Cali redobla esfuerzos ante el aumento de habitantes de calle durante la pandemia

Cali redobla esfuerzos ante el aumento de habitantes de calle durante la pandemia

Esta historia hace parte de la Sala de redacción ciudadana, un espacio en el que personas de La Silla Llena y los periodistas de La Silla Vacía trabajamos juntos.

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Edwin Ramírez tiene un problema de consumo de drogas hace 30 años. Hoy tiene 44 y por la pandemia volvió a dormir en las calles de Cali. “No sé qué pasa con mi vida que no he podido salir de esto. Estoy cansado de pedirle a Dios. He vuelto a recaer y no sé qué hacer”, dice parado al borde de un andén, mirando al cielo como buscando una respuesta.

Antes de la pandemia Ramírez vivía en un pagadiario con lo que ganaba reciclando y pidiendo en buses y semáforos. Pero por las restricciones tuvo que volver a dormir y vivir en la calle. Al momento de hablarnos estaba rebuscando para pagar los cinco mil pesos que debía para volver a dormir en una pieza. No es el único. 
  
Aunque no hay cifras actualizadas, el incremento de la pobreza extrema ha elevado el número de habitantes de calle en Colombia. Cali ha vivido este fenómeno con intensidad particular. 

Según el último censo del Dane, del 2019, Cali, a pesar de ser la tercera ciudad del país en tamaño, tiene la segunda población más grande de habitantes de calle, con 4.749 personas registradas. Está por encima de Medellín (3.788), Bucaramanga (1.960) y Barranquilla (1.795), y es solo superada por Bogotá (9.538). 

Para hacerle frente al creciente problema, en 2020 la Alcaldía de Cali, a través de la Secretaría de Bienestar Social, destinó 9.484 millones de pesos al Sistema de Atención Integral al Habitante de Calle, SAIHC. Esta inversión es la más grande que se ha realizado desde que en 2009, durante el primer mandato de Ospina, se incluyera por primera vez el tema de habitante de calle en un Plan de Desarrollo Municipal. 

El esfuerzo es importante, los resultados, parciales.

Los esfuerzos en Cali 

La estrategia frente a los habitantes de calle de Cali se elaboró antes del coronavirus. El eje central de la inversión fue financiar “el Dispositivo Móvil y los Hogares de Paso y habilitar un servicio de albergue para las personas mayores en situación de calle” según el coordinador del programa Habitante de la Calle, Carlos Felipe Rodríguez. Sin embargo, entrando al 2020, y frente a la emergencia sanitaria, dieron un giro y las acciones se encaminaron más a hacer frente a la pandemia. 

En abril de 2020 el Ministerio de Salud emitió los Lineamientos para la prevención, detección y manejo de casos de coronavirus para población en situación de calle. Entre otras medidas, esta directriz ordenó establecer puntos “realizar lavado de manos e hidratación”, “incrementar y proveer  medidas para su higiene personal  tales como acceso a duchas, lavamanos y agua potable en lugares estratégicos” y “realizar un inventario de posibles lugares para alojamiento y atención” ya sean casas de paso, hoteles, zonas verdes para montaje temporal de albergues, entre otras. 

Para el cumplimiento de los lineamientos, durante el primer semestre de la vigencia 2020 la Secretaría de Bienestar de Cali se articuló con organizaciones que atienden población en situación de calle.  

“En el momento de la pandemia lo que hicimos fue crear una estrategia con muchas organizaciones para poder llegar a los territorios. ¿Quién más podía llegar al territorio que los que ya estaban ahí?”, señaló Rodríguez. 

En la ciudad la organización más grande es Samaritanos de la Calle, una fundación que, desde 1998, se dedica a apoyar el proceso de reintegración social de los habitantes de calle en la ciudad. Además de atender a la población de manera privada, la fundación se ha encargado, en múltiples periodos, de administrar los 830 cupos con los que cuenta la ciudad en las diferentes modalidades de los centros de atención u hogares de paso. 

Además, según Rodríguez, a través de las redes de Samaritanos de la Calle, y otras organizaciones, durante el primer semestre entregaron 3.000 raciones alimentarias diarias para esta población, además de jornadas para la prevención de covid, la entrega de más de seis mil kits de bioseguridad (jabón en barra, alcohol y tapabocas). En total, dice que lograron atender  2.061 personas en situación de calle. 

Para el segundo semestre del año los esfuerzos se orientaron más a dar continuidad con los servicios habituales del programa. Es decir, se fortaleció la Estrategia de Calle, el Dispositivo Móvil y los Hogares de Paso, servicios que, en promedio, lograron la atención de 1.200 personas al mes.

En términos generales, Rodríguez indicó que durante la vigencia 2020 se cumplió con la meta establecida en el Plan de Desarrollo 2020-2023. Se mantuvo una atención promedio de 2.000 personas, distribuidas entre todos los servicios, y los cupos diarios disponibles pasaron de 530 en 2019, a 765 en 2020. 

El censo de 2019 indicó que el principal sustento de los habitantes de calle en Cali son el reciclaje (45,2 %), limpiar vidrios o cuidar carros (22,4%) y mendicidad (11%). Actividades que se vieron afectadas por las medidas aplicadas en las ciudades durante la pandemia. 

Según Debbie Galeano, líder de la fundación El Banquete del Bronx en Cali, que también hace atención a habitantes de calle, durante la pandemia a muchas personas “no los dejaron entrar a dormir en los pagadiarios. Tampoco les dejaron sacar las pocas cosas que tenían si estaban debiendo plata”.

Entonces, si bien la ciudad logró aumentar su oferta de servicios, el nivel de cobertura de la población total sigue siendo parcial. 

Los retos de llegar a todos los habitantes de calle

Actualmente Cali tiene 830 cupos diarios en las diferentes modalidades de los centros de atención u hogares de paso; de los cuales 270 cupos corresponden al servicio de albergue nocturno. Aunque si se tomara en cuenta a los 4.749 habitantes de calle del censo pasado, es evidente que la oferta no es suficiente. 

Para Edwin Ramírez, el hombre que volvió a dormir en la calle durante la pandemia,  las filas para acceder a los dormitorios sociales son como una “guerra de Troya. Es muy difícil conseguir cupo allá. Realmente necesitamos otro alojamiento, pero el Gobierno no hace nada”. 

Pero además de las limitaciones en la oferta, las características de la población que vive en las calles viene con dificultades propias. Don Hugo, como le dicen los clientes a los que les cuida los carros en el barrio San Bosco, sobrevivió luego de recibir nueve tiros, pero quedó tuerto. Vive en la calle hace  40 años y dice que pasó la pandemia sin tapabocas y sin techo.

Para él los servicios que ofrece la Alcaldía, para los cuales tiene que desplazarse, no son atractivos. “Tengo que estar acá. Tengo que cuidar a las personas porque empiezan a robar a más de uno y eso no me gusta. Por fumar se llevan cualquier cosa”, dice Don Hugo. 

Frente a este reto la política de la Alcaldía de Jorge Iván Ospina implementó por primera vez un Dispositivo Móvil, un bus que cuenta con ducha y servicios de psicología, odontología, trabajo social y atención médica básica, y hace un trabajo itinerante por la ciudad. Por ejemplo, Ramírez recibió en este bus la vacuna del coronavirus, una Janssen, de una sola dosis.  

Antes de medio día, en el parque Obrero, alrededor de 15 personas merodeaban a las afueras del bus largo pintado de varios colores.  Adentro, está dividido en varios módulos, donde hay atención médica, odontológica y de trabajo social. Unas duchas se adaptan por fuera, con cortinillas que dan alguna semblanza de privacidad para los que aprovechan el baño. También reparten raciones de comida en empaques de icopor. 

Una mujer, con chaleco de la alcaldía, empieza a recorrer la zona llamando a las personas. “Amigo, amigo, amigo”, le dice a un hombre dormido sobre el piso, al que finalmente zarandeó. El hombre se levantó lentamente y mostró una herida redonda y profunda en un hombro. Después de lograr despegarse la camiseta pegada a la herida, lo pasaron por la ducha y luego a la enfermería. 

Con el Dispositivo Móvil Cali ha logrado atender a 2.061 personas, con alguno de los varios servicios que ofrece.  Libia Fanny Mina, directora de proyectos de la fundación Samaritanos de la Calle, que administra el bus, dice que en términos de acciones inmediatas de atención “es la joya de la corona”.

Una política pública en construcción

Para Libia Fanny Mina, de la fundación Samaritanos de la Calle, “Cali es de las últimas ciudades grandes que ha reconocido a la población habitante de calle con una población diferente en atención”. Explicó que la ciudad está lejos de alcanzar a ciudades como Bogotá o Medellín, que llevan mucho tiempo trabajando en la habitabilidad en calle, en temas de presupuesto. Lo mismo sucede en ciudades más pequeñas, donde por la pandemia, también ha aumentado la población que ahora vive en la calle.

En Cali, desde que se incluyó a los habitantes de calle, en 2009, las inversiones no se han realizado de manera constante.  En administraciones anteriores, desde 2016 hasta 2019, se invirtieron, en promedio, 5.400 millones por año, frente a los 9.400 que invirtió la Alcaldía de Ospina el año pasado. 

Aunque en 2013 se aprobó una política pública a nivel nacional, Cali aún no ha aprobado la suya. Según Rodríguez, de la Alcaldía, este año esperan llevar al Concejo su política actualizada. 

Dicha política pública tiene como objetivo principal la prevención y el abordaje integral del fenómeno, incluyendo programas para las personas que quieren superar esta condición.  Pero, como sucede en Cali, según Nicholas Benedetti, politólogo y veedor ciudadano, “la inversión refleja una atención en acciones esporádicas y específicas, que no permiten ofrecer alternativas para que el habitante de calle salga de su condición de vulnerabilidad”.

Ramírez, el habitante de calle que le pide a Dios, también le pide al Estado, “nosotros somos enfermos a la adicción y necesitamos ayuda psicológica para superarla, porque nos dan atención y eso, pero también el problema es psicológico”, concluye. 

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