó por qué había hecho eso. La respuesta de Hernández fue “porque quería joderla”.

“Sea cual sea el próximo Gobierno, la relación con la prensa va a ser tensa y va a tener conflictos permanentes”, anticipa Jonathan Bock, director de la Flip.

Teniendo en cuenta los métodos de los actuales candidatos y las tendencias de la región, Bock anticipa que aumentarán las narrativas que buscan deslegitimar al periodismo y a los medios y que la comunicación será cada vez más unidireccional con un componente de redes sociales (Rodolfo) y con canales al servicio de la Presidencia (Petro).

Su relación con la información

Petro ha dicho que cuando “el poder económico se compra la prensa ya no es independiente del poder, sino es un instrumento del poder y entonces ya no hace comunicación sino propaganda ideológica”. “Está por rehacerse el papel de la prensa”.

Parte de su desprecio a la prensa viene de ver a los medios tradicionales como esa ‘superestructura’ del poder económico, que es exactamente lo que él propone cambiar.

Pedro Vaca, Relator Especial para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, dijo en 2018 (cuando era director de la Flip), que Petro tiene razón en afirmar que los grandes medios en Colombia tienen intereses cruzados y que eso tiene un impacto sobre el cubrimiento. Aclaró que eso no es una excusa para atacar a la prensa y sus trabajadores.

Durante su Alcaldía, el camino que Petro escogió para “rehacer el papel de la prensa” fue fortalecer la televisión pública, con Canal Capital. Es algo que ya dijo que repetirá. Petro dijo en entrevista con Semana que iba a “auspiciar los medios públicos” en caso de llegar a ser Presidente, aunque precisó que “el cuerpo institucional de la información no dependerá del gobierno”.

El manejo de la alcaldía Petro con Canal Capital, que estuvo por 3 años con Hollman Morris a la cabeza, tuvo varios hechos cuestionables. Como contó La Silla, existieron denuncias sobre vetos de Morris al contenido que Mauricio Arroyave, director del programa El Primer Café, presentaba y que no seguía el libreto ideológico de la Alcaldía.

Además de Arroyave, otros dos empleados del Canal confirmaron en su momento que Morris cuestionaba la orientación ideológica de los invitados y del contenido presentado, mientras decía que “hay que invitar a los amigos del canal”.

Morris también fue señalado de haber utilizado el Canal como plataforma para la que entonces parecía sería su candidatura a la alcaldía (la postergó 4 años).

Cuando se revisan los temas que se emitieron durante el cuatrienio de Petro, existe una considerable suma de contenidos políticos respecto a la alcaldía de Enrique Peñalosa. Petro la utilizó como un instrumento para “compensar” su visión de los medios como herramienta ideológica.

Gane quien gane, la prensa va a perder. Pero no de la misma forma
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Información obtenida de un Proyecto de grado de la Universidad Javeriana de 2018

Rodolfo en eso fue diferente. Golpeó a los medios por dos vías. Por un lado, en su línea de austeridad y de recortar gasto superfluo, cuando Hernández se posesionó como alcalde eliminó la pauta de la alcaldía en medios, que antes era muy generosa, pues los mandatarios la utilizan para “lubricar” la relación con la prensa.

Rodolfo cortó la pauta de tajo a Vanguardia Liberal, por ejemplo, según le confirmó Diana Giraldo a La Silla.

En su momento, La Silla Santandereana contó que Lucho Bohorquez (alcalde Bucaramanga antes de Rodolfo), le heredó a Hernández 150 mil millones de pesos en cuentas por pagar y parte de esa deuda era a los medios por concepto de pauta y producción audiovisual y radial.

Y por otro, se saltó la intermediación de los medios, apelando a su programa semanal por Facebook Live, en el que contaba de su gestión, comentaba los problemas de la ciudad, e identificaba a los causantes de ellos que casi siempre—según él— resultaba ser la clase política.

Sus programas los aprovechaba también para dar explicaciones que rara vez ofrecía a medios. Y utilizaba este espacio para criticar la cobertura que no le gustaba, echándoles encima a todos sus fans y socavando su credibilidad.

Bock llama a ese fenómeno “la censura de las muchedumbres”, en donde no solo el político es el ente que ataca, sino que orgánicamente los seguidores pueden terminar presionando a los medios que van en contravía del mandatario, y es así como el país termina viendo gobernantes con una alta favorabilidad, mientras la credibilidad de los medios cae.

Así, a la difícil crisis económica y de credibilidad que atraviesan muchos medios, sin contar con los riesgos asociados al oficio en Colombia, en los próximos meses los periodistas enfrentarán un nuevo desafío: el desprecio del Presidente por lo que hacen.

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