Gina Parody, la primera sacrificada del movimiento religioso

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La renuncia de Gina Parody al ministerio de Educación es el primer coletazo del triunfo del No y, sobre todo, la primera cabeza que cobra el conservadurismo social que irrumpió en la arena política. 

La renuncia de Gina Parody al ministerio de Educación hoy es el primer coletazo del triunfo del No en el plebiscito. Pero, más que eso, es la primera cabeza que cobra el conservadurismo social que irrumpió en esta campaña en la arena política. 

La renuncia de Gina

Hoy Parody renunció a la cartera diciendo que “ha culminado un ciclo de servicio a los jóvenes y niños del país”.

De esta manera, es la primera baja en el gabinete de Santos y seguramente no la última.

La permanencia de Parody en el gabinete había comenzado a tambalear desde agosto, cuando a raíz de las cartillas de educación sexual “ambientes escolares libres de discriminación’’ se desataron marchas sin precedentes en todo el país.

Como lo reportó La Silla, en cuestión de tres días, la Iglesia Católica y varios pastores cristianos convocaron a una marcha a la que acudieron -según varios medios- entre 40 mil y 100 mil personas personas en por lo menos siete ciudades. Entre ellas Bogotá, Montería, Cali, Cartagena y Sincelejo.

Fue una manifestación inédita teniendo en cuenta que su convocatoria no contó con el apoyo de los grandes medios de comunicación ni del aparato estatal. Ni siquiera la Iglesia Católica había logrado movilizar tanta gente cuando se despenalizó parcialmente el aborto ni cuando se aprobó el matrimonio gay.

 

Además, fue una manifestación dirigida contra la ministra Parody personalmente. Un acto masivo de protesta, con elementos de matoneo en su contra, por promover una cartilla para evitar la discriminación, como había ordenado la Corte Constitucional.

La entonces ministra manejó torpemente la crisis, que ocurrió justo en el momento en que el gobierno estaba forjando una alianza con la mayoría de iglesias cristianas y la Católica a favor del acuerdo de paz.

Como también contó La Silla, lo de las cartillas aguó esa relación, y terminó de romperla con la encuesta del Dane, que nuevamente ofendió los valores de algunos de estos grupos.

En el plebiscito, que era esencialmente una campaña en las que las emociones jugaban un papel central y en la que la gente buscaba el consejo de la gente en la que creía, el rol que asumieran las iglesias, particularmente las evangélicas, era decisivo: en el país hay alrededor de 11 millones de cristianos, por lo que podían decidir la votación final.

Como el uribismo lo sabía, se sumó a ellas explotando el episodio de los manuales de Gina como una razón más para irse por el No en el plebiscito.

Álvaro Uribe arrancaba con el terreno abonado, porque tienen en sus filas a una de las iglesias más grandes, la Misión Carismática Internacional.

Después de que se desató la crisis, el presidente Santos se reunió con los líderes religiosos que le hicieron saber que querían la cabeza de la ministra Parody.

El Presidente, que estaba ofendido con la homofobia que envolvía el caso -y que además es muy cercano a Gina y aprecia lo que hizo en el Ministerio- reaccionó dándole a Gina un rol clave en la coordinación de la campaña del plebiscito, para lo cual pidió una licencia para retirarse del Ministerio.

Como lo dijo La Silla en su momento, había pocas expectativas de que volviera al cargo, pero otra hubiera sido su suerte si el Sí ganaba.

Como perdió, y en el balance de la derrota lo de la supuesta ideología de género tuvo un peso significativo, Parody fue la primera en caer pese a que su programa de Ser Pilo Paga y la inversión en infraestructura escolar son dos de las cosas más importantes que tiene este Gobierno para mostrar.

La ideología de género

La “ideología de género” es un concepto que, como explicó Julieta Lemaitre en su blog de La Silla Vacía, parte de la idea que la identidad sexual de las personas y los roles de género, "son socialmente construidos y no eternos, esenciales y asignados por Dios". Lemaitre, que es experta en temas de género y religión, explica que “para una educación católica conservadora, es profundamente ofensivo decir que las características femeninas son definidas por la sociedad y la historia, y no por Dios, o que las personas pueden nacer en un sexo y decidir ser de otro”, explica.

La historia del término de “la ideología de género” que súbitamente entró en la agenda de este país, data de los años 90, cuando el Papa Juan Pablo II se preocupó sobre lo que significaba ser hombre y ser mujer.

Uno de sus aportes teológicos fue la encíclica De la Dignidad de las Mujeres, en la que plasma la “teología del sexo”, según la cual ser hombre o mujer importa en términos salvacionales.

Importa porque la Iglesia considera que hay un camino específico para la salvación de las mujeres, que incluye el acercarse a Dios aceptando ser vehículos de la vida y con una vocación especial de servicio. Solo cuando alguien se salva da igual ser hombre o mujer. Antes no.

Si bien esta preocupación sobre qué significa ser hombre y qué significa ser mujer podía ser válida alrededor de las cartillas, no tenía nada que ver con el Acuerdo de Paz. Sin embargo, los promotores del No lograron extrapolarlo. Y se convirtió así en la propaganda negra más efectiva en contra de la refrendación.

El canal de la Procuraduría

El vínculo entre la ideología de género y el Acuerdo con las Farc lo estableció la Procuradora Delegada para los Derechos de la Mujer y los Niños, Ilva Myriam Hoyos.

A título personal, publicó el 7 de septiembre un texto en el que analiza el Acuerdo de Paz y las 144 menciones sobre “enfoque de género”, las declaraciones de los negociadores de paz y de las Farc y concluye que <<seguramente se podrá decir que en el Acuerdo Final no aparece, como en efecto ocurre, la expresión “ideología de género”, entre otras razones, porque el Gobierno Nacional ha reconocido no saber qué es, pero no es necesario que esta expresión aparezca en el texto, basta que al “género” se le dé un cambio de significado para decir lo que expresamente no se puede decir, pero sí se quiere decir.

Por eso resulta razonable afirmar que la “ideología de género” podría estar encriptada en el Acuerdo Final; no se advierte fácilmente, pero puede desvelarse, para ello es necesario conocer cuál fue la participación de quienes en la Mesa de Negociaciones propusieron ampliar ese “enfoque de género” y si en ellas puede encontrarse algunas tesis de lo que se conoce como “ideología de género”>>, concluye la mano derecha de Ordóñez y su aliada en la cruzada contra la despenalización del aborto.

Y luego muestra que dos de organizaciones representantes de la población Lgtbi -Caribe Afirmativo y Colombia Diversa-  hicieron propuestas para que se incluyera de manera expresa que el “enfoque de género” incluyera un “enfoque de la diversidad, identidad y orientación sexuales”, los que a juicio de la Procuradora llevarían implícita la “ideología de género”.

Ese documento se volvió la ‘biblia’ que alimentó al No de la corriente conservadora social, que es un fenómeno mundial pero que solo adquiere una cara política en Colombia en estas elecciones.

La tendencia

El conservadurismo social surgió en Estados Unidos en reacción a las políticas liberales de los años sesenta. Fue encarnado en los años 80 por los tele evangelistas Pat Roberts y Jerry Fallwell, que adhirieron a la campaña republicana de Ronald Reagan y lograron construir una fuerza política fundamental en ese partido. Y alcanzó su pináculo político con George Bush hijo quien, apoyado en los evangélicos, logró llegar a la Presidencia a pesar de sus limitaciones personales.

En Colombia, donde la vida privada ha estado separada de la política, esta corriente no había tenido una expresión política hasta la irrupción en la escena de Alejandro Ordóñez, que de alguna manera ‘saca del clóset’ este activismo a favor de los valores tradicionales de la familia y en muchos casos abiertamente homofóbico.

Como en Estados Unidos, este movimiento en Colombia surgió en reacción a un proceso rápido de liberalización de la sociedad jalonada por la Corte Constitucional frente a varios temas: la dosis personal en el consumo de drogas; las excepciones en los que abortar no está penalizado; los derechos de los homosexuales a casarse y adoptar niños como cualquier otro colombiano.

En Estados Unidos, la forma bajo la cual este movimiento logró promover una agenda discriminatoria sin parecerlo era aludiendo a lo que llamaron un “life style”. En Colombia, encontraron la ideología de género.

“Antes ser homofóbico públicamente era mal visto”, dice Mauricio Albarracín, activista lgbti. “Con la marca de la ideología de género pueden serlo con el enfoque positivo de proteger a los niños”.

En este contexto, como contó La Silla antes de la elección del plebiscito, ha surgido una organización para abanderar esa lucha, con la creación del Movimiento Nacional por la Familia, que une colegios, profesores, iglesias evengélicas y el sector más conservador del catolicismo.

El movimiento, que ya tiene página web oficial, se describe como la unión de “padres de familia y ciudadanos en general dispuestos a luchar a favor del diseño original de Dios para la familia y por ende las bases morales que permitieron construir nuestra sociedad”.

Desde las marchas contra la cartilla de Gina la popularidad de ese movimiento ha subido como espuma pese a que en principio no está adscrito a ningún partido.

Sin embargo, y como ya queda en evidencia en el comunicado de Uribe en el que reclamó el triunfo el domingo, esta corriente conservadora logró meter en la agenda de discusión el tema de la familia, usando la puerta de atrás del plebiscito y pesar de que el acuerdo de paz con las Farc nada tiene que ver con eso.

Ya quedó demostrado que es una maquinaria movida solo por la fe (lo que para los políticos se traduce en ‘gratis’) que puede ayudar a inclinar una elección. Por eso su agenda reaccionaria se seguirá sintiendo en la política de aquí en adelante. La salida del gobierno de Gina Parody fue su primer éxito.

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